Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 22
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Capítulo 22: Capítulo 22 — ¿Nos volveremos a ver, verdad?
Seguí caminando hacia casa de Kael, pero al avanzar unos pasos pensé que era mejor ir a buscar a Zoila y disculparme. Me di la vuelta y comencé a regresar, pero justo detrás de mí apareció Therion, acompañado de una mujer. Asumí de inmediato que se trataba de la madre de Zoila, Yeniely Vhaltron, mi tía.
A simple vista, ella es indudablemente hermosa. Tiene el cabello rubio como Zoila, aunque el suyo es liso y sin adornos, recogido en una simple coleta que, sin embargo, le quedaba muy bien. Sus ojos eran verdes, igual que los de su hija. Aparte del gran parecido entre ambas, me llamaron la atención dos cosas. La primera, su figura: alta, delgada y con curvas bien marcadas. Si la comparo con mamá, que también es muy hermosa, diría que tía Yeniely le gana en todo. La segunda cosa fue su vestimenta: ¡iba vestida de forma extremadamente ligera! Su falda blanca apenas cubría la mitad de sus largas piernas y su blusa… era como si a una blusa normal le hubieran arrancado la parte del centro. Solo le cubría los hombros y los costados del torso; de no ser por un pequeño velo bajo la blusa, estaría enseñando más de lo que debía. Aun así, el escote era demasiado generoso.
Es cierto que estamos en verano, pero esa ligereza era excesiva.
—Airen, ¿qué haces afuera? —dijo Therion.
—Vine a buscarte.
—¿Airen? ¿¡Es ella!?
Tan pronto como Therion dijo mi nombre, Yeniely se acercó rápidamente y, sin pensarlo dos veces, me abrazó con entusiasmo.
—¡Aaaaahhhh! ¡Al fin te conozco, mi linda sobrina!
—¡Imhn!
No podía ni hablar, ya que al abrazarme me había enterrado la cara entre su generoso pecho. Cuando empecé a quedarme sin aire, le hice señas para que me soltara, y por suerte lo hizo.
—Oh, lo siento —rió—. Me emocioné.
—Haaa… sentí que moría…
—Me emocioné al ver por fin a mi sobrina. ¿Sabes quién soy?
—¿La tía Yeniely?
—¿Korand te habló de mí? Bueno, no importa. Me alegra tanto poder conocerte por fin. Me llevé un disgusto enorme cuando vine y descubrí a mi hermano herido y a mi sobrina desaparecida.
—¿Hace cuánto llegaron?
—Dos días después de que desapareciste. Quería darles una sorpresa, por eso no avisé. Cuando me enteré de todo, decidí quedarme para ayudar a tu madre a cuidar de mi hermano, mientras Korand ayudaba a buscarte.
—Ya veo… Lo lamento, por mi culpa tuvieron que alargar su viaje.
—No tienes que disculparte por nada, pequeña. No fue tu culpa. Además, me encanta este lugar. Authon es tan grande que a veces olvido que está en medio de un bosque.
—Me encantaría visitar Authon alguna vez…
“Nunca he visitado las grandes ciudades… por muy extraño que parezca.”
—Y serás bienvenida cuando quieras. Por cierto, ¿has visto a Zoila?
—Está en la casa.
—Ya veo. Pues iré ahí. No se tarden.
Ella se fue hacia la casa mientras yo me quedé atrás con Therion. Me puse a pensar en lo que me diría Zoila cuando llegara… quizás ya le estaba contando a todos que la traté muy mal. O peor, puede que ni me hable más.
—¿Y bien? —dijo Therion.
—¿Eh?
—Dijiste que venías a buscarme. ¿Para qué?
—Ah, es verdad… mmm…
“¿Ahora que lo pienso? ¿Para qué había salido a buscarlo?”
—Creo que lo olvidé…
—Entonces regresemos.
—¡Ah! Espera. Ya lo recuerdo…
—Date prisa y habla.
—Bueno… lo siento mucho.
—¿Qué?
—Perdón por no hacerte caso aquel día. Nada de esto hubiera pasado si me hubiera quedado donde dijiste.
—… Ya está en el pasado. No importa.
—¡Sí importa! Sé que papá te había encargado cuidarme y que te sentías presionado por eso. Sé que no querías decepcionarlo.
—¡Pero! ¿Quién te dijo eso?
—Kael.
—Ese idiota…
—Igual me habría dado cuenta. Noté cómo te sentiste aliviado cuando papá te felicitó.
—… Siempre he pensado que eres muy inteligente. Te das cuenta de muchas cosas y aprendes rápido. Pero aun así cometes imprudencias muy seguido y tomas decisiones equivocadas. La verdad no sé si piensas como adulto o como una niña.
—Mmm…
“Ni yo sé por qué lo hago… Supongo que mi mente y mi corazón están en conflicto constantemente…”
—Bueno… yo también lo siento… supongo.
—¿Y por qué?
—Por haberte golpeado antes… y por gritarte. Lo siento.
—Eso… no importa. Supongo que me lo merecía.
—Aun así, debería haberme controlado.
—Está bien. No te preocupes.
—Gracias. Me siento mejor ahora.
—Airen~ —Desde la casa escuché la voz de mamá. Su tono era algo tenso y ansioso. Seguramente estaba afectada por mi reciente regreso tras un secuestro de un mes. Cosas como esa dejan marcas en los padres…
—¡Ya vooooy~! —respondí—. Bueno, regresemos entonces, o mamá se va a preocupar.
Me di la vuelta para regresar a casa, y justo en ese momento me sorprendió el repentino acercamiento de Therion por mi espalda. Pasó sus brazos alrededor de mi cuello, pegó su pecho a mi espalda, y podía sentir su respiración en mi oreja derecha. Me agité un poco por el inesperado contacto.
—¿A… Therion?
—¿Imhn?
—¿Q…qué haces?
—Realmente… me alegro de que estés a salvo, hermanita.
¿Podías haberlo dicho de frente? Me ha sorprendido…
Segundos después se apartó e hizo como si nada hubiera pasado. Si se había sonrojado o no, no lo sé; al ser una noche sin luna había poca luz, por lo cual, aun con mi visión nocturna, no veía bien los colores. Yo, por otro lado, sentía mis mejillas calientes y el corazón palpitando rápido… pero solo fue por la sorpresa, nada más.
—Aaahhh… qué sueño más extraño…
A la mañana siguiente desperté en mi habitación. Al principio solo me quedé mirando el techo hasta que recordé que estaba en casa. Intentaba recordar el sueño que había tenido, pero un grito repentino me hizo saltar de la cama.
—¡HE DICHO QUE NO! ¡NO QUIERO!
Rápidamente me cambié de ropa y salí al pasillo, de donde provenían los gritos. Busqué el origen del alboroto y lo descubrí al ver a Korand parado fuera de la habitación en la que se estaba quedando él, tía Yenieli Vhaldron y Zoila. Desde dentro de la habitación volaban vestidos, sombreros y zapatos, que Korand intentaba sostener sin dejar que cayeran al suelo.
—¿Por qué de pronto actúas así? ¿Qué ha pasado, mi princesa?
—¡Me cansé! ¡Ya no quiero ser una muñeca!
¿Qué es lo que está pasando…?
—¿Te ha despertado el ruido? Lo lamento mucho —dijo tía Yeniely, quien estaba apoyada en el balcón interior de la casa. Vestía una bata y sostenía una taza de té. Se le veía afligida.
—¿Qué sucede? —pregunté.
—Es Zoila. Dice que no va a usar más su ropa y que no le gustaba. Yo no le presté atención; ya se había negado antes, pero siempre terminaba aceptando.
Así que sí se había negado antes…
—Fui a buscar algo de beber mientras Korand le insistía para que se vistiera y fue entonces cuando comenzó a lanzar todo su equipaje fuera de la habitación.
—Ah…
¿No será por mi culpa… verdad?
Sinceramente, cuando regresé anoche a la casa, esperaba que Zoila hubiera dicho algo o que estuviera llorando. Sin embargo, actuó como si nada hubiera pasado. Incluso me habló normalmente y me deseó las buenas noches. Yo realmente estaba cansada, así que no le di más importancia y me fui a dormir pensando que ya me disculparía por la mañana. No imaginé que se volvería algo como esto.
—Intenté hablar con ella, pero está muy alterada. Nunca había actuado así. No sé qué sucede…
—¡Odio este! ¡Y este! ¡Este otro también!
Un sinfín de vestidos coloridos y abultados salía volando desde la habitación. Eran tantos que Korand ya no podía sostenerlos todos. Como era de esperar, pronto comenzaron a aparecer mis padres y los demás por el alboroto. Al ver que la tía comenzaba a avergonzarse, decidí hablar con Zoila para ver si podía calmarla. Después de todo, es mi culpa… creo.
—Tía, voy a hablar con ella.
—¿Segura?
—Creo que sé lo que le pasa.
—Te la encargo.
Me dirigí a la habitación de Zoila. Ella estaba parada sobre la cama, aún con su camisón para dormir, y la ropa estaba tirada por todos lados. Se veía histérica, pero al verme su rostro cambió por completo. Se volvió tímida, más bien avergonzada, aunque mantenía una expresión rígida. Pensé que debía hablar con ella a solas, así que entré en la habitación ignorando a Korand —que cargaba una montaña de ropa— y cerré la puerta.
Entonces la miré. Tenía lágrimas en los ojos, estaba roja y despeinada. Movió los labios para decir algo, pero antes de que lo hiciera, di un paso al frente y dije:
—Lo siento.
—¿Eh? —Zoila se quedó perpleja ante mis palabras. Yo repetí, más firme:
—Por lo que te dije ayer. Lo siento mucho.
Últimamente no paro de disculparme…
—N-no… yo soy quien se debe disculpar.
—Pero fue muy cruel lo que dije. Perdí el control y dije cosas que no debía.
Zoila se bajó de la cama. Caminé hacia ella y ambas nos sentamos a la orilla para hablar.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué no quieres vestirte?
Ella arrugó la cara, pensó en su respuesta, y luego me miró para decir:
—Porque no me gusta esa ropa… y por lo que dijiste ayer.
Así que era mi culpa después de todo…
—Estuve pensándolo toda la noche. No quiero ser una marioneta.
—Sobre eso… realmente no estaba pensando en…
—¡No! Tenías razón. Soy una muñeca a la que visten como quieren, y que solo pensaba en huir.
—Pero no más. No pienso volver a ponerme esa horrible ropa, aunque tenga que ir por la calle en camisón.
Vi determinación en su mirada. Sin duda, hablaba en serio. Llegué a pensar que había encendido la chispa de algo más grande solo por mis palabras.
—Bueno… eso sería problemático. Como tu prima no puedo dejar que vayas por ahí desnuda, así que, ¿por lo menos te pondrías mi ropa?
Ella me miró sorprendida un segundo y luego sonrió mientras asentía con la cabeza. La tomé de la mano y la llevé fuera de la habitación. En el pasillo estaba toda la familia esperando ver el resultado.
Las habitaciones tenían buena acústica, por lo que no creo que hayan escuchado nada. Si yo escuché los gritos de Zoila fue porque eran demasiado fuertes, pero una simple plática no se oiría sin pegar la oreja a la puerta. Lo esperaría de Korand, pero estando papá ahí no se lo permitiría.
—Airen, ¿qué…? —La tía Yeniely tuvo intención de preguntarme, pero yo, sin detenerme, dije:
—Nada de qué preocuparse. Ya está todo resuelto.
Tras decir eso entramos a mi habitación y cerré la puerta. Zoila se sentó en mi cama mientras yo sacaba toda la ropa que tenía en el armario y cajones. Ella tiene casi las mismas proporciones que yo, por lo que seguramente le quede todo a la perfección. Es una suerte que tengamos la misma edad.
Tras varios minutos por fin terminamos. Salimos de la habitación y, en el pasillo, solo quedaba Korand sentado en el suelo, al lado de mi puerta, abrazando algunos vestidos. Puso una cara confusa al ver a Zoila usando mi ropa.
Ella llevaba una falda blanca de pliegues a la altura de la rodilla. Comparada con las faldas pomposas que vestía antes, esta era mucho más simple, sin adornos excesivos, solo un fino bordado en los bordes. También vestía una blusa blanca igual de sencilla, con una delicada tela semitransparente azul cielo adherida sobre el torso. El estilo que ahora lucía Zoila era el completo opuesto al de ayer: no solo por ser más natural, sino porque se veía fresca… y feliz.
Pensé que Korand gritaría de espanto al verla, pero quien terminó más sorprendida fui yo al ver su reacción. Por un momento se quedó en silencio, sin ninguna expresión. Luego… simplemente sonrió levemente.
¿Eh? Así que también podía sonreír normalmente…
Fue la primera vez que vi lo que yo creo que fue la verdadera sonrisa de Korand. Admito que esa sonrisa no me disgustó para nada.
El resto del día pasó lentamente. Primero llevé a Lazran y a Syrel a dar una vuelta por la ciudad. En principio iba a salir sola con ellos, pero al escuchar nuestros planes, Zoila quiso acompañarnos. No solo ella, también Therion se unió al grupo, así que terminamos siendo cinco… o mejor dicho seis, ya que Kael decidió unirse al vernos pasar frente a su casa.
Recorrimos la ciudad más por turismo que otra cosa. Les mostré algunos lugares que podrían interesarles, como las tiendas de ropa para Zoila. Ella había traído dinero consigo y compró una enorme cantidad de prendas, las cuales terminaron cargando los chicos. Más tarde visitamos los edificios más grandes de la ciudad, que eran los que más llamaban la atención de Lazran y Syrel: el edificio del consejo, la escuela de magia y la universidad.
Este último me interesaba a mí también, ya que nunca lo había visto por dentro. Su arquitectura es mucho más moderna que la de la escuela de magia. De hecho, el diseño se parecía más a una fortaleza ceremonial que a un edificio académico.
Desde que se construyó la segunda muralla, la ciudad se ha expandido poco a poco mientras se levantan nuevos edificios. Por ahora, el único realmente importante es la universidad.
Pensé en ir a visitar a Faelith, pero los chicos parecían agotados de cargar las compras de Zoila, así que mejor regresamos a casa.
Después de almorzar, un guardia llegó. Era Lerhion, el mismo que ayudó durante mi búsqueda. Me preguntaba qué asuntos tendría en casa, y fue una sorpresa saber que venía por Lazran. Al parecer, cuando Lerhion le habló al líder de su clan sobre las habilidades de Lazran, este se interesó en conocerlo personalmente.
El pueblo Anemos está a una hora a pie atravesando el bosque, pero como Lerhion venía a caballo, el trayecto sería solo de unos minutos. Aunque Pyrenhal no tiene un camino directo fuera del bosque, sí hay rutas que conectan con los pueblos cercanos, aunque algunas no se usan con frecuencia porque es más rápido cruzar por la espesura.
En un principio quise ir con Lazran, pero tenía asuntos pendientes. Cuando llegamos a casa, mi madre, Elidrin, me entregó una carta que había llegado poco después de que saliéramos. Era una citación del edificio del consejo. No especificaba hora ni fecha, pero decía “lo más pronto posible”. No era algo que pudiera ignorar, así que dejé que Lazran fuera con Lerhion, mientras Therion me acompañó a la ciudad.
Al llegar, presenté la carta al guardia de la puerta y nos dejaron pasar. Nunca antes había puesto un pie dentro del edificio del consejo, así que me sentía emocionada… pero también muy nerviosa.
Las personas que gobiernan la ciudad quieren verme…
No dejaba de preguntarme por qué me habrían llamado. Una elfa vestida con un traje ajustado apareció para guiarme. Seguramente era una asistente. Caminó delante de nosotros hasta una enorme puerta custodiada por dos guardias. Antes de entrar, pidió a Therion que se quedara fuera. Él quiso protestar, pero yo le dije que estaba bien.
Cuando abrieron la puerta e ingresé, me encontré en una gran sala. En el centro había una única mesa ovalada. Ocho personas estaban sentadas alrededor, y al verme, se pusieron de pie. Todos eran elfos adultos con aspecto maduro. Aunque los elfos dejan de envejecer visiblemente alrededor de los cincuenta años, algunos logran transmitir esa autoridad y sabiduría de los ancianos humanos. Eso fue exactamente lo que sentí de los miembros del consejo.
Al estar frente a ellos, comencé a sentirme presionada. El ambiente era tenso.
—Airen Vhaldron, ¿no es así? —preguntó uno de ellos, rompiendo el silencio.
—¿Ah? Sí… soy yo —respondí, algo agitada y torpe.
Ellos no prestaron atención a mi nerviosismo. Volvieron a sentarse. Uno de ellos hojeó unos documentos, levantó uno, me miró fijamente y dijo:
—¿Es cierto que estuviste en el lugar donde se encontraba la espada sagrada Ignis, antes de que fuera robada?
¿Por eso me llamaron…?
—Sí, así es.
—¿Podrías explicar cómo fue que encontraste ese lugar?
Les conté toda la historia desde que partimos hacia Lemuel hasta que me secuestraron. Iba a continuar, pero me detuvieron. Al parecer, lo que me pasó después no les interesaba en absoluto. Eso me molestó… pero no podía quejarme.
—Ya veo. Ciertamente tu historia concuerda con el informe.
¿Acaso pensaban que mentiría…?
—¿Es todo lo que sabes de los Gashem?
—Sí. Eso es todo.
—Entonces no hay nada más. Puedes retirarte.
—¿Eh…? ¿Eso fue todo?
—¿Tienes algo más que añadir?
—…No.
—Entonces es todo.
¿Qué pasa con ellos? ¿Me llaman aquí para contarles algo que ya sabían y luego me echan como si nada…?
Salí molesta de la sala. Therion me preguntó qué había pasado al ver mi expresión. Le respondí que solo fue una pérdida de tiempo. Al salir del edificio del consejo, nos encontramos con Lonie. Hacía tanto que no la veía que instintivamente corrí a abrazarla. Ella no se había percatado de nuestra presencia, por lo que se emocionó mucho al verme. Incluso derramó lágrimas mientras me rodeaba con sus brazos.
Nos sentamos en un banco cercano y hablamos durante varios minutos. Me dijo que todos estaban muy preocupados cuando supieron lo que había pasado. Incluso estaban dispuestos a salir a buscarme, pero fueron detenidos por el maestro Garem, quien se ofreció…
Para ir a buscarme. Durante toda la charla pude notar que ella desviaba su mirada de vez en cuando hacia Therion, de inmediato supe lo que pasaba y decidí devolverle una parte del favor a mi querido hermano.
—Voy a visitar a Faelith, hasta luego.
Con esas palabras me despedí de ambos y me alejé antes de que pudieran decir algo, miré por última vez atrás y me alegré al ver a los dos hablando tímidamente.
“Aunque se conocen desde niños actúan tímidos el uno con el otro… ¿será eso el amor?”
Puesto que los elfos viven mucho tiempo, realmente nadie se preocupa por formar parejas pronto como los humanos. Un elfo es considerado un adulto a los 15 años y es libre de casarse si quiere, pero algunos pasan hasta 300 años sin siquiera tener una relación seria. Sin embargo, estos dos parecían estar enamorados desde hace años. Realmente espero que progresen.
“Pensándolo bien, Lonie ya tiene 15 años y Therion los cumplirá en unos meses. Ellos podrían casarse y tener hijos pronto si se lo proponen.”
No tardé en llegar a la zona en la que vive Faelith. Sin embargo, cuando vi su casa me detuve en seco al recordar a su madre. Habían pasado ya varios años y se había aclarado el malentendido, pero aún no superaba mi miedo hacia ella.
—Mmm… quizá otro día…
Me di la vuelta y pensaba en irme cuando de frente repentinamente alguien había saltado hacia mí. No la reconocí hasta que ya me había abrazado, pero se trataba de Faelith. Estaba emocionada y llorando mientras me abrazaba con fuerza. Mientras la calmaba, pude ver que detrás de ella se encontraba su madre a cierta distancia. Cargaba un bolso con verduras y otro bolso a su lado estaba en el suelo, el cual seguramente lo traía Faelith. Rápidamente desvié la mirada cuando hicimos contacto visual, así que no pude ver su expresión. Ella se quedó de pie unos segundos y luego levantó el bolso que estaba en el suelo y comenzó a caminar hacia su casa sin decir nada. Tampoco dije nada ni me moví hasta que se metió en la casa. Es extraño, ya que no siento miedo realmente. Comparada con los Gashem que me he enfrentado, ella definitivamente no me da miedo. Es una sensación extraña.
Pasé el resto del día con Faelith. Una vez más tuve que contar la misma historia. Sabía que tendría que contarla más veces, pero realmente ya me aburría contar lo mismo una y otra vez. Al principio se molestó por excluirla y mentirle cuando le dije que no iría a buscar a mis padres en Lemuel, pero rápidamente se tranquilizó cuando le expliqué que solo quería protegerla.
Para el atardecer regresé a casa tras despedirme de Faelith. Therion y Lazran aún no llegaban. Syrel y mi madre estaban en la cocina preparando la cena y los demás estaban en el salón contando historias de cuando mi papá se metía en problemas cuando eran niños. Escuché unas cuantas que me causaron mucha gracia y luego de cenar regresé a mi habitación para leer un poco más el diario. Con todo lo que había pasado no había tenido tiempo de leer.
25 Sylvarith, ciclo 2079 del Calendario Astral
Lo he conseguido, por fin he conocido a los elfos. Su estructura es como la de los humanos a excepción de sus orejas. Además, ciertamente son tan bellos como decían los rumores. Cuando llegué a la ciudad élfica de Arnidiel en el continente Rácir, me quedé impresionado con la armonía de su ciudad. A diferencia de las ciudades humanas, que tenían un plano irregular, ellos tenían su ciudad construida siguiendo un plano radio-céntrico perfecto. Además, han aprovechado la zona fría para construir su gran muralla de hielo. Mezclando resina de madera con agua, han creado una muralla tan resistente como el hierro e increíblemente barata y fácil de construir.
Tras lograr entrar, lo primero que hice fue buscar una persona que estuviera dispuesta a colaborar con mis experimentos. Eso me tomó varios días hasta que un maestro de la universidad se interesó por mis apuntes cuando estaba en la biblioteca. Realicé las mismas pruebas que le hice al noble hace ya unos años y los resultados fueron más allá de mis expectativas.
Para empezar, el cuerpo de los elfos y los humanos es exactamente idéntico en lo que a apariencia interna se refiere: los mismos órganos, las mismas funciones, la misma ubicación. Sin embargo, hay algo distinto: la sustancia misteriosa. Tras hacer varias investigaciones decidí nombrar a esta sustancia “éter”, ya que así se referían a ella en un libro antiguo. Dicho éter está mezclado con todos los seres vivos y objetos inanimados de este mundo. También flota abundantemente en el aire. La concentración de éter en los humanos era del 30%, mientras que en los Vanthraan era del 5%. En los elfos, en cambio, era del 70%. Me quedé con la boca abierta al descubrir esto. Al parecer, el tener tal concentración de maná les permite también usar magia sin necesidad de usar encantamientos.
Después de varias pruebas a otros voluntarios también descubrí que la cantidad de éter en el cuerpo puede variar. Algunos tienen más y otros menos. Esto hace que quien tenga mayor concentración de éter en su cuerpo sea más hábil en el control de magia. Aun así, el nivel de variación de concentración de éter de todos los voluntarios nunca estuvo por debajo de 50% ni por encima de 75%.
De momento me quedaré aquí para investigar más sobre la magia.
“Concentración de éter… ¿me pregunto cuánto éter hay en mi cuerpo? Si soy mitad elfa, debería ser menor que la de un elfo común pero más alta que la de un humano… ¿60 o quizá 50%?”
A la mañana siguiente me encontraba enfrente de mi casa justo después del amanecer. Zoila y sus padres preparaban su transporte para el viaje de regreso. Pregunté si no podían quedarse más. Dos días me pareció poco y apenas pude hacer amistad con mi prima. Por desgracia, ya habían alargado demasiado sus vacaciones por mi culpa y debían regresar. Es una suerte que tengan los Uzar a su disposición. Con tales bestias demoníacas con apariencia de enormes caballos, no tardarían ni dos meses en llegar a Authon.
—Zoila, es hora de irnos. —Un segundo.
Zoila se acercó a mí y me tomó de las manos. Con una gran sonrisa en su cara me dio las gracias por todo. Ella definitivamente se veía más linda ahora que como cuando la conocí. Pensar que solo le bastó conocerme para cambiar me hace sentirme en alto. Prefiero pensar que fui la gota que derramó el vaso.
—La próxima vez que nos veamos espero que sea en mi casa. Serás más que bienvenida.
Con esas últimas palabras se alejó de mí y subió al carruaje, y este luego comenzó a moverse. Ella se asomó por la ventana mientras sacudía la mano para despedirse. Yo hice lo mismo hasta que su carruaje se perdió entre los árboles.
Hoy de nuevo Lazran fue llamado para ir al pueblo de los Anemos, y una vez más no pude acompañarlo ya que ayer había acordado encontrarme con Faelith para ir con los demás chicos quienes querían verme. Después de todo, somos amigos y es normal que estén ansiosos por verme otra vez. Pensé en llevar a Syrel, pero cambié de idea al ver que ella estaba muy alegre ayudando a mamá en todo lo que hacía. ¿Supongo que ella sí actúa como una hija normal? Yo nunca ayudo a mi madre con las tareas del hogar.
-¡¡Airen!!
Al llegar al claro rocoso fue una sorpresa ver a Dareth, Lysian y Taryn correr hacia mí emocionados. Los veo como amigos, pero nunca pensé que me tuvieran tanta estima. Eso me alegró mucho, la verdad. Una vez más el grupo de amigos reunidos como antes me hizo recordar los mejores momentos que había tenido aquí, y me estremecí al pensar que estuve a punto de no volver a verlos nunca. Realmente tuve mucha suerte.
Por la noche, cuando regresé a casa, me encontré con Lazran. Él tenía una cara complicada, como si estuviera preocupado por algo. Me acerqué a él y le pregunté:
—Lazran, ¿pasa algo? —Airen… no es nada… bueno… —¿Mmm? —No, nada. Solo estoy algo cansado. —¿De verdad? —Sí, vamos.
Él entró a la casa sin decir nada más. Tenía el presentimiento de que no me estaba contando todo. Dos días más pasaron. En esos dos días, Lazran regresó a la aldea Anemos. No sé para qué va tan seguido, pero no importa cuándo, nunca puedo acompañarlo. Esta vez simplemente se fue muy de mañana, y para cuando lo busqué ya se había ido. Regresaba solo hasta la noche.
—Airen.
De pronto me giré al escuchar que mi padre me llamaba. Él estaba sentado en el salón de la casa. Su expresión era seria, la cual no solía usar.
—¿Sí? —No sé si lo has pensado, pero, ¿qué va a pasar con tus amigos? —Sobre eso… —No estoy diciendo que deban irse ni nada, no te preocupes. Incluso si deben quedarse un año o dos no voy a molestarme por eso. Sin embargo, quiero saber qué es lo que habías pensado hacer con ese chico.
Yo les había contado a mis padres que ambos eran huérfanos. No pedí que se les permitiera vivir aquí, así que por eso solo dije que ellos se quedarían temporalmente. Sin embargo, con todo lo ocurrido no he tenido tiempo para pensar qué hacer con ellos. ¿Debería buscarles un tutor? ¿O un trabajo para Lazran?
—La verdad no he pensado en nada… —Sabes que no podemos aceptar dos personas, así como así, ¿verdad? Una estaría bien, pero dos…
Sé muy bien que dos personas sería mucha carga para nuestra familia. Si fuera mayor podría trabajar para ayudar económicamente, pero de momento nadie me contrataría.
—Ese chico Lazran… él puede usar magia de viento y parece que los Anemos se han interesado en él. Sin embargo, por su edad y su falta de conocimientos, no creo que sea aceptado en la escuela mágica. —Sí, ya lo había pensado.
Para él solo quedaba conseguir un tutor para ponerse al día con las demás clases de magia. Sin embargo, un tutor requiere mucho dinero. No hay manera de que le encargue ese peso a mis padres. En todo caso, para Lazran un trabajo sería lo ideal, pero no sé muy bien qué podría ser adecuado para él.
—¿Y qué hay de Syrel? —pregunté. —Bueno… me he dado cuenta de que sabe leer y escribir, lo que está muy bien para su edad. Ella es una Vanthraan, así que no puede usar magia. No tiene caso enviarla a la escuela de magia y, dado que le gusta ayudar a tu madre, supongo que podríamos aceptar que se quede como ayuda para la casa. Podríamos darle clases casuales si hace falta.
—¿¡De verdad!? —Las leyes de Pyrenhal no me permitirían adoptarla como mi hija, pero aceptarla como una criada la cual recibe un pago sí es posible.
“Una criada… suena mal, pero supongo que es mejor que viva sola en la calle. Además, nosotros la trataremos mucho mejor de lo que otros la tratarían. Estoy conforme con esto.”
—Gracias. Haré mi mejor esfuerzo para ayudar a Lazran entonces.
Eso fue lo que dije, sin embargo, no llegué a hacer nada por él. Después de medio año, tanto Lazran como Syrel seguían viviendo en mi casa. Tal como había dicho papá, Syrel ahora estaba viviendo legalmente como nuestra criada, aunque estaba claro que solo era por asuntos legales. Para mí y para mi familia, Syrel era como una hija más.
Lazran, por otro lado, había estado distante. Casi todos los días se iba a la aldea de los Anemos y regresaba hasta muy tarde. Papá no volvió a preguntar del tema sobre él, ya que, al pasar tanto tiempo con los Anemos, la verdad es que no suponía ningún gasto para nosotros. Él solo venía a dormir aquí; algunas veces incluso se quedaba varios días.
Yo tuve que regresar a clases, por lo que también estaba ocupada, y por eso no podía encontrar un trabajo para Lazran ni tampoco información sobre su padre. El invierno había llegado, y hoy, mientras regresaba de la escuela tras el último día de clases, me encontré con Lazran justo enfrente de la casa. No me hubiera extrañado de no ser porque estaba cargando su equipaje. Me apresuré hacia él y le pregunté qué hacía.
Él solo hizo esa expresión rara de la última vez, como si tuviera que decirme algo difícil. Una vez más le pregunté qué pasaba. Él entonces calló por un momento, y luego de pensarlo bien, respondió:
—Al parecer… mi padre era un Anemo. —¿¡Ah, sí!? ¡Entonces lo encontraste!
“¿Significa que se irá a vivir con él? ¿Por qué no me había dicho nada?”
—No exactamente… verás, estos días en los que he estado yendo a la aldea fue para entrenar con los Anemos. —¿Entrenar? —El líder del clan quería ver si de verdad podía hacer esa técnica… la onda de choque que tú mencionas. Pero como no sé hacerla normalmente, se me ocurrió ponerme en situaciones de batalla para hacerla salir. —¿Has estado luchando? —Sí. Al principio no pasaba nada, pero poco a poco comencé a sentir que podía hacerlo… hasta que lo logré. —¿Lo controlas entonces?
Lazran levantó su mano derecha a la altura de su pecho y comenzó a reunir viento en la palma de su mano. Entonces, en un instante, pude ver la distorsión que causa la onda de choque y el estallido de esta al impactar con un árbol a unos metros. El impacto solo sacudió el árbol, pero pude sentir que fue muchas veces más fuerte que una bola de viento común. Además, esta viajó mucho más rápido que una bola de viento.
—Es impresionante. Entonces esto demuestra… ¿qué demuestra? —Según el líder de la aldea, para que alguien de mi edad pueda hacer esta magia, es casi seguro que tiene que ser de descendencia Anemo. Cualquier otro tardaría años. Él ha dicho además que soy muy talentoso. Jajaja.
Nunca esperé escuchar algo así.
—De eso ya me había dado cuenta. Tardaste muy poco en aprender magia, y no llevas ni un año practicándola. Ya dominas una magia de alto nivel.
—Así es. La única razón por la que un mestizo novato como yo pueda hacerlo… es que tengo sangre de Anemo en mis venas.
—¿Pero eso es bueno, no? Ahora sabes que debes buscar a tu padre en la aldea.
—En la aldea no está. Le conté mi historia al jefe y, al parecer, no hay nadie entre ellos que haya viajado a Astald antes… salvo Lerhion, que fue hace poco.
—¿Entonces?
—Aparte de esta, solo existe otra ciudad donde viven los Anemos. El líder de la aldea me dijo que mi padre definitivamente debe estar allí.
—¿Entonces cuál es el problema? ¡Deberías estar feliz!
—Es que… ese lugar está ubicado en el continente Rácir, en una ciudad llamada Runám.
—¡¿En Rácir?! —Me sorprendí al escuchar el nombre—. No sé mucho sobre Runám, pero sí sé que Rácir queda muy lejos al norte de Armath. Ahí está la gran ciudad élfica de Arnidiel… la segunda más grande después de Authon. Es un viaje de más de medio año a pie.
—El líder de la aldea dijo que, si quería ir, debía entrenar duro, ya que el camino es peligroso. Para mí, que solo conozco magia de viento, tenía que esforzarme el doble. Hace unos meses comencé a practicar otras magias… aunque no me va muy bien.
—¡¿Y por qué no me habías dicho nada de esto!?
—No quería molestarte más. Ya has hecho bastante por mí.
—¡Tonterías! ¡Debiste decírmelo! ¿Y por qué estás cargando tus cosas?
—Como sabes, Rácir está muy lejos. Si partimos ahora, llegaremos en verano, cuando la nieve ya se haya derretido. Definitivamente es el mejor momento para partir.
—Lo que significa que…
—Así es… vine a despedirme.
Cuando lo dijo, me quedé conmocionada. Sabía que tarde o temprano tendría que irse, pero esto fue muy repentino. Se me hizo un nudo en la garganta y no supe cómo reaccionar.
—¡Un momento, esto es muy repentino!
—Yo… te agradezco por todo. De no ser por ti, seguramente estaría muerto… o sería un esclavo.
—Me están esperando, así que será mejor que me vaya.
—¡Espera!
Cuando se dio la vuelta, lo detuve instintivamente. Quería decirle que no se fuera, pero no podía.
¿Cómo podría negarle la oportunidad de encontrar a su padre? Él me ayudó a reunirme con los míos… Solo sería un deseo egoísta pedirle que se quede.
—¿Airen?
¿Por qué quiero que se quede? Hasta hace un momento discutía con mi padre sobre qué hacer con Lazran… esto resolvería el problema por completo. Y aun así, no quiero que se vaya.
En mi infancia no tuve muchos amigos… en realidad, nunca tuve a alguien a quien pudiera llamar así.
Pero aquí, desde que tenía cuatro años, he conocido amigos verdaderos a quienes quiero mucho. Y, sin embargo, lo que viví con Lazran… esas situaciones límite, de vida o muerte, lo volvieron de alguna forma especial. Me dolía el alma imaginar que podrían pasar años antes de volver a verlo, o que quizá… nunca lo vería de nuevo.
Pero no soy quién para decidir su camino. Como amiga, lo mejor que puedo hacer es desearle lo mejor… y esperar volver a verlo algún día.
Así que me tragué mis palabras, respiré hondo, forcé la mejor sonrisa que pude y le dije:
—Nos… nos volveremos a ver, ¿verdad?
Lazran se quedó en silencio por un momento, mirándome sorprendido. Supongo que no se esperaba que le dijera eso. Bajó la mirada, y luego me miró de nuevo. Sonrió con una expresión mucho más genuina que la que yo intentaba sostener.
—¡Eso tenlo por seguro!
Tras decir eso, se dio la vuelta y se alejó, balanceando una mano en el aire. Me quedé de pie observándolo hasta que su figura se perdió entre los árboles. Solo entonces pude dejar de fingir: mi sonrisa se deshizo, mi rostro se arrugó, y mis lágrimas brotaron sin control.
No sé en qué momento llegaron mis padres, pero cuando los vi, simplemente me abrazaron sin decir palabra.
Desde lo más profundo de mi corazón, le deseé lo mejor a Lazran mientras me desahogaba en los brazos de quienes siempre estarían ahí para mí.
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