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Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 21

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Capítulo 21: Capítulo 21 Mi Hogar

Cabalgamos bajo la lluvia unos minutos hasta llegar a una arbolada. Durante todo el camino nadie dijo nada, pero cuando me bajé del caballo me rodearon de inmediato Kael y los demás, preguntándome qué es lo que había pasado aquel día y si me encontraba bien, todos menos Therion, aun así, este parecía muy interesado.

“Esta gente… ¿maestro Dareth? Y pensar que mi maestro de sanación vendría a buscarme… También uno de los guardias de la ciudad… no recuerdo su nombre, pero lo he visto varias veces resguardando la puerta sur de la ciudad. No conozco a los otros tres acompañantes. Dos de ellos son humanos, qué sorpresa… un momento… a ese lo conozco…”

—¡Ah! ¡El tipo de Pyrenhal! —grité, señalando a uno de los acompañantes humanos. No lo había reconocido antes porque iba cubierto con una capucha, pero una vez que lo tuve de frente lo recordé perfectamente: era el hombre que había intentado llevarme a la fuerza cuando iba con Syrel buscando el baño público.

—¿Te refieres a Honny? —dijo Kael—. Él es uno de nuestros guías. Se ofreció voluntario a ayudarnos a encontrarte cuando fuimos a Astald. Fue gracias a él que pudimos encontrarte.

—Ah…

“Entonces él de verdad quería llevarme a casa… qué vergüenza, incluso lo ataqué.”

—De verdad lo siento mucho, por desconfiar de usted… y atacarlo también.

—Siempre impulsiva, ni siquiera te tomaste la molestia de escucharlo y lo atacaste sin dudarlo.

Therion me reprochó muy molesto. Su enfado conmigo solo me hacía sentir peor, y es que tenía razones para estar molesto conmigo, pero no me gusta que tenga esa actitud.

—¿Cuál es tu problema con ella? ¿No eras su hermano? Desde que se reunieron no has dejado de fastidiarla —Lazran, quien había estado callado, se levantó muy molesto acusando a Therion.

—Lazran, para, tiene razón.

—Pero…

—Está bien, solo para.

—Tsk… como quieras…

—No la culpo por desconfiar de mí —dijo de repente Honny—. Había bebido la noche anterior y mi aspecto era deplorable. Su reacción fue la correcta. Debo ser yo quien pida disculpas.

Las cosas se calmaron después de que él dijera eso. Es una buena persona, después de todo. Me acerqué al maestro Dareth; realmente no esperaba que uno de mis maestros viniera a buscarme.

—Maestro Dareth, ¿también vino a buscarme?

—Claro, no podría dejar que mi mejor alumna desapareciera, así como así.

—Jajaja gracias.

—¿Es tu maestro? —Lazran se sorprendió mucho al escuchar que él era mi maestro, aunque lo malentendió un poco.

—Ah sí, él es mi maestro de sanación, Dareth Pluele.

—Es un placer. ¿Maestro de sanación solamente?

—En la escuela de Pyrenhal hay muchos maestros para cada tipo de magia —dijo el maestro Dareth.

—Entonces le debo agradecer a usted.

—¿Y por qué?

—Gracias a sus enseñanzas, Airen pudo salvarme la vida antes.

—¿De verdad?

—Alguien me apuñaló y Airen me sanó la herida.

—¡Eso es increíble! ¿Dejó cicatriz? ¿Puedo ver la herida?

—Claro.

El maestro Dareth parecía muy emocionado. Cuando Lazran le mostró la cicatriz de su pecho, el maestro quedó atónito y se puso a examinarla. Poco después se puso serio y me preguntó:

—Airen… ¿lograste sanar una herida de corazón?

—Ah, no. Por suerte su corazón no sufrió daños. Su pulmón sí, pero solo un poco. No podría haberlo sanado si hubiera sido herido en el corazón. De hecho, habría muerto antes de que llegara hasta él.

—Ya veo… Aun así, es demasiado increíble. Estás muy avanzada en la sanación. ¿Cuánto tardaste?

—Mmm… más de dos horas.

—Ese tiempo sería normal para alguien que ya tiene cierto conocimiento, como un médico promedio. Pensar que una alumna que lleva estudiando la sanación solo unos meses tiene este nivel…

El maestro Dareth se quedó pensativo un rato. Por otro lado, el guardia de la ciudad se acercó a Lazran.

—Chico, eso que hiciste antes, ¿fue magia de viento? —preguntó él.

—Sí.

—Yo soy Lysian del clan Anemos. ¿Has escuchado de nosotros?

—No.

—¿No?

—Lazran se crio en Astald. No conoce nada de los elfos —dije.

—Eso es raro… Bueno, los Anemos somos un poblado ubicado cerca de Pyrenhal. Nuestra especialidad es la magia de viento. Es por eso que me quedé impresionado con tu técnica. La había visto solo una vez hace un tiempo, cuando nuestro líder la usó. Dijo que era una técnica avanzada. ¿Puedo saber quién te la enseñó?

—¿Eh? Bueno… solo hago la bola de viento que me enseñó Airen, aunque a veces se vuelve rara cuando me enfado mucho.

—¿Qué te enseñó Airen?

Todos me miraron de manera extraña y sorprendidos. No solo había sanado una herida con el nivel de un médico, sino que ahora enseñaba técnicas de alto nivel. Ser el centro de atención no es lo mío, por lo que me apresuré a aclarar el malentendido.

—No es así. Yo solo le enseñé la bola de viento. Lo de la onda de choque lo aprendió él solo.

—¿Le enseñaste la bola de viento? ¿No conocía una técnica de bajo nivel siquiera?

—Yo no sabía nada de magia —dijo Lazran—. Airen me enseñó la magia de viento para poder escapar.

—¿Escapar de dónde?

—De la mansión de un noble que nos había secuestrado. Planeaban llevarnos a Ondull y vendernos como esclavos. De no ser por Airen, yo y muchos más estaríamos camino a Ondull.

—¡¿Esclavos?! Eso es ilegal —dijo uno de los guardias humanos—. ¿Quién es ese noble?

—Se llama Vhaelor.

—¿¡Lord Vhaelor!? Increíble… Me encargaré de informar a la guardia para investigarlo más a fondo. Tal acto no puede ser pasado por alto.

—¿Entonces asumo que Airen usó magia para vencer a los secuestradores y escapar, ¿verdad? —dijo Kael—. ¿Entonces por qué te enseñó magia a ti?

—Yo no podía usar magia en ese momento —respondí—. Me habían puesto un collar de Viod.

—¡¿Viod?!

Todo el mundo se exaltó cuando dije eso. El ambiente se puso muy serio de repente.

—¿Qué pasa?

—El Viod es estrictamente prohibido desde hace varios años. Solo lo usan en las instituciones mágicas, edificios diplomáticos importantes y en las prisiones. Es impensable creer que un noble rural tendría un collar hecho de este material.

—El collar me lo puso uno de los Gashem que atacaron Lemuel.

—¿¡Te encontraste con los Gashem!?

—Sí, eso me recuerda. ¿Qué pasó con Ignis y los Gashem?

—¿Así que sabías de la espada? —dijo el maestro Dareth.

—Sí, encontré el lugar donde estaba escondida Ignis por casualidad mientras exploraba las minas con Faelith. Luego del ataque de los Gashem quise ir a avisar, pero por desgracia me traicionó un minero llamado Tarn. Él también conocía el lugar e hizo un trato con un Gashem para entregarme a cambio de la ubicación de la espada.

—Ahora lo entiendo… Por desgracia no pudimos hacer nada. La espada fue robada.

—¿¡Qué!? ¿Y qué pasó con los demás? ¿Acaso… los Gashem usaron la espada? Si es así…

“Si es así, el número de muertos podría ser muy grande…”

—Ellos usaron la espada y lograron vencer al ejército de defensa. Por suerte no hubo muertos, aunque sí numerosos heridos.

—Ya veo… Es un alivio. ¿Y mis padres? Ellos… ¿están bien, verdad?

Therion arrugó un poco la cara al escuchar mi pregunta, lo que hizo que se me acelerara el corazón. ¿Quizás habían sido heridos?

—¡Ellos están bien!… ¿verdad?

—Tranquila, están bien. Bueno, tu padre fue uno de los que salió herido, pero fue atendido adecuadamente y está recuperándose muy bien.

Me preocupé un poco al escuchar que mi padre Aerithor había sido herido. Eso explica por qué es Therion quien vino a buscarme y no él. No debe estar en condiciones de salir, y madre seguramente está cuidándolo.

Nos quedamos en la arbolada mientras seguía lloviendo. Durante ese tiempo les conté con detalle todo lo que había pasado desde el día en que fui a las minas con Faelith hasta ahora, omitiendo algunas cosas innecesarias que no necesitaban saber. También me contaron lo que sucedió en Lemuel en mi ausencia. Como ya me habían dicho antes, los Gashem encontraron la ubicación de la espada y se hicieron con ella. La usaron para vencer al ejército que defendía la ciudad, pero no mataron a nadie. Obviamente, esto es un acto de guerra, y se envió un mensaje a la capital de los Gashem, Altmayren, para pedir una explicación. Estos respondieron que no habían tenido nada que ver con el ataque, dijeron que no sabían quién pudo haberlo hecho, pero que prepararían una investigación inmediata.

—¡Eso es falso! Uno de ellos me dijo personalmente que su rey les había ordenado buscar la espada.

—Eso creímos también —dijo Kael—. Pero los ladrones no huyeron hacia Duraga; huyeron en dirección opuesta, seguramente hacia Ondull. En el Gran Desierto se ocultan maleantes, elfos oscuros y, por supuesto, Gashem también. Y dado que no hubo muertos, eso también le resta gravedad al asunto. Una guerra es algo muy serio que no se puede iniciar a la ligera. Si no se puede asegurar que Altmayren tiene algo que ver, solo queda buscar a los ladrones.

—¿Están buscándolos ya?

—Sí, pero no sé más detalles de eso. Es de alto secreto.

—Mmm…

—Ha parado la lluvia, podemos continuar.

Quien habló fue el elfo que no conozco. Ahora que lo pienso, ha estado muy callado… y me sonríe mucho.

—No quiero parecer descortés —dije—, pero… ¿quién es usted?

—Oh, claro jaja, no nos hemos presentado. Me llamo Korand, Korand Hagmel.

—Es un placer, Hagmel… No había escuchado ese apellido en Pyrenhal.

—Es porque es originario de Réquen.

—¿Nació en Réquen? ¿De Authon, quizá?

—Así es. Vine con mi esposa a visitar a tu padre. Me sorprendió enterarme de todo lo que había sucedido. ¡Y yo que pensaba pasarlo bien con él! Bueno, no le agrado mucho, pero es divertido jajajaja.

—¿A ver a mi padre?

—Ah… qué descuidado soy. Por supuesto que tú no lo sabes, jajaja, ¡eres muy pequeñita! Bueno, le dije a Aerithor que debió haberte llevado, pero él dijo que no. Uhhh, me entristeció mucho. Quería conocerte y que jugaras con Zoila. Me quedé con las ganas, así que decidimos venir personalmente, ¡jajaja!

“¿De qué habla este hombre? Ahora habla demasiado y es muy raro. El hecho de que siempre sonríe me pone de nervios…”

—Tío, le das muchas vueltas, díselo ya —dijo Therion.

“¿Tío?”

—Oh, bueno, jaja. Verás, mi esposa es Yenieli Vhaldron, hija de Hundur Vhaldron, hermana de Aerithor Vhaldron, que es tu padre. Padre de Airen Vhaldron, o sea, ella es tu tía… lo que me convierte a mí en tu tío, jajajaja. ¿¡Te sorprende!? ¿No te lo esperabas?

—…¿¡Qué!?

—Demasiados detalles, tío… —dijo Therion.

—¿Tú crees? ¡Jaja!

“¿Mi tío? Un segundo… ya sabía que tenía una tía en Authon… ¿pero este tipo realmente es mi tío?”

—Therion… ¿por qué mi linda sobrina me mira con esa expresión?

—Porque es la primera impresión que causas…

—¡Jajaja! Es verdad. Tú también te me quedaste mirando igual, pero al final me terminaste queriendo, ¡jajaja!

—…Ah…

Reanudamos el viaje justo después de que pasara la lluvia. Aún me sorprende que alguien tan excéntrico sea mi tío. Primero estaba muy callado, y bastó con hablarle un poco para que se volviera un loro parlanchín e incongruente. Luego, cuando comenzamos a viajar otra vez, se quedó callado y no ha vuelto a decir nada. Es realmente raro. Lo más perturbador es que no borra su sonrisa nunca. Es más… ahora me he fijado un poco más en él. Para empezar, debo admitir que no es para nada feo… bueno, no he conocido elfo que sea feo aún, pero si estuviera serio definitivamente se vería muy atractivo. Tiene el cabello no muy largo y peinado hacia atrás, de un pálido color verdoso. Otra cosa perturbadora es que siempre mantiene sus ojos medio abiertos, apenas se distingue el color dorado de su iris. Él se dio cuenta de que lo estaba viendo, solo sonrió… y me guiñó un ojo. La sensación fue… perturbadora.

—Hemos llegado a Astald.

Cuando Therion dijo eso, miré de inmediato al frente otra vez. Lo primero que vi fue una extensa cantidad de campos cultivados y cientos de personas trabajando la tierra. En Pyrenhal también hay campos, pero no están tan cerca de la ciudad. Solo los he visto de lejos, pero nunca los he visitado, ya que no es algo que me interese realmente.

Justo después de los campos agrícolas empezaban a aparecer algunas casas, y detrás se alzaba una enorme muralla, muy larga y de color gris. Del interior de la ciudad solo podía ver unos pocos tejados de los edificios más grandes.

“Qué rápido llegamos. Solo llevamos unas cuantas horas cabalgando. A pie nos habría tomado medio día.”

A medida que nos acercábamos, la ciudad se veía más grande. Sus enormes murallas eran más altas que las de Pyrenhal, y más gruesas también. La ciudad parecía de un tamaño similar, aunque no podía ver el interior. Puede que se vea más grande por la gran cantidad de casas que rodean la muralla, pero es imposible saberlo con certeza. Desde fuera solo se podían ver los techos de los edificios más altos que las murallas. De todos, solo había uno que destacaba imponente y majestuoso: muros de color gris azulado con techo del mismo color, pero más oscuro. Ondeaba en su cima una gran bandera azul y blanca con un escudo de armas en el centro. No cabía duda de que era el palacio real.

Avanzamos hasta llegar cerca de la entrada principal. Pensé que entraríamos a la ciudad, pero no fue así. Tras detenernos, todos bajaron de los caballos, todos menos Syrel, Lazran y yo. Pensé en bajar, pero Kael dijo que no era necesario, así que me quedé. Me di cuenta de que se habían bajado para despedirse de sus compañeros humanos. Therion se acercó a Andol, le dio un apretón de manos y, sonriendo, le dijo:

—Muchas gracias por toda la ayuda. Estoy en deuda con ustedes.

—No hay de qué. Siempre que se pueda reforzar los lazos entre Astald y Pyrenhal, estaremos dispuestos a ayudar en lo que sea.

Kael, el maestro Garem, Lerhion y Korand también se despidieron de igual manera. Luego subieron nuevamente a los caballos. Andol me miró y se despidió con una mano; yo respondí de igual forma, y ellos se fueron hacia la ciudad.

“De nuevo me siento mal por lo que sucedió antes. Algún día le pagaré lo que ha hecho por mí…”

—Entonces, vamos —dijo Therion, mientras subía a su caballo.

Dejando Astald atrás, nos dirigimos hacia el sur. Todo a mi alrededor era campo abierto. Pasó más de medio día hasta que, a lo lejos, empecé a ver el horizonte repleto de árboles. Al pasar por lo alto de una colina, pude observar la inmensidad del bosque. Había grandes árboles hasta donde alcanzaba la vista… y más. Definitivamente hubiera sido difícil encontrar Pyrenhal sin tener idea de dónde está. Nos habría tomado meses, o quizá más.

—¿Cuánto tardaremos en llegar desde aquí? —pregunté a Kael, justo antes de adentrarnos en el bosque.

—Mmm… Un día y medio, quizá. Llegaremos de noche.

—Está muy largo.

—No tanto. Es solo que no hay un camino, y atravesar el bosque con los caballos es más complicado.

—Ya veo.

—Pero alégrate, ustedes habrían tardado dos o tres semanas en llegar.

—Sí, gracias.

—Deberías agradecérselo a tu hermano antes que a mí. Él ha estado muy preocupado por encontrarte.

—Pero está molesto conmigo…

—Es solo que es un idiota y no sabe cómo expresarse. Pero créeme, de verdad quería encontrarte.

Tras adentrarnos en el bosque, avanzar se hizo mucho más lento. Los caballos ya no podían correr por la espesura del bosque. Comparado con el bosque donde estaba la aldea Vernaleth, este era mucho más oscuro y espeso. Cualquiera podría perderse fácilmente aquí. Yo, de hecho, ya no tenía idea de dónde estábamos.

—¿Cómo saben a dónde nos dirigimos? —le pregunté a Kael.

—Si te fijas bien, hay pequeñas marcas en algunos árboles.

—¿Marcas?

Miré los árboles a mi alrededor. Al principio no vi nada, pero pronto descubrí algunas marcas en los troncos. Por la ubicación y el tipo de marca, era difícil reconocerlas a simple vista. Las marcas eran un tipo de simbología que había aprendido en las clases del maestro Cerendur. Ahora mismo no me acuerdo del todo, pero los símbolos significan cosas como “por aquí no”, “recto”, “a la derecha” … Cualquier persona que no supiera su significado no entendería nada. Eso, si las encuentra, porque si no las buscas, es difícil verlas.

Therion, quien iba al frente, estaba pendiente de todas las marcas y guiaba al grupo. Una hora después se detuvo de golpe e hizo una señal para que nos detuviéramos.

—¿Qué sucede? —preguntó Lerhion.

—Es un Zaring, no hagan ruido.

Al escuchar esto, Lerhion hizo señas para que nos bajáramos de los caballos, y así lo hicimos. Lentamente nos acercamos a donde estaba Therion, agachado y escondido entre unos arbustos. Justo delante había un desnivel, y cuando me acerqué y miré hacia abajo, me sorprendí. Delante iba caminando un animal enorme con apariencia de oso, del tamaño de un elefante, de color verde oscuro y con una larga cola.

—Nadie se mueva —dijo el maestro Garem.

Todos nos quedamos quietos mientras el temible animal pasaba. No podía dejar de ver sus enormes zarpas verdes, que eran del tamaño de mi brazo. No quería ni imaginar cómo sería luchar contra esa cosa.

—Se ha ido.

Todos soltamos el aliento cuando el Zaring desapareció entre la maleza.

—¿¡Qué fue eso!? ¡Jamás había visto algo así! —Lazran parecía sobresaltado y asustado. Yo también lo estaba, pero él aún más.

—¿No has escuchado hablar de las bestias demoníacas, chico? —dijo Lerhion.

—¿¡Bestias demoníacas!? Pensé… que solo eran mitos y cuentos para que los niños fueran a dormir.

—Jajaja, supongo que no verías nada así en las tranquilas praderas de Astald.

—Para nada…

—Pues ve con cuidado, chico. Hay cosas mucho peores en estos bosques… pero descuida, para eso estoy yo aquí: para protegerlos. Un Zaring sería difícil, pero no imposible para mí.

—Yo una vez enfrenté a una Lycossad en el bosque de Thendiel —dijo Korand.

—¿¡Una Lycossad!? Imposible.

—¿Qué es una Lycossad? —preguntó Lazran.

—Chico, hay pocas cosas más temibles que una Lycossad. Es una tarántula un poco más grande que ese Zaring, muy veloz e inteligente. De sus colmillos lanza veneno y puede disparar redes pegajosas desde su abdomen. Además, su cuerpo es resistente a la magia.

—Su… suena terrible.

—Exacto. Por eso no puedo creer que él haya enfrentado a esa cosa y haya salido con vida.

—Oh, no me malentiendas. No solo fui yo —dijo Korand, riendo—. Iba acompañado de un grupo de quince personas. Fuimos aniquilados, jajaja. Solo sobrevivimos tres.

“¿Cómo puede reírse al contar cómo murieron sus compañeros?”

Durante el resto del camino, Lerhion y Korand se dedicaron a contarle historias a Lazran, o más bien, a intimidarlo con relatos sobre bestias demoníacas. Lo peor llegó cuando cayó la noche y nos tocó acampar. Lazran estaba muy nervioso, mirando hacia todos lados por el oscuro bosque. Esto pareció divertirles a ellos dos, por lo que no tardaron en comenzar a exagerar aún más las historias. Curiosamente, Syrel no parecía asustarse en lo absoluto.

Continuamos el viaje al amanecer. Al principio tuvimos que enfrentarnos a algunas criaturas violentas y nos ocultamos de otro Zaring, pero a medida que nos acercábamos a Pyrenhal, los encuentros peligrosos disminuyeron. Tras varias horas de camino, ya en el atardecer, por fin salimos del bosque. Casi grito de alegría cuando, a lo lejos, vi la hermosa ciudad de Pyrenhal, radiante y majestuosa.

Dividida en dos por el gran río, teñido de naranja por la luz del atardecer, la ciudad se extendía ante mis ojos. Solo me había ausentado un mes, y ya me parecía que no la había visto en años. Lo más llamativo, como siempre, era la escuela de magia: esas grandes torres que podían verse desde cualquier punto de la ciudad. También el castillo, que resplandecía con sus colores blanco y dorado al sur de la ciudad.

“La ciudad se ve más grande de lo que recuerdo.”

—¡Vaya! ¡Es impresionante! —tanto Lazran como Syrel estaban maravillados con la vista de la ciudad, y no es para menos.

—¿Eh? ¿¡Ya está abierta la universidad!? —pregunté sorprendida.

La universidad de Pyrenhal, que hasta hace poco estaba en fase de construcción, ya parecía estar abierta al público. Desde donde estábamos, podía ver a personas entrar y salir.

Estaba ubicada dentro de la segunda muralla, recientemente finalizada. El edificio no era tan alto como las torres de la escuela mágica ni como el castillo, pero sí más extenso y rodeado de un amplio terreno. Su arquitectura de líneas rectas y elegantes se elevaba firme sobre el terreno, con columnas altas, ventanales amplios y tejados a dos aguas cubiertos de piedra dorada.

Las torres menores en los extremos lucían banderas del Consejo de Estudios Superiores, y a pesar de su sobriedad, el edificio irradiaba conocimiento y prestigio. Su fachada de piedra clara, con detalles en relieve y emblemas grabados, lo hacían parecer tan antiguo como la ciudad misma, aunque aún era nuevo.

“Es impresionante… Más que una universidad, parece una fortaleza del saber.”

—Ya estaba terminada antes de que fuéramos a Lemhar, solo faltaba inaugurarla —dijo Therion.

“Seguramente iré allí cuando me gradúe de la escuela.”

—Vamos a casa —dijo Therion con una leve sonrisa. Se le notaba más aliviado y calmado.

Me llené de alegría y nostalgia mientras cruzábamos la ciudad. La hermosura de Pyrenhal es incomparable; no hay ninguna otra ciudad o pueblo que haya conocido que sea así de hermosa. Nos separamos del maestro Garem y de Lysian cuando cruzamos el río y llegamos al castillo. También dejamos los caballos con ellos, por lo que seguimos a pie.

Lazran y Syrel no paraban de mirar todo con asombro. Sentía cierta preocupación por cómo reaccionarían los elfos al ver a Syrel. Los del pueblo Vernaleth no parecían tener buena relación con los elfos, incluso llegué a pensar que se odiaban mutuamente. Pero para mi sorpresa, quienes se acercaban a ella solo la miraban con curiosidad. Las chicas más jóvenes incluso se acercaban diciendo “¡Qué linda!” mientras acariciaban su rostro y orejas.

Ya había oscurecido cuando cruzamos el sendero de árboles que lleva a la casa de Kael.

—¿Te veo mañana, Kael? —dijo Therion.

—Claro, amigo.

—Gracias por todo.

Ahí nos despedimos de Kael, quien se quedó en su casa. Ya solo quedaba Korand, que seguramente también iba hacia nuestra casa.

Cuando llegamos al campo donde recordaba que estaba mi casa, me emocioné y comencé a correr. A lo lejos, al ver mi hogar, aceleré el paso. Miré hacia un lado, donde había un gran carruaje y dos enormes Úzars sentados en el pasto. No les presté atención y corrí directamente hacia la casa. Las luces estaban encendidas y, cuando vi que la puerta se abría, mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¡Mamá!

Cuando vi que era mi madre quien salía de la casa, grité. Ella se quedó en shock y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—¡Airen!

Al estar a pocos metros, salté y ella me atrapó entre sus brazos. Me abrazó con fuerza mientras lloraba y repetía:

—¡Hija mía, has vuelto! ¡Mi hija!

No pude contener las lágrimas. Desde el interior de la casa apareció mi padre, muy agitado.

—¡Papá!

—¡Airen! ¡De verdad, me alegra que hayas vuelto!

Ambos me abrazaron como si temieran que desapareciera si me soltaban. Fue el momento más emotivo de mi vida. Miré a papá con atención; parte de la piel de su cuello y brazo estaba enrojecida. Él notó mi mirada y dijo:

—No es nada. Unos días más de tratamiento y no quedará señal.

—Papá… —Therion se había acercado. Detrás de él, se habían quedado Korand, Lazran y Syrel guardando algo de distancia. Therion se veía algo rígido, con su expresión dura de siempre. Papá se acercó a él, lo miró por unos segundos y luego puso su mano en su hombro.

—Bien hecho, hijo. Me alegra que ambos hayan vuelto a salvo.

Fue como si un gran peso se liberara de los hombros de Therion. Su expresión cambió por completo. Incluso sonrió. Era evidente que realmente se sentía culpable por mi desaparición y hasta ahora pudo soltar esa carga.

—¿Aaaammm… podemos pasar ya? Tengo hambre.

La única persona capaz de interrumpir una escena tan conmovedora habló desde atrás. Korand solo sonreía, como si nada. Papá lo ignoró y se dirigió a Lazran y Syrel.

—¿Y quiénes son? ¿Amigos?

—Sí —respondí—. De no ser por ellos no habría podido regresar. Me gustaría que se quedaran aquí por un tiempo. ¿Está bien?

—Por supuesto, hija. No hay ningún problema.

“Sabía que papá lo permitiría.”

—¡Ah, mucho gusto, señor! Mi nombre es Lazran Erannel —dijo, haciendo un saludo nervioso y torpe. Syrel lo imitó, lo que resultó bastante gracioso.

Después de las presentaciones, entramos a la casa. Nos ofrecieron algo de comida. Mis padres no tardaron en querer saber qué había pasado, así que comencé a contarles… bueno, casi todo.

Papá se molestó mucho al saber que desobedecí a Therion para ir a Lemhar. “Debiste obedecer a tu hermano”, me dijo. Pero se molestó aún más cuando le conté que Tarn me había traicionado, y casi explota de rabia al saber que me obligaron a trabajar como sirvienta con un collar de Viod. Pensé que debí omitir eso también… pero ya era tarde.

Mamá, por otro lado, no dejaba de preguntarme si me encontraba bien, si estaba herida… así que también omití que me fracturaron una costilla de una patada. Si contaba todo, seguramente habrían organizado un batallón para buscar venganza.

Lazran sabía que no estaba diciendo todo, pero se mantuvo callado. Syrel, como siempre, era tímida con los extraños. Therion, en cuanto terminó de comer, salió de casa.

Después de terminar mi relato, mis padres me abrazaron otra vez y agradecieron que hubiera regresado. Luego les mostraron a Lazran y Syrel sus habitaciones. La casa tenía habitaciones de sobra, así que no hubo problemas.

Yo, mientras tanto, me dirigí a la puerta, pero papá me detuvo:

—¿Vas a salir?

—Voy a buscar a Therion.

—Ah, está bien… pero, Airen…

—¿Sí?

—No te alejes mucho.

—…Claro. Volveré si no está en casa de Kael.

“Espero que no se vuelvan muy sobreprotectores conmigo.”

—¡Iah!

Nada más salir, me topé de frente con una niña que justo iba a entrar. Nunca la había visto, y me sorprendió su aparición repentina. Era muy llamativa: una niña elfa, quizá de mi edad. Ojos verdes parecidos a los míos, cabello rubio muy largo, liso hasta los hombros y rizado hasta la cintura. Unos listones rojos decoraban su cabello, y unas rosas de tela blanca adornaban su vestido azul con blanco. Todo en ella era tan ordenado y colorido que parecía una muñeca de porcelana.

—Ehm… ¿hola?

Se me quedó mirando con expresión seria y sin decir nada. Su mirada recorrió mi cuerpo de pies a cabeza, luego sonrió. No entendía por qué hacía esa expresión. Lo primero que pensé fue que era una niña mimada que me veía como a una campesina… pero no llevaba ropa sencilla. Vestía uno de los vestidos que saqué de la casa de Lord Vhaelor modificado para que fuera menos llamativo, pero aún de buena calidad.

—¡Ooohhhh, mi pequeña! ¡Papá ha vuelto!

Korand salió de la casa a toda velocidad, se lanzó hacia la niña, la alzó en brazos y dio vueltas con ella. La cara de la niña reflejaba con claridad lo fastidioso que podía ser.

—Ah… ¿quién es ella, Korand?

—No, no, no… ¡Tío Korand!

“Perdon” —Haa… ¿Quién es ella, tío Korand? —¡Me alegra que lo preguntes, mi linda sobrina! ¡Esta belleza de aquí es nada más y nada menos que mi preciosa hija Zoila!, es tu prima y tiene tu misma edad. ¿No es grandioso? Saluda a tu prima Airen querida. —…Hola. “¿¡Mi prima!?” —Hola. —Uhhh, qué poca emoción. ¿Zoila, dónde está mamá? —Hablando con el primo. —Mmm… Es un placer conocerte, prima, pero estaba por ir a buscar a Therion. Hasta luego. —No te vayas muy lejos, Airen —dijo Korand—, o de lo contrario tendré que salir a buscarte otra vez. ¡Jajajajaja! —¡Espera! Quiero ir contigo. —¿Eh? Zoila de pronto pareció interesada en acompañarme. No sé si solo quería alejarse de Korand o si planeaba comenzar su acosamiento. —¿No estabas por entrar, hija? —Sí, pero ya que por fin pude conocer a mi única prima, me encantaría pasar tiempo con ella para conocernos mejor. Mamá dijo que en cuanto llegaras partiríamos a casa dos días después, así que me queda poco tiempo. “Habla muy correctamente. Ella desprende un aire de nobleza, aunque no sé si pertenece a ella.” —¡Ooohhh, buena idea! ¿Airen, qué te parece? —Mmm… Supongo que está bien. “Tampoco me voy a negar de golpe.” Korand regresó a la casa mientras yo me quedé con Zoila. Comencé a caminar hacia la casa de Kael, mientras ella solo me seguía en silencio. Me empezaba a inquietar el silencio, así que pensé en comenzar una conversación, pero antes de que pudiera decir algo, Zoila se me adelantó. —¡Aaaahhhh, qué fastidio! —¿Eh? —¡Papá siempre tratándome como una niña enfrente de los demás! —Ah… —Y este horrible vestido… Bueno, me presento de nuevo. Soy Zoila Hagmel, gusto en conocerte, prima. Después de una pequeña rabieta se calmó y quiso presentarse otra vez. Sonreía, y la verdad es que parecía más normal ahora. Comprendo que le moleste cómo la trata su padre. Yo ya hubiera caído en la locura si Korand fuera mi padre. —Me llamo Airen Vhaldron, el gusto es mío. —Oye, ¿de verdad estuviste perdida todo un mes? ¿Tuviste miedo? ¿Comiste insectos para sobrevivir? ¿Cómo es vivir en el exterior? —Bueno… sí, sí, no, y muy difícil. —Vaya, es increíble. “De pronto se ha tomado mucha confianza conmigo, pero preferiría cambiar de tema. No quiero tener que contar la misma historia otra vez; ya la he contado como tres veces.” —¿Vives en Authon? —Sí. Deberías ir alguna vez. Mi casa está en la zona alta de la ciudad y se puede ver gran parte de la zona este. La ciudad es muuuy grande. —Me gustaría. Solo conozco Pyrenhal. —Pyrenhal es mucho más pequeña que Authon, pero también es muy bonita porque tiene un río que la atraviesa. En Authon el río no lo puedo ver desde mi casa. —¿Y qué me dices de la escuela? —¿La escuela? Es un fastidio. Preferiría no ir, pero mis padres me obligan. Y dime, ¿de verdad querías regresar a casa cuando estabas en el exterior? ¿No pensaste nunca en irte a vivir sola? “¿De nuevo con ese tema?” —Nunca pensé eso. Hice todo para regresar a casa. —Si fuera yo, habría escapado. No soporto a mi familia. —No te lo recomiendo. Vivir en el exterior es muy duro. Deberías agradecer que naciste en una familia acomodada. —¿Bromeas? Tú has visto a mi padre. Mi madre también es un poco parecida. Mi familia no es normal y tengo que aguantar estas tonterías. Se desataba con furia los listones que adornaban sus rizos y arrancaba las rosas adornadas sobre la falda de su vestido. La verdad es que ver cómo una niña de 10 años está así de estresada me causa lástima. —Desearía que el tío Aerithor y su esposa fueran mis padres. Ellos son normales. Te envidio mucho. Mi vida es terrible. “Podría estar de acuerdo con ella, pero no lo estoy.” —¿Sabes? Dos amigos míos me han acompañado hasta aquí. Uno de ellos nunca conoció a su padre y su madre murió hace poco, por lo que él se fue de viaje para buscar a su padre, pero terminó viviendo en la calle porque lo estafaron muchas veces. La otra ni siquiera conoció a sus padres. Se crio con su abuelo en medio del bosque hasta los cinco años. Este murió, y un buitre gigante la hizo adentrarse en el bosque hasta que unos secuestradores la encontraron y se la llevaron para venderla como un juguete para niñas ricas malcriadas. —Eso… es terrible… ¿Por qué me lo cuentas? —A lo que voy es, ¿crees que tú tienes una peor vida? ¿Solo porque tus padres te miman frente a los demás y te visten con llamativos trajes? No sé en qué momento me comencé a molestar con ella, pero mientras más hablaba, mi tono se hacía más duro y frío. —¿Vivir en el exterior? ¿Tú? ¿Una niña que no tiene el valor ni de rechazar algo que no le agrada? —Eso… —Solo digo… si no te gusta cómo te tratan tus padres, lo mejor que puedes hacer es decirlo, ¿no crees? ¿Muñequita? —¡Mhn! —Piensa que hay gente que desearía vivir la vida que tú tienes, aun si se trata de vivir como una marioneta. Comencé a caminar nuevamente y me di cuenta de que Zoila no me seguía. Cuando la vi, ella parecía estar a punto de llorar, conteniéndose por poco. “Quizá me pasé demasiado…” —pensé un segundo lo que le había dicho y me sentí avergonzada—. “¿En qué momento perdí la compostura?” —pensé. Para alguien como yo, quien tenía la mentalidad de un adulto, hablarle así a una niña era muy inmaduro. Bueno, no es la primera vez que me pasaba. Suspiré para calmarme un poco, y tras respirar hondo di un paso hacia ella con intención de disculparme. —Oye… Cuando le hablé, ella salió corriendo. Corrió lo más rápido que pudo —y debo añadir que no fue tan rápida, ¿quizá por el vestido?—. No la perseguí, pero pensé que había arruinado mi relación con mi única prima a pocos minutos de conocerla. —Bien hecho, Airen… Idiota, idiota, idiota. No dejaba de repetirme a mí misma mientras reanudaba mi marcha hacia casa de Kael.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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