All.of.us - Capítulo 2
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2: First day or torture 2: First day or torture Alice Mi vida ya estaba perdida.
Quizás mucho antes de lo sucedido.
Quizás nací solo para acabar aquí,en el momento menos indicado.
Mi cuerpo temblaba.
Mis manos estaban bañadas en sangre.
Y el mismo cuchillo que había escondido descansaba ahora bajo mis pies, como una prueba muda de que nunca tuve la razón.
Mis rodillas ardían de tanto suplicar perdón.
No por redención.
No por absolución.
Solo por desesperación…
Nada aprecia ser suficiente.
Todas y cada una de las devociones que tomé me trajeron hasta este punto exacto.
Recordándome algo que siempre supe pero me negué a aceptar.
En el mundo solo existen dos tipos de personas: los buenos, y los que saben manipular tan bien que hacen creer a los buenos que ellos también lo son.
Creía que estaba siguiendo al conejo blanco.
Creía que aún tenía tiempo…
Pero cuando me di cuenta te era demasiado tarde.
El conejo blanco ya no llevaba un reloj.
Levaba un arma.
Y estaba supuesto a disparar…
Sin ningún tipo de emoción.
Tres meses antes: Me gustaba el otoño más de lo que podía expresar.
Amaba sentarme a observar las hojas de los árboles caer.
Esa sensación de cómo el viento frío chocaba con mi cara y elevaba mi cabello al caminar.
Ver a todas las aves y ardillas que coexistían juntas en los mismos árboles.
Eso me hacía muy feliz.
Hasta que un día tomé la peor decisión de mi vida, o al menos así me gusta llamar al día que puse un pie dentro de esta universidad.
Al principio me emocionaba demasiado la idea de estudiar algo que me gusta y poder graduarme con honores, bla bla bla.
Puras calumnias.
Alguien, por favor, sáquenme de aquí, ya que han sido los peores tres meses de mi vida desde que estudio aquí…
y solo es el primer semestre.
Odio mis clases, detesto los horarios, repudio los exámenes.
A veces me pregunto: << ¿Si siempre he odiado estudiar, para qué diablos me metí en una maldita carrera?
>> Para colmo, mi universidad está en medio de un pueblito en el centro de Estados Unidos, cerca de Carolina del Norte.
Es de esos pueblos tan, pero tan pequeños, que todos se conocen posiblemente desde niños.
Fueron a las mismas escuelas, se bautizaron en las mismas iglesias, trabajan en los mismos trabajos y nunca han salido ni saldrán de este pueblo de mierda.
Es una comunidad muy cerrada, por lo cual, si no encajas con el “estereotipo”, serás el menos indicado para quejarte de algo o hablar en voz alta.
Todos aquí son extremadamente católicos, van todos los domingos a la iglesia, hablan de religión en todos lados, se visten de la forma más básica y normativa posible.
Aunque en verdad solo son personas hipócritas que usan la palabra “religión” como excusa para poder dormir en paz todas las noches después de todos los pecados que cometen durante el día.
He visto más de una vez a esas personas “súper creyentes” fumarse tres y cuatro porros de marihuana en un mismo día, y a sus “perfectos y adorados hijos” hacer orgías abiertamente en varias fiestas.
Entonces…
¡¿de qué diablos estamos hablando, par de estúpidos?!
1…
2…
3…
Son las veces que tengo que tomar para contar y respirar, y así volver a tener el control sobre mí misma y no mandarlos a todos a morirse.
Odio todo en este pueblo, pero lo que más odio, sin duda, son las personas.
No hay palabra no ofensiva que pueda usar para dirigirme a ellos.
Por eso evito el contacto con otros especímenes humanos que no sean Melanie y…
Melanie…
Sí, soy muy antisocial y los detesto a todos, ¿qué más puedo decir?
Nada.
No me importa la aprobación social y mucho menos soy normativamente correcta.
No soy católica, nunca he pisado una iglesia en toda mi vida, ni siquiera estoy bautizada.
Me visto como se me viene en gana, odio la política, la marihuana y la música country.
Una vez más recalco que no sé en qué momento de mi vida llegué a este pueblo extraño en donde todos son vaqueros con doble moral.
Cuando llegué aquí no era tan odiosa.
Traté de hacer amigos, sacar algunas conversaciones de temas que me interesaban, pero me di cuenta de lo estúpida, retrógrada, poco feminista y misógina que puede llegar a ser la gente de este pueblo.
Si no es de Dios, no hables de religión.
Si no es políticamente correcto, no menciones la palabra política.
Si no vas a estar detrás de la cocina cocinando para tu marido y usando un vestido largo, no opines nada al respecto.
Supongo que por esas razones y mil más solo me relaciono con Melanie.
Es mi roomie, de hecho.
Ambas llegamos por accidente a este pueblo creyendo que la universidad sería una opción divertida, pero no fue así.Aunque Melanie es más sociable que yo.
Ella ha hecho unos cuantos amigos desde que llegamos aquí, pero es porque ni siquiera le importa nada de lo que la gente de este pueblo haga, diga o imponga.
<<Todo lo contrario a mí.>> Aunque, obvio, no faltan sus comentario diciendo: << ¿A ti qué diablos te importa lo que esta gente rara con cáncer de pulmón diga?
Tú solo ignóralos, deja de odiarlos sin razón.
Así vivirás la vida un poco más libre.
>> Probablemente tenga razón, pero no quiero dársela porque me gusta llevar la contraria.
Así que elijo detestar con todo mi ser a cada persona de este maldito pueblo.
—¿Alice, ya vas a entrar o vas a seguir resfriándote tú sola allá afuera?
—escuché a Mell gritarme desde la puerta del apartamento.
Ni siquiera noté cuándo oscureció tan rápido, quizás es por el cambio de horario.
—Ya voy, no me estoy resfriando solo tomo aire fresco.
Quizás así dejo de odiar a todos aquí.
Vi cómo volteó los ojos y formó una pequeña sonrisa de lado con sus labios.
—A este paso vas a terminar odiando a toda la galaxia.
—Pues mejor, ¿te parece?
Ambas entramos a la casa cerrando la puerta con pestillo, porque nunca se sabe qué tipo de locos puede haber por ahí.
Sí, vivíamos juntas en un apartamento en el campus.
Nuestros padres nos daban dinero para pagar la renta compartida y nos gustaba eso.Era más independiente y privado que vivir en el edificio de los dormitorios en medio del campus.
—Sabes…
—Melanie se acercó a la cocina por un vaso de agua mientras yo la veía desde la sala, sentada en el mueble—.
Es curioso que detestes a todos pero aun así saben tu nombre.
—¿Ahora quién sabe mi nombre?
— voltee los ojos.
—Un chico se me acercó a preguntar por: “Alice, mi amiga la bonita”.
¿La conoces?
—alzó una ceja con ironía y diversión.
—Dile que es feminista, odia el patriarcado, al gobierno, no va a la iglesia y en general, en su lista de odiados, el top número uno es este pueblo entero.
Además, sabes que no voy a perder la apuesta.
—Me acosté encima del mueble y agarré el pequeño control remoto para encender la tele—.
Tengo tarea que hacer, pero puedo dejarla para después, se entrega a las 11:59, aún tengo bastante tiempo.
Por segunda vez Melanie volteó los ojos, tomó un respiro y se sentó frente a mí en el pequeño sofá de la esquina.
—¿Aún sigue esa tonta apuesta que hicimos en la high school?
Asentí lentamente con la cabeza.
—¡Oh por Dios, eso es una tontería!
—Si te parece una tontería, ¿por qué no solo la pierdes y ya?
Te recuerdo que perdía la que primero consiguiera novio.
Nada te lo impide, solo tú.
Pierde y rompe la apuesta, yo igual seguiré sin novio.
—Bostecé al terminar de hablar y comencé a buscar en el catálogo de películas animadas algo para ver.
Amaba ver dibujitos, no me sobreestimulaban el cerebro ni me hacían pensar demasiado.
—Esto es diferente.
¡Oh, vamos!
No puedes decirme que no es muy obvio que hay varios chicos interesados en ti.
Muchos me han preguntado acerca de ti, saben tu nombre y que eres mi amiga.
A mí nunca se me acerca nadie en ese sentido.
—A mí tampoco, por eso te preguntan a ti, porque me tienen miedo.
Así está bien.
Mientras más lejos tenga a los hombres de mí, más feliz será mi vida.
Además, ¿crees que ese interés es real?
Es bastante obvio que si llegan como “Alice, tu amiga la bonita”, es porque tienen un pensamiento idealizado de mí, el cual estoy cien por cien segura de que no es real.
—Si nunca has tenido novio, ¿por qué supones eso?
—Mell, me miró fijamente esperando una respuesta.
Y yo solo dije: —Ya cállate, no me dejas escuchar mis dibujitos.
—¡Alice!
—¿Qué?
—Quiero que tengas un novio, que experimentes lo que es el amor.
El amor es una magia.
—¿Para qué pierda?
No, gracias.
Además, ¿cómo sabes que “el amor es una magia” si tú tampoco has tenido novio?
Las relaciones son complicadas, Melanie.
Estamos mucho mejor así…
espera…
Me levanté del mueble de un tirón, abrí los ojos de la forma más expresiva posible y fue ahí cuando caí en cuenta.
—A ti te gusta alguien, ¿verdad?
—insinué señalándola con el dedo.
—¿Q-qué?
—tartamudeó un poco.
—Esa respuesta me lo confirma.
Te gusta alguien y no sabes cómo sentirte al respecto, y por eso me quieres imponer que salga con alguien.
Así puedes centrarte en mi relación y no en el chico que te gusta, obligarte a que te deje de gustar para no decepcionarte y al final terminar como siempre.
Qué bien te conozco.
—Yo…
no…
—¿Qué vas a decir en tu contra, Melanie?
No tienes una respuesta para lo bien que te conozco.
—De acuerdo…
¡Si!
Esto es vergonzoso.
—aceptó su derrota clavando la vista en el suelo—.
Pero es obvio que no le gusto.
Cuando me gusta alguien nunca gusta de mí, solo me ilusiono, me vuelvo loca y al final siempre tiene novia o no están genuinamente interesados.
—Qué pesimista eres.
Ve al psicólogo, no está mal que te guste alguien.
Bajé el volumen del televisor un poco, ya que sabía que se venía una charla de amigas o lo que sea.
Conozco a Melanie desde onceno grado, cuando las dos llegamos nuevas a la escuela.
Durante estos años siempre he notado la poca capacidad que tiene para expresar lo que siente cuando se trata de amar o querer a alguien.
Lo percibe como algo que está mal, y muchas veces he tenido que hablar con ella acerca del tema.
La primera vez que me dijo que le gustaba alguien estaba bastante sorprendida, ya que no era algo común en ella hablar abiertamente de sus sentimientos.
Pero dos días después decidió cerrarse, alejarse y negarlo todo, ya que no sabía cómo expresar eso.
Creía que estaba mal lo que hacía y se autosaboteaba con ese chico para que dejara de gustarle.
Un poco trastornaditas estamos las dos.
Creo que por eso somos mejores amigas o algo así…
—¿Quién es él?
—Bueno…
es gracioso que, jajaja…
El timbre sonó, haciendo que Melanie, en vez de aliviarse, se pusiera más nerviosa.
Eso era bastante raro.
—Te lo iba a decir antes, pero estabas allá afuera en tu viaje espiritual para no odiar a todos.
—¿Decirme qué?
—Que voy a hacer un trabajo en equipo con él y está ahora mismo allá afuera tocando el timbre, y yo no quiero quedarme a solas.
—Lo dijo tan rápido que ni siquiera sé si respiró.
— ¡Oh por Dios!solo es un tonto.
— suspire, frustrada — Voy a abrir.
No te dejaré sola, voy a preparar la cena, estaré ahí —señalé la meseta de la cocina, y al decir eso la expresión de Melanie pasó de horrorizada a calmada otra vez.
—Bien, bien…
abre tú.Solté un suspiro y me mordí la lengua para no soltar lo primero que me viniera a la mente cuando viera a aquella cosa de la que gusta mi amiga.
Lentamente quité el pestillo.
Cuando abrí no pude aguantar la risa, y se me escapó una carcajada.
—Hola, ¿dónde está Melanie?
Abrí la puerta por completo y le mostré que ella estaba sentada en el mueble, con una sonrisa de oreja a oreja, sacudiendo su mano e invitándolo a pasar.
—Voy a preparar la cena —anuncié en alta voz, tal cual había quedado con Melanie, para que el nuevo inquilino supiera que iba a estar todo el tiempo aquí y que no le iba a dar de mi cena, obviamente.
El chico es bajito, incluso se podría decir que es más bajo que yo, y mido 1.57.
Parece uno de esos muñecos de trapo antiguos y graciosos con bigote.
Su cabello es castaño, su piel de un tono claro, sus ojos parecen los de un perro cansado.
Es gracioso observar a esa miniatura con músculos.
<< ¿Esta cosita era la causante del ataque de nervios que tuvo Melanie, hace dos segundos?
>> Basta.
No puedo mirarlo sin sentir ganas de burlarme.
Dejé que ellos convivieran juntos e hicieran lo que sea que tenían que hacer.
Me dediqué a no mirarlos en lo absoluto, ponerme ambos audífonos y centrarme en cocinar.
La verdad, no tengo ni idea de qué voy a cocinar, pero es esto o pedir comida todos los días.
Y no, no voy a gastar más dinero en comida.
Mucho menos dejar que Melanie toque la estufa.
No quiero morir en un incendio.
<<Pasta >>.
Mi mente dio la idea y yo la tomé.Es fácil, rápido y sabroso.
Cenaremos pasta.
Me acerqué a la nevera y la abrí, analizando a detalle qué podía usar para la pasta.
Nada…
— No hay ni salsa, ni queso.
Wow, esto es culpa de Melanie creyendo que es MasterChef ,y lo que tenemos es suerte de que no haya quemado la casa — dije en alta voz, olvidando que la individua que había nombrado se encontraba ahí junto a su diminuto amigo.
Salí de la cocina, agarré mi billetera encima del mueble y las llaves por si acaso.
— Voy a la tiendita —cerré la puerta sin más que decir.
Igual no oiría nada de lo que Melanie dijera, no me iba a quitar los auriculares tampoco.
La noche está fría, eso era obvio.
Estamos en otoño.
Pero la iluminación del campus te hace preguntar; si de verdad esta universidad es lo suficientemente segura como para que una chica camine sola por la noche.
Como estudiante de Criminología, diría que no.
Definitivamente no lo es.
No hay patrullas de oficiales cerca, la iluminación en las calles es mala, ni siquiera hay personas transitando a esta hora, y yo no sé karate.
Igual, la probabilidad de ser violada en un campus universitario en medio de la noche es de un siete por ciento.
No creo que de tantas estudiantes ,yo llegue a formar parte de ellas.
Caminaba lo más rápido que podía, no por miedo, sino porque soy una muerta de hambre y me acordé de que tengo que comprar las cosas para luego preparar la cena.
Por suerte, la pequeña tienda del campus no está muy lejos del apartamento.
El aire frío se estampaba directamente en mi cara, quedando pegado como una calcomanía en la piel.
Ni siquiera tomé una chaqueta y ahora me culpo por eso.
Mi pelo está hecho un desastre.
Nunca me permitiría salir así de día mientras todos me ven caminar.
Estoy despeinada y el viento solo colabora para que mi cabello se enrede más en sí mismo.
Sentí un clack mientras caminaba.
Me detuve en seco cuando sentí el helado suelo rozando la planta de mi pie y vi mi chancla a tres pasos atrás de mí.
—Genial, andrajosa y descalza.
¿Cómo podemos mejorar esto?
—dije con clara molestia y un toque irónico, parada en medio de la acera justo a una cuadra antes de llegar a la tienda de souvenirs.Un trueno iluminó el cielo, seguido del gran estruendo.—Maravilloso, simplemente maravilloso.
Con una chancla en la mano, la billetera en la otra y una mala cara que podría hacer que hasta el mismo diablo se abstenga de hablarme, me las ingenié para llegar a la tienda.
El chico del turno nocturno siempre estaba distraído con su teléfono.
No le importaba nadie, ni siquiera él mismo.
Tenía mis respetos, la verdad.
Creo que era una de las pocas personas que podía decir que no me desagradaban.
Hasta me caía bien.
Agarré un pomo de salsa para pastas y dos paquetes de queso porque conozco a Melanie y sé que con uno no es suficiente.
Me acerqué a la caja para pagar e irme lo más rápido posible, pero…Al abrir la puerta me llevé la sorpresa de que, Melanie se quedaría en casa sola durante un ratito, porque el diluvio que estaba cayendo afuera no lo pasaba ni Noé con el arca.
— Se dice permiso —refunfuñé cuando un chico que acababa de pasarme por al lado literalmente casi me llevaba al empujarme.
Miré mi teléfono en busca de una respuesta sobre cuánto tiempo duraría la lluvia.
Compraría un paraguas, pero ni siquiera hay.
— Disculpa…
Me volteé al escuchar el sonido de probablemente la voz más ronca que he oído en mis diecinueve años de vida.
Observé de pies a cabeza al mismo chico de hace dos segundos, quien sí, se estaba disculpando.
Traía puesta una capucha negra completamente cerrada que incluso cubría su rostro.
Guantes negros, pantalón de boxeo negro, zapatos negros.
¿Quién era este chico, Batman?Sus manos se extendían hacia adelante como si quisiera entregarme algo.
Mi primer instinto fue pensar que se trataba de un cuchillo y planeaba apuñalarme aquí mismo.
<<Chico de la tienda, ayúdame, no seas así.
Tú sí me caes bien >> Pero no.Volví a observar antes de paniquearme por completo y…
era un paraguas.El extraño chico Batman me estaba regalando un paraguas.
—¿Para mí?
—me señalé a mí misma, confundida.
Él asintió mientras me lo entregaba con ambas manos.Bajó la cabeza mirando hacia el suelo, y yo hice lo mismo, observando cómo un par de tenis estaban ahora frente a mis descalzos pies.
— ¿Eres un asesino serial o algo?
Porque sé karate —solté lo primero que se me ocurrió decir, mirándolo fijamente a lo que se supone que es su cara.
— Acepta mis disculpas —fue lo único que dijo.El chico se dio la vuelta, agarró sus compras y salió bajo aquel aguacero como si nada, solo cubriéndose con esa capucha.
— Viene todos los días.
Siempre compra un bote de sal.
¿Qué hará con tantos botes de sal?
Di un salto al escuchar otra voz detrás de mí luego de creer que estaba sola.
—¡Dios mío, me asustaste!
Se me había olvidado que estabas ahí —dije sobresaltada—.
Y no sabía que tú hablabas.
Él se encogió de hombros y siguió mirando su teléfono.
—Por cierto, Alice, yo siendo tú empezaría a mirar más allá de lo que siempre ves.
No sé, por ejemplo…
tu espalda.
Nunca se sabe quién puede andar por ahí observándote desde una sombra.