All.of.us - Capítulo 3
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3: Coffe or Te 3: Coffe or Te Alice La lluvia cesó luego de unos diez minutos, mientras yo me había quedado sentada en una esquina justo al lado de la puerta.
El chico de la tienda no había vuelto a hablar durante todo ese tiempo; yo tampoco lo hice.
Mire la pantalla de mi teléfono, encendida con una llamada entrante a la cual no deseaba responder.
Trate de mirar por el empañado cristal de la puerta, buscando una señal de que la lluvia había parado.
Mi móvil seguía repicando en mi mano, con zumbidos cada vez más incesantes.
Melanie parecía desesperada, pero yo no entendía el apuro.
Fue ahí cuando recordé que estaba sola en casa con ese chico que le gustaba.
Probablemente solo estaba impaciente por que regresara para no sentirse incómoda acerca de sus sentimientos.
Algo un poco tonto pero comprensible a la vez.
Miraba con extrañeza aquel paraguas negro que se encontraba justo en frente de mis pies.
Seguido sin entender por qué ese extraño chico me había dado un paraguas para el irse debajo de la lluvia.
<< ¿Vas a seguir mirándolo o por fin lo usarás?
>> Me levanté del suelo sintiendo como ambos pies se acalambraban esparciendo lentamente ese hormigueo indeseable a lo largo de mis piernas.
Recogí el paraguas del suelo junto con la bolsa plástica, en la cual estaban mis compras.
Decida y sin nada más que hacer, abrí la puerta y salí andando con el paraguas en una mano, la bolsa en la otra, unos zapatos que no eran míos y el teléfono aún repicando en el bolsillo.
Trate de apresurarme lo más que pude ya que el desespero de Melanie era evidente.
La calle seguía vacía, las luces tenues y ahora con un toque más sombrío debido a la lluvia que aún caía en pequeñas gotas frías sobre la tierra, haciendo que ese típico olor empalagoso entrara por mi nariz, a cierto modo lo amaba, pero no hoy justamente.
Mi teléfono seguía y seguía.
Ya hasta yo me había desesperado por llegar a casa solo con tal de saber que tanto deseaba Melanie.
…
— ¿¡Se puede saber cuál es el apuro con que llegara cuando es obvio que afuera hay una tormenta!?
— abrí la puerta de un golpe y sacudí la sombrilla en la entrada antes de cerrarla — ¡Eres tonta!
¿Quieres matarme de un infarto?.
— Melanie se abalanzó hacia mi y me abrazó como si llevara años sin verme.
— ¿¡Por qué diablos no contestas!?
— Se separó de mí y me dio un manotazo en el brazo — Estaba preocupada.
Me quedé confundida tratando de entender la situación, pero no entendía por qué tanto revuelo si solo me había ido por máximo veinte minutos.
Analice la sala con la mirada en busca del diminuto amigo de Melanie.
Ya no estaba, probablemente se había ido antes de empezar la tormenta porque quizás el si revisa su aplicación del clima, y no es como yo.
— Bueno…
— me encogí de hombros soltándome del agarre de Melanie.
Me dirigí hacia la cocina.
— ¿Bueno?
¿Qué rayos te pasa, acaso no revisas tus notificaciones del campus?
— A veces no pongo ni mi propia alarma para levantarme, voy a revisar unas tontas notificaciones.
— Dije con desinterés llenando la olla de agua para poner la pasta de una buena vez a hervir.
— Por cierto, ¿Dónde está tu amiguito?
— El si revisa las notificaciones del campus.
— ella se dio al vuelta indignada, cruzándose de brazos.
— No es un irresponsable como tú.
— ¿Me estás armando un drama porque me fui sin sombrilla en medio de una alerta de tormenta?
— ¿Que?
— Ella sacudió su cabeza y miró la sombrilla que estaba toda empapada en el suelo.
— En primer lugar, ahí hay una sombrilla, no sé de qué hablas, te vi venir con ella.
En segundo.
— Melanie agarró su teléfono con ambas manos y comenzó a leer el voz alta — ‘Alerta: Alumnos y residentes del Campus principal, se les avisa que por favor permanezcan en un lugar cerrado y seguro, si puede ser con algún compañero o conocido mejor.
No es recomendable salir solo en estos momentos.
Un reporte del asesinato de un estudiante dentro de uno de los edificios docentes, ha sido informado a la policía cerca del campus norte.
Por favor quédese donde está, se les pide mantener la calma y discreción de esta situación.
Ahora mismo no hay sospechosos reportados.
El departamento de policías del campus está investigando.
Gracias y manténgase informado.’ El silencio reinó durante unos tres minutos dentro del apartamento.
Yo estaba inmóvil sin saber que decir, mientras que Melanie, observaba su teléfono volviendo a leer el mensaje.
— ¿A qué hora llegó ese mensaje?
— Pregunté tratando de excusarme con algo.
— Dos minutos después de que te fuiste.
Busqué mi teléfono dentro de mis bolsillos y traté de encontrar el dichoso mensaje.
Y si, ahí estaba…
— Como sea, no me sucedió nada, estoy aquí.
— Dije en un tono desinteresado tratando de que Melanie no enloqueciera del todo.
— Además estudió Criminología, se lo que hago.
— Deja de decir que “Estudiar criminología” te hace inmortal ¿Qué tal si ese loco estaba suelto, Alice?
¿Que tal si te siguió y te estuvo observando todo el tiempo?
¿Que tal si ahora sabe dónde vivimos y tú eres su próxima víctima?
— Estas exagerando Mell — Voltee los ojos tratando de calmarla con mi desinterés.
Entonces recordé al chico Batman de la tienda.
<< Un completo desconocido vestido totalmente de negro.
Alguien que casualmente sabía que no llevaba paraguas y mis zapatos se habían roto.
>> Trague en seco, sintiendo como la saliva no bajaba por mi garganta.
<< Cálmate Alice, no es para tanto.
Solo era un chico cualquiera>> Trate de fingir demencia y no pensar mas en el asunto, así que cambie el tema de conversación.
— Emm — me aclare la garganta antes de hablar tratando de borrar todo rastro de nerviosísimo.
— ¿Dónde está el enanito?
— Alan, se fue luego de que su novia lo llamara por teléfono muy preocupada por no saber dónde estaba.
— Respondió ella con un tono decepcionante en la voz — Ósea, ¿tiene novia?
Ella asintió lentamente.
— Wow, nunca imaginaria que alguien mas que tú gustara de esa cosita.
Es como tener un duendecillo de navidad personalizado.
Quizás ella lo pone debajo del árbol para noche buena jajajaja.
— Cállate, sigo molesta.
— Resopló volviendo a cruzarse de brazos.
— Aguafiestas.
Sin nada más que decir, terminé la cena de una buena vez.
La cual no pude disfrutar del todo por las malas miradas que Melanie, me lanzaba de vez en cuando mientras me recordaba en un tono muy agrio de voz que tenía que contestar el teléfono y leer los mensajes.
Me sentí otra vez una niña de siete años siendo regañada por su mamá a la hora de la cena.
Solo que ahora si podía reírme y fingir demencia ante los regaños.
&&& Odiaba los lunes.
Aunque a estas alturas ya era normal preguntarse << ¿Qué cosa no odias tú, Alice?
>> Pero si tuviera que hacer una lista de ” Top los diez más odiados según yo”, pues estarían: 10- Mi yo de 17 años cuando decidió entrar a la universidad 9- todos los seres humanos dentro de este campus que no sean Melanie 8- el profesor de Sociología 7- Mi clase de historia 6- Las matemáticas 5- la música country 4- Los hombres 3- la marihuana 2- La gente religiosa.
Aún no tengo número uno.
Pero es porque lo guardo para algo especial.
Algo que me haga cuestionarme el por qué existe ese alguien/ o algo.
Entonces hasta que esa cosa especial llegue, no tengo un número uno.
Detestaba a mi profesor de sociología.
No por algo malo que haya hecho, o porque sea hombre.
Sino porque su clase era tan aburrida que me daba demasiado sueño el simple hecho de escuchar su voz.
Lo peor era que en estos momentos esta clase era de las más importantes que tenía, y pues, el dificultaba mucho que yo pusiera atención con su voz de comercial de los años cincuenta.
No podía esperar a que la clase acabara de una buena vez, de todas formas solo voy por la asistencia, ya que nunca logró comprender nada al cien por ciento.
Mi teléfono vibró sobre la mesa.
La única persona que me escribía claramente era Melanie.
Melanie: ¿Se te antoja un café después de clases?
Te voy a esperar en el Starbucks.
Ni siquiera respondí el mensaje, tampoco había necesidad de hacerlo.
Claro que quería un café y salirme de esta clase.
Tal vez no era puntual para llegar, pero si para irme; y justo eso fue lo primero que hice cuando el reloj dio las 10:05 indicando que la clase había terminado.
Agarré mi bolso y me levanté de aquella incómoda silla, siendo de las primeras en salir del salón.
El Starbucks del campo no quedaba muy lejos de mi clase así que llegué ahí en unos tres minutos más tardar.
Melanie, ya estaba en la fila teniendo solo dos personas delante.
— ¿Sigues molesta o me vas a pagar el café?
— Hablé de forma divertida acercándome, mientras que ella estaba distraída con su móvil.
— Fíjate, que los vas a pagar tú hoy.
— Hizo una sonrisa de boca cerrada y volvió a fijar su vista en su teléfono.
— Ya veo que seguimos enojadas.
Está bien.
— Nuestro turno de ordenar llegó y yo aproveché mi oportunidad — Dos “ice white chocolate Mocha” con sirope de vainilla y canela…
El chico de la caja anotó amablemente mi pedido, Melanie seguía tan entretenida en su teléfono que ni siquiera notó que ya estábamos pidiendo.
— ¿De qué tamaño señorita?
— Ambos pequeños por favor.
El chico asintió agarrando los vasos — Nombre y método de pago por favor.
— Alice, y voy a pagar con tarjeta.
— Claro que si, Alice.
— El escribió mi nombre en ambos vasos y precedió a agarrar mi tarjeta para cobrar ambas bebidas.
— Listo, ten un lindo día.
Le di una sonrisa de boca cerrada mientras agarraba a Melanie del brazo para ir a sentarnos en espera de nuestro café.
— ¿Vas a seguir sin hablarme y solo querías que te pagara un café?
— Tal vez.
— dijo con desinterés.
— ¿No es esto lo que siempre haces cada que te estoy regañando?
Me quedé en silencio sin saber que decir — Exacto, no dices nada porque sabes que tengo razón.
Como sea, si algo te sucede ya me haré cargo del funeral.
— hablaba sin quitar la vista de la pantalla de su teléfono.
Técnicamente me ignoraba sin hacerlo del todo.
— No seas exagerada, ya te pedí perdón ayer luego de cenar.
— Como sea.
— ¡Dos café para Alice!
— gritó el barista desde la barra anunciando que mi orden ya estaba lista.
Fue justo en este momento donde comencé a cuestionarme si estaba bien esto o tal vez solo haría enojar más a Melanie.
Ella odia la canela, la detesta más que yo a la gente.
Mi venganza por tantos regaños sería soltarle su café favorito pero con canela, algo cruel, si lo sé.
<< Tal vez si soy una mala amiga después de todo >> Me acerqué a la barra agarrando ambos cafés, uno en cada mano.
Aún cuestionándome si entregarle el café o no, se veía bastante molesta, tal vez esto solo la enojaría más.
Mientras avanzaba preguntándome internamente si debería o no entregarle el café, algún gigante espécimen se me atravesó en el medio acabando con todo rastro de duda que tenía, pues uno de esos café acabó derramado encima de su ropa por completo, y yo al borde de terminar de derramar el otro mientras me estampaba en el suelo.
No se como se las ingenió para agarrarme por mi camisa en el aire, pero lo hizo.
Al menos se puede decir que algo hizo.
— Tan grande y tan imbecil, ¡mira por donde caminas!
— Se me escapó uno de mis insultos mentales en alta voz.
Pero curiosamente el chico seguía sosteniéndome por la camisa.
Me ayudó a acomodarme aún con un café en la mano mientras que el otro ahora estaba completamente sobre el.
— Al menos es frío.
— dijo con ironía mientras se observaba la ropa y trataba de sacudirse un poco.
Resople de molestia sin saber si reír o llorar.
Levante la vista para observar a aquel espécimen mal formado que había echo que todo mi café acabara encima de él.
— Tenía que ser un hombre…
— susurré por la bajo con una obvia molestia.
— ¿Qué carajos hago ahora?
Comencé a desesperarme, pero al menos Melanie se tomó en serio lo de ignórame; tanto que ni siquiera noto que aún no había llegado con el café.
— ¿Crees que a mí me apetece ir a mi clase oliendo a café?
— Su voz se escuchaba imponente, fuerte y a su vez fría y seca.
Con un tono de ronquedad muy marcado.
No sonaba molesto, pero sí sarcástico con un toque de arrogancia — Disculpa señor, pero no fui yo la que no miraba hacia dónde iba.
— ¿Señor?
Ja, jajaja.
— se echó una carcajada muy evidente que no terminaba de entender si era irónica, de molestia o en serio.
— ¿Cuántos años crees que tengo?
— Los suficientes como para mirar hacia donde caminas, o tal vez es que esos lentes están algo empañados como para no ver a los demás enfrente de ti ,abuelito.
No quería ser del todo ofensiva pero el se lo había buscado.
— Mira, no estoy enojado y entre nosotros dos, yo soy quien está completamente bañado en café.
¿Podías calmarte y actuar más como una adulta y no como una niña inmadura quién derramó su bebida por andar pensando en las musarañas mientras caminaba?.
Mi boca casi cae al suelo de lo abierta que había quedado luego de ese insulto.
— Al menos yo si veo bien, ¿verdad, abuelo?
Alguien pásele unas toallitas al abuelo para limpiarse su elegante ropa.
— Eres muy graciosa a pesar de ser algo tonta.
¿Que es lo que quieres, otro café?
Puedes tener el mío, adelante.
— ¿por qué querría yo tu cafe?
— voltee los ojos.
El agarro de una de las mesas algunas toallas de papel.
Llevaba puesto un traje azul marino, del cual desabrochó el saco para quedarse solo con la camisa blanca que llevaba debajo.
Acomodó sus mangas hacia arriba, sacudió su mano izquierda y observó la hora en el gran reloj plateado que tenía en ella.
<< Este estudia negocios>> Fue lo primero que pensé.
Probablemente sea otro de esos niños mimados de mami y papi, egocéntricos y doble moral como todos en este pueblo.
— Maxton.
— Habló mientras terminaba de acomodarse el cuello de la camisa.
Llevó una de sus manos hasta su cabello y trato de peinarlo hacia atrás, acomodándolo un poco.
A pesar de haber sido bañado con café, se veía impecable, debo de reconocerlo.
— ¿Quién es Maxton?
— Dije confundida, parada como una tonta mirándolo como acomodaba sus cosas.
— Mi nombre, el que está escrito en el café.
Maxton, puedes tenerlo como disculpa por haber “chocado contigo”, ya que así lo decidiste denominar tu.
Mi forma de disculparme es entregarte mi café el cual está probablemente listo y es el doble de grande que ese que traes.
Como sea, no tengo tiempo de pedir otro, ya estoy tarde.
El agarró su saco todo empapado en café y lo colocó sobre su hombro mientras lo sostenía con una de sus manos.
Miro una vez más su reloj antes de irse y dijo — Tengo 25, si una niña de 19 quiere considerarme un abuelo, ese es su problema.
Entonces yo también la consideraré como quiera, adiós niña inmadura con complejos de superioridad.
Mi boca se abrió de par en par, era la segunda vez en el día que tenía que sostener mi barbilla para que no se dislocara.
¿Ese estúpido acaba de decir que ¡YO!
Tenía complejos de superioras?
No…
No lo hizo.
Trate de aguantarme las ganas de gritarle las mil y una razón por las que iba a morir, pero me contuve para no hacer más escándalo del que ya había logrado hacer.
Muchas personas estuvieron pendientes a nosotros mientras nos insultábamos pasiva-agresivamente.
Pero lo gracioso era que aún así, ni por un segundo, Melanie se volteó a vernos.
Me acerqué a la barra aún insultada en busca de aquel supuesto café.
Por desgracia, si, estaba muy enojada, pero no quería pagar por otro café cuando esta muy claro que fue su culpa, el se metió en el medio ,no yo.
“Maxton: Withe Chocolate Mocha with vanilla foam” — ¿Es una broma, verdad?
Mi estados de ánimo pasó de ” Perra enojada y desquiciada ” a ” Totalmente confundida ” Era literalmente el mismo café solo que versión grande, cambiando el sirope por espuma y quitando la canela.
<< ¿No querías un café sin canela?
ahí lo tienes.
>> mi cerebro hizo un clic, y antes de que aparecieran más dudas solo agarre el café, arranque la etiqueta y me dirigí hasta la mesa.
Esta vez observando cada paso que daba.
— Toma preciosa, ¿sigues enojada?
— Creía que nunca vendrías con ese café.
— seguía con el mismo desinterés.
— Espera…
¿acabas de ser amable conmigo?
¿Te sientes bien?
Eso hizo que levantara la vista para observar el vaso que tenía enfrente.
— ¿por qué el mío es grande y el tuyo no?
— Es mi manera de pedir perdón, ¿las aceptas o no?
— ¿Quieres envenenarme o algo así?
¿Por qué esa sonrisa?
¿Por qué esa amabilidad?.
¿Le echaste canela a esto como venganza verdad?
— ¿¡Qué!?
¿Cómo vas a pensar eso de mí?
— hice un gesto dramático con la mano — ¡estoy indignada!
— Ajá…
como sea, más te vale no envenenarme.
— ella le dio el primer sorbo a su café mientras yo esperaba pacientemente para que diera su veredicto final; si perdonarme o no.
— Mmm…
está genial.
Si, mereces mi perdón.
Disculpas aceptadas.
Suspire soltando todo el aire que se había quedado atorado en mis pulmones llenos de nervios.
Me parecía irónico y gracioso que de alguna forma todo se acomodó para que mis malas decisiones terminaran con buenos resultados.
Me disculpé ofreciendo las disculpas de alguien más…
las cuales resultaron ser justamente lo que estaba esperando.
El único que terminó mal fue el Abuelito.
<< Creo que le debo una disculpa >> Si, no me puedo creer que…
voy a tener que disculparme y agradecerle a un…
hombre.
— ¿En que tanto piensas?.
Tomate tu café.
— Mell habló sacándome del trance.
— Se supone que tu es clase de historias en veinte minutos, tomate eso de una vez.
— Por desgracia.
— dije al recordar que si, las dos clases que más odiaba justamente estaban una detrás de la otra el mismo maldito día, el cual también coincidía en ser lunes.
…
Ya que por fin Melanie me había perdonado, podía seguir siendo una odiosa abiertamente y quejarme de todo con ella.
Le conté por qué me había tratado tanto anoche y todo lo que me había sucedido en camino a la tienda, excepto la parte donde el “Chico Batman” me regaló una sombrilla y unos zapatos.
Ella me acompañó hasta la puerta de mi clase y se despidió con un abrazo.
Por suerte ambas sólo teníamos dos clases, solo que para mí eran un fastidio.
Odiaba la clase de historia por una razón muy distinta a la de Sociología.
Aquí no se trataba de odiar a la profesora o el tono de su voz, sino de que no importaba cuánto me esforzara, tenía una Jodida D literalmente casi tatuada en medio de mi frente cada que entraba a esta clase.
Todos aquí eran los típicos niños pijos e intelectuales que se comían un libro con tan solo verlo, y podían hacerte un resumen de veinte páginas en un abrir y cerrar de ojos.
La profesora tenía grandes expectativas en la clase gracias a eso.
Y bueno…
yo no era parte de esas “grandes expectativas” , a penas y podía seguirles el ritmo de las tareas que dejó hace dos semanas.
No tenía ni idea de que estábamos dando justo ahora.
— ¡Hola a todos!
¿Cómo se encuentran mis estudiantes favoritos?
— entró la señora Browser con su típico entusiasmo, saludando a todos.
No a mi, yo no me incluía en el grupo de “alumnos favoritos”.
Ella no me juzgaba, incluso se llevaba bien conmigo.
Pero para mí era tan vergonzoso tener probablemente la única mala nota en su clase, que con solo eso ya era suficiente para que yo misma me auto excluyera de todo.
A veces puedo ser muy autoexigente, y otras simplemente considerarme un fracaso abiertamente.
Era algo de lo que no estaba muy orgullosa que digamos, quería trabajarlo en terapia junto con eso de detestar a todos.
Pero en mi defensa, lo segundo tenía más sentido porque las personas solas se buscaban que yo las detestará.
— Quiero anunciarles que a partir de hoy hasta dentro de tres semanas tendrán un profesor nuevo, ya que yo tengo ciertos asuntos personales por los cuales tendré que desafortunadamente viajar a casa durante estas tres semanas.
Pero no se preocupen, están en muy buenas manos.
Su nuevo profesor fue uno de mis mejores alumnos durante primer año.
Se graduó hace un par de años con título en Historia y lenguas, maestría en psicología y ahora se encuentra haciendo un doctorado en medicina con especialidad en neurología .
Así que si, es un poco joven.
Justo en ese momento mi mandíbula no soporto una vez más y tuvo que abrirse completamente de indignación, como si fuera una mala broma del destino.
<< Dime que por favor no es cierto >> — El será su nuevo profesor, el Dr.Hernes.
Al lado de la señora Browser, se encontraba un hombre alto de cabello castaño.
Usaba unos lentes de marco negro, los cuales cubrían su expresión seria y ojos azulados.
Fríos como el hielo.
Llevaba una camisa blanca arremangada, un reloj plateado en su mano izquierda y una saco a juego con sus pantalones el cual colgaba de su hombro.
Esa voz fría y ronca volvió a resonar por mi canal auditivo, haciéndome preguntar que: ¿tipo de casualidad de tan mal gusto era esta?
— Maxton Hernes, ese es mi nombre.
Aún no soy Doctor, así que profesor Hernes está bien para mí.
Es un placer conocerlos a todos, espero que nos llevemos bien y que todos cumplamos con las expectativas de esta clase durante estas tres semanas.
<< Jodanse todos, yo estoy fuera >>