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All.of.us - Capítulo 23

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Capítulo 23: Broken

“No me hagas sentir triste.

No me hagas llorar.

A veces el amor no es suficiente. Y el camino se pone difícil.

No sé por qué…”

Lana del Rey: Born to Die

…

Alice

El oscuro azul de sus ojos contrastaba con el marrón de los míos, tan profundos como el mar y tan fríos como el océano Ártico. Sabía que no podía cambiar la forma en que me miraban; que nunca sería parte de aquel mundo al que pertenecían… y probablemente jamás lograría entenderlos. Se sentía como fuegos artificiales que estallaban dentro de mí, revolviendo mi estómago. No entendía si eran causa de aquel estrago tan grande o si era por el hecho de que era él quien estaba aquí para redimirme de todo esto…

<> Recapitule las palabras de Karly…

<>

Levanté lentamente la mirada; mis lágrimas reflejaban las luces de las ambulancias a nuestro alrededor. Él volvió a pasar una de sus manos por mi mejilla.

— Solo te pido que no continúes con esto… —me susurró. Por un momento, solo nos vimos a nosotros dos ; no había nadie más a nuestro alrededor, porque ninguno de los que estaban aquí importaba justo ahora.

Él tomó mi mano, pero por primera vez no la jaló. Caminaba a mi par, ayudándome a salir de allí, llevándome muy lejos, donde el bullicio fue cesando poco a poco. Atravesaba entre las calles, esquivando y apartando a quienes pudieran estar en medio. No tenía ni idea de cómo había llegado hasta ahí… pero le agradecía internamente por llevarme lejos de aquella escena tan horrible.

Se veía tan imponente ante mis ojos. Caminando con seguridad. Ya no era el mismo Maxton, el insoportable que me llevó arastrada por todo el club. Tampoco el que me obligó a irme de aquel estacionamiento… no… se sentía diferente.

Mi pecho seguía subiendo y bajando descontroladamente . La química de mi cerebro se alteró hasta el punto de que las imágenes en mi mente comenzaron a verse borrosas, como un mal recuerdo que deseaba borrar. Caminaba sin sentir mis piernas; por primera vez no me molestaba ser llevada por él.

Maxton pareció notarlo y se acercó a mí. Inclino el cuerpo hacia adelante y me levanto en el aire. Yo enrosqué una de mis manos a su cuello mientras que las suyas sostenían mi cuerpo. Escuchaba, mientras él avanzaba, el sonido de su respiración, tan calmada a diferencia de la mía.

Vi a lo lejos un auto negro platinado clásico estacionado; ya sabía hacia dónde se dirigía esto… pero no me importaba; decidí confiar en sus decisiones ciegamente.

— Súbete. —Abrió la puerta para mí, me bajó hasta el suelo y me ayudó a entrar al auto. Mi cara estaba hecha un desastre; todo mi maquillaje se había corrido. El rímel de mis pestañas ahora no era más que una estera negra que bajaba desde mis ojos hasta mis mejillas.

No sé cómo me convenció… no, es que ni siquiera tuvo que decir algo. Yo obedecía a todo lo que él decía. Se sentía peligroso, pero, extrañamente, llamativo…

Era más que obvio que me gustaba lo riesgoso; todo esto se sentía así. Él era para mí como esa fruta prohibida para Eva. Sabía que tendría consecuencias negativas al final… pero la grieta ya estaba abierta.

Seguía odiándolo aunque … ¡Diablos… ya ni siquiera sé en qué creer! Solo sé que esta es otra mala decisión que terminaré lamentando más tarde.

— Solo… sácame de aquí — susurre muy bajo, encogiéndome en el asiento.

Él metió la mitad de su cuerpo dentro del auto. Mi respiración dejó de fluir durante unos segundos, viendo cómo me ajustaba el cinturón de seguridad.

— Vas a estar bien, te lo prometo… — Su cara quedó justo frente a la mía. Sintiendo su cálido aliento rozando mi piel. Se inclinó un poco más hacia delante y…

Beso mi frente.

No estaba comprendiendo nada de lo que sucedía. Electrochoques comenzaron a circular por mis venas, como duros corrientazos de ansiedad mezclados con… más…

Mi cabeza decía no

Pero tal vez sí había algo más…

Cerró la puerta de un pequeño tirón, se subió a su asiento, encendió el auto y agarró el volante con una sola mano. Enterre mis uñas en el asiento, apretando la mano con fuerza contra el cuero que revestía los asientos lujosos.

Hoy se veía diferente… todo en él ya lo era.

<>

—¿A dónde vamos? — pregunté.

— A tu apartamento… — tenía la mirada fija en el camino. Había muchas personas en la calle; algunas recién llegaban con tal de ver aquel escándalo. Todos metidos en medio, las ambulancias y los carros de policía ya comenzaban a detener el tráfico.

Para nuestra suerte, Maxton se las ingenió para pasar con rapidez antes de que se formara más lío.

Yo miraba atenta viendo cómo todo alrededor de aquel auto parecía un caos. Pero dentro… se sentía como un reconfortante refugio del mundo.

Volví a mirarlo con el rabillo del ojo. Los mechones de su cabello estaban despeinados; se veía tan sexy cuando no parecía un abuelo estirado y obstinado… Su camisa tenía los mangas arremangados hasta la mitad de los brazos, dejando ver sus enormes manos y aquel reloj plateado que siempre usaba. Algunos de los botones de su camisa estaban desabrochados, dejando a la vista un pequeño pedazo de su gran y musculoso pecho.

Recuerdo aquel día en que lo vi usando la ropa deportiva del gimnasio. Era más grande y ancho de lo que imaginé; aquella camisa también le quedaba tan bien… dejando marcados sus abdominales y musculosos brazos a través de la ligera tela de látex. En aquel entonces lo vi con ojos de odio y de molestia… pero ahora…

<>

<>

Ni siquiera sé qué estoy pensando. Solo necesito llegar a casa, tal vez aclarar mis pensamientos con un poco de agua fría… lavarme la cara y… olvidarme de todo eso.

…

Mi apartamento no quedaba muy lejos, pero sí se complicó la llegada por toda la muchedumbre esparcida en cada esquina. Ya no era un secreto lo que pasaba en el campus, entonces ¿por qué todos seguían actuando como si nada? Probablemente mañana cada una de las personas que estuvieron aquí lo olvidaría y volvería a la normalidad. Ese era el verdadero misterio… la gente que observaba y callaba.

Son las peores…

A estas alturas no sé ni siquiera diferenciar la realidad de una pesadilla. Todo mi entorno se había oscurecido lentamente, volviéndose cada vez peor, más trágico y roto.

Las amigas muertas ya no solo eran un patrón a seguir, sino que también se incluía a quien fue mi principal sospechoso. Rompía todas las reglas que él mismo había puesto, rompía el círculo que lentamente yo estaba cerrando… y sumaba a alguien de afuera.

Tal vez tenga este aspecto, tal vez sea un ser humano horrible… pero no he matado a nadie. >> Hice memoria a las palabras de Heyloft… tenía razón cuando las dijo, y yo una vez más me equivoqué.

¿En qué no me he equivocado? Esa es la verdadera pregunta.

&&&

Llegamos a los apartamentos; todas las casas estaban vacías con las luces apagadas. Probablemente el partido había continuado luego de que se llevaron el cuerpo y limpiaron la zona, como si nada hubiese ocurrido. De eso se trataba, ignorarlo todo…

Maxton estacionó el auto cerca de la acera, pegado a la avenida. Pensé que dejaría que me fuera y ya…

<>

Ambos nos quedamos en silencio, aun dentro de aquel auto. No nos movíamos, solo escuchábamos el sonido de nuestras respiraciones. Puse ambas manos sobre mi regazo, jugueteando con mis dedos, esperando que dijera algo.

Lo volví a observar con el rabillo del ojo. Se lamía los labios, con la vista pegada al frente y una mano aún apoyada sobre el volante. Solté un suspiro de decepción cuando mis esperanzas de no estar sola cayeron al suelo. Agarré la manigueta del auto, lista para salir e irme…

— Pídemelo… — soltó con un tono de voz más ronco de lo habitual. Su vista seguía clavada en el frente del carro. pero al menos había dicho algo…

Yo me detuve con la mano aún puesta en la manija.

— ¿Qué?

— Pídeme que me baje y te acompañe. Pídemelo y haré lo que tú me digas…

Sentí cómo mi corazón volvió a acelerarse por los nervios y esos fuegos artificiales volvieron a explotar dentro de mi estómago.

¿Había oído bien?

Maxton Hernes… ¿Estaba insinuando que quería acompañarme?

—Sé que no quieres estar sola… — volvió a lamerse los labios, esta vez con más lentitud. Su rostro estaba completamente serio, no me miraba; sabía que si lo hacía podría hacerme estallar. — solo dilo.

Me tragué el orgullo; ni siquiera lo pensé por un segundo más.

— ¿P-puedes bajarte conmigo…?

— ¿Y qué más?

Sentí cómo el aire se atoraba en mis pulmones. ¿Qué carajos me estaba pasando?

— Ven… acompáñame.

— ¿Me vas a dejar entrar? — levantó una ceja; seguía igual de serio.

— S-si.

Mordió la esquina de su labio, aguantando esa sonrisa… esa jodida y perfecta sonrisa que siempre hacía cuando había conseguido lo que quería.

Abrió la puerta de su lado, bajándose del auto. Lo vi atravesar el frente de forma rápida hasta llegar a mi puerta. La cual abrió y extendió la mano para ayudarme a bajarme.

<>

— Baja. —Estaba parado frente a mí, aún extendiendo su mano para que yo la tomara.

No deseaba llevarle la contraria, así que la agarré. Se sentía tan caliente a diferencia de las mías, que siempre estaban heladas de tanto estrés y ansiedad.

Él pareció notarlo, así que envolvió por completo su gigantesca mano alrededor de la mía. Cerró la puerta , avanzando a mi lado con sus dedos entrelazados con los míos, dando pasos cortos y lentos. Tenía un nuevo sentimiento… Esto me gustaba, aunque no lo admitiera en voz alta.

No era como cuando nos insultábamos mutuamente y terminábamos peleando, probando fuerzas para ver quién era el primero en perder el control.

Avanzamos juntos hasta mi puerta. La abrí con la llave mientras, disimuladamente, observaba el suelo para ver si el papel que había dejado antes de salir seguía ahí.

Sentí un gran alivio justo en el momento en que lo vi caer ante mis pies.

— Está un poco… desordenado. — dije tiritando del frío que hacía afuera.

Él no dijo nada. Seguía agarrando mi mano mientras la otra estaba metida en uno de los bolsillos de su pantalón.

Todo el apartamento parecía más pequeño con tan solo tenerlo a él aquí; o tal vez se debía a que él era demasiado grande y ocupaba mucho más espacio. Durante segundos pensé que ni siquiera cabría por la puerta.

— P-puedes sentarte — dije, tratando de liberarme de su agarre. Se sentía un poco raro ahora que estaba dentro de mi casa…

— ¿Vives sola aquí? — dijo mientras me soltaba, metiendo esa misma mano en el otro bolsillo de sus pantalones. No se sentó en ningún sitio, solo se mantuvo de pie en medio de la sala

— Yo… vivo con mi amiga… Melanie.

Abrí mis ojos de par en par al recordar a Melanie.

— Melanie… ¡MELANIE! ¡Ella está sola! ¡La volví a dejar tirada! —dije, sintiendo cómo el alma se desprendía de mi cuerpo. Trague con dificultad, comenzando a desesperarme. ¿Cómo pude ser tan imprudente una vez más? Ella está lastimada y sola, probablemente esperando a que yo regrese para sacarla de allí.

Mi mente empezó a juzgarme abiertamente. Todo mi cuerpo se tensó. Era otra vez mi culpa; la había vuelto a abandonar…Comencé a caminar en círculos, dando vueltas desesperadas por la sala. Poniendo ambas manos sobre mi cabeza.

— Shhh. — Maxton me detuvo metiéndose en frente de mí. — Tu amiga está bien, ok… no tienes por qué preocuparte tanto.

— No, ya la dejé sola una vez. ¡No puedo volver a abandonarla! —Traté de seguir dando vueltas, pero él me sostuvo de la ropa, jalándome hacia atrás — ¡Tenemos que volver a buscarla!

— Cálmate, Alice. Ya te dije que tu amiga está bien. Probablemente está con mi hermano.

— No… Mell… ella me necesita.

— Voy a llamar a Preston… — suspiro volteando sus ojos

Levante la vista, observándolo mientras sacaba su teléfono y se lo pegaba a la oreja.

…

Los minutos pasaron, mientras me mordía las uñas con desespero, viéndolo balbucear un par de cosas en el teléfono con quien supongo que era Preston… alguien que tampoco era el más indicado para hacerse cargo de Melanie.

— Dice que están juntos. Ves… no tienes nada de qué preocuparte.

— ¡Preston está drogado! ¡Él no podrá hacerse cargo de Melanie!… tengo… tengo que ir a buscarla. — Empecé a gritarle

— Cálmate. —Volvió a meterse en medio de mi ataque de ansiedad. — ¿te has detenido a pensar en cómo te encuentras tú? ¿Te has visto en un espejo? Solo quédate aquí; ella estará bien por su cuenta. Ahora mismo solo importa tu…

— Pero… Melanie…

— No. Alice, tienes que comenzar a preocuparte también por ti.

Me agarró de los hombros y se inclinó un poco hacia adelante, dejando su rostro casi a la misma altura que el mío.

— No puedes seguir deseando ser la heroína cuando ni siquiera puedes salvarte a ti misma.

— Yo…

— No vuelvas a llorar; es la verdad. No estás bien; no puedes seguir con esto. Te estás destruyendo lentamente.

— Pero… — mi voz se rompió

— Escúchame, Alice. Yo estoy aquí para ti, yo sí te veo, y te protegeré… pero no continúes haciéndote más daño del que ya te has hecho.

Mis labios temblaban; suspiraba con lentitud. Tenía razón. Todo mi mundo se había desmoronado; ya no quedaba rastro de lo que había sido antes. Ni siquiera los recuerdos…

— Mi objetivo al dejarte en aquel hotel nunca fue abandonarte… — volvió a hablar, esta vez más despacio. Yo lo miraba directamente a los ojos. Él corrió uno de los mechones de mi cabello hacia atrás de mi oreja, el cual se pegaba a mi rostro por las lágrimas y el sudor frío que se escurría por mi frente — Solo estaba tratando de protegerte… de que no siguieras con esto. Es exactamente lo mismo que estoy haciendo ahora…

— Pero tú… tú eres el malo… tú me odias.

— No, ya te dije que nunca te he odiado.

—¿Entonces por qué haces todo eso? ¿Por qué siempre tienes que ser tú…

— Entre nosotros dos… yo nunca he sido el monstruo… — Sus ojos seguían clavados en los míos, pero tenían algo diferente… sinceridad — Soy lo que tú quieres que sea, si tú escoges ser la protagonista, entonces yo seré el villano con tal de que tú seas feliz…

— ¿Qué? — dije desconcertada.

— Que tú, Alice Graham… eres la gota que colma el vaso en donde guardo mi paciencia. Eres el tornado que viene después de la tormenta, eres el maldito volcán que hace erupción cuando menos lo espero… pero eso… eso me vuelve loco. ¡Tú me vuelves loco…!

Volvió a acomodar otro mechón detrás de mi oreja. Lo que decía no tenía ningún sentido, pero aún así sonaba para mí tan… jodidamente bien.

<>

En donde nuestras respiraciones se rozaban, nuestros ojos relucían entre toda la oscuridad que nos envolvía. Nuestros cuerpos se electrocutaban… y nuestros problemas por al menos un segundo… desaparecían.

— Se mía Alice… — perdió todo su autocontrol luego de decir eso — No puedo seguir ni un segundo más fingiendo que no deseo besarte. Saboreando tus labios como el dichoso café que me tomo cada mañana. Eres mi pesadilla viviente, pero también la fuente de mis deseos…

Sus enormes manos rodearon mi cintura, alzándome en el aire con tanta facilidad como si fuera una simple pluma. Me llevo dando pasos largos por toda la sala, rodeando la cocina hasta sentarme sobre aquellas frías losas que cubrían el mesón. Todo mi cuerpo se había tensado; mi respiración se había vuelto torpe.

Sus ojos ya no solo eran azules… reflejaban el fuego que tenía dentro; ese fuego que pronto acabaría quemándonos a ambos.

Él imponía y actuaba sin pedir permiso. Coloco ambas manos sobre mis muslos, muy cerca de mi zona íntima. Mi cara se torna completamente roja al solo sentir esos nuevos toques sobre mi piel. Abrió mis piernas de par en par solo para terminar metiéndose en medio de ellas.

Ahora estaba más cerca… pero él seguía queriendo más…

Me agarro de la espalda, empujando hasta que mi pelvis quedó completamente pegada a la suya.

Yo estaba al estallar.

Con fuerza, agarró mi cuello, apretándolo tanto que dejó de circular el aire. Su agarre se volvía cada vez más profundo. Me miraba con odio, con rabia… pero también con deseo.

Tenía unas extrañas ganas de llorar; no sabía por qué. Eso me asustaba… no se sentía como lo correcto.

<< Sé que no puedo cambiarlo, que tal vez tiene una extraña forma de ser y de demostrar cariño. Tal vez sea un mal tipo y haya hecho cosas malas en el pasado. ¡Pero él me ama!

Recordé las palabras de Karly y cómo yo comparé su relación con la mía con Maxton…

Tal vez ella y yo nunca fuimos tan diferentes… Quizás la única cosa que realmente nos diferenciaba era que ella amaba a su manipulador… mientras que yo no sabía cómo sentirme con respecto al mío.

No sé si temo por mi vida, o disfruto que él, de tantas personas haya decidido hostigarme a mí como un doloroso pero atrayente castigo. No estoy segura de si quiero que quite su mano o si solo estoy esperando a que la apriete con más fuerza.

—Te ves bonita cuando lloras… — una lágrima se resbalaba con delicadeza sobre mi mejilla —, aunque es algo que ya te había dicho— me dio una leve cachetada, lo que hizo que las mariposas en mi estómago se convirtieran en dragones.

— E-esto está mal… — Tosi con fuerza.

—Sí, pero… acepta que tú también quieres. — Me ordenó.

Su mano libre pasó por detrás de mi cabeza; la sentía envolverse con rapidez en mi pelo. No se detuvo hasta que sus uñas terminaron encajadas en mi cráneo, provocando que mi cabeza volviera a palpitar de dolor.

— Y-yo…

Le dio un tirón a mi cabello, lo que hizo que mi cabeza entera se echara hacia atrás. Aprovecho eso para pegar su rostro aún más al mío. Sus pupilas estaban completamente dilatadas, moviendo la vista de mis ojos a mis labios.

— Dilo… di que también me deseas. — Gruño, volviendo a tensar mi cabello.

— Te… te deseo — Ambos de mis ojos se aguaron aún más. — Aunque… m-me… lastimes justo ahora, Maxton

Al oír aquello, comenzó a soltar poco a poco el agarre en mi cuello, pero nunca quitó la mano de encima. Sabía que dejaría marcas… no solo en mi piel, sino también en mi mente, recordándome una vez más que yo no vine a este mundo para vivir mi historia de cuento de hadas. Mi pecho subía y bajaba mientras las lágrimas salían como gotas de cristal por mis ojos. Hermosas y lastimosas. Así se sentía. Reflejando en ellas la tristeza que vivía en mi corazón vacío.

Quizás sí merecía ser tratada así, quizás yo era el problema. Soy veneno que intoxicaba el aire. Él no parece amarme, ni siquiera un poco, pero…

— ¡A la mierda! — Dijo en el momento justo antes de estampar su boca contra la mia … Lo extraño fue cuando no me rehusé…

Sus labios se estrellaron contra los míos. Él controlaba y medía cada movimiento. Su lengua se metió dentro de mi boca, haciendo círculos y provocándome algunos jadeos, que acabaron ahogados por el sonido de aquellos oscuros y placenteros besos. Su mano volvió a apretarse a mi cuello y, con la otra, seguía jalando mi cabello. Podía escuchar las sirenas de alerta en mi mente… pero cada tirón suyo se sentía como una caricia.

Él me hería… pero podía jurar que me sentía protegida …

Traté de seguirle el ritmo cerrando los ojos y pegándome aún más a él. Su cuerpo desprendía un cálido y acogedor calor que me envolvía por completo. Sus labios de alguna forma muy retorcida encajaban a la perfección con los míos. Los mordía de manera posesiva y no se detuvo hasta que logró sentir el sabor de mi sangre en su boca. Arrancando por completo un pedazo de ellos con los dientes. Eso era esto… un beso lleno de veneno, violento y envolvente. Nada en nosotros había sido sano desde el principio, y esto era solo otra prueba de cuán profundo podía seguir cayendo aun sin tocar el suelo.

Maxton me enseñaba que amar a alguien nunca había sido la respuesta. Que eso jamás seria suficiente… porque el no me amaba, el solo disfrutaba la manera en la que lograba poseerme. Obsesionándose de forma enfermiza con la idea de tener a alguien a quien usar a su antojo.

Y aun así… siento que en estos momentos soy capaz de hacer cualquier cosa por él.

— No sabes cuánto me obsesionas, Graham — susurro sin despegar mi boca de la suya—. Eres el primer pensamiento que me viene a la mente al despertar… y el último que tengo antes de dormir.

— Te odio… — susurre despegándome un poco de él. Mi cuerpo temblaba, las lágrimas seguían saliendo de mis ojos, y la sangre en mi boca se acumulaba con rapidez. — Por qué me haces esto… si ni siquiera te gusto…

Maxton no se apartó de mí.

Pero ya no me besaba; tampoco me tocaba como antes. Se detuvo en seco radicalmente.

Eso fue peor.

Se quedó allí, lo suficientemente cerca como para que su presencia me envolviera por completo. Pude sentir su respiración tranquila, controlada… demasiado distinta de la mía.

— Mírame, Alice.

No era una súplica.

Era una orden suave…

Levanté la vista sin saber por qué lo hacía. Sus ojos ya no ardían. Ahora volvían a estar fríos, analíticos… ¿Qué hice mal?

— Esto no tiene que volver a pasar. —dijo— ¿Entiendes?

— ¿El qué?

— Que sigas cargando con cosas que no te pertenecen.

Fruncí el ceño.

— Yo… no he hecho nada.

Él apenas la cabeza, como si esa respuesta le resultara predecible.

— Eso es lo que quiero que recuerdes.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

— Maxton… — susurre — ¿Por qué dices eso?

Sus dedos rozaron mi muñeca, apenas un contacto, pero fue suficiente para detenerme.

— Porque estas cansada. Porque has visto demasiado. Porque cuando una persona pasa por lo que tú pasaste… empieza a confundir las cosas.

— No estoy confundida… no al menos en este momento. —Traté de inclinarme un poco hacia adelante; quería volver a sentir el calor de su cuerpo protegiendo el mío.

Pero él dio un paso atrás…

— No — admitió —. Aún no.

Eso fue lo que más me asustó.

Mi mundo ya estaba hecho pedazos, así que las ruinas de mi mente no tenían por dónde volver a caer. Su sinceridad ardía como sal en una herida. Él parecía ser irrompible, pero yo con cada segundo que pasaba solo me deterioraba más… Tanto que las sirenas de alerta dejaron de escucharse en mi mente, cambiando la tonalidad a la de unos violines…

— Voy a quedarme un rato, hasta que te tranquilices —dijo, dándose la vuelta.

— ¿Y si no quiero?… y si te digo que te vayas, ¿lo harás? Maxton… ¿t-tú sabes algo que yo no?

Se quedó parado dándome la espalda.

— Sé que estás buscando a alguien a quien culpar. — Respondió con simpleza — Y sé que, cuando no lo encuentres, tu mente va a inventar respuestas… para todo aquello que no puedes recordar.

Continúo avanzando por la sala hasta llegar al sofá. Yo seguía encima del mesón. Confundida por todo lo que había sucedido…

— Descansa, Alice. —murmuró, sentándose, sin mirarme a la cara — Mañana todo será diferente.

Quise preguntarle por qué estaba tan seguro. Porque hablaba como si ya conociera el final…

Pero no lo hice.

Porque, en el fondo… una parte de mí esperaba a preguntarse si Maxton, de verdad no había estado ahí todas las veces

Y esa idea…

Me dio más miedo que cualquier asesino suelto en el campus.

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