All.of.us - Capítulo 30
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 30: The devil (+21)
Debo recalcar que este capítulo contiene contenido sexual explícito, juego de poder, sadomasoquismo, asfixia, BDSM, violencia física, sangre integrada al erotismo, humillación física y verbal, manipulación psicológica, lenguaje obsceno y crudo. Puede resultar muy fuerte para muchos lectores; eres completamente libre de no leer este capítulo y pasar al siguiente si así lo deseas. ¡Por favor, no romantizar nada de lo que puedas leer en este capítulo! Mi intención nunca ha sido romantizar nada en esta historia. Son los personajes, no yo. Y una vez más, no me hago responsable de nada. Estás leyendo esto bajo tu propia responsabilidad…
Ahora sí… vamos a darle con todo…
” El error no fue tocarla; fue creer que después podría soltarla”
…
Maxton
Alice jadeaba con rudesa. Incrustando su cara contra uno de los cristales. Su fuerte respiración hace que el espejo se empañe aun más. Coloca ambas de sus manos a los lados del vidrio. Sus nalgas están rojas de tantos golpes que ha recibido.
Por fin podría volver a usar el cinto.
— ¡LAS MANOS CONTRA TU ESPALDA! ¡AHORA! — ordene.
Envolví ambos de sus brazos en un nudo usando el cinturón, apretándolo con fuerza contra su piel. Lo suficiente como para dejarle marcas en sus muñecas.
Su cabello mojado, pegado a lo largo de su espalda hasta su culo me hace dudar de si esto es real o otro de esos sueños humedos que he tendio con ella desde el comienzo de esta retorcida historia. Porque ¡Mierda! es tal cual lo imagine. La perfección de su figura, esa silueta en forma de reloj de arena, lo delgado de su cintura, el ancho de sus caderas. ¡TODO ES JODIDAMENTE PERFECTO!
—Voy a follarte tan duro que, en lugar de pedirme más, terminarás llorando y rogando que me detenga. Pero te daré una oportunidad de hablar… — Agarre mi verga con una de mis manos, volviendo a sobarla. Está tan dura que duele. Eso me encanta. — ¿Tienes algo que decir?
Le di una nalgada con mi miembro, rozando mi glande contra su piel rojiza.
— Finge al principio que me amas… — hizo una pausa, su voz baja casi sin poder hablar—. Luego deja de mentirme y cumple lo que dijiste. ¿Recuerdas?
—¿Qué?
— “Nada en nosotros es romántico, y eso es lo que lo hace especial. Nos une el odio, el deseo y la obsesión por ver quién tiene el control. Ninguno de los dos es completamente inocente ni cien por ciento culpable. Solo damos lo que somos…” — cito palabra por palabra. — Esas palabras tuyas han vivido en mi mente desde aquel día. Tú y yo no nos amamos; tú mismo lo dijiste. ¡Pero, carajo! ¡Qué bien se siente esto! ¡Entonces, obligame y ahorcame hasta que me desmaye! ¡Has que mis piernas tiemblen hasta que no puedan sostenerse por sí mismas! ¡Desgarrame la maldita piel, dime que soy tuya y de nadie mas!
— Que conste que tú me lo estás pidiendo, porque cuando tengas miedo y desees que me detenga, ya será demasiado tarde.
Saboree jugosamente cada palabra suya. Alice tenía razón: ninguno de nosotros es inocente, y esto que acaba de decir solo comprueba lo mucho que ha disfrutado de este sucio juego en silencio. Puede que yo sea un enfermo, pero ella está aún más loca que yo.
Abrí aún más sus piernas, metiendo una de mis manos en medio de su coño. Palpeé la zona, sintiendo cómo la babosidad había corrido aun más que antes. Está chicloso. Introduci lentamente dos de mis dedos. Alice intentó cerrar desesperadamente las piernas nada más sentir mis dedos. Apretándolas con fuerza. Al ser completamente virgen, su vagina está cerrada a más no poder, a pesar de que yo mismo la obligué a masturbarse antes de todo esto.
— Estas demasiado apretada Alice. Asi no va a entrar.
— Max… Maxton, por favor, despacio… — se tensó aún más.
— ¡Si no te relajas, te la meteré así mismo y vas a sufrir más!
Luego de oír eso, ella empezó a aflojarse . Abriéndolas con lentitud. La ayudé con mis piernas, colocándolas en el interior de las suyas y empujándolas hacia afuera.
Continúe introduciendo mis dedos, sintiendo cómo la zona se aflojaba poco a poco. Masajeando su interior, dando vueltas en círculos continuos.
— Mucho mejor. Así me gusta, relajada y doblegada ante mí, pequeña policía.
Saque los dedos de su coño, ya listo para recibir las embestidas que estaba a punto de darle. Le di una ultima nalgada usando mi verga, antes de comenzar a meterla en su interior.
— ¡Mírame follarte! — introduje despacio mi polla entre sus piernas. —¡Mira a través de cada uno de estos malditos espejos cómo se cumplen tus fantasías! Una vez te lo dije, Alice Graham… ¡Te aseguré que un día estarías debajo de mí, disfrutando, y aquí estás!
— ¡Ahh… Maxton! ¡DETENTE! —gimió, gritando nada más sentir el grosor de la punta deslizarse entre sus húmedos labios.
Metí dos de mis dedos dentro de su boca con posesividad y, con mi otra mano, agarré su cintura, apretando las yemas de mis dedos, hundiéndolas en su suave piel.
— ¡TE DIJE QUE NO VOLVIERAS A TENSARTE! ¡ERES ESTUPIDA! — Metí casi mi puño entero dentro de su boca. Me enoja ver cómo me desobedece.
— ¡Basta! —Gimió otra vez apenas pudiendo hablar — ¡Duele mucho!
— ¡Ni siquiera he metido la punta! —Gruñí molesto. — ¡Callate! — Meti de un solo tiron toda mi verga dentro de ella. Alice gritaba de dolor mientras yo le cubría la boca con la mano para no volver a oírla quejarse. Se lo advertí; ahora que pague las consecuencias.
Todo su cuerpo tiembla, sintiendo el enorme grosor y la longitud de mi pene introducido en su pequeño coño. Su interior no solo está húmedo, sino también terriblemente caliente. Sus paredes van poco a poco amoldándose al volumen de mi verga, cediendo ante el inmenso tamaño.
Alice grita, como si acabaran de darle una puñalada. Para mi suerte, mi mano se encarga de ahogar todos y cada uno de esos gritos. Mientras no sean de placer, no me interesa escucharlos.
El humo se ha esparcido por toda la ducha, envolviéndonos en lo que parecía una nube pecaminosa. Pronto nuestras respiraciones estarían congestionadas y ella estaría pidiéndome más.
Comencé a moverme a medida que veía cómo su cuerpo cedía. Sus piernas se desestabilizaron; perdió el control de ellas. No solo estaba satisfaciendo sus necesidades, sino que también estaba haciendo realidad esas sucias fantasías que siempre tuve con ella. Sus nalgas chocaron por primera vez contra mi pelvis, sintiendo el toque de piel contra piel. Mi cerebro volvió a congestionarse, haciendo que me olvidara de todo.
Me vale un carajo si le esta doliendo. Ella misma me había pedido que le diera tan duro como para dejarla inconsciente. Y eso haré…
No haces tratos con el diablo para luego creer que no vendrá por tu alma.
— ¡Yo soy un puto mosntruo Graham! ¡Un jodido animal! —Aceleré los movimientos, provocando más tensión entre nosotros — ¡No me importa si esto te lastima! ¡Tu lo pediste!
Alice arquea la espalda hacia atrás, empinando muchisimo mas su culo hacia mi. La velocidad de mis movimientos mezclados con la mojazon de su coño hacian ahora a mi verga entar y salir con mas facilidad. El sonido del agua cayendo en la ducha se convirtió en parte de la orquesta sonora, formada por el ruido de nuestras respiraciones agitadas y el de nuestros cuerpos golpeándose en palmadas continuas. Pero seguía faltando algo…
Fui corriendo lentamente mi mano de su boca hasta descubrirla por completo.
— ¡Ahhh! —Gimió fuertemente.
— ¡Despegate del cristal!
Envolví su cintura con la palma de mi mano, obligándola a apartar la cara de aquel cristal. Continúe con los movimientos, disminuyendo un poco la tensión. Saque mi verga de su interior una vez tuve su cuerpo pegado de espaldas al mio. Baje mi cara hasta la suya, regulando mi respiración. Pegué mis labios a su mejilla dándole un malicioso beso; no era de cariño, mucho menos como señal de amor. Lo hice como una amenaza, mostrando los colmillos como los de un perro que te avisa antes de morderte. Roze mi nariz sobre su piel, oliendo su envolvente aroma.
— Volteate…
Alice se giró despacio, dudando de mis palabras y, una vez que volví a tener su cara de frente, la agarré con fuerza del cuello. No como antes: podía sentir el crujido de sus huesos, envueltos en mi grotesca mano. Sus grandes ojos no podían ni parpadear; están casi desorbitados. Su garganta se tensa cada vez más mientras yo continúo apretando mi agarre.
Durante todo este tiempo me miraba con deseo, pero por fin logré que lo hiciera con miedo.
Esos hermosos ojos de cordero ya eran mi perdición, pero la locura no estaba en que me miraran con cariño… no…
Me enloquecían cuando reflejaban temor…
Sería tan fácil para mí asfixiarla de un solo movimiento. Degollar su delicado cuello, apretando aún más mis dedos. Viendo su sangre correr por mis manos.
Su rostro se enmorecía lentamente; tenía las mejillas totalmente rojas; abría la boca desesperada en busca de aire. Apreté con fuerza sus cachetes, haciéndole abrir más la boca; escupiéndole dentro con desdén.
La empujé hacia atrás; quitándole el agarre de su pescuezo, ella se estrelló duramente de espaldas contra el cristal, soltando otro grito de dolor. Tosía y temblaba. Bajé la vista a sus pies, observando cómo aquel líquido amarillo se deslizaba entre sus piernas.
— Ja,ja,ja — me carcajee, burlándome de ella.
Caminé imponente de regreso a ella, manteniendo mi mirada fija en la suya, fría y sin emoción. Vi escurrirse de su mejilla una gran lágrima. En sus ojos se reflejaban todos y cada uno de los colores del arcoíris, llorosos.
— Ya te había dicho lo mucho que me gusta verte llorar… — Yo no necesito ningún tipo de permiso para hacer con ella lo que quiera. Agarre su pierna derecha y la monte sobre mi brazo izquierdo. Dejando nuevamente esa apertura para mí.
— Maxton… — dijo entre sollozos, las lágrimas bajando no solo por sus ojos. En la piel de su cuello resaltaba un enorme colorado con la forma de mi mano.
— No seas miedosa. —Acerqué mi mano a su cara, escurriendo una de sus lágrimas con mi pulgar. La recogí con todo el dedo, para luego llevarlo hasta mi boca, saboreando el dulce salado de su dolor. — Si de verdad quisieras que parara, llorarías únicamente por los ojos. — Lami la punta de mis labios con mi lengua. — Ahora sé una buena chica y quédate quieta, porque estoy a punto de reventarte.
Alice está recostada de espaldas al cristal. Si antes la vista era jodidamente maravillosa, ahora era como mirar directamente hacia la redención divina. Su coño abierto a punto de ser penetrado otra vez por mi verga. Primero, lo resbalé un poco sobre su clítoris, aprovechando su humedad para lubricarlo aún más. Empecé a introducir nuevamente la punta, contemplando cómo sus labios se abren de par en par, como dos puertas que me daban la bienvenida sin negarse. Ella inclinó la cabeza hacia atrás, soltando gemidos de placer. Su pecho sube y baja. Las puntas de sus pezones estando completamente erectas.
Use mi mano libre para apretar sus tetas con fuerza. Masajeándolas con posesividad. Todo esto es mío; ella me pertenece; tanto su cuerpo como su alma son de mi propiedad. El impacto que estoy dejando en ella no es solo físico o emocional; psicológicamente, Alice es consciente de que, si me desobedece, la pasará muy mal.
Me inclino hacia adelante, continuando con las fuertes penetraciones. Manteniendo su pecho izquierdo enroscado en mi mano, mientras empiezo a chupar el derecho. Con mi lengua le doy placenteras lamidas en su pezón, mordiendo con la punta de mis dientes. Son suaves, fáciles de apretar, como dos almohadas esponjosas. Dejando marcas de mordidas por toda la piel de sus senos.
— ¡Maxton! —Gimió mi nombre al momento en que aumenté los movimientos de mi pene, entrando y saliendo de ella.
— ¡Despues de esto nadie va a volver a follarte asi en tu puta vida! — embesti descontroladamente.
Cerró ambos ojos en el instante en que dejaron de ser negros para tornarse completamente blancos, pero las lágrimas seguían escurriéndose por su rostro. El ritmo de mi penetración volvió a ser constante y audaz. Sentía las fuertes punzadas que el movimiento le causaba en la entrepierna; Alice daba arcadas de placer con la cabeza totalmente incrustada hacia atrás; yo gruñía cada vez que la escuchaba gemir mi nombre.
— ¡Ahh, por favor, sí, más… quiero más!
— Ves cómo tu mente dice que no, pero tu boca y tu cuerpo dicen que sí. —Mordí la esquina de mi labio, acomodando un poco su pierna sobre mi brazo. Todo su cuerpo estaba temblando.—¿En dónde quedó esa chica odiosa y tímida que jamás haría esto tan sucio? — me burlé sonriendo.
El pie que mantenía sobre el suelo se tambaleaba de un lado a otro; ella había perdido toda estabilidad. Entre temblores, contracciones y la falta de equilibrio por estar amarrada de ambas manos, supuse que pronto cedería al cansancio y se dejaría caer al suelo.
Yo no estaba dispuesto a permitir eso. Así que rápidamente me agaché, soltando el agarre de su pierna, y le di la vuelta, sacándole el cinturón de las manos. Contemplando cuán marcadas estaban, tenían líneas moradas por la falta de circulación sanguínea. Volví a ponerla de frente a mí, sosteniéndola por ambas nalgas hasta subírmela encima. Metiendo mi verga de regreso a lo que ahora es mi nueva obsesion.
Sí, antes deseaba enfermamente a Alice con cada célula de mi cuerpo; no tiene ni idea de las cosas que planeo hacer con ella a partir de ahora. Yo también hice una lista mental, pero de deseos, y mi número uno era: follarme a Alice Graham.
Alice se pego a mi. Apoyándose por completo en mi cuerpo. Sus pezones rozando mi pecho. Su cabello cae a lo largo de su espalda. Yo le daba sentones encima de mí; ella es incapaz de moverse. Parece una muñeca de trapo; su cuerpo está completamente inmóvil por el cansancio, lo que me permite manejarla a mi antojo con mayor placer. Enterro su cabeza en mi hombro y ahí continúo gimiendo, respirando cansinamente.
Aprieto el agarre en sus nalgas. Metiendo y sacando mi verga en cada senton que le doy.
— ¡Más fuerte!… —susurró a mi oído con esa suave voz llena de deseo.
Mis embestiadas se sentían malditamente bien, pero sabía que aún podía con más. Soy consciente de lo que doy y aún no he llegado a ese punto en el que mi cuerpo se sienta lo suficientemente ardiente como para exigirme una redención.
¡Necesito más! ¡QUIERO MÁS!
Esto no está funcionando. Alice está cansada, pero yo sigo con demasiada energía. No sé cuánto tiempo más ella logre soportarlo sin venirse. Hemos estado en esto desde hace más de una hora, entre juegos sucios y perversos; ella ha aguantado bastante. Pero yo sigo necesitando más…
Más fuerte, más intenso, más de Alice.
— Graham, voy a bajarte al suelo. —Avise por primera vez, arrodillándome con ella encima. Alice no es para nada pesada, mucho menos para mí.
Acoste a Alice, encima de las blancas losas del suelo. El agua fluye por debajo de ella. Sus ojos siguen cerrados; su respiración está agitada, pero su pecho se mueve con lentitud, tanto que creo que acabara convulsionando.
Me arrodillé ante ella, volviendo a abrir sus temblorosas piernas; esta vez para colocarlas sobre mis hombros. Me incline encima de ella hasta quedar cara a cara. Esperando que así, por fin, logre llegar a ese punto sin retorno.
— De misionero. Duro, mirándome a los ojos hasta que sientas esa corriente electrificante, descontrolada. No me detendre hasta verte venir. — dije introduciendo mi verga.
Su interior ya estaba más que acostumbrado al grosor de mi pene, que aún está duro y erecto, como si nada de lo sucedido hubiera sido suficiente.
— ¡Abre los jodidos ojos!
Alice no se mueve…
La sacudí un poco y la acomodé hacia mí.
— ¡GRAHAM! ¡ABRE LOS OJOS, GRAHAM!
Su pecho ha dejado de moverse; ya no siento su respiración en mi cara. Ni siquiera está temblando. Mi expresión cambió drásticamente cuando me di cuenta de que ella no se movía en absoluto.
— ¡ ALICE GRAHAM! —Golpeé su rostro con fuerza, esperando una reacción de su parte.
Alice abrió los ojos de inmediato, comenzando a toser, como si acabara de regresar a la vida. Se veía otra vez asustada, confundida por quién era y dónde estaba. Miraba con inquietud hacia todos lados, intentando ubicarse en sí misma.
Creo que el agarre en su cuello fue demasiado fuerte. Tiene un gigantesco morado que se fue formando durante todo este tiempo, marcando mis cinco dedos en su blanca piel.
— Per… perdóname, Maxton. —Su labio tiritaba; otra vez está llorando. — No quiero hacerte enojar… pero… por favor, no vuelvas a golpearme.
Acerqué una de mis manos a su pecho, sintiendo los latidos de su corazón acelerado. No mentía… estaba totalmente atemorizada.
— Respira, Alice. —Cambié el tono de mi voz a uno más relajado. Intentando calmarla antes de continuar. — No volveré a pegarte, lo prometo. — Acerqué mi boca a la suya, plasmando un beso que fingía ser de dulzura. Mis labios se incrustaron con los de ella, besando su boca lentamente, en leves movimientos.
Tal vez no seguí sus peticiones y eso fue lo que más le dolió. Lleva todo este tiempo esperando a que la ame, que le dé una muestra real de cariño, aunque sea una mentira. Pero yo solo he hecho que sufra.
Volví con los movimientos; estando ella ahora debajo de mí, sería mucho más fácil. Mi pene quería volver a embistiarse. Pero me contuve por un momento, todo para no seguir lastimándola, o al menos fingir, por segundo, que no deseaba volver a hacerlo.
Esas palabras, más que provocar lástima en mí, me hicieron darme cuenta de lo mucho que disfruté herir a Alice. Al punto de casi desvivirla. Sé que recordará este momento para toda su vida, así que terminaré con lo que empecé. Haciendo que cada segundo que nos queda sea memorable.
— Te… tengo miedo. —Gimió.
— El miedo que sientes te ha traído hasta mí. Todo ese miedo ha sido el causante de que aún no seas capaz de darte cuenta de lo que en verdad no ves…
Mis muslos empezaron a tensarse; eso es una buena señal.
— Si de verdad tuvieras miedo… —gruñí— no habrías hecho ninguna de las cosas que has hecho hasta ahora… y no hablo solo de esto.
— ¡Maxton!
— Al final del día, soy consciente de que quien acabara muerto entre nosotros dos… ¡Ahh! — solté un gemido. Volviendo a buscar sus labios con rapidez, continuando con aquel beso envolvente.
Su cuerpo encaja perfectamente con el mío. Todo en ella me complementa de manera extraña. Su piel huele a muerte con un toque de paraíso. Cómo tocar el cielo en medio del infierno. Nunca antes se había sentido tan bien, algo que ambos sabemos que está mal. Aquí, entre nosotros, no solo corría la pasión de dos cuerpos que llevaban deseándose durante demasiado tiempo. Sino también esa oscura verdad, que ambos sabíamos, pero solo uno de nosotros sobreviviría para verla con sus propios ojos.
Llevo ratos desde que comenzamos todo esto, deseando sumergirme por completo en ella. Y eso es lo que haré.
De su coño se escurre cierta baba blanca, jugosa y cremosa. La rosada cabeza de mi pene también está bañada con esa misma crema. Es momento de hacerlo…
Quedo completamente acostado ante ella. Viendo sus piernas contraerse. Su cabeza está fija en el techo, probablemente procesando todo lo que ha pasado.
Mi cara queda en medio de su entrepierna. Sé que mi cabello está revuelto y que el azul de mis ojos probablemente esté negro de tanto placer y excitación. Este es su momento para vengarse de todo lo que le he hecho, pero a ella no le importa nada en este punto. Solo desea acabar. Así que primero la escupo, mezclando toda su humedad con mi saliva, y uso mi lengua para saborear cada parte de ese coño jugoso. La mezcla de sabores en mi boca es increíble. Sabe dulce con un toque agrio; se siente mantecoso en mi lengua.
Masajeo mi verga con una de mis manos mientras que uso mi lengua para darle placer a Alice. Le doy un oral a ella y me masturbo a mí mismo.
— ¡OH, DIOS MÍO, MAXTON! — soltó un gran gemido, arqueando la espalda, pegada al suelo.
Intento cerrar las piernas, pero le resultó imposible; ahora mi cabeza queda metida entre sus muslos. Mi lengua dando volteretas sobre su clítoris excitado. Palpita intensamente. Chupo con mis labios, dejando besos, succionando y mamando cada parte de su precioso coño.
Alice entierra las manos en el suelo, buscando algo a lo que agarrarse. Araña intranquilamente con sus uñas la loza. A estas alturas, ya no sé qué estaba más mojado: si todo el baño o Graham.
Seguí chupando e introduciendo un poco mi lengua en aquel ardiente agujero.
— Max…Maxton, yo creo que… ¡YO!…
Sus pies se estiraron, temblando sin control. Perdiendo la poca conciencia que le quedaba sobre su cuerpo.
Un gigantesco chorro de fluidos se escurrió por todo mi rostro. Entripándome con su exquisita eyaculación. Continué jalando, aun más fuerte mi pene, hasta que yo también sentía cómo me venía. Me volví a arrodillar, pero esta vez solo fue para cubrir el cuerpo de Alice con mi semen.
Ella está tirada en el piso, débil, dominada y follada por Maxton Hernes.
Sonrei abiertamente al ver como las gotas blancas que salian de mi verga caian encima de su entrepierna.
— Acabas de ser torturada, dominada, golepada y follada por Maxton Hernes. — Lami mis labios, aún sintiendo el sabor de su eyaculación escurrirse por mi cara— ¿Algo que decir? — insinué juguetonamente.
— Te detesto… —negó con la cabeza, fijando la mirada en la mía.
— Y yo moriría por ti. —sonreí
Me acosté a su lado en el suelo, agarrando su mano, entrelazándola con la mía y plantándole un beso. Alice se volteó hacia mí, enterrando su cabeza en mi pecho, sollozando entre lágrimas. Se puede decir que ya conocía cada parte de Alice Graham, incluidas aquellas que aún ella no era capaz de ver.
Envolví su tembloroso cuerpo con el mío en un abrazo. Podía protegerla del mundo, hacer que se olvidara de sus problemas por un momento. Pero no impedir ese horrible final que nos esperaba a ambos.
Sé que cuando se quedó observando el techo dejó de pensar, dejó de sentir. Ya ni siquiera le importaba lo que yo le estaba haciendo. La perdí por completo más de una vez…
Pude ver ese vacío en sus ojos y eso no me gusta nada.
— Deberíamos limpiarnos e irnos a la cama. —sugerí. Ella solo asintió con la cabeza.
Pase mi mano a lo largo de su espalda, dándole suaves caricias con mis dedos.
—¿Me prometes que no importa lo que pase, tú vas a seguir siendo mi Alice?
Volvió a asentir.
— ¿Incluso si eso nos destruye a ambos?
— Si…
—Entonces quiero que en este momento sepas que no importa lo que hagas; yo te seguiré adonde sea que vayas. No he permitido que la nube de oscuridad te envuelva por completo… porque todo este tiempo he sido yo ese paraguas invisible que te ha cubierto de la tormenta…