All.of.us - Capítulo 29
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 29: The lovers (inverse(+21))
Antes de leer, ¡ADVERTENCIA DE CONTENIDO!:
Hi everybody, ya sé que nada en este libro ha resultado normal hasta ahora. Sé que en Wattpad uno puede encontrar cosas muy locas e incluso peores que esta, pero igual quiero dar una advertencia por el contenido. Estos próximos capítulos contienen: escenas explícitas de carácter sexual, violencia física, sadomasoquismo, humillación, lenguaje obsceno, sangre y dinámica de poder intensa. La lectura puede resultar perturbadora o incómoda para algunas personas. Por favor, se recomienda discreción, no me hago responsable de nada. No estás obligada|o a leer estos capítulos, puedes simplemente saltarlos y continuar con la historia. Por favor no romantizar absolutamente nada de lo que vas a leer aquí, recuerda que esto es ficción.
Ahora sí, a leer bajo tu propio riesgo. Y como diría Maxton: “Doblegate ante mí, pequeña policía”
…
“El verdadero peligro no es caer en manos del monstruo, sino descubrir que una parte de ti quería estar ahí.”
Maxton
Mi mano libre envolvió el cuello de Alice, dejándole marcas sangrientas en su delicada piel. Deseaba marcar otros lugares también, proclamándolos míos. Ella no tiene ni idea de cuánto tiempo he estado esperando este momento. Mi sucia mente se lo imagina de todas las formas posibles, dominando su cuerpo, pegándolo contra el mío. Nuestras respiraciones aceleradas iban a la par mientras continuábamos con estos intensos besos. Me gusta que nunca antes alguien haya hecho estas cosas con ella; así podía manipularla a mi antojo, moldearla y hacerla mía en todos los sentidos.
—Vas a hacer lo que te diga… —susurré, pegado a su boca. Ella asintió de inmediato, envuelta en toda esta euforia — No te estoy preguntando; aquí mando yo.
Suelto el agarre de su cuello, pero solo para agarrarla con ambas manos de ese trasero tan bonito que tiene. Levantándola en el aire sin dejar de besarla ni por un instante. Caminé con ella por todo el ancho pasillo hasta el sofá en medio de la sala, sentándola encima de mí. Masajeaba sus nalgas con una de mis manos, sintiendo su suavidad,mientras con la otra buscaba terminar el beso.
—Quítame la camisa —exijo, volviendo a agarrarle el cuello para separarla de mí. En sus ojos se nota su nivel de excitación. Sus pupilas están dilatadas al punto de hacer que sus ojos se vuelvan completamente negros.
Ella obedeció; comenzó a desabotonar torpemente los botones de arriba. Yo no interferiría; dejaría que ella hiciera todo el trabajo. Quiero ver hasta dónde puede llegar antes de avergonzarse. Sus uñas se enredan de vez en cuando con la tela. Puedo imaginarlas enterradas en mi espalda mientras ella grita pidiendo más, pero todo a su tiempo…
—¿De… desde cuándo tienes un tatuaje? — tartamudeo, contemplando mi brazo con asombro.
— Fue una mala decisión los dieciocho. — Sonreí de lado. Llevo una manga completamente tatuada en mi brazo izquierdo desde la muñeca hasta el hombro. —¿Te gusta? —Insinúe observándola fijamente.
Alice, hipnotizada, acercó lentamente una de sus manos hasta mi piel ahora expuesta. Rozando sus dedos por la tinta con un leve toque.
Terminó desabrochando el último botón que está cerca de mi pelvis, dejando sobresalir aquella V que se marcaba sobre mis pantalones. Nota la duda en sus ojos. Tire la camisa hacia un lado, centrándome únicamente en ella.
Deslizo lentamente mi mano herida sobre todo mi torzo, cubriendo con sangre desde mi pecho hasta aquella zona donde el peligro empieza. Alice me mira atentamente mientras lo hago; es muy obvio que disfruta indecentemente de las barbaridades que estamos a punto de hacer.
— Lamela.
— Y-yo…
— Es una maldita orden ¡Ahora usa esa jodida lengua!
Obedeció una vez más. Alice se inclinó hacia adelante, apoyando sus manos a los costados de mi cuerpo, comenzando a pasar su lengua por encima de mi piel. Sentía el calor de su saliva sobre mi abdomen, chupando todo el rastro de ese líquido carmesí con sus labios jugosos.Su lengua se deslizaba con lentitud, dejando besos húmedos sobre mi cuerpo.
— Te ves tan sensual haciendo esto. — La detuve, agarrándole el cabello una vez que llegó hasta abajo, sabiendo que deseaba más…— Pero aún no…
Ella levantó levemente la vista, observándome con esos ojos de corderito indefenso; vi cómo mordía descaradamente la esquina de sus labios. Coloco descaradamente una de sus manos sobre mi pantalón, señalando la obviedad de mi erección. Intentando masajear la zona con pequeños toques.
— Alguien quiere verme… —insinúo sonriendo.
—¡Te dije que no! —dije con seriedad, dándole un fuerte tirón a su cabeza, lo que hizo que retirara instantáneamente su mano. — ¡Ya dije que aquí mando yo!— Volví a elevar su cabeza usando la mano que tenia enroscada en su pelo. — ¿Alguna vez te has masturbado, Alice? — Hice una pausa sonriendo; ella aún se esta recuperando del tirón — ¿Lo has echo pensando en mi?
Se desvaneció cualquier rastro de felicidad en su rostro.
— N-no…
—¿Ni siquiera una vez? —Levanté una ceja. Estoy sentado en el mueble con las piernas abiertas. Ella sigue arriba de mí, mirándome con esos ojos de corderito degollado que me encantan. —Qué decepcionante… porque yo sí lo he hecho. Muchas veces…
Alice abrió exageradamente los ojos.
— Yo… nunca… —admitió, avergonzada, sin siquiera poder completar la frase. Lami la punta de mis labios con mi lengua.
— Interesante… — Deslizo mis ojos de arriba abajo por su pequeño cuerpo; dejando la vista clavada en medio de sus piernas, que estaban semiabiertas al estar ella sentada encima de mí —¿Sientes miedo o vergüenza por lo que pueda suceder a partir de ahora? — dije con seriedad. Vi cómo asintió, avergonzada, bajando la vista, evitando mi mirada. — No tienes que sentirte avergonzada de nada; son tus deseos. No importa lo repugnantes que lleguen a ser, los míos siempre van a ser peores… entonces te pregunto… ¿Qué es lo que quieres?
— Yo… pues… no lo sé. —admitió con su vista clavada en el mueble
— Solo tienes que decir lo que quieres —dije fingiendo indiferencia.
— No lo se…
— Entonces me voy a meter a la ducha para dejar de perder el tiempo; tú te quedarás aquí con las ganas y luego te regresaré al campus. No te hablaré durante todo el camino, ni siquiera volveré a tocarte. —Me encogí de hombros. La corrí hacia un lado, quitándola de encima de mí, parándome del mueble, dándole la espalda, listo para irme.
— ¡No, Maxton! — se desesperó al ver que iba en serio—. ¡Espera!
Sonreí pasando la lengua por mis dientes. La observé con el rabillo del ojo; estaba sentada con las piernas cerradas, excitada e indefensa ante mi manipulación. Sus ojos buscaban los míos con desesperación.
— Sí quiero…
—¿Qué? — me volteé despacio elevando una ceja.
— Quiero que… —volvió a dudar de sí misma.
— Ni siquiera puedes decirlo, ja,ja,ja. — me burlé. — Anda, habla… quiero oírte pedirlo.
— Quiero tu… te quiero a ti… ¡Ahh! —gritó, frustrada, mientras yo me carcajeaba ante su cara. —¡Fóllame! — se recostó por completo encima del mueble. —¡Quiero que tú, Maxton Hernes, me folles, que hagas conmigo lo que se te antoje! — por fin admitió. Sentí un nivel enorme de satisfacción cuando la escuché decir eso; fue como si llegara una señal directa a mi cerebro.
Algo que Alice no sabia de mi, pero estaba a punto de descubrirlo, es que en publico podre ser un maldito antipatico. Pero en el sexo soy un jodido sádico. No pararía hasta verla llorar de placer; y, para su desgracia, no había otra cosa en este mundo que me gustara más que verla derramar esas hermosas lágrimas.
Di otra vez unos pasos hacia ella, ahora acostada en el mueble. Me las ingenie para acomodarme encima de ella, quedando cara a cara. El imponente tamaño de mi cuerpo hacía que el de ella se viera aun más pequeño de lo que ya era.
Me acerqué a su oído, metiendo una de mis manos por debajo de su blusa, sintiendo el calor de su cuerpo. Fui escalando despacio hasta llegar a uno de sus pechos. Ni siquiera traía sosten…
—Chica sucia… —mordí el lóbulo de su oreja—. Te traigo a mi casa y tienes el descaro de venir sin ropa interior.
Sus tetas no son ni muy grandes ni muy pequeñas, tienen el maldito tamaño perfecto para caber completas dentro de mi mano; todo en Alice se amolda perfectamente a mi. Las apretaba fuertemente, masajeando alrededor de su endurecido pezón con uno de mis dedos. Ella soltó un leve jadeo nada más al sentir el primer toque.
— Vas a tocarte para mí — murmure —. Si quieres que te folle, primero vas a tener que masturbarte frente a mí.
Siento su corazón acelerarse con cada toque. Mantiene sus ojos cerrados, así que tuve que continuar hablando.
—Mirándome a los ojos fijamente. Yo ya comencé; ahora tú continúas.
Quite bruscamente mi mano de su pecho. Ella volvió a abrir los ojos de un tirón, como si me estuviera exigiendo que no me detuviera.
— Continua — repeti. Volví a levantarme, pero esta vez solo me quedé sentado a su lado, observándola directamente. —Finge que soy yo quien te está tocando, imagina que son mis dedos y no los tuyos. Te dije que primero tendrías que terminar de corromperte tú por completo antes de que yo ponga mis pervertidas manos encima de ti.
Mantengo mis piernas abiertas descaradamente, ocupando la mayoría del espacio. Echando mi torso hacia atrás en el espaldal del mueble. La erección en mi pantalón se ha vuelto aún más prominente; ella también lo nota. Mordió su labio inferior antes de meter una de sus manos debajo de su camisa y empezar a masajearle uno de los pechos. Sus pezones erectos se marcan a través de la delgada tela de su ropa; quiero chuparlos hasta dejarlos morados, pero necesito a Alice más exitada que yo. Que sea ella quien ruegue por mi cuerpo.
— Solo… vas… a mirarme… — dijo jadeando, casi sin poder hablar.
Asentí sonriendo de lado a lado. Ella continuó masajenando sus tetas con ambas manos.
— Una virgen que jamás se ha tocado tiene primero que explorarse a sí misma para saber qué tipo de cosas le gustan. —Soltó un quejido — Te ayudo únicamente quitándote el short. —La jalé de los pies hacia mí. Mis manos escalan sus muslos hasta el elástico de ese short rosa que lleva puesto. Tire hacia abajo bajándoselo por completo; y contemple la ligera tela rosada con encaje de las bragas que usa — Tal parece que estabas preparada…
— Siempre uso este tipo de cosas. —Admitió con el rostro rojo. Con cada toque que se daba, sus piernas se abrían más — No sé cómo hacerlo…
— Coloca tu mano libre en medio de tus piernas y masajea suavemente sobre la tela, dándote leves toques con dos de tus dedos: el índice y el anular. — Lami mis labios observando la gran mancha que transpasaba la ligera tela, transparentándola. — No creo que sea tan difícil, considerando lo mojada que estás. Puedo verlo desde aquí.
Alice volteó la cara hacia el otro lado. Me encanta cuando se pone nerviosa, aun más ahora que se encuentra tan vulnerable.
Por fin abrió completamente las piernas, deslizando una de sus manos por el centro hasta quedar sobre su mojazón. Sus labios se marcan prominentemente. Tal cual le había ordenado, usó dos de sus dedos y comenzó a trazar círculos sobre su panti. Iclinando ligeramente la cabeza hacia atrás, por un instante cerró los ojos.
— ¡Mírame, Alice! —Le grité dándole un manotazo en una de sus piernas. —¡Obsérbame mientras lo haces!
— Lo…lo siento… — jadeo
— Ahora corre la tela hacia un lado, metiendo delicadamente tus dedos debajo, continuando con los movimientos lentos. Encuentra un punto en el que te guste lo que estás sintiendo.
— Maxton… — soltó su primer gemido — Ayúdame…
Negue sádicamente con la cabeza.
Si supiera cuánto disfruto esto. Pero, a su vez, solo quiero arrancarle ese pequeño pedazo de ropa, meter mi rostro entre esas dos lindas piernas y saborear su coño húmedo.
— Ahora metete los dedos .
— M-me da miedo…
— Nada malo te va a pasar. Solo hazlo.
— ¡Ahh!…
Mi cuerpo se estremeció al escucharla gemir. Cada uno de mis músculos se tensó mientras la mirada de Alice cambiaba lentamente, lo que me incitó a pecar. Llevé inconscientemente una de mis manos hasta mi pantalón, envuelto por la excitación. La coloqué encima del gigantesco bulto que se agrandaba con cada segundo que pasaba y empecé a sobarlo despacio.
— ¡Maxton! —Volvió a gemir, esta vez mi nombre. —Quítamela…
— ¿Qué…?
— Para que puedas ver bien… — jadeaba cada vez con más fuerza. Sus piernas se contraían de vez en cuando.
Ahora me tocó hacer lo que pedía. Ella sin detenerse con los movimientos. Bajé mi rostro hasta su entrepierna; agarré con ambas manos aquellas bragas rosadas, totalmente húmedas, y hice exactamente lo que ordenó. Dejé su piel totalmente descubierta, revelando aquella obra de arte que ella misma había hecho tan solo con sus dedos. Envolví ese pequeño pedazo de tela en la misma mano que antes había cortado; impregnándolo con mi sangre para después acercarlo a mi cara y olerlo como si se tratara del aroma mas embelecedor en todo el maldito mundo.
Alice arquea la espalda, intensificando el movimiento de sus dedos. Está tan lubricada que entran y salen con facilidad, lo que hace que el flujo sea continuo. Sus ojos dejaron de reflejar ese miedo; ahora sentían placer: un gigantesco deseo, mientras permanecían fijos en mí.
— ¿Te… gusta?
Asentí con la cabeza, agitado solo de verla, hipnotizado por la perfección de cada movimiento que daba.
— Continúa… — dije, usando la misma mano que tenía envuelta las bragas de Alice para masajear mi verga encima de mi pantalon.
Alice es mia. Nadie mas va a verla jamas asi.
Su rostro arde. Abre la boca, soltando arcadas de placer, y continúa con el movimiento de sus dedos, cada vez más intenso. Su eyaculación se desliza por sus nalgas, dejando una raya continua de fluidos; se ve jodidamente preciosa. Quedo completamente hechizado por cada movimiento, cada gemido y cada arcada que da.
— ¡No puedes venirte, Alice! — musité. Agarrando su mano con impotencia, deteniendo sus movimientos.
—¿No te gusta? — hablo en un tono de voz suave, mucho más sumiso. Algo que solo logró que mi cabeza dejara de pensar con claridad. — Perdón… — Su pecho inquieto sube y baja.
— ¡No, aún no! —gruñí entre dientes. — ¡Ya fue suficiente…!— traté de mantener la calma mientras hablo. Pero es inevitable al ver cuán mojada estaba.
Ella trata de frotar sus muslos en busca de un roce placentero, intentando continuar así con su intención maliciosa de dominarme hasta volverme loco.
El mueble está completamente inundado de Alice; toda mi casa huele a ella. Su cuerpo sigue temblando; sus piernas están completamente abiertas, dejándome verla totalmente expuesta. Ni siquiera tiene bellos; tal parece que fue ella quien planeó esto y no yo. Tal vez solo fingía ser inocente porque sabía que eso me haría enloquecer. Pero verla ahí, gimiendo mi nombre con fuerza mientras se masturbaba… fue la cosa más gratificante del mundo.
Acerqué una de mis manos a sus labios, completamente húmedos. Rozándolos con delicadeza. Palpando con las yemas de mis dedos la pegajosidad de su coño. Procedí a llevarlos hasta mi boca y los chupé saboreando su dulce sabor en mi lengua.
—¡Follame, Maxton! — una de sus piernas se encaramó sobre mis muslos, rozando mi verga erecta con la planta de sus pies, dando toques suaves.
Agarré su pie, también llevándolo hasta mi boca, chupándolo; mientras sentía el cosquillejo de sus dedos moviéndose entre mi lengua. Esta mujer tenia al maldito diablo en los ojos, sabia lo que hacia y aun asi decidio mentirme con descaro. Todo eso para complacerme; me deja manipularla a mi antojo, pero, en verdad, ella es quien más lo disfruta.
— Fóllame sin piedad…
—¡Súvete encima de mí! — le di una orden tratando de recuperar el control; ella no dudó ni un segundo en hacerlo. Abrió las piernas, quedando sentada en medio de las mías. Arqueaba su espalda, meneando sus nalgas de adelante hacia atrás para provocarme. Pegó su pecho contra el mío y, con su lengua, volvió a lamer desde mi barbilla hasta mis labios. Su boca buscó la mía en un beso sucio.
¿Quién manipula a quién?
Agarró una de mis manos, llevándosela sin pedir permiso para colocarla de regreso sobre su entrepierna. Su coño palpitaba incesantemente, caliente y apretado. Acaricie suavemente su clítoris con uno de mis dedos. Ella soltó otro gemido, arqueando aún más la espalda.
— No te voy a follar aquí, Alice.
— ¿Por qué no? —Hizo un puchero con su boca — Te complací haciendo lo que pedías, ahora muéstrame de qué eres capaz…
— Creo que te estás olvidando de quién manda aquí… — Metí sus bragas en el bolsillo de mi pantalón. La herida había dejado de sangrar; toda la tela se había encargado de secar la sangre; envolví imponentemente esa misma mano en su cabello. Reclamando lo que ahora es mío, dándole un tiro tenso.
— Ahh… —gimió descaradamente.
— ¡Maldita loca! Ja,ja,ja, te haces la inocente todo el tiempo, pero aquí estás rogando porque no acabo de follarte. —Estampé mi mano libre contra su cara, dándole otra cachetada. Ella parecía seguir disfrutándolo; soltó otro gemido más fuerte, así que volví a agarrarla del cuello, encima de donde quedaron marcados mis cinco dedos sangrientos — ¡Escúchame bien, Graham! ¡Vas a tirate al suelo, quedando en cuatro patas como la maldita perra que eres!
La empujé, dejándola caer al piso, sin ninguna emoción. La observé con seriedad.
Ella quiere jugar… pues, ¡yo le voy a enseñar quien es su puto amo!
Comencé a desabrochar ese cinturón negro de cuero que llevo todo este tiempo desesperado por usarlo. Alice está tumbada en el suelo; volví a presenciar ese miedo en sus ojos.
— ¡QUE TE PONGAS A CUATRO PATAS! — le grité.
Ella se acomodo lentamente sobre si misma hasta quedar apoyada de manos y pies en el piso, empinando su culo hacia mi. Di un chasquido con la lengua antes de pararme del sofá y estampar con fuerza el cinto contra sus redondas y perfectas nalgas. El estruendo hizo eco por toda la sala. Alice temblaba, mientras yo contemplaba el rojizo de la marca en su trasero.
— ¡DIME A QUIÉN CARAJOS LE PERTENECES!
— A… a…
— ¡SIN TARTAMUDEAR! — Volví a estampar el duro cinturón contra su blanca piel. — ¡DILO!
— A ti, Maxton Hernes.
Sonríe ladinamente, regocijado por la exquisita vista. Alice estaba totalmente destrozada.
— Buena chica — le di una suave palmadita en el trasero, acariciando la zona marcada. Ella se menó un poco al sentir el contacto de mi mano en su piel. — Dime quién es el que manda.
— T-tu…
— ¡MAL! — otro golpe. Esta vez aún más fuerte, tanto que Alice soltó un doloroso quejido.
— Ma…maxton…
— ¿Qué? —Eleve el mentón, observándola tiritar.
— ¡Tú mandas, Maxton Hernes! ¡Te pertenezco a ti y solo a ti!
Volvi a colocar mi mano encima de su culo, dandole esas suaves caricias como recompensa.
— ¿Tus rodillas duelen?
Alice asintió temerosa.
— ¡No me importa si te duele! Porque vas a ir arrastrándote delante de mí hasta el baño. No te detendrás ni podrás pararte hasta que yo lo diga. ¡Entendiste!
Asintió con la cabeza. Empezando a gatear frente a mí, recorriendo toda la sala hasta el pasillo. Observo cómo menea sus caderas, balanceándolas de un lado al otro como una jodida gata en celo. Su entrepierna está aún más mojada; sus líquidos se escurren a lo largo de sus muslos, recorriendo su piel.
Mi boca aguada, casi babeando al contemplarla avanzar frente a mí. Le doy las indicaciones hacia adónde tiene que ir; su vista está clavada en el suelo. Ni siquiera ha volteado hacia atras para verme.
Yo soy un maldito sadico, pero Alice me supera por mucho. Eso me atemoriza un poco, aunque no me guste admitirlo; si ella quisiera, podría ser yo quien estuviera de rodillas gateando frente a ella. Doblegado ante su toque, dejando que me dominara en todos los aspectos posibles, porque eso es lo único que ha hecho desde el primer momento en que la conocí.
…
Alice seguía usando esa ridícula blusa, por lo que, una vez que llegamos al baño, hice que se la quitara. Dejándola completamente desnuda ante mí.
El baño…
El maldito lugar en donde empezo esto.
Me adentré dentro de la enorme bañera, abriendo el grifo del agua caliente.
—¿Por qué vinimos al baño?
— Vas a meterte dentro de esa ducha, gateando, y vas a quedarte debajo del grifo hasta que yo entre. Te quiero de rodillas; no me importa si te lastima.
— Pe-pero…
— ¡Entra!
La vi literalmente arrastrarse hasta la ducha. Cuando el agua tocó su piel, algo en mi cerebro se congeló. Ella cerró los ojos, dejando que el agua corriera por su cuerpo. La sangre seca en su cuello se escurría por medio de sus tetas; las gotas entripaban su largo cabello, haciendo que se pegara a lo largo de su espalda. Parecía la escena preinicial de una película porno.
— Tengo que entrar, si no voy a terminar haciendo algo peor…
Caminé jugueteando con el cinturón, tensándolo entre mis manos mientras me adentraba en la ducha.
Llegué hasta Alice, agarrándola desprevenida desde atrás. Pegando mi cuerpo al suyo una vez más. Tal cual había dicho, yo no me conformaría con un simple rato. LLevo tiempo deseando su boca, pero no exactamente pegada a la mía. Así que envuelvo mi mano de regreso a su cuello, apretándola, metiendo dos de mis dedos en su boca. Alice inclina la cabeza hacia arriba, arrecostada contra mi pelvis. Sintiendo en la parte trasera de su cabeza la mosntruosidad de mi verga erecta, mas preparada que nunca para salir del pantalon.
Vuelve a mirarme con esos ojos, fingiendo inocencia. Su cara está completamente mojada; pequeñas gotas se reflejan a través de sus largas pestañas. Cuál virgen sumisa, malisiosa y perversa.
— Espero que estes preparada para darme la mamada mas grotesca que vas a dar en tu maldita vida. — Sonrei juguetonamente — Quiero ver como esa linda boquita que perjuraba odiarme, se atraganta con el grosor de mi verga dentro de ella.
Solté mi agarre de su cuello, dejándola que se diera la vuelta, quedando de frente a mí. Con ambas manos empezó a desabrochar el botón de mi pantalón, bajándolo hasta mis muslos. Sus ojos iban expandiéndose cada vez más. Empezando a cobrar consciencia de que esa gigantesca cosa no solo estaría metida en su boca, sino que próximamente también acabaría dentro de su estrecho coño.
— Todo ese egocentrismo tiene que alimentarse de algo… pero… ¡PADRE SANTO!
— Hace una hora te estabas muriendo porque lo querías dentro de ti. Ahora no puedes echarte para atrás.
Bajo por completo mi boxer, dejando salir de una buena vez toda mi erección, ya no apresada por la presión de la tela que antes lo escondía. Extendiéndose hacia la cara de Alice. Sus ojos terminaron de abrirse expresivamente.
— ¿Cu… cuánto mide esa cosa?
— 23 cm no es tanto, no seas exagerada —me regocijaba a carcajadas, mientras ella lo observaba asombrada.
— Así que de ahí viene ese ego tan elevado…
Pase mi mano muy deliberadamente por mi glande, sintiendo como si tocara el cielo por toda la presión que llevo ratos acumulando. Mis venas palpitantes sobresalían de la piel haciendo formas en relieve. De la rosada punta se escurre un poco de semen prelimina, dándole suaves caricias. Termino de quitarme la ropa, observando a Alice en todo momento. Su boca está entreabierta, aún asombrada por el tamaño exagerado.
— Deja de mirarlo —le di una cachetada con mi miembro, golpeando su mejilla. —Mételo de una buena vez en tu boca — le di la voz de mando. Coloqué mi mano en la parte trasera de su cabeza, obligándola.
Alice dio una arcada, echándose hacia atrás en el instante en que entró a su boca. Empezando a toser.
—Sé más delicado… — levanté una ceja de sorpresa. Volví a estampar mi miembro contra su mejilla.
— ¿Ahora vas a exigirme delicadeza? Ja, cállate y deja de quejarte. — Embestie mi verga dentro de su boca por segunda vez — Coloca tus manso alrededor. Dándole masajes de adelante hacia atrás. Succiona con tus labios y tu lengua; ni se te ocurra usar los dientes si no quieres que vuelva a cachetearte.
Ella me observó lastimosamente. Como ese pájaro enjaulado que es.
<>
Lo agarro con ambas manos, tal cual ordené, empezando a darle círculos con la lengua sobre la punta. Me erice de cuerpo completo. Cerré los ojos y dejé caer la cabeza hacia atrás.
Lentamente fue metiéndolo más en su boca, usando su lengua todo el tiempo. Sus labios lo chupaban con intensidad de adelante hacia atrás. Haciéndome soltar bajos gemidos entre dientes. Con cada lamida que daba, mi piel se congestionaba. Aumentaba la velocidad con las manos. Ella definitivamente sabía lo que hacía… pero ¡¿cómo?! ¡¿Cómo diablos era tan buena?!
Lo chupaba como si se tratase de un caramelo. Todo mi cuerpo se rindio ante ella, dejandome envolver por sus continuos movimientos sobre mi verga.
— ¡Oh Dios, Alice Graham! ¡¿Por qué carajos eres tan malditamente buena!? — dije entre gemidos. Con la respiración acelerada — ¡Como me digas que se la mamaste a otro tipo, lo encontraré para matarlo!
Abrí los ojos para observar su expresión. Su vista estaba hacia arriba, disfrazando mis reacciones. Golpeé su rostro con molestia usando mi mano libre; el placer recorría mis venas, pero ahora solo podía imaginarla a ella chupándosela a otro. Eso me hacía enloquecer, volviéndome un asqueroso maníaco. Ella no tiene el control. ¡Yo lo tengo!
Sus movimientos no son mecánicos como supuse que lo serían. NO. Alice succiona fluyentemente mi verga. Traza círculos en la punta con la lengua; los mete y los saca de la boca como una lollipop.
Toda la gloriosa escena se reflejaba a través de los grandes espejos que rodean la ducha. Quiero guardar estas imágenes en el fondo de mi mente para así poder recordarlas cada vez que se me antoje. Cumpliría mi promesa de follarla tan duro que la haría llorar, gritando mi nombre, jadeando y temblando. Alice ha buscado en mí un falso refugio, nunca la redención. Y es por eso que me convertiré en el alcohol, la medicina y la droga que necesite. Haciéndole daño, lastimándola, terminando de plantar en ella esa semilla de odio y placer. Robándome la poca inocencia que le queda.
— ¡Levantate del maldito suelo y pegate contra aquella pared!— Le di un tiron en el brazo haciendo que se pusiera en pie. La empujé contra una de las paredes de cristal, casi tumbándola al suelo. Empotrandola contra el, dejando su cara pegada sobre el vidrio, mientras que su culo quedaba empinado hacia mi. — ¡Quiero que te observes en cada jodido espejo de este baño, olvidando quien eres, perdiento todo el control que tienes sobre ti misma! ¡Perdiendo tu luz para entregarte a mi oscuridad mientras ves cómo te hago mía!
Debo recalcar que este capítulo contiene contenido sexual explícito, juego de poder, sadomasoquismo, asfixia, BDSM, violencia física, sangre integrada al erotismo, humillación física y verbal, manipulación psicológica, lenguaje obsceno y crudo. Puede resultar muy fuerte para muchos lectores; eres completamente libre de no leer este capítulo y pasar al siguiente si así lo deseas. ¡Por favor, no romantizar nada de lo que puedas leer en este capítulo! Mi intención nunca ha sido romantizar nada en esta historia. Son los personajes, no yo. Y una vez más, no me hago responsable de nada. Estás leyendo esto bajo tu propia responsabilidad…
Ahora sí… vamos a darle con todo…
” El error no fue tocarla; fue creer que después podría soltarla”
…
Maxton
Alice jadeaba con rudesa. Incrustando su cara contra uno de los cristales. Su fuerte respiración hace que el espejo se empañe aun más. Coloca ambas de sus manos a los lados del vidrio. Sus nalgas están rojas de tantos golpes que ha recibido.
Por fin podría volver a usar el cinto.
— ¡LAS MANOS CONTRA TU ESPALDA! ¡AHORA! — ordene.
Envolví ambos de sus brazos en un nudo usando el cinturón, apretándolo con fuerza contra su piel. Lo suficiente como para dejarle marcas en sus muñecas.
Su cabello mojado, pegado a lo largo de su espalda hasta su culo me hace dudar de si esto es real o otro de esos sueños humedos que he tendio con ella desde el comienzo de esta retorcida historia. Porque ¡Mierda! es tal cual lo imagine. La perfección de su figura, esa silueta en forma de reloj de arena, lo delgado de su cintura, el ancho de sus caderas. ¡TODO ES JODIDAMENTE PERFECTO!
—Voy a follarte tan duro que, en lugar de pedirme más, terminarás llorando y rogando que me detenga. Pero te daré una oportunidad de hablar… — Agarre mi verga con una de mis manos, volviendo a sobarla. Está tan dura que duele. Eso me encanta. — ¿Tienes algo que decir?
Le di una nalgada con mi miembro, rozando mi glande contra su piel rojiza.
— Finge al principio que me amas… — hizo una pausa, su voz baja casi sin poder hablar—. Luego deja de mentirme y cumple lo que dijiste. ¿Recuerdas?
—¿Qué?
— “Nada en nosotros es romántico, y eso es lo que lo hace especial. Nos une el odio, el deseo y la obsesión por ver quién tiene el control. Ninguno de los dos es completamente inocente ni cien por ciento culpable. Solo damos lo que somos…” — cito palabra por palabra. — Esas palabras tuyas han vivido en mi mente desde aquel día. Tú y yo no nos amamos; tú mismo lo dijiste. ¡Pero, carajo! ¡Qué bien se siente esto! ¡Entonces, obligame y ahorcame hasta que me desmaye! ¡Has que mis piernas tiemblen hasta que no puedan sostenerse por sí mismas! ¡Desgarrame la maldita piel, dime que soy tuya y de nadie mas!
— Que conste que tú me lo estás pidiendo, porque cuando tengas miedo y desees que me detenga, ya será demasiado tarde.
Saboree jugosamente cada palabra suya. Alice tenía razón: ninguno de nosotros es inocente, y esto que acaba de decir solo comprueba lo mucho que ha disfrutado de este sucio juego en silencio. Puede que yo sea un enfermo, pero ella está aún más loca que yo.
Abrí aún más sus piernas, metiendo una de mis manos en medio de su coño. Palpeé la zona, sintiendo cómo la babosidad había corrido aun más que antes. Está chicloso. Introduci lentamente dos de mis dedos. Alice intentó cerrar desesperadamente las piernas nada más sentir mis dedos. Apretándolas con fuerza. Al ser completamente virgen, su vagina está cerrada a más no poder, a pesar de que yo mismo la obligué a masturbarse antes de todo esto.
— Estas demasiado apretada Alice. Asi no va a entrar.
— Max… Maxton, por favor, despacio… — se tensó aún más.
— ¡Si no te relajas, te la meteré así mismo y vas a sufrir más!
Luego de oír eso, ella empezó a aflojarse . Abriéndolas con lentitud. La ayudé con mis piernas, colocándolas en el interior de las suyas y empujándolas hacia afuera.
Continúe introduciendo mis dedos, sintiendo cómo la zona se aflojaba poco a poco. Masajeando su interior, dando vueltas en círculos continuos.
— Mucho mejor. Así me gusta, relajada y doblegada ante mí, pequeña policía.
Saque los dedos de su coño, ya listo para recibir las embestidas que estaba a punto de darle. Le di una ultima nalgada usando mi verga, antes de comenzar a meterla en su interior.
— ¡Mírame follarte! — introduje despacio mi polla entre sus piernas. —¡Mira a través de cada uno de estos malditos espejos cómo se cumplen tus fantasías! Una vez te lo dije, Alice Graham… ¡Te aseguré que un día estarías debajo de mí, disfrutando, y aquí estás!
— ¡Ahh… Maxton! ¡DETENTE! —gimió, gritando nada más sentir el grosor de la punta deslizarse entre sus húmedos labios.
Metí dos de mis dedos dentro de su boca con posesividad y, con mi otra mano, agarré su cintura, apretando las yemas de mis dedos, hundiéndolas en su suave piel.
— ¡TE DIJE QUE NO VOLVIERAS A TENSARTE! ¡ERES ESTUPIDA! — Metí casi mi puño entero dentro de su boca. Me enoja ver cómo me desobedece.
— ¡Basta! —Gimió otra vez apenas pudiendo hablar — ¡Duele mucho!
— ¡Ni siquiera he metido la punta! —Gruñí molesto. — ¡Callate! — Meti de un solo tiron toda mi verga dentro de ella. Alice gritaba de dolor mientras yo le cubría la boca con la mano para no volver a oírla quejarse. Se lo advertí; ahora que pague las consecuencias.
Todo su cuerpo tiembla, sintiendo el enorme grosor y la longitud de mi pene introducido en su pequeño coño. Su interior no solo está húmedo, sino también terriblemente caliente. Sus paredes van poco a poco amoldándose al volumen de mi verga, cediendo ante el inmenso tamaño.
Alice grita, como si acabaran de darle una puñalada. Para mi suerte, mi mano se encarga de ahogar todos y cada uno de esos gritos. Mientras no sean de placer, no me interesa escucharlos.
El humo se ha esparcido por toda la ducha, envolviéndonos en lo que parecía una nube pecaminosa. Pronto nuestras respiraciones estarían congestionadas y ella estaría pidiéndome más.
Comencé a moverme a medida que veía cómo su cuerpo cedía. Sus piernas se desestabilizaron; perdió el control de ellas. No solo estaba satisfaciendo sus necesidades, sino que también estaba haciendo realidad esas sucias fantasías que siempre tuve con ella. Sus nalgas chocaron por primera vez contra mi pelvis, sintiendo el toque de piel contra piel. Mi cerebro volvió a congestionarse, haciendo que me olvidara de todo.
Me vale un carajo si le esta doliendo. Ella misma me había pedido que le diera tan duro como para dejarla inconsciente. Y eso haré…
No haces tratos con el diablo para luego creer que no vendrá por tu alma.
— ¡Yo soy un puto mosntruo Graham! ¡Un jodido animal! —Aceleré los movimientos, provocando más tensión entre nosotros — ¡No me importa si esto te lastima! ¡Tu lo pediste!
Alice arquea la espalda hacia atrás, empinando muchisimo mas su culo hacia mi. La velocidad de mis movimientos mezclados con la mojazon de su coño hacian ahora a mi verga entar y salir con mas facilidad. El sonido del agua cayendo en la ducha se convirtió en parte de la orquesta sonora, formada por el ruido de nuestras respiraciones agitadas y el de nuestros cuerpos golpeándose en palmadas continuas. Pero seguía faltando algo…
Fui corriendo lentamente mi mano de su boca hasta descubrirla por completo.
— ¡Ahhh! —Gimió fuertemente.
— ¡Despegate del cristal!
Envolví su cintura con la palma de mi mano, obligándola a apartar la cara de aquel cristal. Continúe con los movimientos, disminuyendo un poco la tensión. Saque mi verga de su interior una vez tuve su cuerpo pegado de espaldas al mio. Baje mi cara hasta la suya, regulando mi respiración. Pegué mis labios a su mejilla dándole un malicioso beso; no era de cariño, mucho menos como señal de amor. Lo hice como una amenaza, mostrando los colmillos como los de un perro que te avisa antes de morderte. Roze mi nariz sobre su piel, oliendo su envolvente aroma.
— Volteate…
Alice se giró despacio, dudando de mis palabras y, una vez que volví a tener su cara de frente, la agarré con fuerza del cuello. No como antes: podía sentir el crujido de sus huesos, envueltos en mi grotesca mano. Sus grandes ojos no podían ni parpadear; están casi desorbitados. Su garganta se tensa cada vez más mientras yo continúo apretando mi agarre.
Durante todo este tiempo me miraba con deseo, pero por fin logré que lo hiciera con miedo.
Esos hermosos ojos de cordero ya eran mi perdición, pero la locura no estaba en que me miraran con cariño… no…
Me enloquecían cuando reflejaban temor…
Sería tan fácil para mí asfixiarla de un solo movimiento. Degollar su delicado cuello, apretando aún más mis dedos. Viendo su sangre correr por mis manos.
Su rostro se enmorecía lentamente; tenía las mejillas totalmente rojas; abría la boca desesperada en busca de aire. Apreté con fuerza sus cachetes, haciéndole abrir más la boca; escupiéndole dentro con desdén.
La empujé hacia atrás; quitándole el agarre de su pescuezo, ella se estrelló duramente de espaldas contra el cristal, soltando otro grito de dolor. Tosía y temblaba. Bajé la vista a sus pies, observando cómo aquel líquido amarillo se deslizaba entre sus piernas.
— Ja,ja,ja — me carcajee, burlándome de ella.
Caminé imponente de regreso a ella, manteniendo mi mirada fija en la suya, fría y sin emoción. Vi escurrirse de su mejilla una gran lágrima. En sus ojos se reflejaban todos y cada uno de los colores del arcoíris, llorosos.
— Ya te había dicho lo mucho que me gusta verte llorar… — Yo no necesito ningún tipo de permiso para hacer con ella lo que quiera. Agarre su pierna derecha y la monte sobre mi brazo izquierdo. Dejando nuevamente esa apertura para mí.
— Maxton… — dijo entre sollozos, las lágrimas bajando no solo por sus ojos. En la piel de su cuello resaltaba un enorme colorado con la forma de mi mano.
— No seas miedosa. —Acerqué mi mano a su cara, escurriendo una de sus lágrimas con mi pulgar. La recogí con todo el dedo, para luego llevarlo hasta mi boca, saboreando el dulce salado de su dolor. — Si de verdad quisieras que parara, llorarías únicamente por los ojos. — Lami la punta de mis labios con mi lengua. — Ahora sé una buena chica y quédate quieta, porque estoy a punto de reventarte.
Alice está recostada de espaldas al cristal. Si antes la vista era jodidamente maravillosa, ahora era como mirar directamente hacia la redención divina. Su coño abierto a punto de ser penetrado otra vez por mi verga. Primero, lo resbalé un poco sobre su clítoris, aprovechando su humedad para lubricarlo aún más. Empecé a introducir nuevamente la punta, contemplando cómo sus labios se abren de par en par, como dos puertas que me daban la bienvenida sin negarse. Ella inclinó la cabeza hacia atrás, soltando gemidos de placer. Su pecho sube y baja. Las puntas de sus pezones estando completamente erectas.
Use mi mano libre para apretar sus tetas con fuerza. Masajeándolas con posesividad. Todo esto es mío; ella me pertenece; tanto su cuerpo como su alma son de mi propiedad. El impacto que estoy dejando en ella no es solo físico o emocional; psicológicamente, Alice es consciente de que, si me desobedece, la pasará muy mal.
Me inclino hacia adelante, continuando con las fuertes penetraciones. Manteniendo su pecho izquierdo enroscado en mi mano, mientras empiezo a chupar el derecho. Con mi lengua le doy placenteras lamidas en su pezón, mordiendo con la punta de mis dientes. Son suaves, fáciles de apretar, como dos almohadas esponjosas. Dejando marcas de mordidas por toda la piel de sus senos.
— ¡Maxton! —Gimió mi nombre al momento en que aumenté los movimientos de mi pene, entrando y saliendo de ella.
— ¡Despues de esto nadie va a volver a follarte asi en tu puta vida! — embesti descontroladamente.
Cerró ambos ojos en el instante en que dejaron de ser negros para tornarse completamente blancos, pero las lágrimas seguían escurriéndose por su rostro. El ritmo de mi penetración volvió a ser constante y audaz. Sentía las fuertes punzadas que el movimiento le causaba en la entrepierna; Alice daba arcadas de placer con la cabeza totalmente incrustada hacia atrás; yo gruñía cada vez que la escuchaba gemir mi nombre.
— ¡Ahh, por favor, sí, más… quiero más!
— Ves cómo tu mente dice que no, pero tu boca y tu cuerpo dicen que sí. —Mordí la esquina de mi labio, acomodando un poco su pierna sobre mi brazo. Todo su cuerpo estaba temblando.—¿En dónde quedó esa chica odiosa y tímida que jamás haría esto tan sucio? — me burlé sonriendo.
El pie que mantenía sobre el suelo se tambaleaba de un lado a otro; ella había perdido toda estabilidad. Entre temblores, contracciones y la falta de equilibrio por estar amarrada de ambas manos, supuse que pronto cedería al cansancio y se dejaría caer al suelo.
Yo no estaba dispuesto a permitir eso. Así que rápidamente me agaché, soltando el agarre de su pierna, y le di la vuelta, sacándole el cinturón de las manos. Contemplando cuán marcadas estaban, tenían líneas moradas por la falta de circulación sanguínea. Volví a ponerla de frente a mí, sosteniéndola por ambas nalgas hasta subírmela encima. Metiendo mi verga de regreso a lo que ahora es mi nueva obsesion.
Sí, antes deseaba enfermamente a Alice con cada célula de mi cuerpo; no tiene ni idea de las cosas que planeo hacer con ella a partir de ahora. Yo también hice una lista mental, pero de deseos, y mi número uno era: follarme a Alice Graham.
Alice se pego a mi. Apoyándose por completo en mi cuerpo. Sus pezones rozando mi pecho. Su cabello cae a lo largo de su espalda. Yo le daba sentones encima de mí; ella es incapaz de moverse. Parece una muñeca de trapo; su cuerpo está completamente inmóvil por el cansancio, lo que me permite manejarla a mi antojo con mayor placer. Enterro su cabeza en mi hombro y ahí continúo gimiendo, respirando cansinamente.
Aprieto el agarre en sus nalgas. Metiendo y sacando mi verga en cada senton que le doy.
— ¡Más fuerte!… —susurró a mi oído con esa suave voz llena de deseo.
Mis embestiadas se sentían malditamente bien, pero sabía que aún podía con más. Soy consciente de lo que doy y aún no he llegado a ese punto en el que mi cuerpo se sienta lo suficientemente ardiente como para exigirme una redención.
¡Necesito más! ¡QUIERO MÁS!
Esto no está funcionando. Alice está cansada, pero yo sigo con demasiada energía. No sé cuánto tiempo más ella logre soportarlo sin venirse. Hemos estado en esto desde hace más de una hora, entre juegos sucios y perversos; ella ha aguantado bastante. Pero yo sigo necesitando más…
Más fuerte, más intenso, más de Alice.
— Graham, voy a bajarte al suelo. —Avise por primera vez, arrodillándome con ella encima. Alice no es para nada pesada, mucho menos para mí.
Acoste a Alice, encima de las blancas losas del suelo. El agua fluye por debajo de ella. Sus ojos siguen cerrados; su respiración está agitada, pero su pecho se mueve con lentitud, tanto que creo que acabara convulsionando.
Me arrodillé ante ella, volviendo a abrir sus temblorosas piernas; esta vez para colocarlas sobre mis hombros. Me incline encima de ella hasta quedar cara a cara. Esperando que así, por fin, logre llegar a ese punto sin retorno.
— De misionero. Duro, mirándome a los ojos hasta que sientas esa corriente electrificante, descontrolada. No me detendre hasta verte venir. — dije introduciendo mi verga.
Su interior ya estaba más que acostumbrado al grosor de mi pene, que aún está duro y erecto, como si nada de lo sucedido hubiera sido suficiente.
— ¡Abre los jodidos ojos!
Alice no se mueve…
La sacudí un poco y la acomodé hacia mí.
— ¡GRAHAM! ¡ABRE LOS OJOS, GRAHAM!
Su pecho ha dejado de moverse; ya no siento su respiración en mi cara. Ni siquiera está temblando. Mi expresión cambió drásticamente cuando me di cuenta de que ella no se movía en absoluto.
— ¡ ALICE GRAHAM! —Golpeé su rostro con fuerza, esperando una reacción de su parte.
Alice abrió los ojos de inmediato, comenzando a toser, como si acabara de regresar a la vida. Se veía otra vez asustada, confundida por quién era y dónde estaba. Miraba con inquietud hacia todos lados, intentando ubicarse en sí misma.
Creo que el agarre en su cuello fue demasiado fuerte. Tiene un gigantesco morado que se fue formando durante todo este tiempo, marcando mis cinco dedos en su blanca piel.
— Per… perdóname, Maxton. —Su labio tiritaba; otra vez está llorando. — No quiero hacerte enojar… pero… por favor, no vuelvas a golpearme.
Acerqué una de mis manos a su pecho, sintiendo los latidos de su corazón acelerado. No mentía… estaba totalmente atemorizada.
— Respira, Alice. —Cambié el tono de mi voz a uno más relajado. Intentando calmarla antes de continuar. — No volveré a pegarte, lo prometo. — Acerqué mi boca a la suya, plasmando un beso que fingía ser de dulzura. Mis labios se incrustaron con los de ella, besando su boca lentamente, en leves movimientos.
Tal vez no seguí sus peticiones y eso fue lo que más le dolió. Lleva todo este tiempo esperando a que la ame, que le dé una muestra real de cariño, aunque sea una mentira. Pero yo solo he hecho que sufra.
Volví con los movimientos; estando ella ahora debajo de mí, sería mucho más fácil. Mi pene quería volver a embistiarse. Pero me contuve por un momento, todo para no seguir lastimándola, o al menos fingir, por segundo, que no deseaba volver a hacerlo.
Esas palabras, más que provocar lástima en mí, me hicieron darme cuenta de lo mucho que disfruté herir a Alice. Al punto de casi desvivirla. Sé que recordará este momento para toda su vida, así que terminaré con lo que empecé. Haciendo que cada segundo que nos queda sea memorable.
— Te… tengo miedo. —Gimió.
— El miedo que sientes te ha traído hasta mí. Todo ese miedo ha sido el causante de que aún no seas capaz de darte cuenta de lo que en verdad no ves…
Mis muslos empezaron a tensarse; eso es una buena señal.
— Si de verdad tuvieras miedo… —gruñí— no habrías hecho ninguna de las cosas que has hecho hasta ahora… y no hablo solo de esto.
— ¡Maxton!
— Al final del día, soy consciente de que quien acabara muerto entre nosotros dos… ¡Ahh! — solté un gemido. Volviendo a buscar sus labios con rapidez, continuando con aquel beso envolvente.
Su cuerpo encaja perfectamente con el mío. Todo en ella me complementa de manera extraña. Su piel huele a muerte con un toque de paraíso. Cómo tocar el cielo en medio del infierno. Nunca antes se había sentido tan bien, algo que ambos sabemos que está mal. Aquí, entre nosotros, no solo corría la pasión de dos cuerpos que llevaban deseándose durante demasiado tiempo. Sino también esa oscura verdad, que ambos sabíamos, pero solo uno de nosotros sobreviviría para verla con sus propios ojos.
Llevo ratos desde que comenzamos todo esto, deseando sumergirme por completo en ella. Y eso es lo que haré.
De su coño se escurre cierta baba blanca, jugosa y cremosa. La rosada cabeza de mi pene también está bañada con esa misma crema. Es momento de hacerlo…
Quedo completamente acostado ante ella. Viendo sus piernas contraerse. Su cabeza está fija en el techo, probablemente procesando todo lo que ha pasado.
Mi cara queda en medio de su entrepierna. Sé que mi cabello está revuelto y que el azul de mis ojos probablemente esté negro de tanto placer y excitación. Este es su momento para vengarse de todo lo que le he hecho, pero a ella no le importa nada en este punto. Solo desea acabar. Así que primero la escupo, mezclando toda su humedad con mi saliva, y uso mi lengua para saborear cada parte de ese coño jugoso. La mezcla de sabores en mi boca es increíble. Sabe dulce con un toque agrio; se siente mantecoso en mi lengua.
Masajeo mi verga con una de mis manos mientras que uso mi lengua para darle placer a Alice. Le doy un oral a ella y me masturbo a mí mismo.
— ¡OH, DIOS MÍO, MAXTON! — soltó un gran gemido, arqueando la espalda, pegada al suelo.
Intento cerrar las piernas, pero le resultó imposible; ahora mi cabeza queda metida entre sus muslos. Mi lengua dando volteretas sobre su clítoris excitado. Palpita intensamente. Chupo con mis labios, dejando besos, succionando y mamando cada parte de su precioso coño.
Alice entierra las manos en el suelo, buscando algo a lo que agarrarse. Araña intranquilamente con sus uñas la loza. A estas alturas, ya no sé qué estaba más mojado: si todo el baño o Graham.
Seguí chupando e introduciendo un poco mi lengua en aquel ardiente agujero.
— Max…Maxton, yo creo que… ¡YO!…
Sus pies se estiraron, temblando sin control. Perdiendo la poca conciencia que le quedaba sobre su cuerpo.
Un gigantesco chorro de fluidos se escurrió por todo mi rostro. Entripándome con su exquisita eyaculación. Continué jalando, aun más fuerte mi pene, hasta que yo también sentía cómo me venía. Me volví a arrodillar, pero esta vez solo fue para cubrir el cuerpo de Alice con mi semen.
Ella está tirada en el piso, débil, dominada y follada por Maxton Hernes.
Sonrei abiertamente al ver como las gotas blancas que salian de mi verga caian encima de su entrepierna.
— Acabas de ser torturada, dominada, golepada y follada por Maxton Hernes. — Lami mis labios, aún sintiendo el sabor de su eyaculación escurrirse por mi cara— ¿Algo que decir? — insinué juguetonamente.
— Te detesto… —negó con la cabeza, fijando la mirada en la mía.
— Y yo moriría por ti. —sonreí
Me acosté a su lado en el suelo, agarrando su mano, entrelazándola con la mía y plantándole un beso. Alice se volteó hacia mí, enterrando su cabeza en mi pecho, sollozando entre lágrimas. Se puede decir que ya conocía cada parte de Alice Graham, incluidas aquellas que aún ella no era capaz de ver.
Envolví su tembloroso cuerpo con el mío en un abrazo. Podía protegerla del mundo, hacer que se olvidara de sus problemas por un momento. Pero no impedir ese horrible final que nos esperaba a ambos.
Sé que cuando se quedó observando el techo dejó de pensar, dejó de sentir. Ya ni siquiera le importaba lo que yo le estaba haciendo. La perdí por completo más de una vez…
Pude ver ese vacío en sus ojos y eso no me gusta nada.
— Deberíamos limpiarnos e irnos a la cama. —sugerí. Ella solo asintió con la cabeza.
Pase mi mano a lo largo de su espalda, dándole suaves caricias con mis dedos.
—¿Me prometes que no importa lo que pase, tú vas a seguir siendo mi Alice?
Volvió a asentir.
— ¿Incluso si eso nos destruye a ambos?
— Si…
—Entonces quiero que en este momento sepas que no importa lo que hagas; yo te seguiré adonde sea que vayas. No he permitido que la nube de oscuridad te envuelva por completo… porque todo este tiempo he sido yo ese paraguas invisible que te ha cubierto de la tormenta…