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All.of.us - Capítulo 6

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  3. Capítulo 6 - 6 I lost my mine
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6: I lost my mine 6: I lost my mine  La diferencia entre el Modus Operandi, y el Lex Talionis es que el primero se refiere al método que utiliza un criminal para cometer delitos, (ejemplo: herramientas, forma de entrada) enfocado en la eficiencia.

Mientras que el segundo es un antiguo principio legal de << ojo por ojo >> que exige un castigo proporcionado al delito, no una técnica criminal.

El Modus Operandi, puede cambiar a medida que los criminales mejoran, vinculando los crímenes con el como se cometen.

Mientras que el Lex Talionis, dicta la retribución en si, asegurando que la justicia refleje el daño causado.

…

Miraba la nota, atemorizada, sintiendo como todo mi cuerpo quería desplomarse.

Debe de tratarse de una broma…

si, es eso…

Esa rara sensación en mi estómago comenzó a expandirse por todo mi cuerpo, la ansiedad me estaba carcomiendo.

Sentía ojos que me observaban detrás de mi; clavándose con el mismo cuchillo que había frente a mis pies.

<< No, esto no es posible >> — ¿Quién hizo esto?

¿A quien se le ocurriría una broma de tan mal gusto?

No existía explicación posible para esto, a menos que…

<< El asesino entrará minutos antes que yo y la dejará ahí…

>> No…

O…

¿si?

Mi corazón latiendo a mil por segundo, casi saliéndose del pecho.

Me tambaleaba sobre mis propios pies.

Soy una tonta, una estúpida que solo siguió un maldito impulso y ahora está rodeada de peligro real.

Me agaché recogiendo aquella nota.

Palpando las yemas de mis dedos sobre la torpe escritura.

Tratando de encontrar un indicio que quizás me ayudaría con la investigación.

<< Está escrito con sangre >> El olor que desprendía aquel papel era tan fuerte que tuve que alejarlo de nuevo de mi.

La sangre parecía seca, pero aún así era fresca.

Quizás de una o dos horas atrás.

¿Cómo diablos era eso posible?

Doble la pequeña hoja y la metí en uno de mis bolsillos.

Mi respiración seguía sin volver a la normalidad, ya ni siquiera sabía que estaba haciendo aquí.

<< Una pista, un indicio, eso fue lo que vine a buscar >> Observé la mancha durante unos segundos, analizándola para luego observar el cuchillo.

Era exactamente lo que había descrito hace unos minutos; un pequeño cuchillo de cocina el cual tenía el mango extrañamente limpio, las únicas marcas de sangre estaban sobre la punta, la cual ni siquiera tenia tanto filo.

Tal vez apuñalo a la chica usando guantes y luego se los quito; O quizás solo cambió la mano…

No, eso no tendría ningún sentido.

— No hay explicación lógica para que este cuchillo esté aquí.

Tampoco para la nota, mucho menos para lo que le sucedió a esas chicas.

Ni siquiera se por que carajos aún no me he ido.

— dije todo eso en alta voz.

Sentía como todo a mi alrededor me mareaba, nada tenía sentido y eso me hacía caer en una espiral sin fin de preguntas sin respuesta.

<<Necesito irme>> << Tengo que salir de aquí>> Las paredes a mi alrededor comenzaban a cerrarse lentamente, el aire se volvía escaso, tanto que comenzaba a sentir su ausencia en mi.

Entre náuseas y pinchazos incesantes en mi pecho, los cuales evitaban que las palabras o pensamientos siguieran fluyendo en mi cabeza.

Solo podía concentrarme en una cosa, y no tenía sentido.

¿Que me motivaba a aun estar aquí?

…

— Tengo miedo — Solloce.

Por primera vez en mi vida estaba reconociendo que algo me hacía entrar en pánico.

Desafiaba mi propia lógica e escepticismo.

Porque nada tenía sentido, y eso me aterraba.

— El cuchillo…

no puedo dejar el cuchillo.

— susurre.

Mis manos temblorosas no ayudaban a hacerme menos torpe ante la situación.

No deseaba agarrar aquella cosa a mano limpia, pero no sabía que más hacer Mis piernas estan desesperadas por salir huyendo de aquí, pero mi mente me obliga a seguir pensando.

— Tengo que agarrarlo — comencé a buscar desesperada, mirando hacia todos los lados posible por algo que sostuviera en cuchillo sin dejar huellas.

Esa sensación de ser observada otra vez llegó hasta mi.

Me estaban vigilando…

¿Pero quién?

— ¡El abrigo!

— Sin pensar más de lo que podía permitirme, le bajé el zíper a mi abrigo.

Con ambas manos aún sacudiéndose envueltas en el; agarre el cuchillo siendo lo más cuidadosa posible, para así desaparecer de aquí.

…

Me volví a encaminar por donde mismo había llegado, subiendo aquellas escaleras y desapareciendo en la oscuridad.

La rara sensación seguía insistente en mi.

El edificio se había tornado más frío de lo que antes estaba, los pasillos se sentían como los de un congelador gigante, o quizás solo era porque ya no estaba cubierta con más que una pequeña camisa de franela.

Me abrazaba a mi misma sosteniendo en medio de mi pecho aquel abrigo.

Mis oídos zumbaban.

Se sentía como un escenarios ficticio que yo misma había inventado dentro de mi mente.

Pero no, era real.

Al llegar busqué desesperadamente la puerta que antes había dejado abierta para asegurarme de que no me perdería de regreso.

Sabía que estaba al final del pasillo, nada más eso.

Como el viento que sopla en una tarde fría de invierno, escuché un silbido el cual provenía justo detrás de mí.

Mi corazón se aceleró tanto que podía sentirlo en cada punto de mi cuerpo.

— Solo te queda esta parte Alice, no lo pienses mucho y ve — Me dije a mí misma en alta voz.

Agarrando el abrigo con fuerza, aguantando las ganas de derrumbarme y echarme a llorar.

El ruido era incesante, no importa cuánto avance, sigo escuchándolo.

Pero fingía calma, caminaba despacio con la mirada hacia adelante.

Mi confianza era falsa pero quizás el silbido también lo era.

Llegué a la única puerta abierta en todo el extenso pasillo.

Con una X marcada en rojo justo en medio.

<< antes no estaba >> — Solo vete, no mires atrás.

— me susurre una vez más tratando de seguir en pie hasta salir de este lugar.

Me adentré por la puerta deseando que todo esto fuera mentira, que en verdad solo estuviera dormida en clases, y ya estaba a punto de despertar.

El peligro que antes era la punta del iceberg, tan superficial que no tenía mucho sentido.

Ahora estaba completamente sumergida en este desastre, tanto que mis pies dejaron de tocar el fondo.

&&& Con un cuchillo en mi bolso, posible arma homicida.

Una nota de aviso en mi bolsillo y mi poca estabilidad mental destrozada.

Pero logré salir de ahí.

No sé ni siquiera cómo es que no me he tirado en el suelo aún a llorar.

— Solo queda caminar.

No deseo someter mi mente a recordar la horrible sensación que sentí dentro de ese lugar.

Quiero fingir que nada pasó, que no me acabo de convertir en la portadora de el arma de un crimen solo por curiosa.

Que no estoy replanteándome esto de ser detective.

En mi imaginación era divertido hasta que me encontré con la desgarradora realidad frente a mis ojos.

<< Ni siquiera vi el cuerpo >> ¿Que se supone que haga con esto?

¿Esconder todo e investigar por mi cuenta?

No estaba en mis planes regresar a casa con un nuevo trauma psicológico y un arma.

¿Que le voy a decir a Melanie?

— ¡Melanie!

— reaccioné sobresaltada al recordar como antes de meterme en todo esto, mi teléfono repicó unas cuantas veces en mi bolsillo.

Busqué el móvil desesperadamente, encendiéndolo y quitando el modo silencio.

<< Cinco llamadas perdidas y tres mensajes >> Mell: 12:50pm ¿Por qué no contestas?

Mell: 1:05 pm ¿Dónde diablos estás?

Responde.

Mell: 1:25 pm Contesta el teléfono Alice, no es gracioso.

Aparécete de una vez, estoy esperándote en la librería.

Si no me mata el asesino, lo hará Melanie.

Di al botón de llamar, pegándome el teléfono al odio esperando que en uno de esos timbres ella contestara.

Probablemente estaba enojada, yo no solía desaparecer de esta manera solo porque si.

En mi defensa, ella parecía estar muy cómoda con alguien más riéndose, mientras yo la llamaba enojada en medio de un colapso nervioso.

Fueron exactamente tres timbres hasta que por fin respondió al cuarto.

— El usuario a quien está llamando no se encuentra disponible.

Llame más tarde, o mejor, nunca.

— No seas dramática.

— ¿Por qué carajos desapareces y luego reapareces como si nada?

¿Es esta tu nueva etapa de “Alice la detective importante” o algo por el estilo?

<< Puede ser…>> — ¿Dónde estás?

— ignore todo lo que estaba diciendo.

— ¿Ya almorzaste?

— Casi voy a entrar a mi clase de economía que no es lo mismo.

Claro que almorcé, y estoy en el edificio de mi clase sentada frente a la puerta, ya que alguien…

decidió dejarme esperando para pedir la comida, luego que se enfriara y al final tuve que venirme yo sola caminando y…

— Lo siento.

— me disculpe.

Yo nunca me disculpaba, eso la hizo quedarse callada.

Usualmente cuando este tipo de cosas pasaban, yo solo le decía: Cállate, no seas dramática.

Pero por primera vez acepte que me equivoqué y me disculpé por ello…

algo muy nuevo para ambas.

— ¿Te secuestro tu horrible profesor de historia y esta es tu forma de pedir auxilio?

Tú nunca te disculpas…

¿estás-bien?

— su tono de voz cambió drásticamente de ‘molestia absoluta’ a ‘Dime dónde estás para ir a buscarte’ — No, no me secuestraron, aunque no dudo que ese imbecil quiera secuestrarme como venganza por hecharle café encima.

La clase de hoy fue horrible, me humilló delante de todos y prácticamente se burló de mí en mi rostro.

— Eso suena horrible…

¿era lo que tratabas de decirme cuando me llamaste?

— ahora era ella quien se sentía mal por la situación.

— Lo siento, perdóname si no te puse atención…

estaba…

bueno te cuento luego, ya tengo que entrar a mi clase.

Si quieres puedes venir y espérame afuera para irnos juntas.

No me gusta que andes sola por ahí.

Estás loca, y hay un asesino suelto.

Cuando termine la clase te cuento y tú también puedes contarme acerca de la clase de historia.

— Está bien.

Pero creo que iré caminando a casa.

De todas formas estoy cerca — mentí abiertamente.

— También parece que va a llover, y hace frío, así que te espero allí.

Con eso último ambas colgamos.

Al menos me alegraba saber que hoy no moriría a manos de Melanie…

aunque por otro lado.

— Ningún bus va a pasar a esta hora.

— me quejé abiertamente mientras seguía caminando y hablando sola.

En bus era unos cinco o diez minutos.

A pie era una media hora andando hasta llegar a mi maldito apartamento.

Por lo menos ella no notaría cuánto tiempo tardo en llegar ya que su clase suele durar una hora.

El clima tampoco ayudaba.

Lo que esta mañana era un día soleado, se había convertido en nubes oscuras que estaban a punto de explotar.

<< ¿Que voy a hacer?

>> Los miles de pensamientos que había logrado silenciar unos segundos atrás mientras hablaba con Melanie, regresaron y esta vez de forma más intensa.

El asesino me debe estar observando, si sabe mi nombre y que justamente de tantas personas, sería yo quien iría a investigar sola, es porque me conoce.

Sabe quién soy, probablemente donde vivo y con quien.

Podría estarme siguiendo ahora mismo sin que yo lo sepa, y la supuesta “sensación rara” tal vez si era el observándome de lejos dentro de aquel edificio.

No creo que valla a atacarme ahora…

no lo hizo mientras estábamos los dos solos y a oscuras.

No creo que se le ocurra hacerlo ahora a plena luz del día, en medio de la calle.

O quizás solo lo dejó todo preparado para asustarme.

Eso me hace volver a mi pregunta inicial: ¿cómo sabía que sería yo quien iría?

También puedo deducir que trabaja de noche.

Ambos asesinatos fueron con dos estudiantes distintas, sin ningún tipo de relación aparente, en puntos distintos, en horas distintas.

No se descarta aún que pueda ser un estudiante o un profesor.

Pero…

el por qué, aún no está para nada claro.

Tampoco creo que se deba de esperar a que suceda otro asesinato para poder deducirlo.

No rastro, no hora específica, sin patrones, distintas formas de matar.

El asesino, o es un estúpido que ha tenido mucha suerte, o es un maldito psicópata con una retorcida mente maestra.

<< En mi opinión es la primera>> No dejo indicios, ni siquiera huellas; como si hubiera escapado volando.

Pero decidió dejar en la escena del crimen su arma homicida como si nada a una estudiante de criminología de primer año.

¿Que quiere lograr con esto?

Que lo encuentre…

o…

— Que sorpresa — escuché a alguien decir con fastidio parado en frente de mi; y yo perfectamente bien sabía quién era el dueño de esa irritante y egocéntrica voz.

— Profesor…

Hernes — Hice una pausa cuando pronuncié su nombre.

— Me parece genial que no tengas un café hoy en la mano.

Quizás tiene otra cosa.

La diferencia de altura era bastante notable comprando la suya con la mía, algo que aunque no quisiera admitirlo, me hacía sentir bastante intimidada.

Esos ojos, esos malditos ojos azules.

Parecían sacados del fondo del mar ártico.

Mientras más me miraban, más incómoda me ponían.

Eran fríos, inexpresivos, y curiosamente aterradores.

Su mirada se había vuelto parte de mi top: “cosas que me incomodan.” — A mi me parece genial que no esté usando un traje tan elegante justo ahora.

Sería una pena que yo con mi torpeza se lo ensuciara de barro.

Llevaba un conjunto deportivo, como si estuviera yendo al gimnasio, o quizás preparándose para correr.

Traía puesto una camisa negra de mangas largas ajustada con esa delgada tela que se pega al cuerpo como una segunda piel.

Sus hombros se veían más anchos de lo que ya estaban, y su espalda parecía ser del tamaño de un escaparate.

Usaba unos pantalones deportivos de un tono gris oscuro, que aunque el mismo deseara que le quedaran ‘anchos’ por así decirlo, parecían estar ajustados de la parte de arriba.

Llevaba unos tenis simples, también negros como su camisa, y en una de sus manos agarraba un bolso de gimnasio, del cual sobresalía una botella de agua.

Era raro verlo así.

No se veía como el usual “perfecto Dr.

Hernes”, con cien títulos y maestrías.

En donde incluía en su currículum haber ido a la luna en una nave que el mismo construyó.

De hecho…

me resultaba más intimidante así.

Quizás el traje cubría con capas y capas todo esto que estaban viendo mis ojos ahora mismo.

En donde solo podía pensar “esas manos son capaces de arrancarme la cabeza de un solo tirón” — Es de bastante mal gusto tener que toparme aquí contigo.

— dije sin pelos en la lengua.

Observándolo directo a esos malditos y gigantescos ojos a pesar de que me doblaba el tamaño.

— Ja…

— el se bufó haciendo que una pequeña sonrisa de formara en la esquina de su labio.

Pero sus sonrisas eran aún más aterradoras que sus ojos.

Eran falsas, sadiscas, como hacer reír al mismísimo diablo.

— ¿Por qué me odias tanto, Alice?

Yo no fui quien le echo encima el café a alguien que tenía que asistir con urgencia a una conferencia, para luego asumir el nuevo papel de profesor en un salón de clases.

— Yo odio a todos por igual.

Pero a ti más, y si tu objetivo es hacerme la vida imposible estas tres semanas como mi profesor, adelante, hazlo.

No me importa.

Ódiame tú también.

— me mantuve firme sin siquiera parpadear.

El elevó una ceja, solo ampliando mas esa maldita sonrisa.

— ¿Con que eso es lo que quieres eh?

Jugar…

— lamió la parte inferior de su labio sin quitarme los ojos de encima.

Algo en el estaba raro, su comportamiento lo era.

No estaba siendo el idiota frío de siempre.

— Me gustan los juegos, pero no perder.

Así que te aviso por adelantado.

Mi objetivo no es que me odies a mí o a la clase.

Era que pidieras perdón por haberte equivocado, con algo tan simple ya te habrías ganado mi confianza.

— Vete al carajo tú y tus disculpas, porque yo no me metí en medio de nadie y la hice derramar su café.

Ponme una maldita ‘F’ mayúscula si quieres en el grado, no me importa.

— Quizás a tu beca si le importe.

— Me estarías haciendo un favor al evitar tener que volver a tomar esa maldita clase.

— Te gusta ser ruda a pesar de medir unos…

5 pies, frente a un hombre que mide más de 1.80.

— Quítate del medio, abuelito.

Otra vez estás metido en mi camino.

— ya fastidiada, trate de salirme de esta situación tan pesada.

Quise esquivarlo saliéndome del camino, pero al parecer el no tenía nada mejor que hacer.

— ¿Qué tal otro café?

— dijo interponiéndose de nuevo en el medio — Negro y sin azúcar.

Bastante simple.

— Yo no hablo el idioma soborno.

— Me refería a unas disculpas.

— su expresión seguía igual, nada había cambiado.

El no aprecia apático en lo absoluto, es más, casi puedo decir que parece que sí tiene emociones.

— No veo muy ético que una alumna le entregue un café a su profesor delante de todos los demás estudiantes.

Eso, suena a soborno y yo no soy ninguna estúpida lame botas.

— Sonreí hipócritamente, ya me estaba hartando de más.

Solo tenía dos opciones.

1- Gritarle en su maldita cara y salir corriendo de ahí.

2- Sacar el cuchillo del bolso y convertirme en la nueva asesina.

Pero para mi desgracia ninguna de las dos pasó.

— Que tal si solo me compras el café ahora.

Acabo de salir del gimnasio y estoy cansado.

— …

Si el gimnasio está para allá — señalé a la dirección en la que antes iba caminando — ¿Por qué vienes hacia aquí arriba?

— ahora fui yo quien levantó la ceja.

— El estacionamiento de profesores queda a la vuelta de la esquina.

Tengo que caminar por todo el campus si no quiero que me multen.

Sigo siendo un estudiante después de todo.

— Me importa tres hectáreas de: Vete a la mierda, Maxton.

Págate tu el café o lo que sea.

Te odio, de hecho eres el número uno en mi lista de personas que más odio, lo cual es irónico porque antes de conocerte no tenía un número uno, pero tú en tan poco tiempo lograste pasar mis propias expectativas sobre cuánto puedo llegar a odiar a alguien.

Esta vez si se quedó callado, de por sí parecía pensativo, como analizando cada palabra que dije.

Por fin esa maldita sonrisa se despareció y volvió a la fría e inexpresiva cara de siempre — ¿Maxton?

¿Ahora nos tuteamos?

— Eso parecía hace dos segundos atrás cuando querías que te comprara un café.

Dime algo…

¿eres algún tipo de pedófilo o algo así?

Porque quiero decirte que estoy bastante mayorcita para estas cosas.

Con cada palabra que decía me daba cuenta de cuantos errores había cometido, los cuales ya eran irreparables; mi boca no era y ni sería capaz de callarse a este punto.

— A pesar de todo, me gusta tu audacia al no quedarte callada y soltar lo que piensas así como así, aún sabiendo que puede tener consecuencias muy serias.

Aunque…

me gustó el ‘Maxton’ eres la primera persona que me llama por mi nombre.

— ¿Eres de la realeza?

Perdón su majestad— voltee los ojos con frustración mientras fingía hacer una reverencia — Solo olvidemos todo esto y sigámonos odiando mutuamente en silencio.

Solté una gran bocanada de aire, no estaba entre mis planes discutir con “El Abuelito” pero ya que más me da.

Volví a rodearlo lo más rápido que pude, acelerando el paso tratando de que no volviera a meterse en el medio.

Pero si hay algo que debo saber, es que a parte de que Maxton, nunca pierde, siempre tiene la última palabra.

— Yo nunca te he odiado, Alice.

Es más, me caes muy bien.

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