Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Apocalipsis: Rey de los Zombies - Capítulo 447

  1. Inicio
  2. Apocalipsis: Rey de los Zombies
  3. Capítulo 447 - Capítulo 447: ¡Aún hay esperanza
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 447: ¡Aún hay esperanza

—¡Glup, glup, glup, glup, glup!

Dentro de un almacén en el corazón de San Diego, Sean se bebía de un trago una botella de zumo como un hombre que se muere de sed.

—Ah… Joder, qué dulce está —dijo relamiéndose, con aspecto totalmente satisfecho. El zumo tenía una fecha de caducidad de dos años y medio; aún estaba bueno.

A su lado, Chris entrecerró los ojos para leer la lista de ingredientes.

—Con una fecha de caducidad tan larga, apostaría a que el 90 % de esto son solo productos químicos.

—Entonces me sacrificaré por ti —dijo Sean, arrebatándole la botella de la mano a Chris.

Detrás de ellos, Brandon, Griffin y Chloe transportaban cajas de suministros, ocupados con el trabajo pesado.

—¡Eh, Sean! Mueve el culo y ven a ayudar. Deja de holgazanear.

—¡Vale, vale, ya voy! —respondió Sean alegremente. Dio un par de pasos hacia delante y, de repente, se detuvo, apretando los muslos y retorciéndose.

Chloe enarcó una ceja. —¿Y ahora qué?

—Tengo que mear.

—… —Chloe se lo quedó mirando, sin palabras. Por supuesto. A este tío siempre le pasaba algo… Si no era cagar, era mear…

—No toquéis mi zumo mientras no estoy —advirtió Sean, dejando dos botellas encima de una caja antes de salir del almacén.

Salió a las calles en ruinas de la ciudad postapocalíptica. Los edificios estaban medio derrumbados, unas grietas reptaban por el pavimento como telarañas y el musgo lo había invadido todo.

Los cuartos de baño eran cosa del pasado. En el apocalipsis, uno hacía sus necesidades donde pillaba.

Sean pensó que el medio de la calle era un lugar tan bueno como cualquier otro.

—¿Eh? ¿Qué demonios es esto?

Bajó la vista y se dio cuenta de que una telaraña de rastros de sangre surcaba la carretera: eran densos, intrincados, y formaban extraños patrones que se extendían en la distancia.

Lleno de curiosidad, Sean dio unos pasos para ver adónde conducían, pero el final no se veía por ninguna parte.

—No, no aguanto más… Me voy a mear encima si espero más.

El zumo le había hecho mucho efecto. Desesperado, se detuvo justo en medio de la calle marcada con sangre, se bajó la cremallera y se alivió.

—Déjame añadir unas cuantas líneas a tu obra maestra.

Pssssss…

Sean soltó un chorro con toda su potencia, balanceándose de un lado a otro como si estuviera limpiando el pavimento con agua a presión.

Mientras la presión de su vejiga se aliviaba, dejó escapar un suspiro de satisfacción. Cuando por fin terminó, se la sacudió un poco y un escalofrío de alivio lo recorrió.

—Uf… Qué a gusto me he quedado.

Se subió la cremallera, pero los patrones de sangre bajo sus pies habían cambiado. La orina había enturbiado las líneas, rompiendo algunas conexiones y emborronando los símbolos, que antes eran nítidos. Ahora todo parecía diferente.

Sean, sin tener ni idea de lo que acababa de hacer, regresó tranquilamente hacia el almacén, pensando ya en abrirse otro par de botellas de zumo.

Pero entonces…

El suelo tembló.

Un coro de pisadas caóticas resonó por las calles. A lo lejos, se oyeron los rugidos guturales de los zombis y los gruñidos de perros rabiosos. Una horda masiva regresaba a la ciudad en estampida, y parecían tener prisa.

—¿Han vuelto? —murmuró Sean, reconociendo a los Zombis Rabiosos de la colmena de San Diego.

Al frente de la carga no iba otro que el mismísimo Rey Zombi: Azotenocturno, el soberano indiscutible de San Diego.

Solo que… ahora mismo no parecía un soberano. Parecía presa del pánico.

Acababa de usar lo último de su energía psíquica para crear una ilusión y engañar a Ethan. Ahora estaba en las últimas.

—¡Moveos! ¡Moveos, maldita sea!

Azotenocturno avanzó como una exhalación por la calle con su horda, corriendo hacia el corazón de la colmena. De él emanaba una sensación de urgencia.

Si hubiera estado en plenas facultades, habría sentido la presencia de Sean justo ahí. Pero, agotado y desesperado, pasó de largo a toda velocidad sin ni siquiera fijarse en él.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —murmuró Sean, mientras su mirada de «genio» barría la escena. No entendía ni jota.

Pero, al cabo de un segundo, se limitó a negar con la cabeza y a encogerse de hombros.

—Bah, da igual. Ya lo averiguaré luego. Primero el zumo.

…

Mientras tanto, Azotenocturno había hecho un último truco, una ilusión para despistar a Ethan, y ahora él y su gente se retiraban de vuelta a la ciudad.

El poder de Ethan era innegable. Azotenocturno sabía que no podría vencerlo en un combate directo. Pero, como rey de ese territorio, no iba a dejarse matar sin más.

Su última carta era la Matriz Ritual oculta en el núcleo de la ciudad.

La había dibujado él mismo, línea por línea, basándose en extrañas señales de radio procedentes del espacio profundo. ¿El único inconveniente? Que necesitaba dos Cristales Radiantes para activarse. Y ahora, por fin, tenía ambos.

La señal que lo guiaba, que solo los zombis podían entender, llamaba a la Matriz Ritual la Puerta Celestial.

Una vez activada, prometía un poder inimaginable.

Azotenocturno no sabía con exactitud cómo de fuerte lo haría, pero, a juzgar por el mensaje, era suficiente para dominar el planeta entero.

No estaba del todo convencido, pero si una señal podía llegar a la Tierra desde tan lejos, tenía que provenir de una civilización superior. No era un simple ruido al azar.

¿En el peor de los casos? Al menos sería lo bastante fuerte para luchar de tú a tú con el Rey Zombi de Los Ángeles.

—Cuando active la Matriz Ritual, todo cambiará —murmuró Azotenocturno.

—¡Jefe, vete! ¡Los contendremos con nuestras vidas! —gritó Daisy, otra de los Reyes Zombis, con voz fiera y decidida.

Azotenocturno asintió secamente. —¡Bien! —dijo. Aumentó la velocidad, corriendo hacia el corazón de la colmena.

Daisy frenó en seco y se giró para encarar la calle de la que acababan de venir. Su escuadrón de élite, maltrecho y ensangrentado, la siguió.

Detrás de ellos, resonaban los rugidos de la batalla: la horda de zombis de Los Ángeles los había alcanzado.

Se movían como depredadores, rápidos y brutales, abalanzándose sobre los defensores de San Diego y despedazándolos con mordiscos salvajes.

En lo alto, el Sabueso Infernal surcaba el cielo, con el cuerpo cubierto de cuchilladas. Estaba herido, pero seguía en el aire, y seguía siendo peligroso. Su nariz se crispó en pleno vuelo.

«¿Eh? Este olor… ¿por qué me resulta familiar?».

—¡Sabueso Infernal! ¡Espabila! —gritó Daisy—. Están justo detrás de nosotros, ¡tenemos que darle más tiempo al Jefe!

—¡Sí! ¡Entendido! —El Sabueso Infernal giró la cabeza justo a tiempo para ver una enorme bandada de cuervos alzándose en el horizonte, oscura como una nube de tormenta, que se dirigía hacia la ciudad.

Bajo los pájaros, toda la fuerza de la horda de zombis de Los Ángeles avanzaba como un maremoto, aullando y gruñendo mientras inundaban San Diego.

El suelo tembló con su llegada. El aire estaba cargado de muerte.

El rostro de Daisy se endureció. —¡Mantened la posición!

Los zombis que quedaban de San Diego dejaron de retirarse. Se dieron la vuelta, se atrincheraron y se prepararon para una última resistencia.

Las dos hordas de zombis volvieron a chocar en una brutal melé.

Pero el resultado estaba claro desde el principio: las fuerzas de San Diego estaban destrozadas, apenas se mantenían en pie. Contra la abrumadora superioridad numérica de Los Ángeles, estaban siendo aniquilados.

Los ojos de Daisy se dirigieron al centro de la colmena. Allí, un tenue resplandor se estaba alzando: suave, brillante y extraño. Un pulso de energía onduló por el aire.

«La Matriz Ritual… ¿se está activando?».

—¡Todavía hay esperanza! —susurró, apretando los dientes. Puso todo lo que le quedaba en un último esfuerzo. Con un movimiento de su mano, las flores rosas que crecían dentro de la colmena florecieron de repente, extendiéndose como la pólvora.

Treparon por los edificios, se derramaron por las calles, floreciendo por todas partes.

Más adelante, el Sabueso Infernal luchaba como un demonio. Sus huesos mutados desviaban los golpes del Rey Zombi enemigo y, cuando las cosas se ponían demasiado feas, desplegaba sus alas esqueléticas y se lanzaba al cielo.

Ambos Reyes Zombis lo estaban dando todo, ganando tiempo para que la Matriz Ritual se activara.

Mientras tanto… en una azotea cercana.

Habían aparecido unas cuantas figuras humanas: Sean, Chris y el resto de su grupo. Mia y Roberto acababan de unirse a ellos tras reagruparse.

Habían oído el caos y habían dejado de buscar provisiones para ver qué pasaba.

—Tío… ¿cómo coño ha acabado la pelea aquí?

—Ni idea, tío…

—Genial. Ahora me he retrasado con mi misión del zumo.

—…

Sean se cruzó de brazos, enfurruñado, con la mirada recorriendo el cielo, hasta que vio una figura familiar surcando el aire.

—Espera un segundo… ¿ese no es el chucho volador que intentó morderme?

…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo