Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Apocalipsis: Rey de los Zombies - Capítulo 459

  1. Inicio
  2. Apocalipsis: Rey de los Zombies
  3. Capítulo 459 - Capítulo 459: ¡¿Otro pervertido?
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 459: ¡¿Otro pervertido?

—¿¡¿Qué?!? —Los ojos de Sophia se abrieron como platos, conmocionada—. ¿Aguantarse? ¿Cómo demonios se suponía que iba a aguantarse?

Ya habían llegado hasta aquí; no había vuelta atrás. En el fondo, ya se había mentalizado para lo que estaba por venir.

Pero lo que no se esperaba… era la multitud reunida en la puerta. Mirando. Grabando.

¿De verdad pensaba hacerlo delante de todo el mundo?

Era algo demencial.

Y cuando Slade se acercó, su abrumadora presencia masculina la golpeó como una ola. Incluso podía olerle el sudor…

—Esto es Ciudad Mano Negra, muñeca, el hogar de la Legión de la Mano Negra. Toda resistencia es inútil. No te me vas a escapar.

—Animal… —escupió Sophia, pero su voz carecía de fuerza. Sonó más como una rendición. Su corazón se hundió en la desesperación.

—¡Slade, déjate ya de tus mierdas enfermizas!

Justo cuando estaba a punto de rendirse, una voz femenina, clara y autoritaria, resonó desde la entrada, cortando la tensión como una cuchilla.

—¿Eh?

Sophia parpadeó, sorprendida. En Ciudad Mano Negra, ¿quién demonios tenía las agallas de hablarle así a Slade? Una chispa de esperanza prendió en su pecho.

Se giró hacia la voz y vio algo aún más inesperado.

¿Y los ruidosos matones de la Legión de la Mano Negra que se agolpaban en la entrada hacía un momento? Se habían quedado en absoluto silencio. Como niños pillados con las manos en la masa. Cabizbajos. Retrocediendo para abrir paso.

Y entonces la vio.

Una mujer alta avanzó entre la multitud. Pelo largo y ondulado. Labios carmesí. Ojos afilados y fríos como el acero.

Vanessa.

La única líder femenina de la Legión de la Mano Negra… y una de las más poderosas.

En Ciudad Mano Negra había cinco líderes principales. Ethan había matado a uno no hacía mucho, así que quedaban cuatro. Y aunque en teoría todos tenían el mismo rango, Vanessa se había ganado una reputación. Era la que estaba ascendiendo por encima del resto.

Porque por encima de los cinco líderes, había alguien más. Una figura en la sombra. El verdadero jefe de la Legión de la Mano Negra. Nadie lo había visto jamás, solo existían susurros y rumores.

Excepto Vanessa.

Era la única que lo conocía. La única que hablaba en su nombre.

Lo que significaba que, cuando ella hablaba, todos escuchaban.

Incluso Slade.

Él se giró, frunciendo el ceño, y a regañadientes soltó a Sophia.

—Vanessa, ¿qué demonios? ¿De verdad vas a cortar el rollo de esta manera?

—¿A esto lo llamas «tener rollo»? —replicó Vanessa con brusquedad—. La Horda de Zombis de Los Ángeles se dirige directa a Texas. Y es culpa tuya, porque heriste a su Rey Zombi. Esto no es solo un problema, es una puta catástrofe. ¿Y tú estás aquí haciendo el gilipollas?

—Oh, vamos —dijo Slade, agitando una mano con desdén—. Ese Rey Zombi no es idiota. No va a lanzar una invasión a gran escala solo porque le arranqué el brazo a uno de sus lacayos. Tiene algo que ganar con esto. La venganza es solo una excusa.

Vanessa no discutió. Tenía razón. Si solo se tratara de una revancha, el Rey Zombi habría ido directamente a por la cabeza de Slade. No habría necesitado movilizar a toda una horda.

—Puede. Pero tampoco te va a dejar ir de rositas. Así que espabila y ponte a pensar en cómo vamos a lidiar con esto.

—Vale, como quieras —se encogió de hombros Slade, visiblemente molesto. La interrupción le había jodido el momento. Se dio la vuelta y salió de la habitación echando pestes.

Los tipos de la puerta, que prácticamente habían estado babeando de anticipación, se quedaron chafados. El espectáculo que esperaban no iba a producirse. Se quedaron por allí, decepcionados.

—¿Qué coño hacéis todavía ahí parados, idiotas? ¡Largaos! —les espetó Vanessa.

—¡S-sí, señora! —balbucearon unos cuantos, apresurándose a desaparecer.

La habitación por fin volvió a quedar en silencio.

Sophia se quedó allí, de pie. El suelo que acababa de limpiar estaba ahora cubierto de pisadas de barro, un reflejo del caos que sentía en su corazón, pisoteado y desordenado. Sintió una punzada de frustración e impotencia.

Pero al menos estaba a salvo. Slade se había ido.

Miró a Vanessa con los ojos llenos de admiración. ¿Una mujer que podía hacerse respetar en un lugar como Ciudad Mano Negra? Eso requería un poder considerable.

—Gracias… —dijo en voz baja, genuinamente agradecida. Si Slade se hubiera salido con la suya, no quería ni imaginarse lo que habría ocurrido.

Acababa de ser salvada por un milagro.

Pero entonces…, Vanessa se acercó.

Lentamente.

Y con un dedo, le levantó la barbilla a Sophia.

Sus ojos ardían con el mismo brillo depredador que los de Slade momentos antes.

—Me gustan las mujeres como tú —dijo con una voz grave y peligrosa.

La mente de Sophia se quedó en blanco. Sus ojos se abrieron como platos. La revelación la golpeó como una bofetada.

Tenía que ser una broma.

¿¡Otra pervertida!?

…

En ese momento, tanto la Legión de la Mano Negra como Genesis Biotech —dos de las facciones más poderosas que quedaban— se preparaban en silencio para el inminente ataque de los zombis.

En los últimos días, los cielos de Texas se habían iluminado con estelas de luz, como estrellas fugaces rasgando el horizonte. Una aeronave tras otra surcaba el aire, convergiendo todas en aquel lugar. La actividad se estaba intensificando a gran velocidad…

Y en San Antonio, donde Ethan tenía su base, la primera oleada de los así llamados «afortunados» había llegado por fin.

Un grupo de Despertadores se abrió paso hacia la ciudad y sus figuras se fueron haciendo más nítidas a medida que se acercaban.

El viento otoñal aullaba por las calles vacías, arrastrando las quebradizas hojas amarillas y haciéndolas revolotear sobre el pavimento agrietado. El hedor a cadáveres en descomposición se aferraba al aire, y moscas del tamaño de un pulgar zumbaban en círculos perezosos sobre los restos putrefactos.

—Joder, este sitio es una ciudad fantasma… —masculló un joven, echando un vistazo alrededor.

El tipo que dirigía el grupo esbozó una pequeña sonrisa de suficiencia, disfrutando claramente del momento para presumir un poco.

—El otoño siempre da la sensación de que el mundo contiene la respiración, ¿no creéis?

—Joder, qué profundo. Deberías escribir un libro o algo —dijo el más joven, visiblemente impresionado.

Una chica al fondo del grupo escudriñó la zona con curiosidad. —¿Clint, estás seguro de que no quedan zombis en la ciudad?

—Sí, como sois nuevos en Texas, seguramente no os habréis enterado —replicó Clint, girándose para dirigirse al grupo—. San Antonio lleva un tiempo limpio. Una ciudad fantasma en toda regla. Si tenemos suerte, quizá hasta encontremos algunos suministros. La última vez que pasé por aquí, conseguí dos cajas enteras de chocolate.

—¡Oh, no me digas! ¡Qué genial! —Los ojos de la chica se iluminaron de emoción.

Los Despertadores de Genesis Biotech no es que se murieran de hambre; tenían acceso a raciones básicas como verduras y fruta, y los de mayor rendimiento incluso conseguían algún trozo de pollo de vez en cuando.

¿Pero chocolate? Eso estaba prácticamente extinguido. Un tesoro muy poco común.

Era evidente que este grupo acababa de llegar de otra de las sedes de Genesis Biotech, traídos para ayudar a construir la «línea de defensa definitiva» aquí en Texas.

Y Clint, ejerciendo de guía, hacía de amable anfitrión, llevándolos a una pequeña excursión de saqueo, como si fuera un viaje de compras postapocalíptico.

—Vamos —dijo Clint, haciéndoles un gesto para que avanzaran.

Las zonas residenciales exteriores ya habían sido saqueadas por completo, así que se adentraron más en la ciudad.

Las calles estaban inquietantemente silenciosas; el silencio solo se rompía por el crujido de los escombros bajo sus pies.

Unos cuantos cadáveres de ratas enormes yacían retorcidos y destrozados junto a la carretera, con los cuerpos desangrados y desechados como si fueran basura.

—Algo no encaja…

La chica de antes frunció el ceño, su instinto se había activado.

—Clint, creía que habías dicho que no quedaban zombis. ¿Qué demonios ha matado a esas ratas?

—Ni idea —dijo Clint, rascándose la cabeza—. ¿Quizá algunos rezagados han vuelto a entrar? Pero no os preocupéis, aunque haya algunos, solo son escoria. No suponen una amenaza real. No hay ni un solo Rey Zombi a la vista.

—Mmm. Supongo que tiene sentido.

Los demás asintieron, tranquilizados. A juzgar por la forma en que habían muerto las ratas, parecía obra de zombis de bajo nivel. Un verdadero Rey Zombi no perdería el tiempo con alimañas.

Pero a solo unas calles de distancia, agazapado en el asfalto agrietado, Orejas Grandes pegó la cabeza al suelo.

El enorme pendiente, hecho con un diente de gran tamaño de Triturador, se balanceó ligeramente mientras escuchaba con atención, filtrando hasta el más mínimo sonido con su oído mejorado.

Crujidos. Pasos arrastrados. Respiraciones.

De repente, abrió los ojos de golpe, que brillaron con una luz peligrosa.

—Tenemos compañía.

…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo