Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 2
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2: Capítulo I 2: Capítulo I (Esta novela pertenece al Ciclo Narrativo del Material Extraordinario).
I Victor corría, adentrándose en el bosque.
Su pelo se levantaba un una estela de sudor acompañado, como no podía ser de otro modo, de su corazón latiendo a mil por segundo.
“Está cerca…” Susurró, ocultándose detrás de un árbol, levantando su espada.
Miró con atención su alrededor, observando la corteza, las hojas y la configuración del entorno dándole ideas de la movilidad.
Vio al Covragón en lo alto, con su aura señorial que parecía observar con atención su alrededor, buscando objetivos.
Recordó lo que había visto de Helena, y tomó su rifle.
Cargó la munición y soltó el aire de sus pulmones con suavidad, dejando a la vista su presa.
“Ojalá tuviera munición de aleación como a de los Cazadores de Cazadores.
Las armas de los Guardianes son mucho mas versátiles.” Susurró, observando la munición incendiaria.
La energía Den se imbuyó en su arma, y el sonido del disparo cortó el aire.
Impactó de lleno al Covragón, y las llamas comenzaron a expandirse envolviéndolo en un huracán ventoso y ardiente.
El fuego salpicaba sobre el animal alimentándose de él, pero no era suficiente.
Apuntó hacia la cabeza, y le siguió con otro disparo.
Un mal cálculo hizo que el proyectil se desviara, e impactó el cuerpo.
Se alzó el fuego, pero la bestia expandió sus alas, soltando una ráfaga de aire.
El fuego se apagó, pero tenía melladuras en la cubierta.
El acero requería más para destruirse, pero eso sería suficiente para matar a un Azilf.
Aun así, el combate no había acabado.
La bestia se lanzó, atravesando la espesa maleza, mientras Victor avanzaba intentando mantenerse oculto, o fuera del rango de visión.
Se ocultó, y levantó su rifle otra vez.
No era el momento aún para usar su espada.
Cambió la munición, esta vez usaría perforante.
Vio a la bestia examinar el área, y luego dejó caer la noche artificial.
Todavía podía ver al Alaluz frente a él.
Podía escuchar el sonido de su graznido.
Sus manos temblaron un momento, y luego disparó sin dudar.
El proyectil falló, y la bala atravesó el tronco del árbol.
“Mierda.” Susurró, desviando el cañón.
Miró con atención, apuntó y volvió a disparar.
La bala viajó, barriendo todo a su paso.
El aire silvó con el proyectil a una velocidad supersónica.
Este atravesó al covragón en una de sus alas.
Victor chistó la lengua.
Se levantó cuando lo vio caer, y guardando su rifle mientras corría desenfundó su espada.
Se acercó, mientras se desestabilizaba.
De frente, lo impactó con el filo.
La espada golpeó el acero y rebotó.
Los brazos de Victor retrocedieron, sorprendido.
El Covragón lo golpeó, echándolo hacia atrás.
Cayó al suelo, y antes que le cayera encima, levantó su espada, apoyando el pomo en el suelo, y la alzó.
La bestia se detuvo antes de ser empalada por su propia fuerza.
Victor, allí, sacó una pistola y le apuntó a la cabeza.
Sentía como jadeaba.
El golpe lo tenía algo aturdido.
Sus músculos estaban tensos.
El combate se detuvo, y Richard le habló.
“Estuvo bastante bien, vas mejorando.” Victor se levantó, sintiéndose agotado.
“No siento que mejorara en nada.
Se supone que…” Richard lo detuvo antes que continuara.
“Las suposiciones no van al caso, Victor.
Has mejorado, ese es el punto.
Todavía tienes margen para seguir puliendo y afinando tus habilidades, pero tus estrategias son mejores.
De eso al menos, no hay ninguna duda.” “¿Cuándo será suficiente?” Preguntó, con tono firme.
Richard mostró rostro de preocupación.
“¿Quieres ver un enfrentamiento de algún Taroth?
Así analizarás la diferencia entre ustedes, y porque no es algo que se pueda lograr de un día para otro.” Victor lo miró con sorpresa.
“Sí, me gustaría.” Contestó.
“Alaluz…
es peligroso.
Necesito ver más como lo hace un profesional.” “La élite.” Reprochó Richard.
Ambos se conectaron por una terminal a una grabación.
“Recuerda las cosas que te dije los primeros días que llegaron aquí.” “Nunca las olvido, profesor.” Contestó Victor.
Frente a ellos se desplegó un escenario virtual tridimensional.
“¿Qué vamos a ver profesor?” “Algo más técnico, ya que Romina no está para verlo.” Su voz sonó preocupada.
Él miró con atención, buscando unos momentos, cuando escogió el archivo.
“¿No veremos algo de Helena?” “No.
Helena es especial.
Ella tiene una habilidad única para usar cualquier arma como si hubiera entrenado toda la vida con ella, aunque sea la primera vez que la toque.
Ella no es un buen ejemplo en este momento.” Su voz sonaba rígida.
“Ella es impresionante.” La voz de Victor mostraba algo de entusiasmo.
“Por eso la llaman la mejor cazadora del mundo.” “Supongo que sí, es una mujer increíble aunque sus capacidades físicas son superadas por otros cazadores.” “¿Sí?
¿Eso piensa profesor?
¿Quién me mostrará?” Preguntó, curioseando.
“Veremos a la Taroth La Rosa.” Entonó, con las manos frías y un poco jugueteando con el tablero.
“¿Deirdre?” “Deirdre, en efecto.” II Una mujer de ojos verdes se posaba en la escena frente a una bestia, un Docruma.
Una enorme bestia cuadrúpeda de músculos pronunciados, un hocico con grandes colmillos.
Su pelaje rojizo caía de su rostro como una especie de barba, y su cola alargada con una punta de hueso ondeaba, aparentemente rozando la coraza de su lomo.
Sus brazos poseían cabello, que parecía soltarse poco a poco.
“Es…
enorme.” Habló Victor, mirándolo.
Se sintió congelado unos momentos debido a su forma, cuya naturaleza le hacía sentir algo más que solo respeto.
Por dentro, la voz susurrada de Victor emanaba miedo.
“Y extremadamente peligroso.” Continuó Richard.
La bestia se abalanzó sobre Deirdre.
Ella lo evadió, lanzándose hacia un costado.
Allí, sin voltear, lanzó una bomba de luz al suelo, y le siguió una explosión cegadora.
El Docruma volteó, buscándola.
No había recuperado su vista aún, y ella disparó un proyectil eléctrico.
La descarga lo hizo saltar, pero no detenerse.
Sus brazos enormes golpearon un árbol, partiéndolo.
El rostro de Deirdre se mostraba nervioso ante ese golpe.
“Ella…
se intimidó.” Susurró Victor.
Richard lo observaba con atención.
Deirdre disparó una bomba hacia el rostro de la bestia, y explotó, lanzando un veneno paralizante.
Después, lanzó una red de tensión para contenerlo, seguido de una red eléctrica.
La bestia saltó, evandiendo la primera red, y la siguiente sujetó su cola.
La criatura comenzó a soltar pelo.
Deirdre retrocedió, y lanzó otra bomba de luz para cegarlo, mientras AICA activaba su visión de realidad aumentada escaneando la zona.
Tras ello, vio la criatura seguir golpeando, pero parecía que poco a poco recuperaba la vista.
Ella veía como se movía con agresividad, dejó una granada de humo para camuflarse.
Ninguno vería, pero la realidad aumentada de AICA ayudaba a Deirdre a localizarse mejor.
“Ella lo está manteniendo a la raya.” “Tiene experiencia y sabe usar sus herramientas de forma inteligente, Victor.
La estrategia es más importante que la fuerza bruta y la habilidad.” Usando su cuchilla se acercó, intentando golpearlo.
Su piel era gruesa, y dura.
Ella entendió entonces que no podría herirlo con algo así.
Al menos, el veneno poco a poco hacía efecto, deteniéndolo.
“El sedante está haciendo efecto.” “Así es, Victor.” La bestia alzó el brazo, y la golpeó, lanzándola contra un árbol.
Sintió el impacto, y si no fuera por el traje y el veneno, la hubiera partido a la mitad.
Cayó al piso, e intentó ponerse de pie.
AICA envió golpes eléctricos para mantenerla consciente, y Deirdre aferrándose a su fuerza de voluntad, posó el peso de su cuerpo sobre su pierna, impulsándose hacia arriba.
Cada vez había más pelo flotando en el ambiente.
Levantó su pistola, y vio entre el humo el brazo otra vez de la bestia.
El Docruma hizo un movimiento rotando su cuerpo cerca de ella.
Deirdre intentó balancearse hacia un lado, pero su pie resbaló y ella cayó al suelo.
La pata del simio pasó sobre ella, golpeando el tronco y casi partiéndolo.
Rodó por el suelo, y apoyándose se puso de pie.
La bestia rugió frente a ella.
Disparó otra vez con veneno.
Luego, lanzó la última red que le quedaba para intentar inmovilizarlo.
Uno de los brazos se enredó junto a su cuerpo.
Por un momento, casi suspiró cuando notó la cola del Docruma chocar contra su espalda.
Ella entonces se lanzó detrás de un árbol, cubriéndose la cabeza.
“¡AICA!
¡Explosión!” AICA reforzó el traje y protegió la cabeza de Deirdre en apenas unos instantes.
Segundos después le siguió una explosión.
El pelo expandió la llamarada de fuego.
Los oídos de Deirdre resonaban con un pitido debido al fuerte sonido.
Apoyó su mano sobre un árbol, sintiendo el aturdimiento y dolor, tanto por el golpe como por la explosión.
Apoyando su hombro vio el siguiente movimiento del animal, que inhalaba aire inflando su pecho.
Lo supo, y se puso detrás de un tronco.
Tras de sí una extensa llamarada se expandió del hocico de la bestia, incendiando todo a su paso en una ola de fuego y calor intensa, que parecía haber traído el infierno mismo a la tierra.
Deirdre se mantuvo, sintiendo el calor que casi la desvanecía, y el sudor en su frente.
Victor parecía mantener un largo silencio, y Richard lo observaba con atención.
Deirdre se veía extenuada.
Se alcanzó a escuchar su voz en la grabación.
“Estoy hiperventilada.
No puedo seguir ocupando estos artefactos por demasiado tiempo.
Ocupé demasiada Den de golpe.” Su voz sonaba nerviosa, e inquieta.
Parecía que no sabía que debía hacer.
La llamarada se detuvo poco a poco hasta apagarse.
Deirdre volteó a ver cuando notó que el fuego se había ido, y lo vio.
El Docruma por fin había caído frente a los sedantes.
Ella caminó, recuperando su aliento y sonriendo.
“Hasta que caíste maldito.
Estaba teniendo miedo ya de que fueras inmune a los sedantes.” El rostro de Deirdre comenzó a llenarse de lágrimas.
Victor se mostró sorprendido y Richard iba a terminar la recreación.
“Se acabó.” “¿Cómo?
¿Por qué llora?” “Ah me fracturó el brazo.” Habló tocándose el cuerpo, con un gesto apenas desvanecido por el combate.
“El dolor debe ser horrible.” Richard intentó apagar la simulación antes que terminara.
“¡Espera!
Ahora tengo excusa para no traba…” Se escuchó a medio feliz y se cortó mostrando la sonrisa de Deirdre.
Victor se quedó un momento procesando como ella pasó de llorar a reír en menos de un segundo.
“Suficiente, no tienes que aprender los malos hábitos de otros cazadores, solo sus tácticas.” Victor observó a Richard con sorpresa.
“Ella es increíble.
No se doblegó ante el dolor.” “Fue estratégica.
Usó las herramientas que tenía.
Los Docruma pueden obliterar a escuadrones completos de cazadores, ellos solos.
El hecho que una sola persona pueda doblegarlo es una proeza casi legendaria.” Victor miró con curiosidad.
“Profesor ¿Cuál ha sido su mayor proeza?” Richard lo pensó unos momentos, su mirada pensativa volvió rápido hacia Victor.
“La verdad no lo he pensado ya que esas cosas no me importan.
Por otra parte, casi siempre trabajo en equipos, así que tampoco creo tener algún logo que sea para eso.” Lo pensó unos momentos, y miró a Victor sonriéndole.
“De cualquier modo, no espero alimentar mi ego con reconocimiento o victorias difíciles.
Eso no es lo mío.” III Richard revisaba sus apuntes mientras Victor permanecía ejercitándose.
Parecía hacer un entrenamiento muy intenso.
“Victor, deberías tomártelo con más calma.” Victor se detuvo, aún tenía en la mente lo que había visto con Deirdre, y pensaba en la criatura que vieron: el Archidemonio de las Estrellas.
“Tiene razón, profesor.
Me he dejado llevar por mis pensamientos.” “¿Estabas pensando en el Alaluz?” Preguntó, mirándolo con preocupación.
“¿En qué me equivoqué esa vez?” Su voz se torció un poco.
“Aún eres un aprendiz de cazador, Victor.
No le des demasiadas vueltas.” Richard cerró los ojos, recordando el combate.
Apretó los dientes, pero no podía hacer nada para cambiar lo ocurrido.
“Sea como sea, concéntrate en mejorar tus estrategias.” Richard se movió, y sintió sus piernas entumecidas.
“Me tomaré algo para la inflamación muscular.” Pensó para sí mismo.
Se levantó, y miró a Victor.
“Ya vuelvo, Victor.
Tómatelo con calma.” Él aceptó con la cabeza.
“Sí, profesor.” Tras ello, se sentó unos momentos para descansar.
Observó con atención el techo, y pensó.
“Lo mejor será aprender a usar todos las herramientas de cazador, pero aún me falta bastante para eso, cada herramienta es delicada.” Estiró un poco su espalda intentando quitarse algo de tensión, y suspiró.
Sus ojos jugaron un poco con el movimiento mientras aún revivía su primer encuentro con el Alaluz.
El recuerdo de su graznido lo perseguía todavía, y esperaba hacerse tan diestro como para que la siguiente vez que lo enfrentase, no se doblegara ante él.
“¿Cómo terminé así?” Se preguntó, mientras intentaba sostenerse por dentro, pero el graznido aún lo doblegaba.
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