Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 3
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3: Capítulo II 3: Capítulo II Apretó sobre la pantalla, y la música comenzó a sonar.
La voz suave recorrió sus oídos, y Victor levantó la mirada esperando a que su profesor llegara.
Una compañera se sentó a su lado, lo observó con atención y le habló, sonriéndole.
“¿Qué escuchas?” Preguntó, con curiosidad.
“Estaba escuchando la nueva canción de Draka.” Le contestó, un poco sonrojado.
“¿Te gusta Draka?
¡Es mi cantante favorita!
Escuché que tendrán un tour dentro de unos meses por todo Marte, y el próximo año vendrá a la Tierra ¡Quiero verla!” Su voz sonaba con euforia.
“Sus conciertos son carísimos, sobre todo los en órbita.
Las estaciones espaciales abusan de los fans.” Contestó, su rostro mostraba disgusto.
“Es cierto, suelen ser mucho más baratos cuando toca en los planetas que en las estaciones orbitales.” Ella se acomodó al lado, en su asiento y le sonrió.
“Soy Romina ¡Me alegra tener un compañero fan de Draka!
Ay, que emoción.” Victor la miró, sonriéndole.
“Romina, soy Victor.” Hubo un momento de silencio donde Victor levantó un poco el rostro.
“Y no sé que más decirte, la verdad.” Una voz interrumpió la conversación, “Así que Romina y Victor.
Tienen caras de bebés ¿Qué edades tienen?
¡Ah!
Por cierto, obviamente seremos compareños, soy Geto.” Habló, desde atrás la voz.
“¿Compareños?” Comentó Romina.
“Perdóname, esta dislexia me está matando.” Dijo con un tono raudo y seguro.
“No sé si es verdad o no ¿Eres disléxico?” “Victor, yo soy muchas cosas.
Un galán con las damas, un compañero de batallas con mis amigos, y por las noches, cuando nadie me mira, un disléxico empedernido.” Romina comenzó a reír, y Victor mostró una mueca levantando las cejas.
“Tienes toda una personalidad ahí oculta, Geto.
Ay, que emoción.” “Así que les gusta Draka.
Toda una obra de arte hecha mujer, aunque a mí me gustan los nuevos modelos de androides que han comenzado a crear.
Son muy populares para tareas domésticas pero hay muchos muy lindos.” “Ay Geto, eres un degenerado.” Comentó a su declaración, llevándose la mano a la boca un poco sonrojada.
“Woah ¿Y eso a qué vino?
Que insulto tan gratuito.” “¿Por qué degenerado?” Victor se mostró confundido.
“La inocencia de la juventud ¡Que adorables son los jóvenes!
¡No como las señoritas!” Refunfuñó mirando a Victor y Romina.
La puerta se abrió, y entró un hombre regio y con un rostro de firmeza.
“Buenos días alumnos.
Espero que tuvieran tiempo para conocerse, seré su profesor Richard, Wrecker de rango Capitán.” Los tres saludaron, y Richard se dirigió hacia ellos con severidad.
“Victor ha tenido un rendimiento sobresaliente en las pruebas de actitud física, tienes una condición envidiable.” “He entrenado durante años.
Anhelo volverme un Cazador.” Él levantó la frente y miró a su profesor.
“Se necesita más que un cuerpo entrenado para ser un Wrecker.
Esto va para ustedes también.
Wrecker se usó para los exterminadores de bestias, cuando cazar era necesario para mantener la civilización a flote.
Hoy la Asociación de Cazadores ha acuñado el término Wrecker a los Cazadores de forma simbólica.” “¿Cuánto tiempo le llevó a usted, profesor, convertirse en un Cazador?
Parece un hombre de portento y poder.” La voz de Geto se mostró con curiosidad.
“¿Su nombre, joven?” “Geto, profesor.
Soy Geto Malebran.” “Señor Geto, los Cazadores deben ser fuerzas de la naturaleza, aliados del ecosistema y el equilibrio.
Un Cazador no caza para matar, no hay virtud en la venganza, el odio o la destrucción.
Como dirían los Clérigos de la Orden Eclesiástica y sus Caballeros Cazadores, un Cazador hace comunión con la naturaleza y lo salvaje.
La cacería es un ritual donde los depredadores bailan hasta la muerte.” “Es muy poético, profesor.
Eso suena muy romántico.” “Y usted, señorita ¿Cómo se llama?” “Ay profesor, lo siento, no me había presentado.
Soy Romina Díaz.” Ella lo miró con atención, alegre.
“Primera lección, y la más importante para un Cazador.
Todo el que esté dispuesto a arrebatar una vida, también debe estar dispuesto a que le arrebaten la suya.
En la naturaleza, nuestras leyes morales no se aplican con los animales que debemos proteger y cazar.
Ellos no son los antagonistas de nuestras vidas, ellos son una fuerza de la naturaleza.
A los animales no se les tiene miedo, se les debe respeto.
Cada día que se enfrenten a la muerte, tengan eso en mente, por eso deben respetar no solo a la naturaleza, sino también a sus pares.” “Sí profesor.” Sonó, al unísono casi como una marcha.
“Segunda lección: Trabajen en equipo.
Los Cazadores no trabajan solos.
Aprendan a trabajar en equipo, aprendan a apoyarse en otros.
No tengan miedo de ser vulnerables con los demás, porque somos animales sociales.
Siempre habrá quienes traten de aprovecharse de ustedes, pero la resiliencia y la gallardía a la hora de avanzar son sus principales virtudes, la fuente de donde se nutre la valentía, la voluntad y la supervivencia.
Nunca lo olviden.” “Pero profesor, los Cazadores de Rango Capitán hacia arriba cazan solos ¿No es así?
¿Qué ocurre con ellos?
¿No podremos nosotros aspirar a ser tan fuertes como ellos?” Preguntó Victor, sacando pecho.
“¿Quieres volverte un Taroth?” “Sí, profesor.
Es mi sueño volverme un Taroth, ser un maestro de la cacería.
Un Wrecker legendario.” Contestó, y notó que Romina y Geto lo observaban sonriéndole.
El profesor lo miraba con atención.
No pudo evitarlo y se sonrojó, notando que había hablado más de la cuenta.
“Los Taroth son un caso único y especial.
Para ser un Taroth no solo requiere tener un cuerpo de un atleta olímpico, sino también una mente prodigiosa.
Requiere mucho estudio, dedicación y aprendizaje.
Volverse un Taroth es estar en la cumbre de la fuerza física y mental, y del conocimiento también, por eso los Taroth son pocos y aunque hay viente y siete puestos libres, rara vez están llenos.” El profesor se echó hacia atrás en su asiento, soltando un poco de aire.
“¿Cuantos años le tomó volverse un Capitán, profesor?” Preguntó Geto, mirándolo fijamente.
“Unos treinta años, más o menos.” “Ow, profesor ¿Cuántos años tiene?” La voz sonó sorprendida, ella no pudo evitar mostrar su sorpresa en el rostro.
“Más de sesenta, por supuesto.
Ahora basta de preguntas.
Haremos las pruebas de aptitud física.
Necesito hacer una planificación de su entrenamiento y para eso debo revisar sus cualidades.
Síganme a la siguiente habitación.” El profesor caminó hacia la puerta, y los demás lo siguieron.
Lo único que le interesaba a él era conocer sus nombres, y ya había visto sus personalidades.
Victor tomó sus cosas, y salió.
Los demás lo siguieron.
Caminaron hasta la siguiente habitación, el profesor entró y vieron máquinas de entrenamiento, pero un aparato sobre un mesón llamó la atención de todos.
Richard se acercó al mesón, movió sus manos y tocó algunas cosas en el aire.
“Bien, he configurado el detector.
La primera prueba será la evaluación para saber si han desarrollado la capacidad de emanar energía Den o, por el contrario, poseen el control hormonal de la Bes.
Será rápido y sencillo.” “Ay profesor, lo he escuchado muchas veces pero todavía no entiendo que es eso de Den y Bes.” “No se preocupe por eso, señorita.
En su momento lo entenderá a la perfección cuando toquen las clases prácticas.
Todo a su momento.” Richard vió los menus en su realidad aumentada, activó la máquina mediante la conexión por la red neuronal, y desplegó las curvas de funciones para ver las reacciones de sus alumnos en tiempo real.
Él desvió los ojos hacia sus alumnos, y antes que hablara, Geto lo interrumpió.
“Yo quiero ser el primero.” “Adelante, Geto.
Pon la mano sobre el sensor.
Intenta acelerar el flujo de sangre, acelerando la respiración.” “¿Como si quisiera hiperventilarme?” “Sí, así mismo.” Él miró con atención, Geto aceleró de forma pausada su respiración.
Poco a poco, cada vez más rápido.
Los patrones cambiaron frente a los ojos de Richard, quien notaba los cambios detectados por los sensores.
Tras unos segundos, Richard hizo un gesto para que Geto se detuviera.
“No hay anomalías en tu flujo de sangre.” Richard pinchó el dedo de Geto, y una gota de sangre salió.
La máquina la analizó, y mostró las anomalías corporales en sus hormonas.
“Tu nivel hormonal está, podríamos decir que alterado.” “¿Tengo problemas hormonales?” “Todos los jóvenes tienen las hormonas alocadas, señor Geto.” Geto lo miró entre cerrando los ojos.
“Porque tengo la sensación que eso es una referencia sobre que soy un degenerado, y es la segunda vez que me la hacen el día de hoy.” “Pese a ello, la anomalía hormonal que buscamos es común en las personas con Bes.
Nada de lo que preocuparse.” Richard no mostró ni una sola mueca en su rostro ante las palabras de Geto.
“El siguiente.” “¡Yo!
¡Ah!
¡Yo quiero!” “Bien, señorita, será lo mismo.” Tras poner la mano en el sensor, pasaron unos minutos.
Richard notó los resultados, y pinchó el dedo de Romina.
“Bien Romina, al igual que Geto ambos poseen la misma anomalía hormonal.
Tendremos que trabajar en sus mutaciones y ver como los ha favorecido la genética, para saber que pueden hacer.
Ahora vamos con el último.
Señor Victor.” Victor se puso frente a la máquina.
Su corazón latía rápido, se sentía nervioso, sus manos temblaban y Richard se dio cuenta.
“No importa lo que te salga, Victor.
Podremos trabajar con ello.” “S…
sí, profesor.” Su voz tembló, y cerró los ojos.
Victor respiró poco a poco, acelerando.
Por unos momentos, recordó la figura de su padre, y la presión en su pecho lo hizo temblar más.
Apretó con los dedos el sensor, haciendo presión.
Debía estar a la altura, en fuerza, en poder, en conocimiento.
Si poseía las mutaciones de la bestialidad, si tenía también la anomalía Bes, podría complementar todo ese entrenamiento con su capacidad de aumentar sus cualidades.
Toda habría valido la pena.
Sintió entonces la mano de Richard en el hombro.
“Está bien, Victor.
La prueba terminó.” Victor abrió los ojos, y miró el rostro de Richard observando los resultados de la prueba.
Richard cerró los ojos, y suspiró.
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