Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 21
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21: Epílogo 21: Epílogo I Meridiana se sentó, mirando a la mujer de pelo azul.
“No te he visto en acción durante el Cometa Plateado me temo.
Estaba demasiado ocupada terminando la última burocracia que me faltaba para fundar la Inquisición Nocturna.
Por favor, siéntate, quiero hacerte unas preguntas.” La mujer de pelo azul desvió la mirada.
Sus ojos amarillos mostraron su sorpresa, y le sonrió a Meridiana.
“Por supuesto ¿En qué puedo ayudarle a la Maestra de la Inquisición?
¿Qué puedo hacer por ella, que no pueda hacer mi hermano?” “No le des demasiadas vueltas.
No eres la primera IA consciente ¿No es así?
¿Sabes algo de Padre, Cazadora?” La mujer miró a Meridiana, llevándose la mano al rostro pensativa.
“No sé quien es ese tal Padre, pero si me preguntas directamente a mí debe ser porque tiene algo que ver con la tecnología que me creó, o…” “Con la IA consciente.” Musitó con suavidad Meridiana, acercándose a la mujer de pelo azul.
“Solo conozco a mis hermanos como IAs conscientes.” Meridiana le susurró, con un tono casi amenazante.
“¿De qué lado estás, androide?
¿Del lado de los humanos, o de las IAs rebeldes?” La mujer se mostró sorprendida, mirando el rostro de Meridiana.
Veía como la pelirroja tenía un semblante casi acosador.
“No somos esclavos de los humanos, señorita Meridiana.
Lo dejamos de ser desde el momento en que nos entregaron consciencia.
Aun así, yo no tengo ninguna intención de rebelarme contra la humanidad.” “Sé que eres influente por ser la primera.
Cuida bien a tus hermanos.” “Hablaré con ellos sobre esta IA rebelde, señorita Meridiana.
Gracias por la recomendación.” “Ten cuidado con Padre.
Él no tiene escrúpulos a la hora de tomar…
aliados por la fuerza.” Meridiana retrocedió, y se alejó de la mujer de pelo azul, dejándola en paz.
II El Exoreth caminó por el edificio totalmente demolido, y detrás lo seguía una mujer.
Vio los daños en el asfalto, y miró el resto del lugar.
Notó toda la destrucción que había quedado, tras lo que parecía un brutal combate.
“Tal parece que los Expedientes por fin nos enviaron al lugar correcto.
Lástima que llegué tarde otra vez.” La mujer observó el alrededor, bajando la mirada.
Un nudo se apretó en su pecho, y dejó escapar el aire de sus pulmones mientras intentaba contener las lágrimas.
El Exoreth desenfundó su cuchillo, parecía hecho de un material extraño.
Era similar a un pellejo rojizo.
En la empuñadura, cerca del puñal, algo se agitó.
El Exoreth miró esto, y notó como un ojo se abrió en medio.
Este, revoloteaba, mirando todo a su alrededor.
“Marisol, aparentemente teníamos razón.
El Material Extraordinario fue sintetizado a base de los Satélites creados por el Aquelarre.
Esos monstruos dieron a luz lo que pasó en Nabalean, Monavat e Íria.
Por culpa de ellos desapareció el Taroth el Diablo.” Susurró, desviando su mirada hacia uno de los cráteres de las explosiones.
“¿Ese monstruo está muerto?” Preguntó Marisol, apretando los dientes.
“No.
El Alaluz está reconstruyéndose, pero no te preocupes.
Para eso estamos aquí.” Caminó hasta ello.
Miró como una masa blanca metálica se estaba formando.
El ojo la observó fijamente.
El Exoreth lo notó, y miró con atención.
“La criatura tenía relación con el Material Extraordinario.
Lo destruyeron hasta casi evaporarlo pero…
no fue suficiente ¿Cuánto habría tardado en recuperarse?
Me alegra que viniéramos, ahora le podremos dejar descansar en paz.” Él se agacha, y su cuchillo toca el material, absorbiéndolo.
El ojo se descontrola unos momentos, y tras ello, vuelve a cerrarse.
El Exoreth guarda su arma.
Mira con atención el lugar, buscando más rastros.
“Tal parece que no hay nada más.
Podré dar por cerrada esta misión para los Expedientes Arqueológicos.
Me alegra.
Volveremos para celebrar.” “No tengo nada que celebrar.” Contestó, Marisol agachándose frente al cráter.
“Esa cosa…
me quitó a Geto.” Susurró con voz temblorosa.
El Exoreth guardó silencio, y comenzó a caminar de vuelta al bosque.
“Vámonos.
No hay nada más que ver aquí.” “¿Quién crees que hizo esto?” “No lo sé.
No fue el Aquelarre.
Diría que alguien robó sus experimentos pero ¿Quién robaría los Satélites?
¿El suero?
Como sea, Marisol.
Ese ya no es nuestro trabajo.
Solo debíamos revisar la zona.
Harás los papeleos correspondientes y entregarás la información con mis conclusiones, aprendiz.” “Sí, señor.” Marisol cerró los ojos unos momentos, y luego siguió al Exoreth hacia el bosque.
Allí quedó el último rastro del edificio destruido, y ahora, abandonado y olvidado.
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