Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 20
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20: Capítulo XIX 20: Capítulo XIX I Victor corre, y toma a Helena para levantarla.
“Vámonos.” “No podemos.” “Señorita Helena ¿Qué más podemos hacer ahora?
Correr es nuestra única opción.
Esa cosa…
esa cosa simplemente no se muere con nada.” Helena apreta los dientes, y Victor la empuja para sacarla de ahí.
Pronto, una voz rompe el silencio de la derrota.
“Señorita Helena.” Se escucha, con altavoz.
“Gracias por haber resistido hasta el final.” Victor y Helena levantan la vista.
Miran hacia el bosque.
Frente a ellos, entre los árboles se ve una criatura imponente con ojos radiantes de acero, que brillan como el infinito.
Sus pisadas azotan la tierra, y de él exhala un aliento metálico y ardiente que voló sobre Alaluz, azotándolo con una rabia explosiva.
El fogonazo que cayó sobre el Covragón generó una poderosa onda energética, que resquebrajó el asfalto y ensordeció a los presentes.
“¡Fuego!
¡No cesen el bombardeo!
¡Alaluz debe ser erradicado!” Habló el hombre, que comandaba a su legión de soldados.
Ellos lo vieron.
Su portento, la figura del escuadrón parecía la de una enorme bestia de metal y fuego.
Ellos dispararon sin piedad contra lo que quedaba de Alaluz.
La munición explosiva cayó sobre él una tras otra sin cesar, sin descanso.
El azote vino seguido de una ráfaga.
El hálito infernal de la bestia acechadora caía sobre el monstruo de forma continua.
Las explosiones no cedían, venían una tras otra.
Un hombre se acercó a Victor y Helena.
“¿Están bien?” “¿Por qué nos ayudan?” Preguntó Victor.
“Somos la Inquisición Nocturna.
Existimos para exterminar a los monstruos, y esa cosa es un monstruo.” El hombre habló, con total autoridad.
“¿Pero cómo nos encontraron?” Preguntó Helena.
“Nos envía la señorita Meridiana, teníamos que buscar a la Taroth La Emperatriz.” “Hablaba en serio cuando dijo que solo tenía que aguantar hasta el momento indicado…” Susurró ella, sonriendo.
Victor miró al hombre.
“Señor.
Mi profesor y mi compañera están en el edificio.
Por favor, tengan cuidado.” Helena acercó al hombre.
“Cuando los saquen, destruyan ese edificio.
Hay que demolerlo, enterrarlo y no dejar nada de él.
No revisen su interior.
Nada de ahí vale lo que oculta.
Destrúyanlo, vuélvanlo menos que ceniza pero que no quede nada y que nadie pueda rescatar nada de allí.” El hombre se sorprendió ante la declaración.
“Entendido, Señorita Taroth.
Meridiana dijo que estábamos a sus órdenes.” La Inquisición Nocturna arrasó por completo con todo el estacionamiento y la parte exterior del edificio, borrando cada parte de Alaluz del mapa.
El Comandante se llevó la mano al rostro, y comenzó a reírse.
“¡Ese ha sido un espectáculo pirotécnico sin precedentes!
¡Como me encanta trabajar con ustedes!” Habló, casi jugando con sus manos.
Detuvo una, e hizo el gesto para que cesara el fuego.
Todo el lugar estaba marcado por las explosiones.
No quedaba nada, ni un solo rastro de Alaluz a la vista.
La Inquisición se acercó al edificio, y recogieron a Romina y Richard para sacarlos también.
Tras ello esperaron a que llegara una de las naves, y los escoltaron de vuelta a la ciudad.
Victor se subió y se sentó a mirar el edificio mientras se elevaban.
Miró como trataban las heridas de Helena y Richard.
Romina miró con él también.
“¿Se acabó por fin?” “Vamos a casa, Romina.
Se acabó por fin.
Esa cosa no podrá perseguirnos nunca más.” Helena miró hacia afuera.
“Espero que nunca encuentres lo que buscas, Padre.
Vete a la mierda.” Richard miró a sus alumnos.
“¿Están bien?” Romina comenzó a llorar, y Victor sonrió.
Era hora de volver a casa.
II Romina se acerca a Richard.
“Gracias profesor.
Ha hecho tanto por mí y quiero agradecérselo.” Richard le sonríe.
“Me alegra que haya alumnos que sigan mi legado, Romina.
Sigue esforzándote.” Romina camina hacia su casa.
Dentro de ella el hielo sigue, no se ha derretido por completo.
Aun así, hay una chispa dentro de ella.
Se voltea y mira a Richard.
“Profesor.
Creo que me tomaré un descanso después de esto.
Tomaré terapia también, creo que realmente la necesito.” Richard la mira con alivio, y cierto aire de alegría.
“Ese es el primer paso para salir adelante, Romina.
Me siento orgulloso, no solo de lo lejos que has llegado, sino también de lo que eres.
Te has convertido en una gran mujer.” Ella le sonríe.
“Y usted, ha sido un gran profesor.
Gracias por todo lo que me ha enseñado.” Ella voltea, y Richard la deja ir.
Es tiempo para su merecido descanso.
Él vuelve a su oficina.
Victor fue el primero en irse, y Helena tenía que hacer unas llamadas.
Al entrar a la oficina, ve a Fernando, jugando en el computador.
Él levanta la vista, y cambia la pantalla.
“Ya sé que estabas jugando.” Fernando lo mira, sorprendio.
“Mierda ¿Qué te pasó?
Te ves destruido.” “Me partieron una costilla, estaré un mes con reposo.
Dejaré una licencia de tres porque quiero unas vacaciones pagadas.
Lo bueno es que pueden soldármela para que sane más rápido.” “Al menos, solo vas a tener que aguantar poco.
Espera ¿Eso te lo cubre el seguro?
Además ¿Cómo mierda te rompiste una costilla?” “No quieres saberlo.” “Ya suenas como Helena.” “Tú mejor deja de jugar y ponte a trabajar.” “Sí, sí.” Contesta refunfuñando.
Richard se sienta y se echa a reír, con dolor y se nota en su rostro, pero se relaja.
Observa las pastillas, y se las lanza a Fernando.
“No las necesitaré más.” “¿Ya acabó tu agotamiento?” “No.
Solo, no es bueno abusar de ellas.” Contestó, llevándose la mano al costado y pensando en que, no quería volver a fallarle a sus alumnos.
Richard por fin sonrió, pensando en que debía aceptar que, no volvería a lidiar con lo mismo nunca más.
III Helena se sentó, escuchando el teléfono sonar.
El sonido chocó en lo profundo de ella.
Su mano tembló.
Su cuerpo, recordó en cada rincón el sonido del Material Extraordinario frente a ella.
La sensación que, por dentro, escalaba y se alimentaba de cada rincón.
Miró la pantalla.
Podía ver el líquido metálico de un gris errático.
Una parte, inmaterial del contorno se trizó.
Los campos alrededor, excitados, parecían transicionar, uniformes, en perspectiva, una singularidad.
¿Cómo era posible?
Habían destruido el laboratorio, y al Alaluz.
Su respiración se agitó, y pudo sentir el aroma del metal.
Sintió la temperatura de su mano elevarse, hasta notar como el pellejo de sus dedos se derretía, dejando tras de sí, no músculos ni huesos, sino figuras arquitectónicas inciertas, con caracteres y formas, cuya insólita naturaleza es más eterea que real, o al menos, era así.
Era así, porque no era vista.
Su naturaleza misma cambió cuando los ojos de Helena observó otra vez.
La observaba, y por tanto, como si de luz se tratase, alteró su comportamiento.
No fue, en cualquier modo, lo peor de todo, sino el como, para el caso, su contorno también se difuminó de la realidad.
No había sustancia en su forma, y no había comparativa en su razón.
Era, y con una estructura invertida ahora, una forma la cual, en función tocaba un solo punto, donde el ángulo se distorsionaba, pese a atravesarlo desde múltiples formas.
Alguien contestó.
La voz rompió lo que Helena observaba, y ella, inquieta intentó bajar poco a poco su respiración.
“Helena, me alegra que sigas con vida.” Helena, observó su alrededor.
Miró el celular otra vez.
Solo había sido su imaginación.
“Meridiana.
Aunque agradezco la ayuda ¿Era necesario que tardaras tanto?” Meridiana soltó una suave risa.
“Helena, Padre sigue allá afuera y te está buscando.
Por ahora, págate unas vacaciones y tómate un descanso.
Podrías viajar al Viejo Mundo.” “¿Y me pagarás tú las vacaciones?” “Podría ser.
Tan solo si me haces…” La voz de Meridiana sonó suave, y delicada.
“Un pequeño favor.” Helena miró el celular.
“¿Qué quieres?
¿Y puedes hacerlo sonar como si fuera algo normal y no una cochinada?” Meridiana se comenzó a reír.
“Que adorable eres, Helena.
Pero hablo en serio con lo del descanso.
Mi pequeña cazadora no puede estar correteando por ahí, cansada y rota.
Los demás cazadores también están lidiando con el mundo, y los horrores que este oculta.
No imaginas como está Alexanael, el Taroth el Juez ahora que es dracónido, o Elián el Santo tras lo ocurrido en La Diáfano.
Ya tendrá Padre, la mala suerte de encontrarse con alguien peor que tú como esos dos.” “¿Peores que yo?
Espera ¿Dracónido?
¿La Diáfano?
¿Qué carajos pasó?” Preguntó, sorprendida.
Lo último que escuchó Helena fue la risa de Meridiana, y luego cortó.
Helena se mostró molesta, era demasiado impredecible, y le gustaba todo dentro de lo que ella pudiera manejar.
“Mierda, mujer ¿Qué más quieres de mí?” Le llegó un mensaje, era de Meridiana.
“Querida, los mejores actos ocurren en partes.
Debías ver lo que oculta el mundo, para que seas no solo consciente, sino libre también del velo que tapa los ojos de las personas normales.
Ahora, no solo eres una cazadora de bestias, sino también de monstruos.
Mucho amor y besitos bebé, te veré en el mismo restaurant mañana a la hora de siempre.” Helena se llevó la mano al rostro, un poco sonrojada.
“Que tonta eres.” Susurró.
Ella levantó la mirada.
Aún podía escuchar el Material Extraordinario arrastrándose en los rincones de su mente.
Ahora que lo había visto, no había lugar a donde escapar.
La verdad ahora se había alojado en su mente para siempre.
IV Victor caminó por el cementerio.
Miró el lugar otra vez, y llegó hasta la lápida de su padre.
Se sentó frente a él, y puso la mano encima de su nombre.
“Papá, he vuelto.
Puedo prometerte que no he vuelto igual a como me he ido.” Confesó, algo nervioso.
“Pero se han acabado las pesadillas.
Tú mismo me dijiste que una bestia puede darte la mayor virtud de la vida, o el mayor horror de las pesadillas.
No he encontrado esa virtud todavía, pero seguiré buscándola.” Él retrocedió un poco.
Tomó agua, y sonrió.
“Este mundo oculta muchas cosas ¿No es así papá?
¿Cuántas de ellas habrás visto con tus propios ojos?
Sea como sea, no quiero ir más profundo.
Lo que se oculta detrás de todo es aterrador, y no estoy preparado para eso.
No creo que nadie lo esté.
Espero, papá, solo poder ser un Cazador.” Suspiró, y se llevó la mano al pecho.
“Tuve una cacería con Helena.
La misma Taroth La Emperatriz.
Es una mujer increíble, pero mi profesor también lo es.
Es un hombre recto y serio.” Hace una mueca, y cambia un poco el tono de voz.
“Deben siempre cuidar la naturaleza, o algo así.” Su voz volvió a la normal.
“Siempre quiere guiarnos por el buen camino.
Me alegra que cuide de mí, y me guíe por el buen camino.
Mi compañera también es genial, es una mujer muy dura.
Peleó mano a mano contra un Covragón.” Él se comenzó a reír suavemente.
“¡Enfrentamos a un Covragón sin igual!
Papá, lo hubieras visto.
De verdad, fue increíble.
Tiraba rayos, fuego y ácido, y hacía que el día se volviera una noche estrellada.
Fue más impresionante de lo que jamás soñé.
Fue aterrador.” Victor sonrió.
A medida que hablaba se dio cuenta lo mucho que disfrutaba hablar con su padre, y entonces, por un momento, su sonrisa se detuvo.
“Así que esto es cazar, papá.
Es aterrador, pero fascinante.” Susurró.
Tocó otra vez el nombre de su padre.
Victor siguió hablando con él.
Le contó cada detalle de la misión, y como ahora estaba decidido a seguir adelante.
Ahora, él se sentía como un verdadero Cazador.
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