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ARTHAS: "Historia de un Heroe Caido" - Capítulo 78

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  3. Capítulo 78 - 78 CAPITULO 78 El Retorno del Príncipe de la Pradera
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78: CAPITULO 78: El Retorno del Príncipe de la Pradera 78: CAPITULO 78: El Retorno del Príncipe de la Pradera Tres años.

Tres vastos ciclos de las estaciones habían pasado desde que el joven Príncipe Arthas II y su reacio compañero, Anduin Lothar Jr., llegaron a las praderas de Mulgore.

Tres años de sol en sus espaldas, tierra bajo sus pies y el pulso vital de la Madre Tierra en sus corazones.

Lo que comenzó como una supervisión imperial se había transformado en una vida forjada en la libertad, el trabajo y la camaradería Tauren.

Tres Años de Transformación: El Príncipe Convertido en Hombre El adolescente de quince años que llegó a Colinas Centella era ahora un hombre.

Arthas II se había convertido en una figura imponente, un reflejo de su entorno y de la dura pero gratificante vida que había abrazado.

Su complexión, antes atlética, era ahora la de un guerrero Tauren: musculoso, fornido, con hombros anchos y brazos fuertes forjados por el arreo de kodos, la caza y la construcción.

Su rostro, fino pero varonil, mostraba una madurez innegable, enmarcado por sus cabellos rubios largos y sedosos que fluían libremente con el viento, una melena leonina que ahora parecía una extensión natural de la pradera.

Sus ojos, antes llenos de una curiosidad juvenil, ahora poseían una profundidad y una calma forjadas por la sabiduría ancestral de los Tauren.

Anduin Lothar Jr., aunque quizás no tan radicalmente transformado en apariencia como su príncipe, también había madurado.

El brillo de la vergüenza cómica en sus ojos seguía ahí, pero era más tenue, opacado por una nueva resiliencia.

Su cuerpo, aunque más esbelto que el de Arthas, también se había vuelto musculoso y definido.

Había aprendido a moverse con más gracia por la pradera, y aunque aún suspiraba por las comodidades imperiales, el respeto y la comprensión por la vida Tauren habían echado raíces en su corazón.

Ambos hablaban el idioma Tauren con fluidez, sus acentos humanos un motivo de diversión para sus hermanos Tauren.

Habían aprendido los secretos de la caza y el rastreo, la herbolaria sagrada, y la profunda conexión espiritual con los elementos.

Habían participado en innumerables ceremonias, compartido incontables hogueras y se habían convertido, en el verdadero sentido de la palabra, en hijos del Gran Jefe Colmillo Verde y de toda la comunidad.

La Orden del Emperador: El Deber Llama Pero incluso en la paz de Mulgore, los ecos del Imperio eran ineludibles.

Un día, un mensajero imperial, cubierto de polvo y con la mirada tensa, llegó a Colinas Centella.

Traía un pergamino con el sello personal del Emperador Arthas I.

El Gran Jefe Colmillo Verde, con el Príncipe Arthas II y Anduin a su lado, leyó el edicto.

La voz del Emperador era clara y concisa en el documento: era una orden para que el Príncipe regresara a sus deberes imperiales.

El tiempo en Mulgore había sido un “valioso estudio de campo”, pero ahora era imperativo que Arthas II continuara con su objetivo original: supervisar el desarrollo de las ciudades y minas de Kalimdor.

Las palabras eran diplomáticas, pero el mensaje era firme: el futuro Emperador tenía un imperio que dirigir, y su “retiro espiritual” en la pradera había llegado a su fin.

Arthas leyó la carta de su padre.

Una punzada de melancolía atravesó su corazón, pero la comprendió.

El deber, ese yugo pesado pero ineludible, lo llamaba de nuevo.

Había aprendido y crecido inmensamente, pero sabía que su lugar, por ahora, estaba en el vasto tablero de ajedrez del Imperio.

Anduin, al escuchar la noticia, no pudo evitar una exhalación de alivio y un brillo de esperanza en sus ojos.

“¡Al fin, Príncipe!

¡La civilización nos llama!

¡Una cama de verdad!

¡Un baño caliente!

¡Y, con suerte, una armadura limpia que no huela a kodo!” Pero incluso en su entusiasmo, había una tristeza genuina al dejar atrás la vida en Mulgore.

La Despedida de la Familia Tauren: Un Adiós Agrio y Dulce La noticia de la partida del Príncipe y Anduin se extendió rápidamente por Colinas Centella.

La comunidad se reunió para una despedida que fue tanto una celebración como un lamento.

No había lágrimas de tristeza abierta, sino una profunda melancolía y un respeto silencioso.

El Gran Jefe Colmillo Verde se acercó a Arthas.

“Pequeño Árbol,” dijo su voz grave.

“Has crecido fuerte en nuestra tierra.

Lleva contigo la sabiduría del viento, la fuerza de la tierra y la paciencia del kodo.

Siempre serás un hijo de Mulgore.

Nuestro hogar siempre será tu hogar.” Con un gesto solemne, el Gran Jefe le entregó a Arthas un collar tallado con un colmillo de kodo, un símbolo de su adopción y de su fuerza.

Para Anduin, le dio un brazalete de cuero con una pluma de águila, reconociendo su lealtad y su espíritu, a pesar de sus quejas.

Los chamanes realizaron un ritual de despedida, bendiciendo su viaje y pidiendo a los espíritus que los guiaran y protegieran.

Los guerreros golpearon sus tótems en señal de respeto.

Las mujeres y los niños se acercaron, ofreciéndoles pequeñas ofrendas de hierbas y baratijas, símbolos de su afecto.

Arthas y Anduin se despidieron de cada Tauren, sintiendo el calor de sus manos y la profundidad de sus miradas.

El Príncipe se abrazó al Gran Jefe, un gesto inusual para un príncipe, pero natural para un hijo despidiéndose de su padre.

La comunidad esperaba su regreso con una esperanza palpable.

“Vuelve a casa, Pequeño Árbol,” susurraban algunos ancianos.

“La Madre Tierra te esperará.” Para Arthas, esta despedida fue más difícil de lo que había anticipado.

Dejar Mulgore era como arrancar una parte de su alma.

Se había enamorado de esta tierra, de su gente, de su sencillez y su libertad.

Era el lugar donde había encontrado su verdadero yo, lejos de la sombra de su padre y las expectativas del Imperio.

El Informe de Elara: Una Percepción Cambiante Mientras el Príncipe se preparaba para su partida, en los profundos bosques de Teldrassil, la Centinela Elara presentó su informe a los Altos Consejos de los Elfos de la Noche.

Su voz era seria, sus ojos brillaban con la seriedad de lo que había presenciado.

“Los humanos en Mulgore,” comenzó Elara, “no son como los que esperábamos.

No son solo exploradores o soldados de avanzada.

Son…

diferentes.” Describió la prosperidad de Colinas Centella, los caminos, las estructuras mejoradas, todo logrado con la ayuda de los humanos, pero respetando la esencia de la Madre Tierra.

Narró la “integración” del Príncipe y Anduin, su vestimenta Tauren, su participación en las labores diarias, su aprendizaje de las costumbres y, lo más sorprendente, la adopción de los jóvenes por el Gran Jefe de los Tauren.

Habló de la fuerza física que habían ganado, de su adaptación a un estilo de vida que para cualquier otro humano habría sido impensable.

“El joven que se hace llamar Arthas,” continuó Elara, “es un líder nato, sí, pero también es sincero.

Habla de su padre como un Emperador que busca la unidad y el orden, no solo la conquista.

Ha aprendido a escuchar a la tierra y a su gente.” Elara también reveló detalles sobre su conversación con Arthas, relatando su visión del Imperio: la ambición humana, la velocidad de su progreso, la creencia en la “dominación” de la tierra para la prosperidad, y la búsqueda de un futuro “unido bajo una única bandera”.

Los consejeros escuchaban con expresiones variadas: algunos con profunda desconfianza, otros con una inquietud más matizada.

“No estoy diciendo que debamos bajar la guardia,” concluyó Elara.

“El Imperio de los Reinos del Este es vasto y poderoso.

Pero su Príncipe…

es una variable que no habíamos considerado.

Ha aprendido las costumbres de la tierra.

Los Tauren lo han adoptado.

Esto cambia la percepción de los Elfos de la Noche sobre los humanos y el Imperio.” El informe de Elara sembró una semilla de incertidumbre y debate en los Altos Consejos.

La imagen de los humanos como meros invasores y destructores se complicaba.

Si un príncipe, un futuro emperador, podía ser tocado y transformado por la esencia de Kalimdor, ¿qué significaba eso para el futuro del continente?

¿Podría haber una coexistencia, o era todo una estratagema?

La percepción de los Elfos de la Noche comenzó a cambiar, lenta pero inexorablemente.

Ya no era una simple dicotomía de “ellos” y “nosotros”.

Ahora había un elemento de sorpresa, de intriga, sobre la verdadera naturaleza de estos forasteros.

La sabiduría de Elara, su juventud y su aguda observación, habían abierto una pequeña grieta en el milenario aislamiento élfico, una grieta por la que empezaban a colarse la duda y la necesidad de una comprensión más profunda de los eventos que se desarrollaban en su continente ancestral.

El destino de Kalimdor, y la relación entre sus pueblos, se volvía cada vez más complejo y fascinante.

La despedida del Príncipe Arthas II de su hogar en la pradera marcó el fin de una era y el comienzo de otra, donde su nueva identidad sería puesta a prueba en el crisol de los deberes imperiales.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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