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Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 38

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Capítulo 38: Capítulo 37 |La larga espera|

La batalla cesó y el peligro desapareció por ahora. Aunque Illsari parecía segura, sabíamos muy bien que no podíamos quedarnos por mucho tiempo.

Nos pusimos al tanto con Thormeath; fue un alivio escuchar que Fayeth logró llegar a salvo a Auredom y alertar a Elessar de lo que estaba pasando.

Kaelen necesitaba descanso urgente, así que no nos alejamos demasiado de la capital de los elfos antes de armar un campamento para pasar la noche.

Mientras Apolo intercambiaba historias con el enano, yo atendía a Kaelen dentro de una tienda.

Dejé escapar un suspiro cargado de emociones contenidas.

Kaelen me miró, despojado ya de la vulnerabilidad que mostró cuando estábamos en la celda. Tomó mi mano, apretándola con fuerza.

—Auredom, Primalis… todo terminará pronto, Angela.

Escuchar ese nombre despertó una punzante incomodidad en mi pecho.

Aunque ya había aceptado mi verdadera identidad, que él lo pronunciara así era distinto: mil años de historia, diecinueve como Alegna y toda una vida como Angela.

Era una lucha que había durado demasiado y un nombre que, incluso ahora, me resultaba extraño recibir.

Me recosté cerca de él. Kaelen pareció entender que no quería hablar, que solo necesitaba sentirlo cerca, comprobar que seguíamos ahí.

Su mano comenzó a acariciar mi hombro con una suavidad pausada. Se instaló entre nosotros un silencio cálido, una calma que no solía ser habitual en nuestro pasado, pero que ahora se sentía como el único refugio posible.

…

No podía creerlo. Cuando llegué a Illsari y me vi rodeado por cientos de ellos, supe que no habría vuelta atrás; el hecho de que no me mataran allí mismo o me forzaran a convertirme en un Nihil ya había sido un milagro.

Pero ahora, de alguna manera, no solo he escapado de esa situación, sino que estoy de regreso. Y ella… ella también ha vuelto.

Aunque en el momento en que la Sabia Elessar me lo confirmó ya lo había aceptado, ver que Angela comienza a recordar va mucho más allá de las palabras.

Mi “pequeña luz” está de vuelta; finalmente, ya no estoy solo con esa anciana.

Vengaremos a nuestros padres y a Aeliana; incluso a Elowen. Podremos vivir y respirar sin sentir que, en cualquier minuto, terminaremos ahogándonos en la oscuridad.

Miro a Ángela durmiendo a mi lado, tranquila.

Otros pensamientos, sin embargo, asaltan mi mente; tanto tiempo en soledad realmente me ha afectado.

Pero no puedo hacer otra cosa más que observarla; no es el momento… sacudo la cabeza para alejar esas ideas de mi mente.

…

Tardamos dos días en llegar al Celynnen; la tranquilidad ominosa del viaje pesaba sobre nosotros.

Aunque, a decir verdad, las interacciones entre Thormeath y Apolo traían un poco de alivio a la tensión.

Kaelen y yo también habíamos estado muy unidos estos días. Él se había recuperado bastante, aunque seguía algo pálido.

Frente al árbol, la inseguridad me invadió: faltaba poco, tan poco para que el plazo se cumpliera…

Sacudí ese pensamiento de mi cabeza y, con determinación, di el primer paso para que la unión entre el Celynnen y Auredom se estableciera.

Una vez del otro lado, nos recibieron rostros cargados de preocupación. No mucho después, Elessar llegó corriendo junto a Fayeth; esta última casi tropieza al ver a Kaelen.

Por otra parte, Flyson también estaba presente.

Se mantenía a un lado, dubitativo y con una mirada indescifrable.

Él y Apolo se ignoraron: había una frialdad y un entendimiento tácito entre ambos. No era el momento ni el lugar; resolverían sus problemas cuando todo esto hubiera terminado.

—¿Ya han unido el Luminis? —pregunté.

—Acerca de eso… —contestó Fayeth con duda—. Aún no lo hemos intentado. Teníamos miedo de que algo saliera mal y no lo lográramos.

Mi mirada se volvió sombría. Entendía por qué lo decía: no iba a ser fácil. Aunque tuviéramos las dos partes, de nada servirían si no podíamos unirlas para formar una sola.

—No piensen en eso ahora —intervino Elessar en ese momento—. Deberían descansar por hoy; no quiero ni imaginarme por lo que han pasado.

Su preocupación se palpaba en su voz. Nosotros asentimos y nos dirigimos a nuestras habitaciones.

Ella se quedó atrás con Thormeath; parecía que ambos querían ponerse al día como viejos amigos.

Sin embargo, en algún punto del camino, Kaelen me detuvo.

—Creo que nosotros también tenemos mucho de qué hablar —dijo con una sonrisa ladeada.

Sin esperar respuesta, me tomó de la mano y me guio hacia su habitación.

Al cerrar la puerta tras nosotros, el silencio de la habitación se llenó con una electricidad que solo nosotros compartíamos. Me soltó la mano, pero no se alejó.

—¿Mil años de espera y lo primero que haces es arrastrarme a tu cuarto sin preguntar? —le solté, cruzándome de brazos con una ceja alzada, aunque el brillo en mis ojos me delataba.

Kaelen dejó escapar una risa corta, esa que siempre lograba desarmarme. Se apoyó contra el poste de su cama, observándome con esa misma arrogancia dorada que no había cambiado ni un ápice desde el siglo pasado.

—Bueno, técnicamente soy un príncipe —replicó con una sonrisa ladeada—, se supone que tengo ciertos privilegios. Además, después de verte caminar con esa cara de preocupación por todo el castillo, pensé que necesitabas un recordatorio de quién eres realmente.

—Ah, ¿y quién soy según tú? —pregunté, dando un paso hacia él, desafiante.

Él acortó la distancia en un parpadeo, atrapando un mechón de mi cabello entre sus dedos, justo como lo había hecho en mis sueños y en aquel claro del bosque.

—Eres mi pequeña chispa —susurró, y esta vez no había rastro de la frialdad del trono, solo el calor del hombre que me amaba—. La única capaz de hacerme sentir que mil años no son más que un parpadeo si al final del día estás tú.

La diversión se desvaneció, reemplazada por una nostalgia punzante. Me acerqué más, dejando que mi frente descansara contra la suya.

—Te extrañé, Kaelen. Aunque mi cabeza no lo recordara del todo, mi alma se sentía incompleta sin tus bromas pesadas.

—Y yo a ti —respondió él, rodeándome la cintura con suavidad—. Pero ahora que estás aquí, no pienses que te dejaré escapar tan fácil.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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