Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 37
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
37: Capítulo 35 |Ejecución| 37: Capítulo 35 |Ejecución| Nos alejamos del portal tanto como pudimos, intentando hallar alguna pista sobre el paradero de Kaelen.
Pero la realidad nos golpeó de frente: entre los Nihil que patrullaban y el estado desolado de la ciudad, era casi imposible que dos extranjeros pasaran desapercibidos.
—¿Qué haremos ahora, Alegna?
—preguntó Apolo con la voz quebrada—.
No parece que haya salida.
—Uno de los dos tiene que entregarse —sentencié, mirando hacia las sombras—.
Es la única manera de que nos guíen hasta Kaelen.
—¿Y si deciden matarnos en el acto?
—Escuchaste a Fylson.
Me odian.
Si me presento, no me matarán tan fácilmente; querrán que sufra primero.
Apolo no parecía convencido, pero el silencio de la ciudad muerta no nos dejaba más opciones.
Tras sellar nuestro acuerdo, salí de nuestro escondite.
El fuego de mi linaje comenzó a brotar de mis manos, destruyendo todo a mi alrededor para forzarlos a mirarme.
—¡Me buscaban a mí!
¡Aquí estoy!
—grité al vacío.
Mis palabras actuaron como un imán para los Nihil que acechaban en la penumbra.
Cuando se acercaron, empecé a luchar, oponiendo una resistencia calculada, asegurándome de reducir a cenizas a algunos de ellos antes de fingir que mis fuerzas flaqueaban.
Cerré los ojos para evitar su presencia corrupta cuando sentí que un General Nihil se cernía sobre mí.
—Tu madre nos dio suficientes problemas en el pasado —siseó el General con una voz que sonaba a mil huesos crujiendo—, y luego tú nos encerraste por casi un milenio.
Ahora que estás en nuestras manos, te aseguro que nos divertiremos mucho antes de matarte.
De hecho…
tenemos un pequeño “regalo” esperando por ti.
Quise clavarle la mirada con todo el odio que sentía, pero sabía que sería un suicidio desde esa distancia.
Nada les daría más satisfacción que verme consumida, llena de esa oscuridad y esa sed de conquista cruel que los define.
Me ataron las manos y me arrastraron a ciegas.
Sentí cómo cruzábamos varios umbrales pesados antes de descender por unas escaleras infinitas que conducían a un lugar que apestaba a cadáver podrido y agua estancada.
La humedad se me pegaba a la piel como una advertencia.
—Mira quién está aquí —siseó el guardia.
El sonido de unas cadenas agitándose con violencia fue la respuesta.
Quise abrir los ojos de inmediato; si no contaba mi tiempo como Alegna, hacía una eternidad que no lo veía.
Pero mi corazón lo reconoció antes que mi vista.
Sabía que era él.
Escuché su respiración agotada y el estruendo de los eslabones chocando contra la piedra mientras intentaba, inútilmente, arrancarse de la pared que lo mantenía cautivo.
—¿Alegna?
—su voz era apenas un hilo, cargada de un dolor que me desgarró el alma.
Quien me llevaba me empujó bruscamente hacia adelante y escuché el sonido de una cerradura.
—Puedes abrir los ojos —volví a escuchar esa voz que apenas parecía poder articular palabra.
Al hacerlo, la angustia me llenó de inmediato.
No habían tenido piedad: tenía heridas por todo el cuerpo y no parecía haber descansado en absoluto; sus ojeras eran tan marcadas que casi parecían tatuajes en su piel.
Kaelen, me acerque y lo abrace, notando inmediatamente lo frio que esta, intente calentarlo, el parecia confuso.
—¿Por qué…?
¿Por qué viniste?
—preguntó él.
Su voz era apenas un hilo.
—Flyson nos contó que te habían capturado.
No podía dejarte solo.
—Tonta…
era obvio que era una trampa.
Miré a mi alrededor, asegurándome de que estuviéramos solos.
—Apolo también vino.
Él debió ver hacia dónde nos trajeron, vendrá a sacarnos en cualquier momento.
Kaelen reaccionó a mis palabras, pero no parecía aliviado.
—Es imposible.
Apolo no podrá entrar aquí sin que lo noten, incluso si lo logra, hay demasiados guardias afuera.
No tenemos una forma segura de volver; el Celynnen más cercano está a días de distancia.
Nos alcanzarán conmigo en este estado.
—Quizás tengas razón, pero no podemos rendirnos.
Él pareció perder el interés en la huida, centrándose en algo más profundo.
—¿Recuerdas?
Mi pequeña luz…
¿me recuerdas ahora?
Sus palabras trajeron lágrimas a mis ojos.
—Sí, Kaelen.
Lo recuerdo todo.
Apoyé mi frente contra la suya, intentando calmarme con la certeza de que, aunque herido, aún seguía vivo.
Pasamos dos días juntos en esa celda.
A excepción de algunos Nihils que venían a traernos algo de comida y a despertarnos para que no descansáramos, parecían estar organizando una especie de espectáculo.
«Realmente espero que Apolo pueda sacarnos antes…», pensé.
—Me matarán pronto —dijo Kaelen de repente—.
Lo harán frente a ti y luego te dejarán vivir para atormentarte hasta el final.
—Apolo vendrá, Kaelen.
No seas pesimista.
—Siempre pensé que me habías dejado hace mil años.
Hubo un tiempo en el que te odié, ¿sabes, Angela?
Pero ahora que volviste y que todo esto está pasando, me doy cuenta de lo estúpido que fui.
Nunca pude hacer nada.
Aeliana murió protegiéndome; mis padres murieron protegiendo Auredom y tú moriste protegiendo a todos.
¿Qué he hecho yo?
No solo estamos en esta situación por mi culpa, sino que ni siquiera conseguí el Luminis.
—El Luminis está a salvo, Kaelen.
Y recuerdo que has intentado ayudar siempre que has podido.
Como cuando Sunbeam pidió auxilio o cuando viniste a buscar la otra mitad del Luminis sin saber qué encontrarías.
Él no llegó a contestar porque alguien entró en la habitación.
Estuve a punto de gritar el nombre de Apolo, pero recordé que debíamos ser sigilosos.
Él evaluó nuestro estado con una mirada y, de un golpe, rompió la cerradura de nuestra jaula.
Cuando vi que Apolo se acercaba a mí, señalé primero a Kaelen; su estado era mil veces peor que el mío.
—Escuchen —dijo mientras liberaba nuestras ataduras—, por afuera es imposible.
Aún no sé cómo logré entrar; cuando los seguí, siempre había demasiados Nihils como para intentar el rescate.
Hizo una pausa, frunciendo el ceño.
—Que se hayan descuidado no me parece una buena señal, pero supongo que es mejor liberarlos ahora que seguir observando qué planean.
Kaelen lo miró, analizando sus palabras con esfuerzo.
—Si es una trampa, entonces será mejor que no hagamos lo de siempre.
—Saldré primero —intervine—.
Si me rodean, soy la que mejor puede abrirse paso y despejar un camino para ustedes.
—No —me interrumpió Apolo con firmeza—.
No estás en tu mejor estado.
Ahora me toca a mí.
Miré a Kaelen, quien parecía estar de acuerdo.
Apenas podía sostenerse en pie, pero resistía con determinación.
«Espero que todo salga bien…», pensé, mientras el aire de la celda se sentía cada vez más pesado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com