Atada a mi Enemigo - Capítulo 165
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 165: CAPÍTULO 165.
—¿De verdad no lo sabes? —pregunta ella.
Frunzo el ceño.
—¿Saber qué?
Por un momento, se limita a mirarme fijamente, y entonces algo en su expresión cambia.
No es lástima…, pero es algo parecido, que solo consigue que se me revuelva más el estómago.
—Claire —digo de nuevo, esta vez más despacio, intentando mantener la voz firme.
—Deja de ser tan críptica y dime de una vez qué está pasando.
El silencio se alarga entre nosotras. Margaret se mueve sigilosamente por la cocina detrás de nosotras, fingiendo estar ocupada, pero escuchando con claridad.
Claire golpea suavemente el tenedor contra el plato y luego lo deja.
Sus ojos se encuentran de nuevo directamente con los míos.
—¿Es por lo de la discoteca? —pregunto rápidamente.
Las palabras se me escapan antes de poder detenerlas.
Claire ladea ligeramente la cabeza.
—Esa noche —continúo.
—¿Viniste por eso?
Mi voz se suaviza un poco.
—¿Estás… viendo cómo estoy o algo así?
La expresión de Claire no cambia, pero tampoco me interrumpe.
—Es la única explicación que tiene sentido —prosigo.
Mi mente se aferra a esa idea porque la alternativa parece demasiado extraña.
—Me dejaste tirada en la discoteca —digo.
Luego me encojo de hombros ligeramente.
—Así que quizá te sentiste mal por ello.
Claire deja escapar un resoplido silencioso por la nariz. Casi como una risa suave, pero no del todo.
Frunzo el ceño.
—¿Qué?
Me estudia de nuevo durante un largo momento.
Luego dice en voz baja:
—¿Crees que por eso estoy aquí?
Mi confusión se hace más profunda.
—Pues… ¿sí?
Hago un gesto vago hacia la puerta por la que entró antes.
—Apareciste en mi casa de la nada.
Mis ojos se desvían brevemente hacia la silla en la que está sentada.
—Y es evidente que sabes cosas de este lugar.
Vuelvo a mirarla.
—Así que, sí —digo—.
—Esa es la única explicación lógica.
Claire se reclina un poco más en la silla, con los dedos apoyados ligeramente en el borde de la mesa mientras esa misma pequeña sonrisa vuelve a dibujarse lentamente en su cara, pero esta vez no parece amistosa.
Parece que sabe algo que yo no, algo importante y grande.
Y la forma en que me mira de repente hace que una sensación fría se instale en la boca de mi estómago. Porque Claire no parece alguien que haya venido a disculparse.
Y ese pensamiento hace que mi corazón empiece a latir un poco más rápido.
Claire no me responde de inmediato.
Se limita a seguir mirándome.
Cambio ligeramente el peso de mi cuerpo, apretando con más fuerza el respaldo de la silla a mi lado.
—Estás actuando de forma extraña —le digo.
Mi voz sale más irritada de lo que pretendía, pero a estas alturas no me importa.
—Entras en mi casa como si te perteneciera, te sientas en la silla de mi marido como si fuera lo más normal, me dices que le pregunte a él en lugar de responderme tú… y ahora te me quedas mirando.
Claire exhala suavemente… no parece realmente molesta, es más bien como alguien que esperaba este momento.
—Tienes razón —dice en voz baja.
Frunzo el ceño.
—¿Sobre qué?
—En que deberías preguntarle a tu marido.
Se me agota la paciencia.
—Oh, Dios mío, Claire…
Levanta una mano ligeramente para impedirme terminar la frase.
—Lo digo en serio, Elaine.
Aprieto la mandíbula.
—Y yo también lo digo en serio —le espeto—.
—No puedes entrar en mi casa y empezar a hablar con acertijos.
Claire me estudia durante un largo momento.
—Confías mucho en él, ¿verdad?
La pregunta me pilla por sorpresa.
—¿Qué?
—Zane —aclara.
Algo en la forma en que dice su nombre hace que se me oprima el pecho.
—Sí —digo lentamente. Porque por alguna razón, sí que confío en él.
—¿Por qué no iba a hacerlo?
Claire no responde a eso de inmediato, en su lugar, ladea la cabeza ligeramente. Ese numerito que está montando y su forma de retrasar mis respuestas está empezando a cabrearme de verdad.
—Sabes… la mayoría de la gente que lo conoce no diría eso.
Se me escapa una pequeña risa antes de poder evitarlo.
—Pues qué suerte para él que yo no sea como la mayoría.
Me observa durante otro momento de silencio.
—Pero ¿realmente lo conoces?
Parpadeo.
—¿Qué clase de pregunta es esa?
Claire se encoge de hombros ligeramente.
—Es una muy sencilla.
Vuelvo a cruzarme de brazos sobre el pecho.
—Sí —respondo.
—Claro que lo conozco.
No parece convencida, y eso me irrita más de lo que quiero admitir.
—Estás actuando como si me hubiera casado con un desconocido. —Técnicamente, me casé con un desconocido, pero eso no tiene por qué saberlo ella. Para el resto del mundo, nos enamoramos y nos casamos, y aunque sea mi amiga… no puedo contarle los detalles de mi matrimonio con Zane.
Sus labios se contraen ligeramente.
—¿Y no lo hiciste?
Se me revuelve el estómago.
—¿Qué se supone que significa eso?
Claire tamborilea ligeramente con el dedo sobre la superficie de la mesa.
—Quiero decir… ¿cuánto tiempo lo conociste realmente antes de casarte?
Dudo un segundo…, pero es suficiente para que sus ojos lo capten de inmediato.
—Claro —murmura.
—Eso es exactamente lo que pensaba.
Niego con la cabeza, jodidamente molesta ahora.
—Toda esta conversación es ridícula.
Claire se reclina de nuevo en la silla.
Claramente, la silla de Zane.
—¿Eso crees? —pregunta.
—Sí —respondo de inmediato.
—Porque estás insinuando algo claramente, pero te niegas a decirlo de verdad.
El silencio se instala de nuevo entre nosotras.
—Sabes que miente… Él también mintió —dice ella al cabo de un rato.
Se me oprime el pecho, preguntándome cómo coño conoce Zane a Claire lo suficiente como para mentirle.
—Todo el mundo miente —digo.
—Eso no es ninguna revelación.
Claire asiente lentamente.
—Cierto.
Otra pausa.
—Pero Zane miente… de otra manera, te da falsas esperanzas.
Frunzo el ceño.
—¿Y eso qué significa?
Mira hacia el pasillo por un momento.
Como si estuviera pensando, luego su mirada vuelve a mí.
—¿Te has preguntado por qué Margaret no me hizo ninguna pregunta cuando entré?
Mis ojos se dirigen a la cocina y veo que Margaret sigue moviéndose por allí, limpiando algo.
Se me encoge un poco el estómago.
—Solo está siendo educada —digo.
Claire levanta una ceja.
—¿Eso es lo que crees? Mi pobre ingenua.
—Sí.
Sus labios se curvan de nuevo ligeramente.
—Eres muy confiada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com