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Born Of An End - Capítulo 1

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  3. Capítulo 1 - 1 Capitulo 1 Atrapado por años
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1: Capitulo 1: Atrapado por años 1: Capitulo 1: Atrapado por años El sonido constante de gotas cayendo desde el techo se mezclaba con el vapor que exhalaban las máquinas.

Cada gota golpeaba la roca con un eco húmedo y repetitivo, casi hipnótico.

A lo lejos, los rugidos de las bestias se entrelazaban con los gritos fervorosos de los guardias, disputándose cada metro de terreno por la cueva.

-¡VAMOOOOOS!

¡VAMOOOOOS!

¡SIGAN PICANDO, ESOS MINERALES NO SE ENCONTRARÁN SOLOS!

– rugió un soldado, haciendo chasquear su látigo en el aire a modo de advertencia.

Esas eran palabras que escuchaba a menudo.

Muy a menudo.

La mina estaba llena de bultos malformados de minerales, rocas afiladas, ratas de caverna y, de vez en cuando, alguna bestia de rango espiritual en las profundidades de más oscuridad.

Estalactitas colgaban sobre nuestras cabezas como colmillos petrificados, y gusanos pálidos se arrastraban por la tierra que pisábamos sin pensarlo dos veces.

Años atrapado en esta cueva infinita, con caminos rocosos que se retorcían como serpientes y una negrura que parecía no tener fondo.

Era un lugar que no se terminaba nunca.

En fin y al cabo es todo lo que conozco, ya casi no recuerdo lo que era estar afuera, pisar césped, sentir un aroma dulce, mirar el sol, dormirse debajo de un árbol, o algo tan simple como ser “libre…” Esas eran cosas que aquí no se ponían en práctica.

Lo bueno que no dormíamos en el piso rocoso, había muchos campamentos, con una fogata en el medio en cada uno de ellos, teníamos agua y comida, o bueno, la necesaria…

Si cumples con tus tareas diarias claro, los que se negaban a cumplir estás tareas o desobedecian en la más mínima cosa, a veces pasaban semanas sin comer o beber, aunque eso dependía de que tan grave era la ofensa para los soldados.

Éramos personas, bueno, más que personas éramos esclavos, pero yo prefiero referirme así de nosotros para considerarnos más que simples trapos que se pueden usar y desechar a su antojo.

Cómo todos los días, me levanté de una cama de paja con una manta sucia por el polvo y la tierra.

Me sacudí la camisa alguna vez blanca de polvo y los pantalones azules gastados, rotos en varios puntos y con partes de aceite.

Finalmente, salí de mi tienda de campaña y camine hasta encontrar un pequeño charco de agua, que se encontraba rodeada de rocas medianas.

Con mis manos cicatrizadas y magulladas por el pico que usaba todos los días.

Junte mis manos en forma de cuenco, las sumergí en el pequeño charco de agua.

Me fijé en mis manos sumergidas luego, en mi reflejo.

Todo seguía igual, nada ha cambiado.

El mismo rostro cansado.

El cabello marrón, largo hasta los ojos.

Ojos rojizos apagados.

Pómulos marcados por la falta de comida.

Delgado…

Pero no demasiado.

“Debería cortarme el cabello” El agua cayó entre mis dedos mientras me tocaba la barbilla, sintiendo el áspero crecimiento de la barba.

“Y la barba me está creciendo de nuevo” Lavandome la cara por fin, me dirigí a mi tienda, cogiendo mi pico, guantes y mochila, preparado para cumplir mis tareas un día más, pero antes de ir, me dirigí al Sector B, otras tiendas de campaña muy lejos de la mía, ya que yo estaba en el Sector A.

Después de unos largos minutos de caminata sobre piso rocoso, lodo y puentes de tierra de Plutmis, donde abajo solo había un gran precipicio aterrador.

Llegue al Sector B, me aproximé a una pequeña tienda con las paredes de tela desgastada y entre sin avisar, ví a una pequeña niña, dormida con su cabello rubio desordenado.

“Sigue dormida, mejor la dejo descansar” pensé mientras la observaba con detenimiento, aveces la pequeña niña se movía para encontrar la postura mas cómoda y seguir durmiendo, solté una risita por sus movimientos difusos.

Sali de la tienda de la pequeña niña y preparado, me dirigí a la zona de minería constante, llamada Rico en Minerales, así la nombraban los guardias.

Llegando al sitio comencé a buscar por varios minutos un lugar donde pueda picar los minerales, al final lo termine encontrando.

Me quité la mochila de la espalda y comencé a buscar mis materiales de trabajo: los guantes, un casco con linterna que estaba roto en la lentilla, un silbato para las bestias de rango espiritual y una lista de minerales las cuales tengo que buscar.

Me puse los guantes ásperos y el casco, agarré la lista de minerales y con la linterna rota, ilumine la hoja arrugada, y comencé a leer lo que tenía que buscar: 20 de Cronizorita, 10 de Flurorita, 10 de Cobre, 20 de Oro y 5 Aderita.

Al terminar de leer la lista, agarre el pico que tenía en mi costado y comencé a picar durante un par de horas.

De vez en cuando, pasaba un guardia con un látigo, para confirmar que estaba haciendo mi trabajo.

Después de un gran lapso de tiempo escucho como un par de pisadas suaves se aproximan a mi dirección.

“¿Otro guardia?” – ¡SEÑOOOR NEIIIL!

Gire mi cabeza para ver quién me llamaba, aunque yo ya lo sabía.

Con mi casco pude ver a la pequeña niña de cabello trigo, que estaba recogido gracias a un moño negro, llevaba puesto una ropa sucia y rasgada.

“Es Emma” afirme mientras me agachaba un poco.

– ¿Qué haces aquí Emma?

¿Por qué no estás en el campamento con las demás chicas?

Emma titubeó en contestarme, pero antes de responder alzó la mirada y pude ver sus ojos grandes avellanas.

– Porqué esas personas me dan miedo y no confío en ellos Neil – respondió Emma, mientras unia ambos dedos índices de sus manos.

– Ya, pero debes aprender acostumbrarte a charlar con ellos Emma, porque si no estarás sola Casi al momento dije con un susurro para mí mismo.

– cómo yo en su momento Emma agacho un poco la cabeza.

– Lose Neil, solo que todavía no me acostumbro a qué tantas personas se me acerquen y quieran saber de mí a la “fuerza” – expresó Emma doblando los dedos índice y corazón de ambas manos.

La miré e inmediatamente entendí a lo que se refería, puse mi mano izquierda en su cabeza consolándola.

– No te preocupes Emma, yo estuve igual que tú en su momento – le dije con una sonrisa amable.

– ¿Enserio?

– Sisi, te lo juro, al principio me costó mucho adaptarme a este sitio, pero gracias a mi constancia de no rendirme, ya me llevo mucho mejor con las personas de aquí abajo Emma alzó la cabeza y sus ojos brillaron de motivación.

– Entonces seré igual que tú Neil, yo tampoco me rendiré ¡No Señor!

– aseguró Emma, mientras tocaba su diminuto bícep izquierdo con orgullo.

Al verla, solté una risita.

Justo atrás de Emma me fijé en una luz que se aproximaba.

– Ven, creo que nos llamarán para comer – dije mientras me paraba y recogía mis herramientas de trabajo.

Emma asintió y me adelante para ir primero, mientras que Emma me seguía por detrás.

Sin darme cuenta Emma aprovecho mi despiste para coger mi mano y dijo: – oooooh espero que comamos algo más que esas galletas de trigo, no me gustan mucho Sonreí sin darme cuenta.

Y entonces… recordé.

********* Una brisa fresca acariciaba mi rostro.

El césped bajo mi espalda era suave, vivo.

El cielo se extendía sobre mí, amplio, limpio, interminable.

Por un momento no existían paredes, ni cadenas, ni gritos.

“¿Quién me llama?” – Neil vamos, llegaremos tarde de nuevo – dijo alguien.

– Si Neil, vamos amigo, hazle caso a Alice – agrego otra voz.- Si no, se enojara otra vez Una gran presión inundó mi pecho, haciendo que me levanté exaltado, los dos niños delante de mí se asustaron.

Edgar fue el primero en acercarse.

Cabello blanco y corto como la nieve, ojos tan azules como el cielo y despreocupados me dijo: – ¿Qué es lo que te pasa Neil?

Nos diste un buen susto Luego la vi a ella.

Alice.

Su largo cabello rojo carmesí caía como fuego sobre sus hombros, y entre él brillaban unos ojos verdes, firmes y vivos.

– Levántate de una buena vez Neil – su voz sonó un tanto molesta.

Me levanté de un salto.

– Perdón Alice y Edgar, no me volveré a quedar dormido – dije con una sonrisa mientras me rascaba la cabeza.

— Más te vale — dijo Edgar mientras masticaba un tallo de césped.

– No te preocupes, ahora, apresuremos el paso, es demasiado tarde – señaló Alice.

– De acuerdo – asentí Los tres caminos por un sendero de tierra.

El viento golpeaba mi rostro.

La risa de Edgar se mezclaba con mis pasos.

El sol calentaba la piel.

El mundo estaba lleno de colores.

Mientras nos dirigiamos a la Cuidadela Scar.

Con Edgar y Alice.

Mis hermanos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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