Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Born Of An End - Capítulo 2

  1. Inicio
  2. Born Of An End
  3. Capítulo 2 - 2 Capitulo 2 Día de trabajó
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

2: Capitulo 2: Día de trabajó 2: Capitulo 2: Día de trabajó Alice y Edgar me guiaban por un sendero de tierra cubierto de césped y salpicado de flores amarillas que se extendían hasta perderse en el horizonte.

El viento las hacía mecerse como un mar dorado.

Más allá, recostado sobre una montaña, se alzaba el esqueleto gigante que vigilaba la Ciudadela desde tiempos inmemoriales.

Donde antes habían estado sus ojos, ahora brotaban seis cascadas eternas, como si incluso muerto siguiera llorando.

Tras varios minutos de caminata, llegamos a unas gigantescas puertas rojas, abiertas de par en par.

El marco metálico reflejaba la luz del sol con un brillo resplandeciente.

Sobre ellas, un cartel de madera oscura sostenía letras rojas enormes, visibles incluso desde lejos que decía: Bienvenidos a la Ciudadela de Scar.

A las puertas de la Ciudadela, se podía ver a simple vista como varias personas con diferentes equipajes, salían del lado izquierdo y entraban del lado derecho, algunos con prisa y otros manteniendo un ritmo constante.

Nos metimos a la cola y esperamos nuestro turno de identificarnos.

Dentro de un minutos, finalmente llegamos a la zona del peaje.

Un Señor con un sombrero de copa azul oscuro, llevaba un uniforme lujoso de color más claro que el sombrero y botones dorados que resaltaban por su brillo.

Nos observo con una mirada entrenada.

– Una moneda de cobre, porfavor – nos dijo, con su tono tan serio como debe serlo un guardia.

Al escucharlo mis amigos y yo, sacamos cada uno, una moneda de cobre que tenía impregnada en ella, a un caballero de aspecto sereno, con una gran melena que le caía hasta los hombros, mientras que su cabeza posaba una gran corona real.

“El Rey Devos” Antes de darle la moneda de cobre al guardia, por instinto gire mi moneda y se podría apreciar un gran ‘1’ en ella.

Terminado de apreciar la moneda, estire mi mano para finalmente dársela al Guardia de la Ciudadela.

El Guardia aceptó las tres moneda, y nos dio el visto bueno para poder entrar, nosotros entramos sin dudarlo.

Mientras caminamos por las grandes calles de la Ciudadela, pude observar las diferentes casas que habían en ella.

De ladrillo, roca, algunos edificios no tan grandes y una que otra moderna bien decorada.

También diferentes tiendas con carteles como: comida, armas/armaduras, pociones, librerías, ropa, monturas, entre otras…

Que veía al pasar por la calle llena de personas y de carruajes, algunos simples y otros más prestigiosos.

Uno de ellos era tirado por una especie de lagartija que llevaba una peculiar armadura de escamas.

“Me preguntó cómo las fabricarán” pensé observando la armadura de escamas rojas.

Tras caminar unos largos minutos ví como en algunos postes, se encontraban pegados carteles de: “Se busca, niño desaparecido” era algo que últimamente se encontraba en la Ciudadela con frecuencia.

– Ojalá que los encuentren pronto – exprese mirando apenado los carteles.

Seguimos caminando por las diversas calles de la Cuidadela hasta que Alice para y dice: – Llegamos, Neil, Edgar, prepárense será un día duro – No digas eso Alice, de solo pensarlo me hace doler la cabeza – afirmo Edgar poniendo sus manos con preocupacion sobre su cabeza.

– Bueno mejor empezar ahora que nunca, comencemos – le dije a Edgar, mientras me arremangaba la camiseta de seda negra desgastada.

Entramos a una Panadería y nos dirigimos al mostrador, Alice comenzó hablar de manera enérgica a todos dentro de la Panadería — Hola Jenny ¿cómo estás?

— Bien Alice gracias por preguntar y ¿Tu?

— Muy bien, disfruta ese pan recién horneado — Hoooola Esteban, espero disfrutes esa Baguette — Gracias Alice, nos vemos — Lindo vestido Evelin — Gracias Alice, tu tienes una sonrisa brillante como siempre Llegamos al mostrador y vimos a una señora corpulenta, de pelo negro y ojos pequeños de color marrones, con una ropa de reposteria y un delantal negro.

– Bueno, es su turno eh!

– dijo la señora corpulenta.

– Sí, señora Rena – respondió Alice.- Aunque… llegamos un poco tarde.

– Un poco – replicó Rena, molesta.- Me tocó quedarme horas extra.

– Lo sentimos, no volverá a pasar – dijo Alice, inclinando la cabeza y lanzándome una mirada asesina de reojo.

Al ver la mirada que me tiró, la piel se me erizo y Edgar a lado mío solo sonrió.

— Sube esa cabecita pequeña Alice, y que te dije de llamarme Señora — Alice levanto la cabeza y Rena descruzo sus brazos mientras daba un suspiro — Bueno, ya me voy chicos — afirmo Rena mientras se quitaba el delantal negro.

— ¡Tan rápido Señora Rena!

Normalmente nos ayuda con la elaboración de pan — soltó Alice sorprendida.

Rena la miro y se esforzó por sonreír.

— S-Si querida, es que hoy estoy más cansada de lo normal y quiero llegar rápido a casa para descansar — Entonces vaya con gusto a descansar Señora Rena, con sus enseñanzas es suficiente para encargarme solo — dije con una sonrisa mientras me rascaba la nariz confiado.

— G-Gracias Neil, que les vayan bien chicos y no cierren tan tarde — dijo apenada Rena.

Los tres asentimos y contestamos: — Cuídese usted también Señora Rena Luego de la despedida con la Señora Rena, me dirigí al perchero y agarre mi delantal blanco.

Vi como Alice agarraba una caja para ponerla en el mostrador, para pararse en ella ya que era muy pequeña para ver a los clientes.

Al verla, sonreí por hacerce la grande y seguí mi camino, me dirigí a la bóveda para conseguir sacos de harina y hacer mi trabajo, justo en el momento oportuno me tope con Edgar.

— ¿Te ayudo Neil?

— pregunto Edgar con una sonrisa.

— Si, gracias amigo — le respondí ofreciéndole un saco de harina, mientras que el otro, me lo apoye en el hombre.

Nos dirigimos al horno, justo detrás del mostrador pasando una puerta, Edgar y yo colocamos los sacos en una mesa de madera, y con cuidado abrimos cada saco para que no nos salpicará harina innecesaria.

Con agua comenzamos a mojar y masajear la harina, transformandola en una masa pegajosa, usamos la fuerza necesaria para que tomara suavidad y que siguiera cambiando, hasta llegar a una masa homogénea.

Fría al tacto.

Edgar y yo finalmente conseguimos la textura necesaria del pan, le dimos forma y finalmente la colocamos al horno para que se hornee.

Edgar trajo dos sillas para esperar que este el pan horneado.

Mientras observaba las llamas de la leña del horno se me vino un recuerdo.

– Sabes Ed, la Señora Rena una vez me contó una historia ¿Te acuerdas del esqueleto gigante de seis ojos y cuatro brazos que está recostado en la montaña?

— Si, el esqueleto del gigante ¿Verdad?

— Exacto, aparentemente no son de un gigante, si no de una Bestia de Rango — ¡C-Como es posible¡ ¿Hay bestias de ese tamaño?

¿Y eso se enfrentaron nuestros antepasados?

— Si, la Señora Rena me contó la historia de esta Bestias y de porque su esqueleto está recostado en la montaña — Por favor continúa Neil, me encantan las historias — dijo Edgar con una sonrisa.

Me acomode en la silla y comencé.

– La señora Rena dijo que esta historia se la contó su padre a ella y, que la historia vino de su abuelo.

Aunque por lo viejo del esqueleto seguramente la historia paso mucho más antes, asi que puede estar deformada por el tiempo… pero eso la hace más real Edgar se inclinó hacia adelante, atento.

– Hace muchísimo tiempo – continúe.- cuando los humanos todavía no tenían contacto con las Deidades, el mundo estaba casi indefenso.

Las personas solo tenían acero, fuego y miedo para enfrentarse a las Bestias de bajo rango.

Un día cualquiera, desde las profundidades emergió una Bestia como nunca antes se había visto.

No era solo grande… era imposible.

Una Bestia humanoide de rango jamás registrado.

Su piel era tan oscura como la noche sin luna.

Tenía cuatro brazos, cada uno terminado en garras capaces de desgarrar montañas, y de ellos colgaban látigos vivos, ondulándose al ritmo de las mareas.

Edgar trago saliva.

— ¡S-Si!

Sin duda una bestia de temer Levanté lentamente la mirada.

—Tenía seis ojos ardientes, rojos como llamas, y de su cabeza brotaban dos cuernos escarlatas, largos como lanzas, apuntando al cielo.

Su sola presencia hacía que el mundo se distorsionará y el aire temblaba.

Edgar abrió los ojos como platos.

— ¡Sin duda una bestia de temer!

No me imagino que hicieron las personas de esa época.

— La Señora Rena me contó que muchos se arrodillaron.

Otros suplicaron morir antes de seguir viéndolo.

Fue ahí cuando nació una nueva clasificación: Rango Abisal.

— ¿Y como lo derrotaron Neil?

— Justo iba a eso — me aclare la garganta y continúe — La bestia lanzó un rugido tronador que hizo temblar a todo el mundo, después de rugir, el Rango Abisal con vos amenazante se hizo llamar así mismo ‘Chariot’ Baje mi tono y trate de forzar la voz lo más gruesa que pude, imitandolo.

— Mi nombre es Chariot — dije.— Destruiré a todos los dioses hasta que no quede ninguno Edgar se estremeció.

—Y justo cuando el mundo parecía acabado… el cielo se partió en dos Levanté un dedo, como si señalara algo invisible.

— De esa grieta descendió un hombre gigantesco, cubierto por una armadura dorada que brillaba como un sol recién nacido.

En sus manos llevaba una espada imposible, tan luminosa que obligaba a bajar la mirada.

Sonreí, sin darme cuenta.

— Era Ardon.

El fuego del horno chispeo.

— Ardon se plantó frente a Chariot, solo.

El viento sacudía su cabello castaño, y una gema azul incrustada en su frente emitía una luz serena.

Antes de atacar, giró la cabeza y miró al continente entero.

Edgar abrió los ojos.

— Y dijo… — continué con voz firme.— Si no tienen quien los proteja, tranquilos.

¡Yo los protegeré!

— Entonces comenzó la batalla —proseguí.— No fue una lucha, fue un choque de luces.

Cada golpe de Chariot hacía temblar el mundo.

Cada tajo de Ardon partía el cielo.

Látigos contra espada.

Abismo contra divinidad.

Mis manos se cerraron.

— Lucharon hasta que el tiempo dejó de importar.

Hasta que la tierra no pudo soportarlo más.

Y al final… Tragué saliva.

— Ambos cayeron.

La Bestia murió, y Ardon también.

Solo quedaron los huesos.

Los mismos que aún descansan en la montaña.

Edgar respiró hondo.

— Entonces murió protegiéndolos a todos.

Asentí.

— La Señora Rena me contó que por eso ahora contamos los años como A.A y D.A ‘Antes de Ardon’ y ‘Después de Ardon’.

Porque su sacrificio partió la historia en dos Edgar bajó la mirada, observando sus manos cubiertas de harina.

—Ojalá… ojalá algún día poder ser como él.

Lo miré y sonreí con suavidad.

— Lo serás, Ed.

No hace falta ser un dios para que protejas lo que amas Edgar me ofreció una sonrisa y luego dijo: — Bueno, terminemos de trabajar Neil — ¡Si!

Sin darme cuenta, la noche llegó y me dirigí a la sección de Alice con Edgar.

– ¿Cuánto vendimos hoy Al?

– Mucho por suerte Neil ¡Gracias por trabajar tan duro chicos!

– expreso Alice con una sonrisa y acto seguido, rodeo con sus brazos el cuello de Edgar y él mío para darnos un abrazo a ambos.

– No fue nada, no lo habría hecho sin mi gran amigo Edgar – dije orgulloso sacando el pecho.

– Gracias Neil, hoy fue un día duro, pero veo que todo resultó bien, por fin podremos ir a casa – indicó Edgar bostezando, pero antes de que saliera todo su aliento puso su mano para contenerlo.

– No todavía Edgar, ya sabes a quien tenemos que esperar a esta hora – mencioné.

Cómo si fuera un ritual de invocación vino aquel al que esperábamos.

Unos pasos se escucharon a la entrada de la Panadería y se podía ver a un hombre entrar.

El hombre era alto y a simple vista delgado.

Tenía un lunar en la mejilla derecha justo por debajo de su ojo.

Gozaba de un cabello corto azul y un traje lujoso del color del cielo con rayas blancas en vertical.

Zapatos elegantes azabache y en su mano derecha agarraba un bastón de mango amarillo brillante, casi parecido al oro y con un cuerpo negro.

– Ooohyohyo veo que hoy también les fue bien queridos – dijo sonriendo.

– Si señor Grin vendimos muy bien hoy también, podría darnos nuestra parte por favor – indicó Alice con una mirada de desprecio.

Lo mire unos segundos tanteando su aspecto.

“Se ve igual de fastidioso que siempre” El señor Grin se dirigió al mostrador y contando cuidadosamente todo el dinero, llamo a Alice.

– ooooh Alice, querida, ven aquí por favor, ¿si?

– – Está bien, ya voy Señor Grin – respondió Alice al momento.

Al ver a Alice irse donde el Señor Grin, mire a Edgar y le señale los asientos donde comían los clientes para esperar sentados.

Edgar mi miro y asintió con la cabeza.

– ¿Crees que está vez nos dará un poco más?

– me preguntó Edgar.

– No lo creo…

Conociéndolo, incluso nos da menos, con suerte nos da lo de siempre – le respondí.

Al fondo se escuchaba al Señor Grin hablar – Bueno, por su gran esfuerzo esto se ganaron – dijo casi como una burla.

Alice al ver lo que le dió el Señor Grin puso una mirada triste – Muchas gracias Señor Grin, un placer trabajar con usted – dijo Alice mientras bajaba la cabeza y apretaba el puño.

Edgar y yo lo notamos enseguida.

– ¡Neil hay que ayudarla!

– afirmó Edgar parándose de la mesa.

Al escucharlo asentí y los dos nos acercamos donde estaban hablando el Señor Grin y Alice.

Agarré la mano de Alice y sin despedirme del Señor Grin la saqué del mostrador, mientras que Edgar con un tono de voz frío y serio dijo: – Gracias Señor Grin, por todo, ya nos vamos – Ví atrás mío, para ver cómo Edgar se acercaba poco a poco hacía nosotros.

– Está bien queridos, regresen mañana, cuidense ¿si?

– mencionó el Señor Grin, moviendo su mano de un lado a otro para despedirse.

Tras escuchar sus palabras, salimos de la tienda.

Apenas di unos pasos cuando sentí una presión incómoda en la nuca, como si algo se clavara en mi espalda.

Me giré apenas, lo suficiente para mirar de reojo, y entonces lo vi.

El señor Grin sonreía.

Sin embargo no era su sonrisa habitual, amable ni exagerada.

Era amplia, torcida… malévola, estirándose de oreja a oreja.

Me recorrió un escalofrío cuando sus ojos turquesa se fijaron en nosotros, como si estuviera contando algo invisible.

En cuanto notó que lo observaba, la sonrisa desapareció.

Por primera vez lo vi sin muecas ni gestos exagerados.

Su rostro quedó vacío, inexpresivo, y aun así fue peor.

Sentí que no me miraba a mí, sino algo más profundo, como si atravesara la piel y se hundiera directo en mí alma.

Giré la cabeza de inmediato y aceleré el paso.

Ninguno de los tres dijo una palabra mientras seguíamos nuestro camino.

Al salir de la Panadería caminamos rápidamente pero paramos después de dos cuadras.

– ¿Estás bien Alice?

– preguntó Edgar mirándola preocupado.

– Cuando Edgar y yo te mirábamos así, no pudimos soportarlo y nos metimos, lo sentimos Alice – comenté soltando la mano de Alice al fin.

– No pasa nada chicos, por eso confío en ustedes más que en nada, se que si en algún momento estoy en problemas ustedes me ayudarían – expreso Alice con una sonrisa.

La miré durante unos segundos.

No sabía por qué, pero algo no encajaba.

Esa sonrisa no llegaba a sus ojos.

Era frágil, sostenida a la fuerza, como un intento de esconder una tristeza demasiado pesada.

– No pasa nada Alice, para eso estamos ¿No Neil?

– indico Edgar mientras se rascaba la cabeza con la mano izquierda y con la otra puso su brazo alrededor de mi cuello.

– ¡Si!

¡Siempre te apoyaremos Alice!

– dije con una sonrisa.

– Bueno ¿Cuánto nos dió está vez?

– pregunto Edgar – Seis monedas de cobre – respondió Alice con un tono triste.

– Mmmmmm, aunque sea nos dió algo ese avaricioso viejo lame botas – solté al momento.

– Regresemos a casa…

– dijo Alice con su tono todavía apagado.

Edgar y yo nos lanzados una mirada triste, por ver la reacción de Alice y asentimos.

Emprendimos el camino de regreso, pero no pude sacarme de la cabeza ese cruce de miradas con el señor Grin.

Rápidamente deseché el pensamiento y continuamos avanzando por la Ciudadela, oscura y vacía, mientras el eco de nuestros pasos parecía seguirnos más de lo debido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo