Brujo del mundo de magos - Capítulo 392
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392: Capítulo 392 – El Continente Central 392: Capítulo 392 – El Continente Central Editor: Nyoi-Bo Studio El Magma se agitaba alrededor como las aguas de un mar turbulento y emitía ondas de calor que se extendían: apenas una pista del increíble poder debajo.
Había una capa de líquido dorado en el centro, como si fuera un lago dentro de otro lago.
Sin embargo, esa magnífica capa podía detener el avance de los Magos.
Sobre la lava había un pasadizo gigante y se oían voces muy pequeñas que provenían de él de vez en cuando.
Las piedras alrededor de ese pasadizo eran muy duras y nadie sabía adónde llevaba.
¡Swish!
Una silueta apareció en la costa del lago.
La luz se dispersó y mostró a un Mago muy joven cuyo cabello era negro y largo y estaba atado de forma casual y su piel era fina y lisa.
Su bello rostro estaba lleno de la dignidad de un gobernante.
Ese era, lógicamente, Leylin, pero su ropa estaba algo sucia en ese momento.
El viaje apresurado de ida y vuelta lo había agotado.
—¡Mi Señor!
—lo saludó un Mago de mediana edad con piel color bronce.
—¿Terminaste?
—preguntó Leylin de forma casual.
—¡Sí!
Por favor, ¡sígame!
Kubler llevó a Leylin a un agujero que había cavado cerca del lago.
En el centro había una bola gigante oscura que parecía estar hecha de piedra y su superficie era negra y brillosa.
De un lado de la bola había una puerta que mostraba que estaba hueca.
—De acuerdo con su plano y sus indicaciones, todas las partes se hicieron con la capa más dura de esta piedra metamórfica para soportar las altas temperaturas del magma central.
Las uniones incluso se reforzaron con runas…
—le informó parado junto a Leylin como un servidor leal.
Ni siquiera mencionó la dificultad para conseguir la piedra y moldearla.
—¡Buen trabajo!
—asintió Leylin, mirando sorprendido las runas dentro de la bola.
Ese Hechicero del linaje de Mankestre era mucho mejor con la alquimia que lo que había pensado.
—No, es un placer servir a mi señor, ¡no es ningún problema en lo absoluto!
Kubler lo saludó con humildad con las manos cruzadas delante de su pecho.
Se esperaba ese tipo de respeto ante los Magos de linajes superiores.
Kubler se había acostumbrado a eso durante su tiempo en el Clan Uróboros.
—El lago de lava está más activo últimamente.
¡Me temo que eso significa que está por entrar en erupción!
En ese momento, el lugar quedaría inundado de lava, lo que bloquearía por completo el pasadizo.
Kuble había bajado allí cuando el volcán estaba inactivo, pero aun así había sufrido quemaduras terribles que provocaron que luego le tuviera miedo a la lava.
Aunque siguió el plan de su señor, igualmente estaba preocupado.
Sin embargo, el sirviente no tenía el derecho de tomar la decisión final.
Sólo podía hacer sugerencias, pero tenía que seguir las órdenes de su maestro.
—Entiendo.
La erupción tendrá lugar dentro de una hora y 23 minutos.
¡Prepárate!
Con la habilidad del Chip de I.A.
para observar y predecir la erupción, Leylin sabía el momento justo mucho mejor que Kubler.
Había llevado a cabo ese plan con los cálculos del Chip de I.A.
y el índice de éxito era de más del 90%.
¿Por qué iba a arriesgar su vida si no era así?
…
Más de una hora después: Una bola negra flotaba en la lava roja como si estuviera en el agua.
Kubler estaba sentado en el interior con Leylin y tenía el rostro muy pálido.
Al ver la lava en el exterior a través de una pantalla mágica, dijo tartamudeando: —Mi…
Mi Señor, ¡este plan es muy peligroso!
En cuanto la bola se rompiera, ¡los devoraría la lava infinita!
Incluso aunque fuera un Mago, ese tipo de muerte horrible lo hacía temblar.
—¡Cálmate!
Leylin miró muy tranquilo a la lava en el exterior.
¡Blub blub!
La lava había alcanzado su punto de ebullición: toda la cueva comenzó a temblar y comenzó a caer polvo de las paredes.
[Biip.
La erupción comenzará en 10, 9, 8…] El Chip de I.A.
había comenzado la cuenta regresiva final.
—¡Ahora!
—los ojos de Leylin brillaron y estalló su fuerza aterradora de Mago de rango 3—.
¡Congélate!
Una capa de hielo color azul profundo se extendió por las paredes con sus manos como centro.
Mientras ese fenómeno se extendía rápidamente hacia el exterior y envolvía con hielo la bola, se oían distintos chasquidos.
El hielo estaba tan frío que ni siquiera la lava hirviendo podía derretirlo.
Se elevó vapor blanco cuando ambas superficies entraron en contacto.
—¡Esto puede hacernos ganar algo de tiempo!
—dijo Leylin con una sonrisa y luego miró la pantalla del Chip de I.A.
[3, 2, ¡1!
¡Se alcanzó el límite crítico!] ¡Bum!
Con la advertencia del Chip de I.A., Leylin y Kubler sintieron que los temblores envolvían la bola.
Era como si hubieran entrado en el cuerpo de un monstruo antiguo aterrador ¡y ese monstruo se hubiera despertado con un rugido estruendoso!
—¡Aaaaaah!
Kubler gritó de miedo y sus manos se agitaban mientras luchaba por encontrar algo de lo que agarrarse.
Entonces, sintió que una fuerza que podía venir de la explosión del universo golpeaba el fondo de la bola de piedra como un gran impulso.
La lava se elevó hacia el cielo como un dragón levantando vuelo, sólo que ese dragón tenía una pequeña bola de piedra adelante.
La lava los rodeó y los llevó de prisa al pasadizo.
La bola se agitaba continuamente mientras golpeaba una pared tras otra, pero lo que asustaba de muerte a Kubler era, en cambio, ¡la gran gravedad!
Mientras la bola se elevaba como un cohete, los dos dentro se enfrentaron a una fuerza gravitatoria igual de fuerte.
La intensa fuerza tiraba de la piel de Kubler y hacía que sintiera que lo estaban mordiendo hormigas por todo el cuerpo.
El dolor lo hizo yacer en el suelo como una rana y sentía que, de no haber sido un Hechicero con un cuerpo reforzado, habría muerto hace mucho.
Se escuchaban explosiones y los temblores continuaban.
El aterrador poder de la naturaleza hacía que Kubler se sintiera como una minúscula hormiga.
Lo único que podía hacer era rezar, rezar por una salida rápida de ese tormento, rezar por que esa bola de piedra resistiera.
Continuaban los ruidos sordos y explosivos.
Aquella era una cadena de volcanes enorme y, aquel día, el volcán central había acumulado presión suficiente como para entrar en erupción.
También expulsaba smog negro hacia el cielo, lo que formaba un mar de nubes grises que sumergieron en la oscuridad a las tierras cercanas.
Riachuelos de lava fluían por las laderas del volcán como si fueran arterias del cuerpo.
¡Bum!
Finalmente, con una explosión gigantesca que provocó un terremoto, el volcán entró en erupción.
Fue como si se separaran el cielo y la tierra, el mundo se destruyó.
La lava roja salpicada de oro estalló en dirección al cielo y se transformó en infinitos dragones de fuego que volaron en todas las direcciones.
El fuego se propagaba y las explosiones se oían incluso mientras la tierra temblaba.
Era como el Armagedón.
Entre la lava aterradora había muchas rocas.
Piedras del tamaño de montañas golpeaban el suelo con una gran fuerza, partiendo la tierra debajo y arruinando todo a su alrededor.
¡Bang!
Entre las incontables piedras en el cielo había una con una forma particularmente simétrica.
Esa bola de piedra avanzó a toda velocidad por el suelo dejando detrás de sí un rastro extenso color negro chamuscado.
La superficie de la bola aún era roja opaca, como si estuviera a punto de derretirse en cualquier momento.
Poco después, la bola comenzó a romperse y, con un golpe, salió disparado un pedazo que mostró el interior hueco.
—¿Entonces este es el continente central?
Leylin salió de la bola y soltó un suspiro tan caliente como el mismísimo fuego.
La escena infernal que lo rodeaba no lo perturbaba.
En cambio, estaba lleno de una ansiedad placentera.
—Continente central, aquí estoy —murmuró en su mente.
A Kubler le llevó un tiempo salir lentamente de la bola gateando y tosiendo.
Su cuerpo era un desastre y tenía algunas marcas de quemaduras.
La capa de hielo que había hecho Leylin se había derretido dentro de unos diez segundos en la erupción.
Luego, la bola de piedra alcanzó temperaturas extremadamente altas.
Se habrían asado de no haber sido Magos.
—¡Emocionante!
¡Esto es tan emocionante!
Luego de tener arcadas por un rato, Kubler se secó el sudor con miedo en sus ojos.
—¡Relájate!
Salimos sin problemas, ¿o no?
—Leylin se dio vuelta y sonrió—.
Es justo que paguemos un pequeño precio por reducir un viaje de un día a sólo algunos minutos.
—¡Sí, mi Señor!
Kubler no podía hacer más que sonreír.
—¿Entonces este es el continente central?
—Al ver recomponerse a Kubler, Leylin quiso confirmar eso con él.
—¡Claro!
—respondió Kubler, incluso aunque su expresión se tornó complicada—.
Este es el Monte Asura, del continente central.
La tierra en la que estamos parados ahora es sin dudas el continente central.
…
Tres días después, en una aldea pequeña: · Se abrió una puerta giratoria enorme y brillante mientras pasaban carruajes y personas con atuendos extraños, algunos de ellos Magos Oficiales.
Leylin estaba sentado en una habitación de hotel.
No había tocado siquiera el budín y el jugo que estaban frente a él.
Estaba mirando hacia afuera con una mirada soñadora.
En ese momento, la puerta se abrió con un ruido seco y entró Kubler.
—¡Mi Señor!
¡Compré boletos para una aeronave que se dirige a los Dominios del Río Negro y sale mañana por la mañana!
Dentro de cuatro días como máximo, ¡llegaremos a los cuarteles del Clan Uróboros!
Su voz estaba marcada por la emoción.
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