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Brujo del mundo de magos - Capítulo 393

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393: Capítulo 393 – La Red De Aeronaves 393: Capítulo 393 – La Red De Aeronaves Editor: Nyoi-Bo Studio —¡Hmm!

—Leylin asintió sin prestar atención—.

¡Veo muchos Magos por aquí!

Leylin señaló hacia afuera, donde un Mago vestido como un poeta deambulante estaba tocando un órgano.

Un grupo de residentes lo miraba y lo alentaba.

—¡Sí!

Aquí los Magos Oficiales muchas veces se mezclan con los plebeyos y los residentes los conocen muy bien también…

—le explicó Kubler—.

En el continente central, los Magos y la nobleza se comunican usando el Lenguaje de Byron.

Por lo tanto, mi Señor, no debe preocuparse por la barrera del idioma.

En realidad, aquí hay algo de material acerca del continente central y algunas variantes de mapas, además de algo de información sobre comunicación.

Kubler le entregó respetuosamente una bola de cristal llena de información.

Para los Magos era obligatorio aprender el Lenguaje de Byron.

Por eso Leylin y Kubler pudieron comunicarse desde el momento en que se conocieron, porque se entendieron de forma inmediata.

Leylin se sirvió una cucharada de postre.

Un sabor dulce, rico y aromático estimuló sus papilas gustativas.

—Qué comida delicada, parece que el estilo de vida de los plebeyos en el continente central es mejor que el de la Zona Ambigua…

—¡Desde luego!

¡Este es el continente central, el centro del Mundo de los Magos!

—exclamó Kubler con algo de orgullo.

Leylin sonrió y sacudió la cabeza.

Aunque las siete capas del mundo subterráneo no estarían de acuerdo con esa afirmación, durante la antigüedad del continente central había al menos un Mago de rango 7 supervisando.

Pero, ¿ahora?

Sólo había recuperado una pizca de su antigua gloria.

Leylin no deseaba hacer nada con respecto a ese problema.

Después de todo, la situación del continente central en ese momento quizá le vendría mejor.

Después de una buena noche de descanso, Leylin y Kubler se dirigieron a un lugar fuera de la ciudad.

La calle estaba muy transitada, llena de carruajes y otros medios de transporte que llevaban montones de equipaje y productos sobre ellos.

El lugar se veía muy próspero.

Además, cada transeúnte en la calle tenía cierto nivel de ondas de energía.

Había muy pocas personas normales presentes.

Leylin y Kubler cruzaron aquella calle ancha y resistente y vieron lo que parecía un aeropuerto futurista.

Había muchas aeronaves blancas con forma de óvalo en el gran terreno liso, algunas despegaban y otras aterrizaban.

Una multitud entraba y salía de ellas como un ejército de hormigas.

Estaban remolcando cargas de productos de algunos dirigibles, mientras los trabajadores les gritaban a sus compañeros para que descargaran el equipaje y el cargamento.

La escena era calurosa, atareada y desordenada.

El continente central era enorme, sus tierras eran vastas y no tenían límites.

El transporte terrestre no sólo era lento, sino que también mucho más peligroso.

Por esa razón, las aeronaves se habían convertido en el medio de transporte más común.

Incluso dentro del pequeño sector que ocupaba una ciudad, había un punto de carga y descarga con algunos Magos y discípulos encargándose de él.

Sus responsabilidades incluían mantener la ley y el orden en la ciudad y el mantenimiento y la reparación de las aeronaves.

Además, había un grupo de ingenieros entrenados especialmente para ese trabajo.

Tenían cuerpos delgados como fósforos, ojos saltones y se estaban quedando pelados.

Leylin los vio trabajando entre las bases de las aeronaves y los túneles, con llaves y otras herramientas.

Los costos de construcción y las tarifas de mantenimiento para aquellas naves eran muy altos.

De todas formas, mientras la ruta aérea fuera segura, había beneficios.

Era un caso donde la gran inversión producía grandes beneficios, y sólo los Magos que tenían grandes fortunas podían realizar tales inversiones.

Las aeronaves de la costa sur eran más pequeñas que esas.

Las rutas aéreas eran limitadas y sus tiempos de vuelo estaban regulados.

Simplemente no tenían comparación con las del continente central.

—¿Quién está detrás de las distintas rutas aéreas?

—le preguntó Leylin a Kubler en voz baja.

Un sólo boleto para un viaje en aeronave en una cabina común costaba 100 cristales mágicos.

Para Leylin y Kubler, que lógicamente eligieron viajar en la cabina superior, sólo sus viajes les costaron 600 cristales mágicos.

Por suerte, Leylin era rico e imponente, ya que tenía el control de los recursos de toda una región.

El dinero estaba a su entera disposición.

Tenía abundantes cristales mágicos, por lo que no iba a ser tacaño.

Aunque Leylin tenía el fuerte respaldo de los recursos de la Zona Ambigua, cuando se comparaba con el enorme negocio de las aeronaves, sentía que aún era insuficiente.

—Sólo la Familia Fallor controla todas las rutas aéreas del continente central, ¡son de su propiedad!

—¿De su propiedad?

—Leylin estaba en shock, y preguntó inmediatamente: —¿Quién es el Mago que está de su lado?

Los enormes beneficios incluían involucrarse en negocios cruciales.

Si su respaldo no iba a la par, no serían capaces de controlar algo así.

Para que la Familia Fallor dominara todo el continente hasta ese momento, seguramente tenían un respaldo formidable.

—La Familia Fallor cuenta con dos Magos Lucero del Alba.

Pero, por supuesto, eso no vale mucho.

¡Quien los respalda de verdad es el Monarca de los Cielos!

—¿El Monarca de los Cielos?

¿Un Mago del Amanecer?

Leylin asintió.

Con un Mago en la cima del continente central devorando esos tratos, la Familia Fallor básicamente adquiría el rol de amos de casa.

Después de todo, el que en realidad tenía el control de todo el negocio de las aeronaves era el Monarca de los Cielos.

—Sí, estando bajo el control del prestigioso e intimidante Monarca de los Cielos, la seguridad de las aeronaves está garantizada —destacó Kubler con una luz de deseo en sus ojos.

¡Un Mago de rango 6!

¡Ese era el nivel más alto en el continente central!

¡Cada una de sus acciones podía afectar las vidas de incontables Magos debajo de él!

…

¡Wush!

Con un zumbido del aire, la aeronave guardó sus anclas y comenzó a flotar hacia arriba en el cielo.

Leylin permaneció en la cubierta disfrutando el viento, con una mirada de satisfacción en los ojos y una sonrisa en el rostro.

El viento frío soplaba y permanecía a su alrededor con una mezcla de luz del sol y el sabor del césped verde y fresco.

—¡Ha pasado mucho tiempo!

¡Mucho tiempo!

No he estado bajo el sol por demasiado tiempo…

Leylin miró al cielo azul y blanco y a los rayos dorados del sol.

Por un momento, se sintió sensible.

Aunque había piedras solares y hechizos de luz eterna en la Zona Ambigua, después de todo, eran artificiales.

No podían compararse jamás con el calor y la luz que brindaba el sol natural.

Aquellos que vivían durante mucho tiempo en la Zona Ambigua se enfrentaban constantemente a que la tierra y el cielo estuvieran hechos de piedra negra y gruesa.

Los volvía depresivos y algunas veces también podía llevar a problemas graves.

Aunque Leylin no había tenido esa desgracia, no deseaba arriesgarse más.

No deseaba dejar nunca más ese espacio lujoso y la experiencia que el resplandor del sol real le brindaba.

¡Aquellos que estaban siempre bajo el sol no iban a entender nunca a los que habían estado en la oscuridad y anhelaban su resplandor natural!

A medida que la nave adquirió velocidad, la corriente de aire en la cubierta aumentó terriblemente; era suficiente como para volar a un adulto.

Por supuesto, en una situación así, Leylin no se inmutó y no oyó el anuncio para que todos regresaran a sus habitaciones.

Permitió que los fuertes vientos lo envolvieran por completo.

—Hermoso, ¿verdad?

—dijo una dulce voz femenina.

Leylin giró hacia su derecha y vio a una mujer joven sosteniéndose con fuerza del pasamanos.

Estaba en puntas de pie e intentaba mirar el paisaje debajo.

Debajo de ellos, luego del mar de nubes, podían verse áreas de tierras y cultivos.

Los molinos parecían de juguete y el contorno de la ciudad se veía muy lejano.

Pequeños puntos negros se movían en los caminos.

—Me llamo Jessia, ¿y tú?

La joven amplificó su voz luego de que Leylin no le prestara la atención que deseaba.

—Leylin —respondió sin emoción alguna.

Leylin sintió la energía que salía rodando en forma de olas de la joven: era de rango 1.

Podía considerarse una genia si se tenía en cuenta de que había alcanzado el rango 1 con tan poca edad, pero, lamentablemente, era insignificante para Leylin.

—Entonces, Leylin, ¿de dónde eres?

La joven Maga no se sentía frustrada por que Leylin la ignorara.

En cambio, comenzó a hacer más preguntas.

—¿Qué tipo de poder tienes?

¿Adónde deseas ir?

¿Te gusta el jazmín del cabo?

Me gustan las cosas hechas con nueces, creo que aumentan mi poder y también huelen bien…

—continuó trinando como un gorrión y haciendo una cadena de preguntas.

—Tú…

—Leylin miró hacia arriba fastidiado y estaba a punto de decir lo que pensaba cuando se oyó otra voz detrás de él.

—Jessia, ¿qué estás haciendo?

Leylin se volteó.

Un Mago joven con atuendo blanco y dorado con un emblema de rubí rojo caminó hacia ellos con furia oculta en sus ojos.

—No…

Nada…

Sólo estoy aquí afuera dando un vistazo…

—Jessia metió de nuevo la cabeza; se veía patética.

—Ya que terminaste de echar un vistazo, ¡regresa adentro ahora!

¡Es peligroso aquí afuera!

La joven contuvo la sonrisa en su rostro.

—Señor Leylin, ¡lo buscaré la próxima!

Jessia lo saludó mientras se alejaba y el joven estaba claramente disgustado.

Miró a Leylin y abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo.

Le lanzó una mirada veloz llena de advertencias a Leylin y se volteó para regresar a la cabina.

—¡Ridículo!

Leylin sacudió la cabeza de forma incrédula.

Sabía que la joven Maga lo había usado como una razón para evitar la ira del joven Mago y eso hizo que Leylin tuviera malas impresiones de ambos.

Era muy evidente que no habían descubierto su energía ondulante oculta, por lo que una lo consideraba un salvador mientras que el otro, sin saber, no se había atrevido a desafiarlo.

—Kubler, ¡ven aquí!

—dijo Leylin mirando la huella secreta en su mano.

—¡Maestro!

¿Cuáles son sus órdenes?

—respondió respetuosamente Kubler con una reverencia luego de llegar rápidamente a la cubierta.

—¿Conoces este símbolo?

Leylin proyectó una imagen del emblema del rubí rojo que llevaba el joven Mago.

A juzgar por la imagen orgullosa del Mago joven que llevaba el emblema del rubí rojo en su pecho, Leylin sospechaba que era el símbolo de un Mago poderoso.

Desafortunadamente, no tenía ni idea y tuvo que soportar su mirada de reprobación.

Por suerte, un Mago del continente central acompañaba a Leylin en ese viaje, alguien culto y que podía responder muchas de sus preguntas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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