Brujo del mundo de magos - Capítulo 477
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477: Capítulo 477 – El Encargado 477: Capítulo 477 – El Encargado Editor: Nyoi-Bo Studio Debido al incidente repentino, el regreso de Leylin se había demorado y había regresado al Castillo Antiguo de la Serpiente de Sangre para descansar.
—¡Muchísimas gracias por lo que hiciste esta vez!
—Freya exclamó, se sentó junto a Leylin y le sirvió té personalmente, con el rostro lleno de gratitud.
Era evidente que aquellos oponentes habían ido por el Castillo Antiguo de la Serpiente de Sangre y atacar a Leylin sólo había sido una idea adicional.
De no haber sido por la ayuda de Leylin, los seis Magos en la Fase de Cristal habrían atacado juntos.
El castillo quizás no habría podido defenderse ante un ataque tan repentino y podría haber sufrido daños colosales.
—No es nada.
¡Los amigos deben ayudarse!
—respondió Leylin con una sonrisa.
—¿Sólo amigos?
—preguntó ella.
Un brillo de decepción atravesó el rostro de Freya.
El giro repentino que había dado la situación hizo que Leylin se sintiera algo incómodo, por lo que intentó llevar la conversación hacia otro tema.
—Si alguno de los otros invitados hubiera estado presente, ¡tampoco habría tolerado el comportamiento salvaje de esos fugitivos!
—dijo.
Durante la batalla del día anterior, excepto por Fein, quien había sido capturado por Leylin, todos los demás Magos en la Fase de Cristal habían muerto.
El anuncio de aquellos resultados tan aterradores había dejado sin palabras a muchos y había causado una gran conmoción en los cuarteles del Clan Uróboros.
Fein, el único prisionero, lógicamente había sido enviado a los cuarteles.
Mientras tanto, Leylin tendría la mejor parte del botín.
A diferencia de Freya, que tenía que velar por el clan de su familia, Leylin tenía mucha menos presión en su mente.
Lo que fuera que adquiriese le pertenecía sólo a él, así que sin dudas había logrado obtener una gran suma.
¡Y aún había más sorpresas esperándolo!
Lo único que Leylin no podía entender era por qué Freya no había invitado a los otros invitados a ayudarla a dominar a los rivales.
Si hubiera invitado a más Hechiceros de rangos altos, Leylin no se habría visto forzado a revelar sus verdaderos poderes.
—Ellos…
—Freya sonrió con ironía y en realidad se vio bastante patética.
Al ver su expresión, Leylin inmediatamente se quedó en silencio, tratando de adivinar qué había ocurrido.
Freya definitivamente había descartado a varias personas en el pasado, las había ofendido mientras estaba bajo el ala de un mentor poderoso y protector.
En ese momento, aquellas personas seguramente esperaban que ella no tuviera éxito.
Además, había muchas facciones en el Clan Uróboros y recientemente había habido una tensión inmensa entre ellas.
El entorno había dado lugar a una situación inestable.
Los conflictos de poder tendían a ser más horribles que las batallas.
Freya ni siquiera podía encontrar a una sola persona que estuviera segura de que la ayudaría.
—¿Realmente está tan mal la situación?
—preguntó Leylin mientras se acariciaba la barbilla.
—Sí.
¡Eres el único en el que confío ahora!
—afirmó ella.
Los ojos de Freya se pusieron rojos mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Leylin.
—¡Espera un momento!
—Leylin sonrió irónicamente mientras sacudía la cabeza—.
Puedo entender que necesites despotricar, pero, ¿cuál es el punto de poner polvo de muérdago en la vela?
—preguntó.
El muérdago era una planta muy apreciada en el Mundo de los Magos.
Se lo veía como un símbolo de hacer el amor y tener hijos y su polvo se usaba comúnmente para hacer medicamentos estimulantes.
Para los Magos incluso tenía el poder místico de aumentar los índices de fecundación, por lo que tenía una demanda altísima.
Freya contuvo la respiración mientras se sentaba en un rincón.
No hubo en su cara señal alguna de vergüenza, sólo estaba teñida de enojo.
Sabía que Leylin era un Gran Maestro en pociones, que tenía técnicas que podían proteger sus semillas de vida y que Miranda no podía hacer nada al respecto, por lo que, lógicamente, no iba a efectuar un movimiento contundente, sino dejar pistas obvias.
Pero aun así Leylin actuaba como un tonto.
La enfadaba tanto que no quería estar cerca de él.
—Maestra, ¡han llegado noticias de los cuarteles!
En ese momento, las puertas se abrieron y entró Julian, algo que resolvió la situación incómoda.
—Nadie que esté aquí es un forastero.
¡Adelante!
—asintió Freya.
Frente a otros, había restaurado su prestigio.
Julian le lanzó una mirada a Leylin y, de repente, comprendió algo, pero su rostro permaneció serio.
—Según las órdenes de los cuarteles, ¡el Señor Leylin se convertirá en un encargado del cumplimiento de las normas en el Clan Uróboros y estará a cargo de patrullar todas las regiones bajo nuestro control!
Tiene la facultad de atacar a cualquier noble por debajo del rango de marqués.
Y si es un marqués, ¡tiene derecho a encarcelarlo!
—informó.
—Eso…
—Freya no lo podía creer—.
¡Sólo quieren ponerte en una situación difícil!
—se quejó.
Ella podía comprender las intenciones detrás de aquel mandato de los superiores de rangos más altos.
—Pero no tengo otra opción, ¿verdad?
—dijo Leylin y se encogió de hombros.
—De acuerdo con las órdenes de los cuarteles, Marqués, ¡debe aceptar este puesto lo más rápido posible!
—Julian dijo.
Julian hizo una pequeña reverencia.
Las facultades de un encargado del cumplimiento de las leyes en el Clan Uróboros lógicamente serían muy buenas, pero si no era cuidadoso, podría potencialmente ofender a muchas personas.
Eso no era una buena señal para las expectativas futuras de Leylin, pero, como era una orden, indicaba que los asuntos internos en el Clan Uróboros no estaban del todo bien, al punto que tenían que confiar en Leylin para que reorganizara el sistema.
—¡Parece que me tengo que ir!
—Leylin se puso de pie y le dio un abrazo a Freya—.
¡Me voy!
—se despidió.
—¡Mmm!
Iré dentro de algún tiempo a los cuarteles para buscar al Mentor también.
Por favor, ¡ten cuidado!
—pidió a Leylin.
Los ojos de Freya esta vez sí se pusieron rojos.
—¡No te preocupes!
¡Hay pocas personas que pueden conspirar en mi contra ahora!
—Leylin rio confiado.
…
En el Pantano Fosforescente, dentro de los cuarteles del Clan Uróboros: La habitación de Gilbert era tan pequeña y angosta como antes y las paredes a ambos lados tenían algo de moho creciendo en ellas.
Si no hubiera ido al sótano, ni siquiera Leylin hubiera podido creer que esa era la residencia de un Mago Lucero del Alba.
Leylin vio al duque Gilbert en el estudio.
No había un sólo cabello en su cara o en su cabeza.
—¡Mentor!
—exclamó con una respetuosa reverencia.
—¡Ajá!
¡Realmente has ascendido a la Fase de Cristal!
Nada mal, nada mal —Gilbert asintió y revisó con la mirada todo el cuerpo de Leylin como un rayo.
—¡Sólo tuve suerte!
—Leylin asintió.
Leylin obviamente no iba a estar de acuerdo, por lo que le dio todo el crédito a la supuesta suerte.
Afortunadamente, Gilbert tampoco continuó haciéndole preguntas.
Sostenía una pluma de pelo de ganso y comenzó a escribir en un pergamino.
De vez en cuando dejaba una marca en el papel usando su propia huella secreta.
—¡Esto es para ti!
A partir de hoy, ¡eres el encargado del cumplimiento de las reglas en el Clan Uróboros!
—Gilbert le dio a Leylin la carta de nombramiento recién escrita y su rostro se abrió en una risa sarcástica—.
Han estado surgiendo algunos problemas internos en nuestra organización últimamente.
¡Se requiere tu atención!
—le dijo.
—¡Entendido, mentor!
—asintió a sus palabras.
Leylin soltó un largo suspiro en su interior.
Si eso hubiera ocurrido antes, Gilbert obviamente habría llegado al fondo de la cuestión.
Aunque Leylin había preparado una respuesta correspondiente, no se habría esperado que soltara las cosas tan a la ligera.
Al ver que Gilbert aún no se había quitado por completo su vestimenta de bioquímico, el corazón de Leylin comenzó a palpitar.
Luego le preguntó: —Con respecto al Mundo Purgatorio…
—¡Mmm!
¡Ya hemos descubierto su dirección, sólo necesitamos un poco más de tiempo para descubrir sus coordenadas!
—los ojos de Gilbert se encendieron mostrando su humor festivo—.
¡Los mil años de investigación del Clan Uróboros finalmente llegarán a su fin!
Sólo necesitamos entrar en el Mundo Purgatorio y nosotros, los Hechiceros de Kemoyin, no tendremos que preocuparnos por el problema de la disminución de nuestros linajes.
¡Incluso está el potencial para romper con las cadenas del linaje y avanzar a un rango más alto!
—informó.
Leylin permaneció en silencio y miró a su mentor, que brillaba de alegría, sin ser capaz de obligarse a decir una palabra.
Él tenía al Chip de I.A.
como su carta del triunfo y las esperanzas del Mundo Helado en la Zona Ambigua.
Lógicamente, no era como los Hechiceros del Clan Uróboros, quienes tenían una comprensión más profunda del sufrimiento que les traían las cadenas de su linaje.
Al parecer, mil años de esperanza habían hecho que Gilbert finalmente se ahogara en su propio júbilo.
Para los tres Ancianos, todas las batallas simplemente no tenían sentido.
Incluso si todo el Clan Uróboros fallecía, frente al Mundo Purgatorio, no parecía tener importancia.
Como resultado, Gilbert le había permitido pasar aquel sufrimiento fácilmente.
—Muy bien, debes comenzar pronto.
¡Puedes pedirle ayuda a Lucian o a Robin si lo necesitas!
Todavía tengo experimentos en los que debo trabajar…
—dijo Gilbert.
Obviamente el experimento de Gilbert era muy urgente.
Incluso durante su breve conversación con Leylin, la huella secreta en sus manos se había encendido varias veces.
Finalmente echó a Leylin en el que seguramente era su regreso al laboratorio.
Sólo Dios sabe por qué, al ver a Gilbert así, Leylin se sintió presionado.
La avaricia llevaba antes a la locura que a la muerte.
Esa era una máxima en su vida anterior, pero igualmente se la podía aplicar en la situación en la que se encontraba.
Como estaba por desatarse la guerra, los pocos Hechiceros Lucero del Alba se habían confinado en sus hogares, lo que había provocado que sus rivales tomaran desvergonzadamente el ataque.
Leylin sonrió irónicamente en el interior, pero no tenía ninguna solución para ofrecer.
Como las fuerzas de los Lucero del Alba habían decidido no mostrarse, era difícil que los subordinados hicieran algo, y ahora que Gilbert en realidad le había pasado un parte de su autoridad a él, obviamente era una tarea complicada.
—¡Parker!
¡Trae a mis subordinados hábiles y ve a los cuarteles!
¡Apresúrate!
—ordenó.
Gilbert sólo le había dado un puesto, pero no le había asignado ningún subordinado, lo que lo había dejado sin palabras.
Afortunadamente, dentro de su propio territorio, había entrenado a algunos prodigios y ahora era el momento para que les dieran un buen uso a sus enseñanzas.
Los marqueses Hechiceros de Kemoyin eran como los señores feudales en el Clan Uróboros y tenían muchos Hechiceros que les pedían refugio.
De haber tenido más tiempo, Leylin incluso hubiera formado un equipo de Hechiceros de elite, los que para él no serían menos que la Organización de la Serpiente de Sangre.
—¡Como lo desee, Maestro!
La voz de Parker a través de la técnica de huella secreta sonó firme y determinada.
Obviamente ya había recibido algunas noticias.
—Muy bien, ¡te estaré esperando en la mansión!
Luego de algunas palabras, Leylin finalizó la llamada.
Como marqués, tenía una gran mansión en los cuarteles del Clan Uróboros.
Aunque las instalaciones no podían compararse con las de la Torre del Mago y el Palacio de Ónix, era suficiente para que la usara un Hechicero común de alto rango.
Lo más importante era que las instalaciones eran gratuitas, ¡y Leylin no tuvo que pagar un sólo centavo!
Como resultado, Leylin había conservado la mansión y la trataba como su residencia en los cuarteles.
Luego de echar a los dos Hechiceros que estaban encargándose de algunas cosas, se dirigió a su dormitorio y entró en una reflexión profunda.
Un tiempo después, sacudió los brazos y aparecieron numerosos objetos.
Muchos tenían poderes mágicos aterradores y, en un instante, toda la habitación comenzó a brillar.
Todos esos elementos eran sus botines de guerra.
Sus rivales esa vez habían sido un grupo de Magos en la Fase de Cristal que era relativamente ricos.
Eso le dio una grata sorpresa a Leylin.
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