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CADENAS - Capítulo 27

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  3. Capítulo 27 - Capítulo 27: Ruinas, parte 4
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Capítulo 27: Ruinas, parte 4

El silencio caminaba entre ellos.

Las ruinas se extendían como un recuerdo podrido de la ciudad. Eran muros partidos, vigas carbonizadas y piedras ennegrecidas por incendios que el tiempo ya no recordaba. Nada permanecía completo; nada parecía reciente. Era el tipo de lugar donde las guerras dejaban de tener un rostro humano para convertirse, simplemente, en polvo.

Zen y Kael avanzaban sin mirarse. Sus pasos eran lo único que lograba romper aquel vacío absoluto. Después de un tramo, Kael habló con una calma gélida.

— Lo siento. No me gusta repetir sitios de combate.

Zen levantó apenas la vista y asintió una vez, manteniendo su habitual neutralidad.

— ¿Por qué fuiste por Nezu? Sabes que yo soy más poderoso. En peleas voy ganando once a diez.

Kael se detuvo en seco. No respondió de inmediato. Miró a su alrededor, evaluando algo invisible en el aire pesado de las ruinas.

— Este es un buen terreno.

Zen observó el suelo, los cimientos rotos y las marcas de fuego viejo. Lo que sea que hubiera existido allí antes, ya no era más que un esqueleto devorado por la historia.

— Está bien. ¿Qué hubo aquí de especial?

Kael se encogió ligeramente de hombros.

— Solo es una casualidad. Pero aquí había una casa de empeño. Y se dice que todas estas guerras civiles comenzaron por una disputa entre dos hombres en este lugar.

Zen procesó la información durante unos segundos antes de responder con desinterés.

— Entonces será poético. Tendré la oportunidad de acabar con la guerra aquí.

Kael lo observó con una curiosidad renovada.

— ¿Crees que mi muerte acabará con la guerra?

— Yo creo que sí… majestad.

Por primera vez, la máscara de impasibilidad de Kael se rompió por la sorpresa.

— Así que la información se filtró.

— Sol tiene buenos informantes. Casi muere del susto cuando se enteró.

Zen desenfundó su espada. El metal brilló contra el fondo gris de los escombros.

— Al parecer eres realmente aterrador. Tuve mala suerte al no poder enfrentarme a ti en un duelo privado en la muralla.

— ¿Acaso tú estabas allí? —sonrió Kael.

Zen abrió los ojos apenas un milímetro más.

— ¿No me recuerdas?

— Solo recuerdo a los especiales. Y tú te veías muy promedio.

Zen inclinó la cabeza, aceptando la crítica sin resentimiento.

— Eso puede ser cierto. Pero solo han pasado unas pocas semanas desde ese día. Y gracias a Nezu y Sol… no he parado de evolucionar.

Kael soltó una pequeña risa.

— Chico… si tienes tanto miedo solo basta con decirlo.

Zen frunció apenas el ceño; fue el único rastro de irritación que permitió escapar.

— Esa confianza tuya llegará a su fin.

El suelo bajo sus pies comenzó a moverse. El agua que corría entre los escombros empezó a girar en espirales suaves, obedeciendo a un llamado invisible. Kael lo miró con un interés genuino y desenfundó su propia arma.

— Eso es interesante. Llamaste mi atención… así que te tomaré en serio.

Se movió. El choque fue inmediato. Espada contra espada, un estallido de metal que superaba la percepción humana. Cada intercambio era un destello de fuerza bruta. Pero Zen se movía de forma errática; sus pasos no seguían la lógica del manual, eran un ritmo, una danza. Cada giro llevaba el agua a una nueva trayectoria. El flujo crecía.

— Vamos, rey… tengamos una danza sin aperturas.

El agua ascendió desde sus pies, rodeó sus brazos y trepó por el acero de su espada.

— Contempla bien, rey… el profundo abismo que hay en mi evolución continua.

El golpe llegó con la fuerza de una marea. La espada cubierta por la corriente giratoria impactó contra la de Kael. El rey bloqueó, pero la inercia lo lanzó rodando por los escombros. Cayó de espaldas y permaneció inmóvil. Zen lo observó con frialdad durante unos segundos.

— Por favor, majestad. Es hora de que se levante.

Kael se incorporó lentamente, sacudiéndose el polvo como si fuera un inconveniente menor.

— Es una lástima… Pensaba que lograría engañarte. Fue un ataque bruto y pulcro al mismo tiempo. Bastante curioso. Pero es de mi gusto.

El agua alrededor de Zen se volvió más violenta.

— Entonces para ganarte… debo ponerme más brusco.

— Veamos cómo respondes a mi poder y si no te pones a mil será tu fin —sentenció Kael—. En tan solo un minuto la calma estará de luto.

Kael avanzó. En un parpadeo, ejecutó un tajo lateral devastador, un corte diseñado para partir acero. Zen lo detuvo con una suavidad elegante, usando la corriente de agua para disipar la fuerza. Kael dudó un segundo y Zen aprovechó la apertura para abrirle un corte superficial en el brazo.

Zen respiraba con fuerza. El sudor le nublaba la vista, pero sus ojos brillaban con una intensidad febril.

— Esto es muy divertido… Puedo imaginar… y hacerlo realidad en un segundo. El abismo de mi evolución será mi imaginación.

Se lanzó de nuevo. Su velocidad se volvió tal que la espada parecía una extensión orgánica de su cuerpo. Kael apenas lograba esquivar. En un movimiento brusco, Kael contraatacó, obligando a Zen a retroceder, pero desde su nueva posición no le dio espacio. Tomó su espada como si fuera una lanza y la arrojó.

Kael bloqueó el proyectil, pero el impacto rompió su postura. Zen ya estaba sobre él. Sus palmas descendían como cuchillas. Pero ese ataque no fue nada más que una finta: saltó y atacó desde arriba. El choque fue terminal para el arma de Kael. El acero se partió y las manos de Zen atravesaron superficialmente el pecho del rey.

Kael retrocedió y tocó la sangre en sus dedos.

— Bien hecho… Esto no es nada promedio.

Zen jadeaba, completamente absorto en la euforia del combate.

— Gracias por dejarme usar todo lo que imagino.

Kael caminó hacia la espada de Zen, que yacía en el suelo, y la recogió.

— No… gracias a ti. Conocer a otra persona que pueda entrar en ese estado no podría hacerme más feliz.

— ¿Qué? —frunció el ceño Zen.

— Un estado mental donde tu cuerpo y mente no pueden parar de evolucionar. En la muralla muchos lo lograron: Nezu, Nox, esa chica de cabello rojizo… Sol es un caso aparte, lo suyo es imitación.

Kael recorrió el filo con los dedos, hablando cada vez con más rapidez.

— Solo he conocido a una persona que fue más allá. Nunca sacaré su nombre de mi cabeza… Neexa. Cuando peleé con ella, era como si se hubiera convertido en un dios entre mortales. Su cuerpo no soportó ese estado; se desmayó de forma sagrada. Seguro que su cuerpo no pudo aguantar tanto placer. Yo… —Kael ya no pudo evitar que su tono estuviera lleno de emoción—. Quiero probar ese poder. Ese poder que hará que toda mujer hermosa sepa a nada. —Miró a Zen con los ojos llenos de excitación—. Apuesto a que alguien como tú puede entender mi codicia.

Kael se lanzó usando la propia espada de Zen. El rey atacaba con una intención asesina en cada latido, logrando cortar el pecho de Zen. El chico no entró en pánico.

— Supongo que no eres rey por nada. Pero de igual forma… voy a guiarte al abismo.

— Juro que me muero de ganas.

Los movimientos de los brazos de Zen son bastantes prácticos; el agua se alargó desde sus antebrazos como látigos, más delgados y rápidos, pero Kael los esquivó todos y conectó un golpe brutal en el abdomen de Zen. El impacto le arrebató el aire y lo lanzó a varios metros.

— Disculpa mi emoción… Ante lo nuevo me domina el instinto.

Zen intentó levantarse y falló, escupiendo más sangre. Kael suspiró con frialdad.

— Basta. Estás luchando como una presa acorralada que ya no distingue entre el cazador y su propio destino. Se nota que ya no sabes hacia dónde vas.

Zen apoyó la mano en el suelo y se puso en pie con una lentitud agónica.

— Que creas que puedes ganarme… es algo lindo. Vamos. Pelea. Guíame a ese gran abismo.

Zen se habló a sí mismo en un susurro:

— ¿Qué en vida me he perdido…? Por siempre será cierto… me perdí cuando no pude sentir nada… incluso por ellos.

El agua cubrió sus brazos. Sus piernas. Como una armadura viva. Kael levantó una ceja.

— Así que puedes ponerte serio si lo intentas.

Desapareció y reapareció frente a Kael con toda la velocidad que su cuerpo puede dar. Kael levantó su espada aunque el ataque atravesó el acero y cortó el abdomen del rey. Zen se movía con una flexibilidad inhumana; cada articulación parecía liberada de las limitaciones humanas. El único pensamiento que inundaba la cabeza de Kael era: “Este tipo es un monstruo en constante evolución”, pero Kael logró cortarle el hombro con la palma desnuda.

— Lo siento por ser tan mentiroso. Ahora sí iré con todo.

Los movimientos de Kael se volvieron letales, cubriendo el cuerpo de Zen de cortes superficiales pero constantes. Zen, perdiendo fuerzas, decidió jugárselo todo llegando a un acuerdo con su propio cuerpo.

— Cuerpo mío… es hora de que demuestres tu potencial. Mi amor hacia esta sensación no se detendrá.

Lanzó una carga masiva de agua tan pesada como una bola de acero que retuvo a Kael con un golpe en la cabeza. Zen saltó con las manos cargadas de un torrente muchas veces más pesado que su ataque anterior.

— ¡Kael! ¡Tu gran talento será aquello que se convertirá en mi jugoso alimento para seguir evolucionando!

Kael levantó la mano y destruyó la carga con una sola palma. El agua explotó.

— Qué dicha. Tus técnicas son asombrosas… insólitas… intrépidas… y diabólicas.

Kael dio dos pasos rápidos y colocó ambas manos en el pecho de Zen. El golpe fue seco. No hubo proyección ni fracturas externas, pero por dentro, el impacto sacudió sus órganos como si hubieran sido comprimidos al vacío. Zen cayó al suelo, incapaz de expandir sus pulmones.

Kael lo observó con satisfacción.

— Tu premio será la vida.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar entre las ruinas. Antes de desaparecer, habló una última vez sin voltearse:

— Sigue evolucionando. Así tal vez me obligues a ir en serio desde el principio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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