CADENAS - Capítulo 28
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Capítulo 28: Heredero
El castillo estaba en silencio.
No era el silencio solemne de la noche, ni la quietud respetuosa de los sirvientes que aguardan órdenes. Era un silencio pesado, denso, como si las paredes de piedra estuvieran conteniendo el aliento ante el final de una era.
Cristopher caminaba por los largos pasillos. Las antorchas temblaban con una luz inestable, proyectando sombras que se arrastraban por el suelo como espectros alargados. Sus pasos resonaban con una claridad metálica. Cruzó el ala médica bajo la mirada de guardias que inclinaban la cabeza, pero nadie se atrevió a romper la atmósfera con preguntas.
Finalmente, se detuvo frente a la puerta más custodiada del recinto: la habitación en donde estaba el Rey y sin esperar invitacion entró.
Kael estaba sentado en el borde de la cama. Algunas vendas blancas cubrían su torso y parte de su brazo, pero su expresión no era la de un hombre herido. Parecía, más bien, alguien que se había detenido un momento a descansar antes de un largo viaje.
— Majestad…
Kael no respondió de inmediato. Se levantó con una naturalidad pasmosa, como si las heridas no fueran más que una molestia superficial. Pasó junto a Cristopher y salió al pasillo; el joven lo siguió automáticamente.
— Ion ha muerto.
Dijo Kael mientras avanzaban. Cristopher guardó silencio unos segundos. La noticia era tectónica, pero su reacción fue extrañamente contenida.
— ¿El experimento de Lara salió mal?
— No. Salió a la perfección.
Respondió Kael con una tranquilidad inquietante.
— Simplemente… no fue suficiente.
Se detuvo un instante a mirar por una de las ventanas del pasillo.
— Sol lo mató.
Cristopher frunció el ceño, sintiendo una punzada de alarma.
— ¿Y luego peleó con usted? ¿Sol se ha vuelto tan fuerte como para causarle esas heridas?
Kael negó suavemente.
— Sol no hizo nada. Me enfrenté con otro sujeto. Bastante fuerte.
Cristopher procesó la información en silencio, antes de volver al tema que dictaba la urgencia del momento.
— ¿Cuál será el siguiente paso para erradicar al Ejército de Liberación?
— No me importa.
Cristopher se detuvo en seco, como si hubiera chocado contra una pared invisible.
— ¿…Qué?
Apuró el paso para alcanzarlo de nuevo.
— Pero tú eres el rey.
Kael siguió avanzando por el corredor, con un tono tan despreocupado como si hablaran del clima.
— ¿Acaso lo olvidaste? Renuncié a ese título en el instante en que lo obtuve. Tú y mi hermano deben encargarse de esas cosas.
Cristopher guardó silencio, abrumado por la revelación.
— ¿Y usted?
Kael inclinó la cabeza, como si realmente tuviera que buscar la respuesta dentro de sí mismo.
— ¿Y yo…? Me retiraré. Bambúrashi ya no tiene nada que ofrecerme.
El silencio volvió a caer, pero esta vez fue breve. Cristopher apretó los dientes, sintiendo cómo la frustración le quemaba la garganta.
— ¡¿Pero el pueblo?!
— No importa lo que pase en el siguiente enfrentamiento. Estoy seguro de que su resolución será el fin de esta guerra… y el inicio de un futuro próspero.
Cristopher no se movió. Sus manos temblaban. Kael seguía alejándose, dándole la espalda a todo lo que habían construido.
— ¡¿NO IMPORTA EL GANADOR DE LA SIGUIENTE BATALLA?!
El eco de su voz rebotó violentamente en las paredes de piedra. Cristopher corrió hacia Kael y, en un estallido de rabia pura, lanzó un puñetazo directo al rostro del hombre que admiraba.
El impacto resonó seco. Kael apenas giró la cabeza por el golpe. Cristopher lo agarró del cuello de la camisa y lo estampó contra la pared.
— ¡Llevaste la mitad de este conflicto en tu espalda! ¡¿Y ahora solo te vas?! ¡¿Cómo estás tan seguro de que todo saldrá bien?!
Su respiración era agitada, sus ojos buscaban una respuesta que no fuera la indiferencia. Kael lo miró sin enojo ni sorpresa. Solo había calma en sus pupilas.
— Porque tú eres el rey.
Cristopher se quedó congelado. Sus manos se aflojaron gradualmente hasta soltarlo. Kael se acomodó la ropa con parsimonia y retomó su camino.
— Sé que a Nox no le importa el título. Pero tú… tú llevarás este reino a su máximo esplendor. Mientras tú seas el rey, este pueblo puede respirar.
Kael levantó una mano en señal de despedida sin voltear. Su figura se perdió en la penumbra del corredor, dejando a Cristopher con el peso de una corona que nunca pidió.
El peso llegó antes que la conciencia. Nezu abrió los ojos lentamente, sintiendo los párpados cargados de plomo. Lo primero que vio fue el techo de una tienda de campaña moviéndose apenas con el viento. El aire olía a una mezcla punzante de alcohol y hierbas medicinales.
Se incorporó con dificultad, mientras un dolor sordo le atravesaba el cráneo.
— ¿Cómo estás?
La voz lo hizo girar la cabeza. Somi estaba sentada junto a la camilla. Nezu notó de inmediato las vendas y el cabestrillo que inmovilizaba su brazo.
— Bien… ¿Y tú?
— Estoy bien. Hay buenos médicos aquí. Aunque me dijeron que debo esperar a la maga de la división principal.
Nezu parpadeó, confundido.
— ¿Maga? ¿Qué es una maga?
— No lo sé.
Nezu suspiró y buscó con la mirada su herramienta de trabajo.
— ¿Y la espada?
Somi señaló hacia la estructura de madera de la camilla. Allí descansaba el arma, apoyada con cuidado.
— De todos modos… ¿qué fue lo que pasó? Ion, Zen y tú llegaron muy lastimados.
— ¿Zen…? — Nezu tardó un momento en ordenar sus recuerdos antes de exhalar —. Claro… si sigo vivo, él tuvo que llegar. Nos enfrentamos contra Kael y el tipo de afinidad eléctrica. Yo peleé con Kael, pero no duré mucho. Mientras Sol se enfrentaba contra el otro. No tengo idea de cuándo apareció Zen.
Somi asintió. Nezu volvió a hundirse en la camilla improvisada.
— ¿Has estado entrenando tu afinidad?
Somi sonrió y levantó la mano.
— Sí. He avanzado mucho.
Chasqueó los dedos. Una chispa apareció en el aire. Era minúscula, casi una broma visual, y se extinguió en un parpadeo. Nezu la observó en silencio. Luego levantó un pulgar, pero su expresión de asombro fue tan exagerada y mal ejecutada que Somi se dio cuenta de su mentira.
— Si te decepcionaste solo dilo.
— No me decepcioné. Solo esperaba algo más.
— ¡Esto no es fácil! — lo interrumpió Somi, herida en su orgullo —. No todo el mundo puede simplemente tomar una espada y empezar a partir cosas por la mitad como tú.
— Supongo.
— Además… es solo el inicio — murmuró ella.
— Entonces será mejor que ese inicio empiece a explotar cosas pronto.
Somi le lanzó una mirada cargada de desafio.
— ¿Quieres probarlo?
— Si tenemos suerte nunca llegaremos a ese punto.
El distrito central era una fortaleza nacida del miedo y la ingeniería. A diferencia del resto de la ciudad, el corazón de Bambúrashi estaba protegido por tres anillos defensivos concéntricos.
La primera muralla, gruesa y hostil, separaba el distrito del resto de la urbe. La segunda dividía las zonas residenciales del área comercial y ganadera de la élite. La última, la más imponente de todas, aislaba el castillo de todo lo demás. Tres capas de piedra diseñadas para un asedio eterno.
Afuera de esa última muralla, Sea y Vira permanecían de pie. Vira ajustaba las correas de su mochila, lista para partir.
— Entonces no hay nada que pueda hacer para que te quedes.
— No queda nada en este reino. Incluso Kael va a huir. Y cuando ese castillo caiga, no habrá nadie que nos pague. Tú eres el que debería venir conmigo.
Sea no respondió. Miraba el campo abierto y las rutas de aproximación. Se agachó para recoger un puñado de tierra y dejarlo escurrir entre sus dedos.
— No sé cuándo será. Tal vez en unos meses o en unos pocos días, pero este será el terreno donde el ejército de insurrección y el ejército real se enfrentarán. Será la mejor forma de hacerme más fuerte. Además… tengo una cuenta pendiente con el tipo de la afinidad de agua.
Vira levantó una ceja y sonrió con malicia.
— ¿Ah? ¿No eras tú el que me decía que no me obsesionara con los enemigos?
— Sí… tal vez suene un poco hipócrita. Pero cuando tú te obsesionas con un enemigo, es enfermizo.
— Estás exagerando.
— ¿Segura que esto de la deserción no es una excusa para ir por ese tipo? ¿Cómo dijo Kael que se llamaba…?
— Nezu.
Respondió Vira sin dudarlo. Luego suspiró.
— Me pone un poco triste que me tengas en tan mala estima. Y no. No iré tras ese tipo.
Comenzó a caminar, levantando un brazo en despedida sin mirar atrás.
— Nos vemos luego, Sea. Espero que la próxima vez sea nuevamente como aliados.
Sea levantó la mano en un gesto pequeño y silencioso, observando cómo la figura de Vira se desdibujaba en el horizonte.
— Tengo el presentimiento… de que la veré muy pronto.
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