Camino del Extra - Capítulo 37
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37: Compromiso [1] 37: Compromiso [1] Tanto Azriel como Caleus estaban sentados en sillas cerca del borde del salón de baile, con las heridas recién tratadas por los sanadores y el regusto metálico de las pociones de salud aún persistiendo en sus lenguas.
El duelo se había descontrolado mucho más de lo que nadie había previsto, pero nadie se había atrevido a intervenir.
«Pensar que de verdad logré ganar…»
[Mente Vacía] ya se había desvanecido, pero el recuerdo de cada movimiento permanecía vívido, grabado en su mente con una claridad nítida.
Había tenido el control todo el tiempo.
Si no hubiera estado en un banquete formal, bajo la mirada de cientos de ojos escrutadores, podría haber saltado y vitoreado como un lunático.
Pero ahora, tenía que mantener la compostura.
Los invitados ya habían perdido el interés en los dos nuevos estudiantes que se batían en duelo en el centro de la sala.
Comparado con la batalla entre los príncipes Carmesí y Nebula, su combate parecía un juego de niños.
Esos mismos invitados, gente de poder y pedigrí de todo el mundo, acababan de presenciar el resurgimiento de Azriel Carmesí.
¿Y los rumores?
Oh, se extenderían como la pólvora.
Por suerte, en el banquete se había impuesto una estricta política de no usar dispositivos.
Ni grabaciones.
Ni pruebas.
Solo susurros e historias que se deformarían con cada nueva versión.
Era perfecto.
La verdad quedaría sepultada bajo capas de exageración e incredulidad.
—En serio, ¿en qué estabas pensando…?
Azriel se giró hacia Jasmine, sentada a su lado, cuya voz sonaba baja y tensa por la frustración.
Tragó saliva, observando el destello de furia contenida tras su expresión por lo demás tranquila.
—Bueno…
supongo que nos pasamos un poco de la raya.
—Un poco.
Definitivamente solo un poco —replicó ella con sequedad, inspeccionando sus heridas ya curadas como si esperara que se reabrieran por puro despecho.
Las pociones habían hecho su trabajo, pero no habían reparado los desgarros de su esmoquin, algo que a Azriel le pareció especialmente trágico, considerando lo ridículamente caro que probablemente era.
Aun así, la mayoría de la gente vería el traje destrozado como una insignia de honor.
—¿A eso lo llamas «divertido»?
Luchaste como un fantasma.
Azriel miró a su derecha, donde Caleus sorbía vino despreocupadamente.
A su lado estaba sentada Celestina, que observaba a Azriel con una intensidad tan silenciosa que le hizo reprimir el impulso de moverse con nerviosismo.
Azriel se encogió de hombros.
—Quizá no lo pareciera, pero lo digo en serio.
Hacía mucho tiempo que no sentía el corazón latirme así.
—Mmm.
Así que hasta el gran fantasma del Reino Vacío aún tiene pulso —masculló Caleus, terminándose la bebida con una risita.
«¿Dónde están Mamá, Papá…
y el tío Ragnar?»
No habían vuelto para presenciar el duelo, lo cual —conociendo a su madre— probablemente era algo bueno.
«Me salvé de una buena, supongo».
Entonces sintió una mirada penetrante desde el otro lado del salón, junto al piano de cola.
Salomón.
Y a su lado, Freya.
«Supongo que por fin ha llegado la hora, ¿eh?».
Azriel se puso de pie, atrayendo una oleada de atención.
Pero la ignoró.
Justo cuando se disponía a marcharse, sintió un tirón en la manga.
—¿Adónde vas…?
Bajó la vista y vio a Jasmine, aún sentada, con el ceño fruncido por la preocupación.
—Voy a hablar con Salomón y la Directora.
—Ah…
Ella asintió, con la mirada fija en él un momento más.
No conocía los detalles de su conexión con Freya, pero sí sabía que Salomón lo había salvado en Europa.
Aquel hombre siempre encontraba un momento para hablar con Azriel en eventos como este.
—Solo…
no te pelees con el Santo Salomón —masculló ella.
Azriel parpadeó.
«¿Eh?
¿Pelearme con Salomón?».
Esbozó una sonrisa desconcertada y asintió antes de continuar hacia la mesa.
Al llegar junto a ellos, se sentó frente a Salomón y Freya, quedando Freya a su derecha y Salomón a su izquierda.
Sin mediar palabra, una tenue cúpula rosa envolvió la mesa: transparente, pero inequívocamente una barrera insonorizada.
Jadeos ahogados recorrieron la multitud.
—Barrera de sonido —explicó Freya, aunque Azriel ya lo sabía.
Aun así, él asintió.
—Tengo que decir —empezó Salomón, sonriendo de oreja a oreja—, que ha sido una pelea de la hostia.
No esperaba que fueras a ganar de verdad.
—Tuve suerte.
Azriel se encogió de hombros, aunque ambos sabían que no era cierto.
Se giró hacia Freya.
Su expresión era indescifrable; tan vacía que casi se preguntó si ella tenía la [Mente Vacía].
—¿Significa esto que aceptas mi plan?
Durante unos instantes, Freya se limitó a mirarlo fijamente, con sus ojos de color rosa taladrándolo como si buscara algo.
Entonces, finalmente…
—Acepto.
Una sonrisa genuina se dibujó en el rostro de Azriel por primera vez en toda la noche.
Y, se diera cuenta o no, algunas miradas furtivas que se dirigían a su mesa se detuvieron un poco más de lo habitual.
—Ya he oído la mayor parte del plan de boca de Salomón —dijo Freya—.
¿Qué necesitas que haga?
—No mucho.
Solo dos cosas.
Azriel intentó no suspirar.
«Si no acepta, todo el plan se volverá mucho más complicado…».
—Primero, sin importar lo que ocurra fuera de la mazmorra del vacío, quiero que te asegures de que los grupos que ya están dentro no se vean obligados a abandonar la exploración y regresar.
Yo me encargaré de lo que suceda dentro.
Freya asintió levemente en señal de reconocimiento, escuchando sin interrumpir.
La mazmorra del vacío.
Allí era donde se dirigirían después del examen de ingreso de la academia.
Uno de los tres grandes misterios de la Tierra.
Un lugar que nadie comprendía del todo, vinculado al origen del propio Reino Vacío.
De sus incontables pisos, solo se habían explorado treinta y siete.
De los estudiantes solo se esperaba que alcanzaran los cinco primeros.
Pero en la novela, Neo Genesis había atacado, masacrando tanto a los estudiantes dentro de la mazmorra como a los civiles de la ciudad circundante.
Salomón había logrado limitar los daños, pero el incidente aun así provocó víctimas en masa y puso fin a futuras exploraciones.
Azriel tenía la intención de detenerlo.
¿Cómo?
Haciendo lo impensable para un personaje principal.
Informando a un adulto.
—Muy bien —dijo Freya finalmente.
—Lo esperaba.
Azriel exhaló, y la tensión abandonó sus hombros.
Ni ella ni Salomón preguntaron cómo sabía del inminente ataque.
Cada uno tenía sus propias razones para confiar en él.
Freya, en particular, quería poner fin a la guerra entre la humanidad y el Vacío.
Permitir que los estudiantes se fortalecieran dentro de la mazmorra era un paso hacia ese fin.
—¿Y la segunda cosa?
—preguntó ella.
—Mi clasificación en el examen de ingreso…
quiero que sea suprimida.
Oculta hasta el final del viaje o, si es posible, reemplazada por una más baja.
Las cejas de Freya se arquearon ligeramente.
Salomón lo miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
—¿Por qué demonios querrías eso?
La confusión duró apenas dos segundos.
Entonces Salomón soltó un silbido bajo.
—Oh…
confusión, ¿eh?
Los rumores de esta noche parecerán exageraciones si obtienes una clasificación baja.
La gente te subestimará.
Se centrarán en los rangos más altos, pensando que eres más débil…
hasta que sea demasiado tarde.
Su sonrisa se ensanchó.
—Nunca se darán cuenta de que hay un segundo Intermedio de Grado 3 caminando entre ellos.
Azriel asintió.
Salomón se ocuparía de Neo Genesis en la superficie.
Azriel los eliminaría en la mazmorra.
Invisible.
Desapercibido.
Hasta que fuera el momento adecuado.
Una sombra entre estrellas más brillantes.
Freya lo consideró un momento más y luego dijo:
—Obtendrás el rango que te ganes…
hasta los exámenes de mitad de período.
Azriel sonrió de nuevo, por segunda vez esa noche.
Esta vez, no era para aparentar.
Esta vez, era real.
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