Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 114
- Inicio
- Casada con el Cruel Príncipe Heredero
- Capítulo 114 - 114 ¡Es tu culpa Lili
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
114: ¡Es tu culpa, Lili 114: ¡Es tu culpa, Lili Ying Lili se secó las lágrimas y, al cabo de un rato, se tranquilizó.
—Pero te hicieron mal.
Compartirlo ayuda a reducir el dolor —dijo Ying Lili, girándose para mirarlo.
Le tomó ambas manos a Sheng Li y se las acarició.
—No estás solo en nada de esto.
Sé que el pasado no se puede cambiar, pero tienen que ser castigados por esto.
Eras un niño pequeño y torturarte así fue inhumano.
¿Cómo pudiste soportar todo esto?
Sheng Li, les daré una lección, así que no te preocupes.
Te dije que puedes apoyarte en mí y que puedes confiar en mí —proclamó Ying Lili y le dedicó una pequeña sonrisa a Sheng Li.
Sheng Li sintió una chispa en su corazón.
Nadie había llorado nunca por él como lo había hecho Ying Lili.
A nadie le importó siquiera que lo castigaran.
Tuvo que soportar todo aquello para poder sobrevivir en el Palacio.
Una sonrisa se dibujó en sus labios.
Nunca pensó que Ying Lili llegaría a preocuparse por él.
—¿Cómo les darás una lección?
—preguntó Sheng Li con diversión, mientras sus dedos jugaban con los mechones de pelo que le caían a Ying Lili por la cara.
—Te lo diré más tarde.
¿No tienes hambre?
—dijo Ying Lili mientras se miraba el vientre—.
Ni siquiera viniste a la hora del almuerzo.
Te estuve esperando —dijo Ying Lili en voz baja.
—¿Ni siquiera puedes comer sin mí?
—le preguntó Sheng Li.
—Fuiste tú quien me dijo que te gustaría hacer todas las comidas conmigo, así que pensé en esperarte, pero terminé durmiéndome —replicó Ying Lili.
Sheng Li trazó el contorno del rostro de Ying Lili y detuvo su dedo índice bajo la barbilla de ella.
—Gata salvaje, tu marido tiene muchas cosas que hacer.
No puede estar a tu lado a todas horas.
Pero ahora que has sacado el tema, intentaré hacer todas mis comidas contigo —dijo, levantándole ligeramente la barbilla.
Ying Lili sonrió y asintió.
Sheng Li cogió la túnica de la cama y se la puso.
Se ató el nudo y miró hacia la puerta.
—¡Xing-Fu!
—llamó Sheng Li.
El Eunuco Xing-Fu entró e inclinó la cabeza.
—Tráenos la cena y envía a una doncella.
La Princesa Heredera necesita lavarse las manos —le ordenó Sheng Li.
Xing-Fu hizo una reverencia y se fue de allí.
Sheng Li se levantó de la cama y llevó a Ying Lili hacia la mesa del comedor.
Al cabo de un rato, llegó la doncella con un cuenco de agua y ayudó a Ying Lili a lavarse las manos.
Le secó las manos a Ying Lili y salió de allí.
Sheng Li también se lavó las manos, sumergiéndolas en otro cuenco de agua.
Otras dos doncellas trajeron la comida y pusieron la mesa.
Después de probar la comida, salieron de allí, mientras que Xing-Fu permanecía de pie a dos metros de ellos.
Sheng Li notó que Ying Lili comía demasiado rápido.
—No voy a huir con esta comida, así que come más despacio —le dijo.
Ying Lili comió un poco más despacio cuando Sheng Li puso un trozo de carne cocida sobre su cuenco de arroz.
Ying Lili le dio las gracias y siguió comiendo.
Cuando terminaron, se fueron a la cama.
Esta vez, a diferencia de las anteriores, Ying Lili estaba de cara a Sheng Li.
—Creo que he comido demasiado —dijo Ying Lili, mirando a Sheng Li.
—¿Ah, sí?
—preguntó Sheng Li.
Ying Lili asintió.
—Pero también tenía mucha hambre, así que comí más de la cuenta —afirmó—.
Ah, ya que no podemos dormir, podemos conversar un rato.
Quiero saber qué pasó con Zhang Yong —le preguntó Ying Lili a Sheng Li.
—Te dije que fue destituido.
Se convocó al Comité, donde también estuvo presente el Jefe del Departamento de Servicio Civil.
Como destituirlo fue una decisión tan importante y la familia Wei está directamente asociada con la Emperatriz, no se han tomado más medidas.
Pero Zhang Yong no será liberado, ya que puso en juego el tesoro de la nación y jugó con su gente.
—Pero mi trabajo no ha terminado aquí.
Castigaré a todos los de la familia Wei —proclamó Sheng Li.
Ying Lili recordó lo que el General Wang le había dicho antes, pero no preguntó porque quería que Sheng Li se abriera ante ella por sí mismo.
—¿En qué piensas?
—La pregunta de Sheng Li la sacó de sus pensamientos.
—Nada —respondió Ying Lili.
—La semana que viene, saldremos del Palacio.
¿Podrás seguirme el ritmo?
El viaje va a ser duro.
No has viajado, ¿verdad?
—Aunque estuviera entrenada como una guerrera, Sheng Li tenía el presentimiento de que Ying Lili no habría hecho un viaje así.
—Será mi primera vez.
Siempre quise tener una vida de aventuras, pero mi padre siempre se preocupó por mí.
Eso no significa que me prohibiera hacer nada.
Aunque sí que fui al valle de la montaña cerca de Juyan con Hu Jingguo —declaró Ying Lili.
La expresión facial de Sheng Li cambió al oír el nombre de Hu Jingguo.
—¿Viajaste a solas con él?
—preguntó, ligeramente enfadado al enterarse de aquello.
—Mmm.
Fue hace un año, cuando empezó a aprender medicina.
Me pidió que lo acompañara.
Fue un viaje divertido.
En ese valle montañoso hay un pueblo precioso —proclamó Ying Lili y sonrió.
—¿No tuviste miedo de salir con ese tipo tan débil?
—resopló Sheng Li, y pensó en lo descuidado que fue el difunto Rey de Juyan.
¡Enviar a su hija a solas con ese tipo!
—¿Qué?
No es débil.
Los dos somos conocidos como los mejores espadachines de Juyan.
Una vez, Jingguo y yo luchamos contra los mejores espadachines del estado vecino.
¡Pobres almas!
Perdieron contra nosotros —sonrió Ying Lili, recordando aquellos días.
Oír las alabanzas a Hu Jingguo de boca de su esposa irritó a Sheng Li.
«¿Cómo puede alabar a otro hombre delante de su marido?», pensó.
—Deja de hablar de él.
Ya no es tu amigo —sentenció Sheng Li.
—Es mi amigo.
Incluso te salvó la vida, pero a ti sigue sin caerte bien.
Eso está muy mal, Sheng Li.
Aunque fue torturado casi hasta la muerte por el Primer Príncipe, decidió salvarte.
Tiene un gran corazón y… —Ying Lili dejó de hablar cuando Sheng Li atrajo su rostro hacia él, colocando una mano en su nuca.
—Si te he dicho que no hables de él delante de mí, entonces no lo hagas —susurró Sheng Li.
Ying Lili frunció los labios.
—Sé que estás celoso de sus habilidades —comentó ella, lo que provocó a Sheng Li.
—Atrévete a decirlo otra vez —masculló Sheng Li.
—Estás c.e.l.o.s.o de sus habilidades —recalcó Ying Lili sus palabras.
«¿No puede ser considerado con quienes le ayudan?», pensó.
¿Cómo podía Sheng Li esperar que Ying Lili le hiciera caso?
—No me culpes por esto.
Esto es culpa tuya, Lili.
—Dicho esto, Sheng Li besó a Ying Lili.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com