Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 322
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Capítulo 322: Hermano, se escaparon
—¡Hermano, tenías razón! Estas empanadillas están deliciosas —dijo Weng Yu alegremente.
Lei Wanxi le dio la razón. —Este es mi lugar favorito —murmuró Lei Wanxi y se giró al ver la espalda de Sheng Li. Pero como Sheng Li vestía ropas de plebeyo, no le prestó mucha atención. —El Hermano Nianzu se ha perdido esto —afirmó Lei Wanxi y se giró hacia Weng Yu.
—Maestro, ¿quiere más? —le preguntó el vendedor.
—Estoy lleno. Quizá vuelva en unos días. —Lei Wanxi sacó una bolsa de su bolsillo y le entregó el dinero. A Weng Yu todavía le quedaba una brocheta de empanadillas, así que Lei Wanxi esperó a que terminara. Sacó su abanico y comenzó a abanicarse.
El cielo se había teñido de rojo y los pájaros regresaban a sus respectivos hogares. La gente había encendido los farolillos en el exterior de sus tiendas.
Sheng Li ladeó la cabeza y descubrió que Lei Wanxi no lo miraba. Se sintió aliviado. Lei Wanxi se giró hacia la dirección en la que estaba Sheng Li y entonces sus ojos se posaron en Ying Lili. —¿Es la Hermana Lili? —murmuró—. Ese sombrero se parece al de la Hermana Lili. —Frunció el ceño y miró fijamente a Ying Lili.
—Hermano, ya he terminado de comer —afirmó Weng Yu y miró en la dirección en la que Lei Wanxi tenía fija la mirada.
—Hermano, ¿qué estás mirando?
—¿No te parece que son el Príncipe Heredero y la Princesa Heredera? —susurró Lei Wanxi al oído de Weng Yu, acercándose a él.
—¿Cómo iban a venir hasta aquí? Creo que te equivocas, Hermano —afirmó Weng Yu.
Lei Wanxi no estuvo de acuerdo con la afirmación de Weng Yu. —Vamos, sigámoslos. Se están alejando. —Lei Wanxi dio un paso al frente y cerró el abanico que llevaba en la mano. Weng Yu siguió a su Hermano. —¿Por qué no me dijo el Hermano que venía al mercado? —masculló Lei Wanxi y aceleró el paso.
Weng Yu tuvo que correr para seguir el ritmo de Lei Wanxi. —Hermano, creo que son otras personas —afirmó Weng Yu.
—No. Fíjate en el físico del hombre. Esos hombros anchos y la forma de andar. Solo el Quinto Hermano puede caminar así. —Lei Wanxi confiaba en las deducciones que había hecho.
Ying Lili vio un puesto de Caramelos de Barba de Dragón y le pidió a Sheng Li que les comprara uno. —Puedo pedirle al Chef Real que te prepare uno. No comas comida callejera, que todavía te estás recuperando —le aconsejó Sheng Li.
—Ya me he recuperado. Mira, mi brazo ha sanado. —Ying Lili movió el brazo. Lei Wanxi y Weng Yu los observaban desde cierta distancia. Para entonces, las sospechas de Lei Wanxi ya se habían aclarado.
Sheng Li miró al cielo y vio que estaba anocheciendo. Tenía que llegar pronto a aquel lugar, pero no podía ni negarse a la petición de Ying Lili. Ella apenas le pedía nada, y ahora que habían venido al mercado, debía cumplir todos sus deseos. Sheng Li la llevó al puesto del vendedor y pidió un Caramelo de Barba de Dragón para Ying Lili.
—Nosotros también queremos comer —dijo Lei Wanxi de repente. Sheng Li se sorprendió al oír su voz, mientras que Ying Lili se quedó atónita al ver allí a Lei Wanxi y a Weng Yu. Ambos llevaban sombreros cónicos de bambú. Una sonrisa se dibujó en sus labios al verlos.
—Tío, que sean tres. Dos para nosotros y uno para nuestra encantadora cuñada —afirmó Lei Wanxi, con una amplia sonrisa en los labios. Sheng Li apretó los ojos con fuerza y puso la mano sobre el hombro de Lei Wanxi.
Llevándoselo a un lado, Sheng Li le pidió que se marchara.
Lei Wanxi hizo un puchero. —Hermano, es la primera vez que estoy contigo en una feria, ¿y me pides que me vaya? —se quejó Lei Wanxi.
—Wanxi, podemos venir en otro momento. ¿No ves que Lili y yo estamos aquí…?
Lei Wanxi interrumpió a Sheng Li. —Hermano, sé que los dos están aquí para divertirse. Entonces, llévanos a Weng Yu y a mí también. Esto no está bien, Hermano. Antes, el Hermano Nianzu nos ha dejado en medio del mercado —afirmó Lei Wanxi.
—Pero la gente podría sospechar de Ying Lili y de mí si ustedes dos pasean con nosotros —Sheng Li hizo todo lo posible por convencer a Lei Wanxi.
Antes de que Lei Wanxi pudiera responder a Sheng Li, Ying Lili se acercó a ellos con el caramelo en la mano. —¡Hermano, toma! —dijo Ying Lili humildemente. Lei Wanxi le dio las gracias.
—Hermana, hay otro caramelo listo. Vamos para allá —dijo Lei Wanxi emocionado. Ying Lili asintió y fue hacia el puesto. Sheng Li se frotó la frente con el índice.
Ying Lili miró a Sheng Li y se dio cuenta de que estaba un poco irritado. Probablemente quería pasar tiempo a solas con ella.
Lei Wanxi estaba pagando los Caramelos de Barba de Dragón cuando Ying Lili se acercó a Sheng Li y lo tomó de la mano derecha. —Ya iba para allá —murmuró Sheng Li, forzando una sonrisa mientras Ying Lili daba un paso adelante, arrastrándolo con ella. Empezó a correr, lo que sobresaltó a Sheng Li.
Weng Yu, que se estaba comiendo el caramelo, los miró confundido y sacudió el brazo de Lei Wanxi, quien estaba ocupado conversando con el vendedor. —Hermano, Hermano, se han escapado —dijo Weng Yu en voz baja.
—¿Qué? —Lei Wanxi se giró de inmediato, pero no encontró a su hermano ni a su cuñada. Se rio entre dientes. —Quieren pasar tiempo juntos. Solo quería tomarle un poco el pelo al Hermano Sheng. No importa. Ya podré hacerlo en el Palacio. —Empezó a comerse el caramelo y le dijo a Weng Yu que debían marcharse al Palacio.
Ying Lili se detuvo, y también Sheng Li. Ambos jadeaban y se encontraron en las profundidades del mercado. —¿Por qué hemos corrido? —preguntó Sheng Li, contento de haberse librado de los dos Príncipes.
—¿No es esto lo que querías? —le preguntó Ying Lili. Sheng Li sonrió mientras asentía. Ying Lili le pasó el brazo por el suyo y los dos siguieron caminando.
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