Chef en el Apocalipsis - Capítulo 95
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95: Sublíder 95: Sublíder Tras salir del despacho, Colin caminó junto a Jayce hacia la plaza principal de la ciudad.
—¿Qué hacemos ahora?
—preguntó Colin, volviéndose hacia Jayce.
—Necesito reunir a toda la facción.
Aunque formamos parte de Bastión, quiero dirigir la Cocina del Infierno yo mismo —dijo Jayce con naturalidad.
Colin asintió; de todos modos, prefería mucho más ese escenario.
Después de haber sido liderado por Jayce durante tanto tiempo, no podía imaginarse recibiendo órdenes de nadie más, aunque solo fuera temporalmente.
—¿Debería ir a reunirlos?
—preguntó.
—Puedes enviar una alerta a través del menú de la Facción —mencionó Jayce.
Había visto la función antes cuando intentaba encontrar una forma de subir su nivel.
—Seguro que solo los líderes pueden hacer eso —replicó Colin, poco convencido.
Jayce lo miró sin expresión.
—Sí… Lo que significa que, considerando que eres el sublíder, tú también puedes usarla.
La boca de Colin se abrió de par en par ante la revelación.
—¿Yo…
yo soy el sublíder?
—tartamudeó con incredulidad.
Resistiendo el impulso de llevarse la mano a la cara, Jayce asintió.
No le había dicho explícitamente a Colin que lo había nombrado sublíder, sobre todo porque había pensado que era algo natural.
Siempre que viajaban en grupo, él actuaba como su competente mano derecha, permitiéndole centrarse en los asuntos importantes.
Justo cuando estaba a punto de reiterarle a Colin lo de enviar el mensaje, vio al grandullón mirando al cielo en silencio, con lágrimas brillando a la luz del sol.
Retrocedió asustado.
«¿Q-qué demonios?
¿Está llorando?».
—Ejem.
C-claro que soy el sublíder.
Es decir, quién más tiene la autoridad y la capacidad de un servidor.
—Tras recomponerse rápidamente, Colin hinchó el pecho como un pavo real que se pavonea, con palabras que sonaban vacías, pero llenas de una falsa valentía.
Jayce no sabía si reír o llorar al ver la extraña escena que tenía delante.
Estaba claro que el gesto significaba mucho para él, así que decidió no meterse con el grandullón por ahora.
—Sí, sí, eres muy capaz.
Haz que todos se reúnan en la plaza central en una hora.
Trae también a Macie y a Heath.
—¿Por qué querrías que vinieran?
—preguntó con curiosidad.
—No subestimes a esos dos —respondió Jayce, con un toque de misterio oculto en su tono.
Dicho esto, se dio la vuelta y se fue, dejando al grandullón con mucho en lo que pensar.
En realidad, Colin estaba feliz después de que le dijeran que era el sublíder de la Cocina del Infierno.
Aunque no era el mejor expresando sus sentimientos, se enorgullecía de verdad del trabajo que realizaba para Jayce.
Por eso siempre iba más allá de sus deberes como Guardián y guardaespaldas de su Líder.
Ser nombrado sublíder era casi como si Jayce hubiera reconocido su duro trabajo y lo hubiera recompensado como correspondía.
De muy buen humor, accedió al menú de la Facción y empezó a escribir un memorando para que todos se reunieran en la plaza central.
«Estimados miembros de la Cocina del Infierno:
Es con gran orgullo que yo, su sublíder, los invito a todos a la plaza central de Bastión dentro de una hora.
Nuestro intrépido líder me ha encargado a mí, su sublíder, que me asegure de que todo el mundo haya sido notificado de la reunión con antelación.
Saludos cordiales,
Su sublíder (Colin)»
Releyendo el aviso, parecido a un correo electrónico, que acababa de redactar, Colin asintió finalmente, contento con su contenido.
Con un movimiento de su dedo, envió el aviso y se sacudió el polvo de las manos.
No mucho después, por todo Bastión, la gente recibió una notificación en sus pantallas de la Cocina del Infierno.
Al abrir la notificación, hubo varias reacciones, sobre todo algunas risas.
Jackie, en especial, se partía de risa, imaginando a su marido escribiendo el mensaje con el pecho hinchado.
Sin embargo, por dentro estaba feliz por él, sabiendo lo duro que trabajaba para Jayce y los demás.
Se volvió hacia Macie y Heath, que estaban sentados frente a ella bebiendo un poco de té caliente.
—¿Jayce va a reunir a nuestra facción en una hora, quieren venir?
Heath pareció un poco incómodo.
—No querríamos ser una molestia.
Después de todo, no somos parte de su facc…
Sin embargo, antes de que pudiera terminar, Macie lo interrumpió.
—Claro que iremos.
De todos modos, iba a visitarlo en algún momento hoy —dijo con una sonrisa.
Al oír a su esposa insistir en colarse en la reunión de la facción, Heath se encogió de hombros con indiferencia.
No estaba muy seguro del porqué, pero Macie parecía estar realmente interesada en Jayce y sus amigos.
Antes de que llegara el Cataclismo, le gustaba mucho la adivinación y las cartas del tarot, y además con gran éxito.
A Heath no le iba mucho ese rollo, sin embargo, le seguía la corriente porque la amaba.
Al final, resultó que muchas de sus lecturas eran bastante precisas.
Macie también era una gran jueza de carácter, por lo tanto, confiaba en ella completamente cuando se trataba de cosas así.
Si ella decía que Jayce era digno de confianza y que valía la pena seguirlo, entonces él le creía.
En otra residencia, Ben salió del baño con una toalla, el pelo todavía mojado y peinado hacia atrás.
Se quedó helado un momento al ver la notificación aparecer frente a él.
Tras leer el mensaje, soltó una carcajada.
—¡Vale, ya lo hemos pillado, eres el sublíder!
No hace falta que lo digas tres veces.
Una risita llegó desde el dormitorio.
—Ya ves, solo espero no tener que escucharlo presumir durante los próximos meses —llegó una voz femenina a sus oídos.
—El baño es todo tuyo —dijo Ben, lanzando la toalla hacia la mujer en el borde de la cama.
Ella esquivó hábilmente la toalla mojada que se le acercaba, chocando con Ben al pasar.
—¿Crees que una hora es suficiente para otro asalto?
Ben se quedó helado un momento, sin estar seguro de ser capaz.
Miró hacia abajo, como si tuviera una conversación mental con el departamento pertinente antes de volverse hacia la mujer con una sonrisa.
—Estás de suerte, Amber, me han dado luz verde.
Dicho esto, agarró a Amber y la arrojó sobre la cama con una pasión indisimulada en sus ojos.
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