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Chef en el Apocalipsis - Capítulo 96

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96: Verano del amor 96: Verano del amor Jayce esperaba en la plaza central, mirando hacia las montañas con una expresión ausente en su rostro.

Estaba profundamente inmerso en sus pensamientos sobre la Misión de Evento y los pasos para completarla mientras mitigaba sus pérdidas.

Se habría sentido más seguro si hubieran tenido más tiempo para fortificar las defensas de Bastión, pero, por desgracia, no todo había salido según el plan.

Si la Marea de Bestias hubiera llegado unas semanas más tarde, quizás podría haber salvado al menos a algunos de los residentes de la ciudad de Qinling, trayéndolos a Bastión.

Si hubiera salido antes de Bastión a explorar, podría haber evitado la muerte de miles de personas.

Al momento siguiente sacudió la cabeza; había estado confiando en la información que tenía de su vida anterior.

Sin embargo, debido a sus acciones drásticamente diferentes, el futuro que una vez conoció estaba cambiando ligeramente.

Esto significaba que Jayce se encontraba en una encrucijada.

¿Debía moderar sus acciones para poder utilizar su conocimiento del futuro de la manera más eficaz?

¿O debía continuar en su trayectoria actual, con la esperanza de ser lo suficientemente fuerte como para soportar lo que sea que le echaran encima?

Frunció el ceño, dudando sobre qué camino era el correcto.

Tras unos tensos momentos, decidió esperar hasta completar la misión de mejora de clase.

Si su nueva clase era lo suficientemente fuerte, no tendría problema en optar por la segunda opción.

Mientras Jayce reflexionaba a solas, Lianna dobló la esquina y lo vio mirando la cordillera, absorto en sus pensamientos.

Sus ojos se iluminaron al instante y se dirigió hacia él.

No fue hasta que se acercó que recordó su descarado espectáculo de mirona de la noche anterior, lo que la hizo detenerse en seco.

Su tez se puso de un rojo intenso al recordar la musculosa figura que se bañaba a la luz de la luna vistiendo solo unos calzoncillos.

Su respiración se volvió un poco más agitada mientras una oleada de bochorno y vergüenza la invadía.

Jayce debió de sentir algo, porque su cabeza se giró rápidamente en su dirección, pillándola congelada como una estatua a medio paso.

—Ah, Lianna.

Has llegado pronto —dijo con una sonrisa, caminando hacia ella.

—Hace casi una semana que no te veo, ¿cómo has estado?

—preguntó con sinceridad.

Por suerte, ya se había acostumbrado por fin a estar en su cuerpo de dieciocho años, por lo que podía mantener una conversación con Lianna sin volver a pasar vergüenza.

Cuando llegó, sus hormonas estaban tan descontroladas que corría el riesgo de explotar cada vez que ella estaba cerca.

Aunque seguían siendo volátiles, al menos era capaz de controlarlas hasta cierto punto.

—H-hola, Jayce.

Me he portado bien… Es decir, he estado bien —balbuceó, sintiendo el rostro acalorado de nuevo.

—Y-ya veo.

—Jayce se sintió incómodo de repente sin motivo aparente y, con la esperanza de cambiar de tema, añadió—: Si ves a Jackie, ¿puedes darle las gracias de mi parte por prepararme el baño y lavar mi ropa?

Me hacía mucha falta.

Los ojos de Lianna se iluminaron por un momento antes de apagarse ligeramente.

—Yo… De acuerdo, se lo diré.

—Por dentro, deseaba decirle a Jayce que había sido ella quien había hecho esas cosas tan amables por él, pero no tuvo el valor de decírselo a la cara.

Fue entonces cuando Macie, Heath y Jackie aparecieron, rompiendo la tensa atmósfera que amenazaba con consumir a los dos jóvenes.

—¿Por qué me das las gracias?

—preguntó Jackie, enarcando una ceja y mirando alternativamente a Jayce y a Lianna.

—Solo quería darte las gracias por prepararme un baño y lavar mi ropa anoche, me facilitó mucho la vida —dijo Jayce con una sonrisa.

—¿Eh?

—Jackie miró a Jayce con total confusión—.

Mira, colega, odio lavar mi propia ropa, ¡y mucho menos la tuya, que apesta…!

—Una dolorosa patada en la espinilla interrumpió a Jackie, propinada por la adolescente que se había puesto como un tomate frente a ella.

Antes de que pudiera preguntarse qué demonios estaba pasando, Lianna salió corriendo avergonzada, haciendo que los demás se miraran confundidos.

Jackie se detuvo un momento, antes de que un atisbo de comprensión apareciera en su rostro.

—Ahora mismo vuelvo —dijo, antes de salir corriendo tras Lianna.

—Bueno, eso ha sido raro —dijo Jayce, sin estar seguro de lo que acababa de ocurrir.

Macie negó con la cabeza, exasperada.

—Jayce, cariño, eres muy listo para algunas cosas, pero extremadamente estúpido para otras.

Heath asintió, cruzándose de brazos.

—Tiene razón, Jayce.

Un hombre también necesita ser emocionalmente inteligente si quiere conseguir una buena mujer.

Miró al hombre que había sido su mentor durante tantos años, resistiendo el impulso de inclinarse y pedirle consejo como había hecho tantas veces en el pasado.

—¿Qué quieres decir?

—preguntó finalmente.

Macie dejó escapar un suspiro.

No estaba enfadada con Jayce, sino más bien con en lo que se había convertido el mundo.

—Voy a saltarme todos los detalles y te lo diré sin rodeos.

Lianna fue quien te preparó el baño y lavó tu ropa anoche.

Se oyó un breve jadeo, seguido de una exclamación: «¿En serio?».

Sin embargo, no fue Jayce quien exclamó sorprendido, sino Heath, que seguía con los brazos cruzados e intentaba parecer sabio.

Macie se llevó la mano a la cara, sintiéndose un poco avergonzada por las acciones de su marido.

Jayce, por otro lado, se quedó en silencio.

«¿Lianna hizo esas cosas por mí?», pensó, sintiéndose un poco avergonzado.

Recordó el asqueroso estado de su ropa sucia, que olía a moho y a sudor viejo que se había quedado fermentando en un montón en el suelo.

—Ah, maldita sea —masculló, sintiendo de repente que le venía un dolor de cabeza.

Por muy incómodo que fuera, tendría que darle las gracias como es debido.

Parecía que a ella le daba demasiada vergüenza decirle que había sido quien había hecho esas cosas tan bonitas por él.

Afortunadamente, antes de que Jayce pudiera deprimirse aún más, cada vez más gente empezó a llegar a la plaza central uno por uno.

Jayce vio a los dos adolescentes del refugio, Daniel y Allie, que solían ser amigos en la escuela antes de que descendiera el cataclismo.

Los vio entrar caminando juntos y cogidos de la mano, charlando como dos tortolitos.

—¡Hola, Líder!

—sonrió Daniel cálidamente, feliz de verlo de nuevo.

El rostro de Jayce se ensombreció un poco al ver que hasta esos dos adolescentes parecían tener más maña para las citas que él.

Con todo, se las arregló para esbozar una pequeña sonrisa y devolver el saludo.

Al poco tiempo, la plaza central empezó a llenarse.

Jayce esperó pacientemente mientras todos ocupaban su lugar, rodeándolo.

Hizo un recuento rápido y se dio cuenta de que estaban todos, excepto dos personas.

Al mirar a su alrededor, por fin vio llegar a Amber y a Ben.

El pelo de Amber parecía arreglado a toda prisa, y Ben tenía pinta de ser un zombi andante.

Los ojos de Jayce se ensombrecieron una vez más, comprendiendo al instante lo que pasaba.

Cruzó la mirada con Ben por un momento, pero este la desvió, avergonzado.

Quizá se sentía mal por confraternizar con alguien de su propio grupo.

«Parece que todos los cabrones se están emparejando menos yo», gritó para sus adentros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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