Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 103
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Capítulo 103: Capitulo 103
Al salir del salón destruido, Ducanor regresó a una zona más privada del palacio y fue recibido inmediatamente por dos mujeres. La primera era su esposa, Tess, y la segunda era nada menos que una figura familiar que no había visto en una cantidad considerable de tiempo.
—Mika —dijo con una ligera inclinación Ducanor, sonriendo al ver a la vieja camarada—. ¿Qué haces aquí? Pensé que…
—¿Pensaste acaso que estaba muerta? A diferencia de ti, Ducanor, yo no me he convertido en un Señor Espiritual, por lo cual no he tenido más opción que enfocar mis talentos en otras áreas para sobrevivir a las eras —dijo con una sonrisa perpetua, mientras extendía los dedos de sus manos de forma arrogante.
Su cabello rojizo de antaño se había oscurecido bastante a raíz de la edad, cayendo ahora en forma de rizos por su espalda y pecho. Usaba un vestido con un corpiño bajo que, a simple vista, parecía glamuroso, pero no podía ocultar del todo sus miembros mecánicos. Sus manos y piernas habían sido reemplazadas a raíz de heridas de batalla mortales hacía mucho tiempo, por lo que poseía brazos neumáticos que funcionaban a través de energía espiritual líquida sublimada. Cada tela de su vestido estaba reforzada con fibras metálicas de un centímetro de espesor, haciéndola prácticamente un tanque andante disfrazado de dama.
Una marca representativa de la ahora desaparecida facción de las Siete Banderas, específicamente de la Bandera Nirvana. Y la mayoría de las armas letales que escondía debajo de ese vestido eran desconocidas, inclusive para alguien tan veterano como Ducanor.
Su rostro maduro parecía estar libre de las vicisitudes de la edad debido a las modificaciones. Estando al lado de Tess, Ducanor no pudo evitar, inconscientemente, compararlas en su mente.
—Estás pensando tonterías nuevamente, querido esposo. Esperaba realmente algo más de madurez de tu parte en estos momentos —gruñó Tess con un tono severo, sacándolo de sus pensamientos.
—Estaba pensando en que Pandamar está extremadamente furioso. Más de lo que cualquiera podría haber esperado —suspiró Ducanor, dirigiéndose hacia un pequeño salón insonorizado para hablar correctamente.
Al cruzar la estancia, lo primero que hizo Ducanor fue sacar una botella de licor de miel fuerte y servirse un vaso de cristal hasta el borde.
—¿Vas a beber para ahogar tus problemas? No esperaba que fueras un cobarde, Ducanor —se burló Mika mientras se sentaba, cruzando las piernas mecánicas. —Y yo no esperaba que la delegada imperial fuera una furcia que le meneara su trasero de hojalata a un hombre casado —gruñó Tess, mirando con veneno absoluto a la cyborg.
La expresión de Ducanor se tensó ante el estrés de la situación, poniendo el vaso de cristal en sus labios azules y parpadeando ligeramente.
Mika lanzó un suspiro cansado. —Las cosas son complicadas en la política imperial, Tess. Que un gobernador regional use toda la fuerza de su puesto militar para buscar a una niña podría servir como un excelente punto ciego para que sus enemigos ataquen, mi señora. —Pandamar no haría… —gruñó con furia Tess.
Las palabras de Mika pesaron como un yunque en el pecho de Ducanor, hasta el punto que sentía que le faltaba el aire. Le había ocultado la verdad a su hijo adoptivo. Tess y Kirish también habían guardado silencio al principio, hasta que el rumor de la desaparición llegó a oídos de Pandamar. Era cuestión de tiempo antes de que se generara un conflicto abierto del cual no podrían escapar con simples promesas diplomáticas.
—Está bien, está bien. No me habéis llamado a Vitelia simplemente para molestarme respecto a viejos romances del pasado —Mika le guiñó un ojo a Ducanor—. ¿Para qué me han llamado con tanta urgencia?
—Debería hacer una pequeña corrección a esa pregunta —susurró una voz suave.
Una figura sombría surgió, materializándose prácticamente desde las sombras de las esquinas de la habitación. Su apariencia no era la de un asesino aterrador, sino la de un hombre ordenado de cabello fino, vestido con túnicas extremadamente caras y claramente perfumado. Tenía una nariz pequeña y rasgos faciales afilados, haciéndolo parecer casi femenino; ni siquiera su piel color ébano le restaba elegancia.
El hombre atravesó la estancia con una sonrisa ligera y una expresión llena de astucia. —Para que el gran Ducanor Kal Arreus pida mi ayuda en las sombras… me siento verdaderamente honrado, mis señoras.
Ducanor sonrió genuinamente ante su presencia. Se levantó y, antes de que el maestro del espionaje pudiera resistirse, lo abrazó y palmeó su espalda como si estuviera saludando a un hermano de sangre.
—Ulugh Mun Han… hermano. Necesito de vuestra ayuda —dijo Ducanor, aunque su expresión rápidamente se volvió severa a pesar de la alegría del reencuentro.
La mirada de Ducanor se ensombreció mientras recordaba el contenido de la carta que le había entregado Kirish la noche anterior. Aquella misiva confidencial no había sido enviada por la hegemón Lagnesh en lo absoluto.
En este punto, enfrentarse a una rebelión continental no parecía tan malo comparado con las letras de aquel pergamino.
«Maestro… he cometido una locura. Pero ha sido una locura de amor. Lamentablemente no hay tiempo para largas explicaciones ni para soportar sus palabras de reproche. Me he retirado de la caravana con quinientos hombres a mi servicio personal. Le di la excusa a mi tío de que fui a una cacería de monstruos, pero sé que Pandamar no se lo tragará durante mucho más tiempo.
Si en alguna porción de su corazón todavía hay un lugar para mí como su discípulo, por favor, solo le pido piedad para ella. El resto es mi deber y mi castigo. —Elios.»
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