Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 85
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Capítulo 85: Capitulo 85
Año 397 antes de la ascensión del Monarca Celestial.
—Reporte forense.
—Sujeto: Lunaris Sivalnus (Mantichor).
—Edad: ¿¿?? (200+).
—Género: Masculino.
—Autopsia realizada por el Magister Amethystos Iuris Civilis, supervisada por la peregrina Tordespa Portugal.
—Nota: La causa de muerte del sujeto está ligada parcialmente a un envenenamiento. El veneno desconocido mezclado en el vino que tomó el sujeto provocó que huevos de insectos eclosionaran en su cerebro, devorándolo y provocándole un estado de frenesí e irracionalidad.
—Nota 2: Su cuerpo muestra profundas laceraciones y desollamientos en varias partes, tanto en la piel como en el músculo, mientras que la causa de muerte real es una herida mortal en el pulmón derecho junto a una laceración profunda en el cuello, lo que provocó su desangramiento.
Cabeza: La estructura superior del mantichor es similar a la de otras razas mortales, aunque con diferencias claras. Posee una tercera pupila vertical en medio de la sien; sus tres ojos tienen la pupila roja y la esclerótica negra, mientras que el tercer ojo tiene una doble pupila.Columna vertebral: Su estructura ósea es más ancha y hueca que la de otras razas mortales. Su cuerpo parece preparado para aguantar una gran cantidad de masa muscular y peso; a pesar de que el tamaño del sujeto es de solo dos metros, su peso alcanza casi la media tonelada, mostrando una obvia obesidad, pero no solo por exceso de grasa, sino por una masa muscular considerable.Tórax: Sus órganos internos son más pequeños, ocupan poco espacio dentro de la caja torácica y son prácticamente homólogos a los de todas las razas mortales. Su consumo de energía y calorías parece ser bajo. ¿Acaso entrará en un estado de hibernación? ¿O tienen un ciclo de sueño diferente?Extremidades: Sus miembros son iguales a los de toda raza mortal, diferenciándose puramente en la forma de sus dedos de manos y pies, que son extremadamente flexibles y con articulaciones independientes unas de otras. (¿Parentesco con el clan del demonio simio?).Sistema digestivo: La digestión de un mantichor, a diferencia de lo que podría parecer, parece no consumir mucha energía. Poseen cuatro estómagos diferentes, pero están separados uno del otro, como si fueran órganos distintos, ya que parecen tener la capacidad de digerir diferentes alimentos (¿o tal vez otras cosas, como plantas o minerales?).Vestimenta: Vestía una túnica abierta en el pecho de material desconocido y una especie de taparrabos atado a la cintura. No portaba nada más que unos pendientes y perforaciones con joyas incrustadas en el estómago, el rostro y el pene.
—Nota final: No he visto nunca antes a un selenio u otro habitante del lejano continente del norte, aunque ahora lo hago, aunque no uno vivo. Su estructura es más similar a la de la mayoría de razas de ascendencia divina, pero comparte inquietantes características con las razas demoníacas o incluso con los diablos. ¿Realmente somos parientes de estas cosas?
…
A los dioses, incluso muertos, les gustaba jugar con los mortales, y una forma de hacerlo era con situaciones como esta…
Ducanor Kal Arreus ahora estaba hincado sobre una rodilla, mientras recibía la mirada de una de las mujeres más poderosas de Ulheim: Ernzu Jagger, la líder de la Secta de la Rama Sombría.
Al lado de ella estaba Alana Jagger, la hija de Ernzu, la cual, aunque no estaba arrodillada, no podía levantar la cabeza para mirar a su madre, mientras su mirada se desviaba de vez en cuando hacia la figura de Ducanor.
Pero había tres invitados más en este lugar aparte de Ernzu y Alana; tres viejos conocidos de Ducanor: Uisuk, Hebith y Masha.
El trío estaba petrificado y sin saber qué hacer. Sin girar la cabeza, sus pupilas pasaban de un lado a otro de forma nerviosa, mirándose los unos a los otros y a Ducanor, mientras que con la mirada se preguntaban entre sí: «¿Qué mierda haces aquí?».
Nadie habló por un largo tiempo, por lo que pareció ser una eternidad. Pero nada era eterno, para su alivio.
—Al parecer has cuidado bien de mi hija en mi ausencia, Ducanor —dijo con un tono mordaz Ernzu, mientras miraba con una sonrisa al aparente inocente Ducanor, que simplemente se hizo el tonto, devolviéndole una mirada ingenua.
—Muchas gracias, líder de secta. Estoy para servir —respondió él, para la molestia y frustración de esta última.
Pero nada de esas emociones se manifestó en sus palabras mientras continuó hablando.
—Ya veo, estás para servir. Entonces no tendrás problema en servirme en una tarea muy especial. —Los ojos de Ernzu brillaron con una cierta malicia que le provocó escalofríos a Ducanor.
La mirada del guerrero tembló ligeramente ante los ojos esmeraldas de Ernzu. Ese brillo de malicia provocó que él se arrepintiera un poco, solo un poco, de haberse involucrado con ella.
…
Los rumores corren como el viento, y las malas noticias son avivadas con los miedos, tanto reales como imaginarios, de sus mensajeros. Y a pesar de que no habían pasado más de dos meses desde que los gigantes tomaron Viddar, la moral dentro de Ulheim era absurdamente baja.
La deserción de las tropas, el levantamiento de bandidos y saqueadores, el caos y el miedo generalizados… Cientos de miles de personas moviéndose de un condado a otro en busca de refugio. El caos llenaba el norte de Ulheim; tal vez en un año la anarquía llegaría inclusive al sur, más densamente poblado.
Los movimientos del enemigo eran desconocidos para Tolrik, pero no por mucho tiempo. Por ahora, solo podían reorganizarse. El objetivo actual de las tropas, según el consejo de su maestra, era destruir la anarquía que existía en gran parte de los condados.
Y su objetivo claramente era Elba. Elba era un condado dentro de otro condado, ya que se encontraba en el extremo sur del territorio de Calth, siendo gobernada por otro prefecto aparte del propio prefecto de Calth. La razón de su poder era que allí se ubicaban las venas espirituales más grandes de Ulheim y el núcleo y fuente de gemas y piedras espirituales de la región. Esa era la razón por la cual estaba tan protegido.
El sistema de organización de los condados era bastante sencillo normalmente. Cada condado tenía un jarl o prefecto, que funcionaba como máxima autoridad en el territorio. Pero estos normalmente no vivían en las ciudades, ni siquiera en las más grandes de la provincia; al no haber muchas urbes en Ulheim o ser muy pequeñas, normalmente mandaban desde las villas o asentamientos del clan, ya que el cargo de prefecto era hereditario. Solo los princeps eran asignados por el señor de la provincia para cada ciudad.
Habiendo dicho eso, la situación era mala. Elba estaba cerca de Viddar, solo separados por el condado de Messina. Actualmente, el pequeño ejército de Tolrik debía organizarse y reunir suficientes fuerzas, siendo ese el primer paso para lograr llegar a Elba.
—Mi señor, estamos llegando a Magreb, pero al parecer hay problemas —dijo Dracma mientras fruncía el ceño.
La preocupación en su rostro había aumentado considerablemente en las últimas semanas, pero aun así su edad no había sido excusa para relajarse. Además, la llegada de su maestra con refuerzos había aliviado ciertamente la carga logística, tanto de suministros como de dar jerarquía al ejército. Después de todo, Tolrik simplemente había ganado el mando porque su padre era el pretor de Ulstorst…
—¿Qué sucede, Dracma? ¿Más insubordinación? —preguntó molesto Tolrik mientras se levantaba y se ponía una capa sobre los hombros.
Se había acostumbrado a llevar siempre armadura a estas alturas. No podía dar la imagen de un niño rico; después de todo, como futuro pretor de Ulstorst, tenía que hacer honor al nombre de su clan.
—No, mi señor. —Dracma había dejado de llamarlo “joven maestro” sin que él se diera cuenta, y cuando lo había corregido, el anciano se había negado a cambiar ese título—. Tiene relación con los bandidos.
Frunciendo el ceño, la ira surgió en el rostro de Tolrik. La palabra “bandidos” le irritaba especialmente en este momento. La llegada de los gigantes y del demagogo había provocado la aparición de decenas de bandas, saqueadores y salteadores de caminos que empezaban a atacar pequeños asentamientos e inclusive fortalezas y atalayas desguarnecidas. Tal vez en este punto, por la cantidad de reportes que existían, los propios saqueadores locales provocarían más daños en este conflicto que los malditos invasores.
—Han aparecido aldeanos y agricultores que han solicitado nuestra ayuda, mi señor, para liberarlos de los bandidos. Al parecer, son una tropa considerable, más de un centenar; además de que su líder parece tener una fuerza lo suficientemente grande como para despachar al prefecto del Magister Iaspis.
—Es decir, un Señor Mortal, o inclusive más… un Gran Señor, tal vez —se dijo Tolrik para sí mismo, mientras miraba el mapa.
Estaban en Magreb. La ciudad más cercana, o mejor dicho, el asentamiento grande más cercano, era una villa sin nombre que aparecía en los mapas como Hamad. Tenía torreones y algunas casas, pero no podía considerarse un pueblo siquiera, sino simplemente un antiguo fuerte. Magreb estaba al este del condado de Viddar; al sur estaba el condado de Bulu, y ambos estaban separados por un estrecho que desembocaba hacia el océano del este.
Cruzar por tierra sin pasar por Viddar era imposible. Necesitarían barcos, los cuales no tenían, pero que podrían conseguir en la ciudad de Hodna, al límite con el estrecho en el sur de Magreb.
—Tantos malditos nombres. Pensaba que Ulheim era pequeño, pero… —gruñó con irritación Tolrik mientras miraba el mapa.
—Las distancias en la vida real, a diferencia de las historias, son largas —respondió Dracma—. Las tropas de Viddar están cerca de Hodna, por lo menos a una o dos semanas dependiendo del tamaño de las fuerzas enemigas. No hemos tenido noticias de ellos, pero no son alentadoras. Si nos retrasamos con los bandidos, podríamos llegar tarde.
Las palabras de Dracma fueron un cuchillo para la conciencia de Tolrik. Su mente se había llenado de idealismo, pero ahora no sabía cómo responder a los pedidos de ayuda de los habitantes. Si no iba en su rescate, morirían con toda seguridad; su destino estaría fijado en la miseria por los ataques. Pero si iba a ayudarlos, tal vez las posibilidades de derrotar a los gigantes desaparecerían sin los refuerzos de Hodna.
—¿Qué dijo mi maestra? —preguntó. Ella era la persona con más poder y sabiduría en ese lugar, así como la líder de facto de este ejército. Si había alguien que tuviera la previsión para responder a ese dilema, sería ella.
La expresión de Dracma se agrió ligeramente.
—Se marchó, mi señor. Ahora usted, nuevamente, es el comandante supremo de esta fuerza.
Esas palabras fueron el clavo en el ataúd del destino de Tolrik. La persona en la que se convertiría en el futuro se fijaría a partir de este preciso momento.
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