Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Codex morte el arte de la gula - Capítulo 37

  1. Inicio
  2. Codex morte el arte de la gula
  3. Capítulo 37 - Capítulo 37: La revelación y el adios
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 37: La revelación y el adios

—Hace tanto tiempo encontré un libro que me condenó —dijo Lucian—. Se llama Codex Morte, y cada palabra escrita en él es un sacrilegio contra todo lo conocido. Desde ese momento, he sido maldito por su contenido y he perdido tantas cosas… más de las que recuerdo. Incluso perdí a alguien que fue muy importante para mí. Por eso he decidido que escaparemos de aquí juntos, pero deben confiar en mí.

Es extraño cómo todo puede cambiar en un solo momento. Es difícil imaginar cómo las cosas pudieron llegar hasta este punto. Ahora, un hombre inocente será víctima de la cacería más brutal de todas, simplemente porque conoce una verdad misteriosa, una verdad que podría cambiarlo todo.

Y es aquí donde podemos ver que una decisión puede ser correcta… o completamente fatal.

Marcus logró conseguir el objetivo que se le había encomendado. Llevó la daga hacia la Orden, y Satoru lo recibió con gusto y alegría. Estaba satisfecho, incluso feliz, porque habían alcanzado uno de los mayores propósitos: encontrar una de las reliquias de aquellos que lo iniciaron todo, los pilares fundamentales de la Orden: los Siete del Aguláe.

Pero… ¿quiénes eran en realidad?

Eran una organización conformada por siete integrantes pertenecientes a la nobleza de esa época. Una de ellos era conocida como la líder suprema, encargada de las ceremonias y de la organización de todo. Era una figura clave… pero su nombre se perdió en el tiempo. No existían registros. No había información alguna sobre quién lideró el movimiento más importante de la Orden de la Toga Blanca.

Mientras tanto, Marcus se reunía con Satoru, quien lo recibió con mucha alegría:

—¡Perfecto! —exclamó a viva voz—. Lograste encontrar algo, dime qué fue.

Marcus descorrió la tapa de una caja de madera y reveló el arma. Satoru no lo podía creer, era la legendaria daga del cierre. Según relatos antiguos, esta arma selló a una deidad antigua en el hoy conocido como Codex Morte.

—Es una joya tan hermosa —susurró el líder—, y con esta podremos sellar a Lucian para siempre, condenado a una cárcel eterna. Pero no perdamos tiempo, convocaré a todos. Solo falta una pieza: Lucian. Ahora más que nunca debemos encontrarlo. Ve de inmediato —ordenó Satoru a Marcus, quien se inclinó y salió a buscar en la ciudad.

La ciudad de Delen bullía con vida. Gente transitaba de un lado a otro, mercaderes gritaban sus ofertas y el clima era de aparente normalidad, aunque bajo la superficie se respiraba tensión.

Lucian se encontraba en una encrucijada, oculto entre las sombras. A su lado estaban Milena, su fiel exasistente, y Kerion, su aprendiz. Ambos estaban bajo su cuidado.

Salir los tres de la ciudad sin ser detectados era prácticamente imposible. Las calles estaban vigiladas y cada salida era controlada.

Lucian intentaba idear un plan para rescatar lo último que le quedaba de su humanidad: sus dos amigos más importantes. Pero todo estaba cercado. Las salidas y entradas estaban custodiadas por la Orden de la Fe y la Orden de la Toga Blanca. El puerto también estaba bajo estricto control.

No había escape.

Aun así, Lucian deseaba con todo su ser sacar a Milena y a Kerion del peligro.

Mientras pensaba, Milena lo miró con ternura y habló en voz baja:

—Mi querido Lucian… sé que ha pasado mucho tiempo. Quizás me olvidaste… o tal vez otra mujer llegó a tu vida.

Lucian negó suavemente.

—No es lo que crees. Estoy preocupado por ustedes. Sobre todo por él… es demasiado joven para esta vida.

Milena comprendió entonces que no había desprecio en sus palabras, sino miedo. El lugar en el que estaban ya no era un refugio, sino una zona de guerra entre facciones.

En otro punto de la ciudad, Lia caminaba entre la multitud, pero su mente estaba en otra parte. Estaba inquieta. Todo se estaba complicando más de lo previsto. Lucian no aparecía, Marcus actuaba de forma extraña, distante… y Lucia también.

Lucia había comenzado a comportarse de forma diferente. Salía sola, evitando cualquier compañía, con una mirada vacía que no auguraba nada bueno. Eso no era normal.

Lucia abandonó el templo de la Fe y caminó en silencio entre la gente, casi como un fantasma. Seguía las órdenes de aquella voz en su mente que resonaba con fuerza imperiosa.

—Lucia, hija… encuentra al que conoce la verdad. No debe existir. Es un peligro.

Esta vez, no luchó contra la voz.

Obedeció.

Su objetivo era claro: encontrar a Daniel, el hombre que afirmaba conocer la verdad sobre la dama del velo negro. Su existencia representaba una amenaza.

Debía eliminarlo.

Mientras tanto, Lia no dejaba de seguirla ni un instante. Habló con aldeanos, campesinos y mineros. Todos tenían versiones distintas, pero coincidían en algo: Daniel era un hombre solitario… y muchos lo consideraban loco.

En medio de ese cruce de caminos, Marcus observaba desde la distancia. También él comenzaba a sospechar. La Orden se estaba fragmentando, las lealtades se tambaleaban y eso era peligroso. Sentía que todos ocultaban algo.

Lucian, por su parte, vio una oportunidad en ese caos y en el bullicio de la gente.

—Nos haremos pasar por una familia —dijo—. Milena será mi esposa, Kerion mi hijo. Yo me disfrazaré. Actuaremos como viajeros que regresan a casa. La multitud nos ayudará a pasar desapercibidos.

Era una apuesta arriesgada.

Pero necesaria.

Todo parecía funcionar… hasta que llegaron al control de salida.

Un guardia los detuvo levantando una mano.

—Nombres y propósito.

El aire se tensó de inmediato.

—Me llamo Clay —dijo Lucian con voz rasposa y fingida—. Soy cazador que regresa de sus vacaciones a su hogar en Frenduch. Tomaremos un barco. No llevo mucho, solo un equipaje ligero que consta de dos mudas de ropa, un abrigo y dos pares de zapatos.

—Yo soy Estela —añadió Milena entrando en el papel—, su esposa. Y me alegra que realicen estos controles, me siento mucho más segura. Yo llevo algunos recuerdos, unos dulces y tela para fabricar vestidos, y mi ropa.

Y entonces…

Kerion dudó. Su nerviosismo era palpable.

—Yo… me llamo… yo… ¿cómo era, padre? ¿Qué tenía que decir?

El silencio se volvió sospecha en cuestión de segundos.

El guardia frunció el ceño y ordenó detenerlos de inmediato.

—Llamen a Marcus —ordenó tajante.

Pero Marcus no estaba allí. Se encontraba vigilando los movimientos de Lia y Lucia, mientras Lia investigaba a Lucia… y Lucia ya había encontrado el rastro de Daniel.

El tiempo corría en su contra.

Lucia había localizado su destino. Planeaba cómo llegar sin ser vista, cómo acabar con su vida silenciosamente.

Pero Lia la interceptó saliendo de entre las sombras.

—¿Por qué tanto interés en ese hombre? —preguntó Lia con dureza, rompiendo la distancia de seguridad.

Lucia respondió con una calma inquietante y helada:

—Es parte de la investigación.

Mentía. Ambas sabían que mentía. La tensión entre ellas era palpable, como si el aire se hubiera vuelto eléctrico.

Todo el peso del destino comenzaba a inclinarse sobre un solo nombre:

Daniel.

El loco de las leyendas.

Y cuando Lucia lo encontrara…

quizás la verdad desaparecería con él.

Y con ella…

la única oportunidad de descubrir quién es en realidad

la dama del velo negro.

Mientras tanto, Marcus miraba cómo la situación entre Lia y Lucia se volvía cada vez más tensa, pero antes de poder intervenir, un mensajero llegó a galope tendido. Jadeando por el cansancio y el polvo del camino:

—¡Señor Marcus! Detuvimos a una familia sospechosa en la salida al puerto. Según dicen, son turistas que viajan de regreso a su hogar natal, pero no tenemos registros de su ingreso.

Marcus montó su caballo, Crusey, y salió a toda prisa. El camino ya no era un obstáculo, era pura emoción; todo parecía estar saliendo perfectamente. Al fin tendría a Lucian.

En la salida al puerto, la situación había estallado. Lucian tomó su daga y amenazó a Milena, quien no entendía qué pasaba, abriendo los ojos con terror auténtico.

—No pude usarlos como simple distracción —gritó Lucian para que todos lo oyeran—. Ellos eran mis prisioneros y el joven me delató. Quizás creyó que podrían detenerme, pero no será así. Si intentan algo, ella lo pagará con su vida.

La guardia de la Fe no podía permitir que una dama fuera lastimada frente a ellos y pidió calma, ofreciendo un trato. Kerion temblaba, sin comprender del todo la actuación.

Fue entonces cuando un cardenal que supervisaba la zona vio la escena. Jofri, un hombre de voz potente y actitud arrogante, se acercó despacio, sigilosamente por la espalda de Lucian y lo tomó del hombro con fuerza. Lucian, aprovechando el momento, soltó la daga intencionalmente. Milena fue rescatada de inmediato junto a Kerion y ambos fueron llevados a rastras hacia el puerto para ser expulsados de la ciudad, ya que ellos afirmaron —siguiendo el guion— que sí eran de Frenduch pero habían ingresado de forma ilegal, engañados por aquel hombre que decía ser su familia.

Milena observaba una vez más hacia atrás, con el corazón encogido, con la esperanza de que Lucian logre escapar tal y como se planeó. Al igual que Kerion, que en su mente repetía una y otra vez: …maestro, te esperamos, puedes lograrlo. Confiamos en ti.

En el punto de control, Lucian estaba rodeado de miembros de la Orden de la Fe. El cardenal Jofri, henchido de orgullo, se pavoneaba frente a él.

—¡Por fin mi nombre será más valioso que el de Marcus! —presumía ante todos—. En cada rincón se sabrá que yo, Jofri, capturé a Lucian Vacarut. No entiendo por qué le tenían tanto miedo, es patético, solo un hombre cualquiera.

Lucian solo sonreía. Su plan había salido perfecto.

—¿Ríes, perro? —escupió Jofri—. ¡Vas a pudrirte en los calabozos!

El cardenal tomó su lanza y embistió con furia ciega, buscando impresionar a los presentes. Lucian se movió con una elegancia letal, esquivando el golpe tan sutilmente que Jofri perdió el equilibrio y cayó de bruces en el lodo, levantando una nube de suciedad.

Los guardianes no pudieron contener la risa.

—¿Eso es todo, Eminencia? —bromeó Lucian.

Rápidamente, el cazador tomó su espada y con dos movimientos fluidos y precisos puso en marcha la técnica conocida como Niebla de Gozan. Era un arte antiguo, famoso por ser utilizado por ladrones y estafadores para escapar ilesos. Al esparcirse en forma ondulada, una bruma densa y cálida comenzó a llenar el aire, trayendo consigo una sensación de pesadez inmediata que comenzaba a adormecer los sentidos y relajar los músculos.

—¡Cierren los ojos! —gritó alguien, pero ya era tarde.

Uno a uno, los guardias cayeron al suelo, vencidos por el sopor. El cardenal intentó mantenerse en pie, forcejeando contra el sueño, pero solo logró arrancar un pedazo de la túnica de Lucian antes de desplomarse.

En ese instante llegó Marcus. Encontró la escena desoladora, con todos sus hombres inconscientes en el barro. La furia lo cegó. Saltó de su caballo y golpeó el suelo con el pomo de su espada, creando una onda de choque que despertó a los guardias bruscamente.

El cardenal Jofri se levantó empapado y avergonzado, sin saber dónde esconder la mirada.

—¿Dónde está Lucian? —rugió Marcus—. Según el informe estaba aquí.

—Señor… —balbuceó Jofri—, creímos que era él pero… solo era un ladrón común. Usó un truco sucio, la vieja Niebla de Gozan, y escapó antes de que pudiéramos detenerlo.

Marcus se acercó lentamente, su mirada era un abismo de odio y frustración.

—¿Un ladrón? —escupió las palabras—. ¡Era él! ¡Y lo dejaron escapar como a un perro!

Perdió el control y de un manotazo abofeteó al cardenal con tal fuerza que este salió despedido, cayendo pesadamente y golpeándose contra una piedra, lastimándose el hombro.

Pero en ese instante, una presencia imponente llenó el lugar. Orcan el Sabio había llegado y detuvo a Marcus con solo la mirada.

—¿Qué haces? —la voz de Orcan era calmada pero aterradora—. ¿Quieres que Satoru se entere que atacas a tus propios hermanos? No sabía que habías perdido la compostura y necesitabas un niñero. ¿O deseas enfrentarme también? Puedo bajar de mi caballo si lo deseas.

Marcus se tapó la cara con la mano, intentando controlar su ira.

—Perdón, maestro. Jamás le faltaría al respeto, pero este incompetente dejó escapar al objetivo y no puede quedar así.

Orcan suspiró.

—Y tú jamás fallaste, hijo. Pero la prudencia es la mayor virtud de un guerrero.

Marcus bajó la mirada y ayudó a levantarse al humillado cardenal. Orcan ordenó que lleven a Jofri al templo para ser curado y juzgado, y a Marcus le ordenó rastrear la zona.

—No debe estar lejos —dijo el sabio—. Ve.

Marcus montó nuevamente y partió como un rayo.

El Adiós

Mientras tanto, en alta mar.

El barco ya se había alejado, cortando las aguas oscuras hacia la libertad. Milena miraba hacia el puerto, esperando una última figura corriendo hacia ellos. Pero el muelle seguía vacío. La esperanza se le escapaba entre los dedos como la arena.

—No viene —susurró Kerion con la voz quebrada—. Nos mintió…

Milena sintió cómo su corazón se partía en mil pedazos. La tristeza la inundó, fría y cortante. No era miedo, era decepción pura.

—Sí, nos mintió —dijo ella con voz temblorosa, pero firme—. Solo quería deshacerse de nosotros. Usarnos como cebo y escapar solo. Es típico de ti, mi amado Lucian… siempre tan solo, siempre dejándonos atrás.

Con lágrimas rodando por sus mejillas, Milena sacó la máscara que ella misma le había regalado tiempo atrás, símbolo de su unión y su secreto. La miró por última vez, viendo su propio reflejo roto en ella.

—Adiós —susurró.

Y con un movimiento lleno de dolor, la arrojó al mar.

El objeto giró en el aire y cayó sobre las aguas profundas, hundiéndose lentamente, perdiéndose en la oscuridad abisal, tal como parecía haberse perdido para siempre la confianza en él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo