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Codex morte el arte de la gula - Capítulo 7

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7: Detrás de la actuación 7: Detrás de la actuación Era mi gran noche, era espectacular pero.

nunca me había sentido tan cerca de perderlo todo.

La actuación de Milena era excelente.

Era como ver nuevamente a la Venid.

Aquello se sentía como un castigo, como si el pasado reclamara la decisión que yo había tomado en aquella ocasión.

Sé que lo comprenderán – porque, siendo sinceros… ¿qué hubieran hecho ustedes en mi lugar?

—Lucian, está listo el acto cinco.

El público espera —dijo Milena con entusiasmo—.

Quieren saber más.

Tu obra es hermosa.

Ella estaba feliz.

Tenía esa mirada de quien prueba el dulce sabor del aplauso.

Esa sensación de reconocimiento que es como beber de una copa dulce… pero que nunca sacia la sed.

El acto empezó así.

Y en un instante, el escenario se transformó por completo.

La Venid estaba junto a mí.

No sé de dónde sacó la fuerza, pero me cargó como si fuera un niño y me llevó hasta su camerino.

Me miró con una tristeza profunda.

En mi mente pensé: Lo sabe… lo vio… ya no podré ocultarlo.

Pero entonces noté que temblaba.

No era miedo.

Era ira.

Una ira profunda.

Me miró y dijo apresuradamente: —Lucian… qué alegría llegar a tiempo.

¿Estás bien?

¿No te lastimó?

¿Estás herido?

Si te hizo algo, juro que usaré mis influencias y me encargaré de él.

La miré sorprendido.

—Venid, no… tranquila.

Estoy bien.

Ella negó con la cabeza, agarrándose el borde de la mesa del camerino con las manos.

—Aquí ya no es seguro.

Nos iremos de inmediato.

La detuve antes de que saliera.

—Lady Venid… pero usted tiene una presentación mañana.

Ella puso su mano sobre mi boca.

—Yo soy la líder de mi espectáculo.

Yo decido.

Salió del camerino y llamó a todos.

—Por favor, reúnanse.

Lamentablemente debemos cancelar nuestra presentación aquí.

Primero nos dirigiremos a Riverkings – un pueblo de paso para descansar y ponernos en orden – luego continuaremos rumbo a Coul, donde el rey espera nuestra actuación.

Esta oportunidad es única para todos.

Estoy segura de que nuestros anfitriones comprenderán.

Yo asumiré la responsabilidad.

Luego me miró.

—Lucian, prepara tus cosas y ayuda a cargar todo.

Debemos irnos ya.

Por primera vez vi a la Venid nerviosa, intranquila… casi volátil.

Ya no parecía la actriz elegante de siempre, sino alguien diferente.

Todos la miraban con duda.

Algo se estaba desmoronando.

Entonces llegó un miembro de la orden.

—Perdonen, señores y damas —dijo—.

Buscamos a un prófugo peligroso.

Aparenta tener quince años, pero en realidad es muy antiguo… maldecido por un libro pagano.

Sacó un pergamino.

—Tiene varios nombres.

Uno de ellos es Bron… otro es Darío… y actualmente podría usar otro.

Rasgos celtas, cabello castaño corto y mide aproximadamente un metro setenta de altura.

Fue visto por última vez junto a una mujer de vestido rojo.

Miró a todos.

—¿Saben algo?

Nadie respondió.

—No, buen señor —dijo uno de los artistas—.

Solo somos actores y estamos ocupados.

El hombre asintió.

—Si descubren algo, diríjanse a nuestro líder, Satoru, o al investigador Marcus Valerius.

Habrá recompensa.

Cuando se marchó, todos entendieron lo que ocurría.

Nadie habló.

Pero las manos comenzaron a moverse más rápido.

Demasiado rápido.

Miraron a la Venid… y asintieron.

Partimos de aquel lugar.

Pero la Orden de la Toga Blanca no quería preguntar.

Quería confirmar.

Desde la distancia, Marcus Valerius observaba.

—Por orden de nuestro líder —dijo— se anotará que la famosa Venid es cómplice de ese ser repulsivo.

Será procesada por ocultar a un prófugo y por agredir a un miembro de la fe.

Hizo una pausa.

—Cargos de blasfemia ante Nuestro Dios.

Miró a los soldados.

—Síganlos.

No deben escapar.

Su voz fue baja… y aun así, nadie dudó en obedecer.

Mientras viajábamos en la carreta, la Venid estaba diferente.

Su mirada parecía perdida.

Sus manos temblaban, incluso al agarrar las riendas.

De pronto comenzó a llorar.

Me abrazó con fuerza.

—Hijo… no, mi pequeño… amor… no te harán daño.

No los dejaré.

Aquí está mamá… aquí estoy.

Su voz era temblorosa.

—Duerme, mi bebé.

Cierra tus ojitos.

La oscuridad se alejará.

No, Jeanpierre… no temas.

Mamá te cuidará.

Entonces entendí.

No la interrumpí.

A pesar de los años, su dolor seguía vivo… como una herida que nunca sanó.

Ahora comprendía por qué Lumiere me dijo que observara su obra con atención.

La Venid no estaba actuando.

Estaba recordando.

Y ese dolor… ni el hombre más fuerte podría soportarlo.

Cuando volvió en sí, me miró avergonzada.

—Lo siento… Luego preguntó con seriedad: —Lucian… ¿por qué la orden te persigue?

Sé honesto conmigo.

Podía decirle la verdad.

Podía contarle todo sobre el libro.

Pero mentí.

—La orden mató a mis padres… y a mi hermana.

Yo fui testigo.

Soy un cabo suelto para ellos.

Ella, aún con lágrimas, dijo: —Entonces desde ahora serás mi hijo.

Yo cuidaré de ti.

Nadie te lastimará.

Tomó mi rostro entre sus manos.

—Cuando lleguemos a Riverkings, solo serás Lucian Vacarut.

Nada más.

Si alguien te llama por otro nombre, lo negarás.

Su voz se volvió firme.

—Es una orden.

No me desautorices.

Y no quiero que te alejes de mí.

Aunque sabía mi nombre… seguía llamándome Jeanpierre.

—No llores, pequeño… Su voz era como una canción de cuna triste.

Pero en mi corazón sabía algo.

No era bueno que yo siguiera a su lado.

Tenía que tomar una decisión muy difícil.

Quedarme con ella… y destruir su vida.

O alejarme… y romperle el corazón.

Esa respuesta… aún no estaba listo para enfrentarla.

Porque la orden no descansará, y mis secretos no pueden permanecer ocultos para siempre.

El balanceo de la carreta se volvió más lento… más lejano… hasta desaparecer en un eco suave.

Y cuando abrí los ojos… no estaba huyendo.

Estaba actuando.

El público estaba en silencio.

Muchos lloraban.

El telón cayó.

Vi el rostro de Milena, también con lágrimas.

—Qué hermoso personaje creaste —dijo—.

La Venid… si fuera real… sería la más grande de las mujeres.

Yo susurré para mí mismo: —Si fuera real… Hice una pausa.

—Lo fue.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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