Compañera humana de los tres Alfas - Capítulo 19
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19: 19 La vicita 19: 19 La vicita Cecilia.
El resto de la tarde, Kieran no se apartó de mí.
Estaba observando y controlando.
Como si esperara que en cualquier momento algo volviera a salir mal.
Era… incómodo tenerlo tan cerca se centia incorrecto.
Demasiado.
No dije nada, pero lo sentía.
cada vez que miraba.
En cada silencio.
En algún momento, se quedó quieto.
Como si escuchara algo lo más probable algún enlace mental.
Su expresión cambió apenas.
Y sin decir una palabra, se retiró de la habitación.
La puerta se cerró.
Y por primera vez— respiré.
—Uff… Me incorporé lentamente, necesitaba moverme.
Las piernas me dolían de tanto estar acostada.
Pero justo cuando intenté levantarme— la puerta se abrió.
Era la Omega, sonrió al verme.
—Señorita Cecilia… Rodé los ojos.
—Cecilia.
Por favor… solo Cecilia.
Dije un poco frustrada.
Dudó.
—No sé si debería… —Sí debes —la interrumpí—.
Te lo estoy pidiendo.
Me observó un segundo.
Y luego asintió.
—Está bien… Cecilia.
Sonreí apenas.
—¿Cómo te llamas?
—Lily.
—Mucho gusto, Lily —respondí—.
¿Y qué haces aquí en la manada?
—Ahora mismo ayudo en la cocina, pero el Alfa Kieran me pidió que estuviera pendiente de usted… de lo que necesite.
Claro.
Control.
Otra vez.
—Entiendo… —murmuré.
Luego la miré de nuevo.
—Lily, ¿podrías traerme el té que no pude tomar?
De manzanilla… con miel, si hay.
—Claro.
Se retiró de inmediato.
Aproveché.
Me levanté.
Caminé despacio hasta la ventana.
Cada paso se sentía extraño, pero necesario.
Me dejé caer en el sillón junto al ventanal.
Afuera… todo estaba cubierto de invierno.
Blanco.
Frío.
Silencioso.
—¿Dónde estoy realmente…?
—susurré.
En su manada.
Claro.
Finalmente había logrado traerme aquí.
Donde quería.
Cerré los ojos un segundo.
Necesitaba hablar con mi madre.
Pero no ahora.
No después de todo.
No después de Ryan.
Aún me dolía.
Más de lo que quería admitir.
Jamás pensé que él… me levantaría la mano.
Pero a estas alturas— ya nada debería sorprenderme.
Un movimiento llamó mi atención.
Un vehículo.
Negro.
Un SUV que se detuvo frente a la entrada.
Fruncí el ceño.
Un guardia bajó primero.
Luego abrió la puerta trasera.
Mi cuerpo se tensó.
Y cuando lo vi— me quedé inmóvil.
—No… —susurré.
Tilas.
El segundo de los trillizos.
Y como si no fuera suficiente— la otra puerta se abrió.
Y salió él.
Norman.
Impecable.
Imponente.
Como si hubiera salido del mismísimo infierno… hermoso.
Pero letal.
Tragué saliva.
—Genial… No.
No quería cruzarme con ellos.
Ni siquiera verlos.
Tenía que mantenerme al margen.
Invisible.
Como siempre.
Hasta poder hablar con mi madre.
Hasta encontrar una salida.
Porque esto— no podía quedarse así.
Pero… ¿tenían que venir aquí también?
La puerta se abrió.
Lily entró con una bandeja.
Té de manzanilla.
Miel.
Y algunas galletas.
La miré, agradecida.
—Gracias, Lily.
Me sirvió.
Tomé la taza.
El calor en mis manos se sintió… bien.
—Para la próxima —añadí—, trae una taza para ti también.
Negó de inmediato.
—No debería… —Por favor.
Solo hazlo.
Dudó.
Pero asintió.
—Está bien… Cecilia.
Sonreí.
—Después de esto… ¿quieres salir a caminar?
Le di un sorbo al té.
El aroma me calmó un poco.
Negué.
—No.
Hay visitas… y no quiero cruzarme con ellos.
—Ah… los hermanos Theron —dijo—.
Suelen venir mucho.
A veces el Alfa Kieran va a sus manadas… o ellos vienen aquí.
Claro.
Los grandes herederos.
Perfecto.
—Y dime, Lily… —la miré— ¿cómo es trabajar aquí?
¿Cómo es tu vida en la manada?
Ella soltó una pequeña risa.
—La verdad… tranquila.
El Alfa casi no está.
Siempre está trabajando, o con Tilas y Norman.
No pasa mucho tiempo aquí.
Eso me hizo pensar.
—Pero ahora que tú estás aquí… todo está más movido.
Fruncí el ceño.
—¿Más movido?
Asintió.
Y eso… no me gustó.
Nada.
Mi mente empezó a girar.
¿Significaba algo?
¿Vendrían también…?
Ryan y mi madre.
Cerré los ojos un segundo.
Si venían… tendría que enfrentarlos.
Y esta vez— no iba a quedarme callada.
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