Compañera humana de los tres Alfas - Capítulo 18
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18: 18 La conección 18: 18 La conección Derek —Me sorprende ver al hombre que orquestó todo este estúpido plan… tan tranquilo estando encerrado.
La voz del Alfa Ryan resonó en la celda.
Estaba de pie frente a las rejas.
Brazos cruzados.
Una mueca de burla en el rostro.
No respondí.
Solo volví a sentarme en el catre, apoyando los codos sobre las rodillas.
—¿Qué pensabas lograr, muchacho?
—preguntó, apoyando una mano en la cintura y la otra sobre los barrotes.
Exhalé despacio.
—Pensé que todo había quedado claro.
Ryan soltó una risa seca.
—Sí, sí… —murmuró con sarcasmo—.
Iban a huir y vivir su vida.
Se inclinó un poco hacia mí.
—¿Qué vida podrías darle tú?
Silencio.
—Sé quién eres —continuó—.
El nieto del viejo Cox.
Mi mirada no cambió.
—Y por la lealtad que tu familia ha mostrado… te dejaré ir.
Se enderezó.
—Pero escucha bien, muchacho —añadió, su voz endureciéndose—.
Si vuelvo a verte cerca de mi hija… hizo una pausa breve— —no seré tan amable.
Se giró para irse.
—Soy la única persona con la que Cecilia socializa… —dije entonces.
Se detuvo.
—¿Y aun así me pides que me aleje?
Ryan se tensó.
Giró lentamente hacia mí.
Como si lo que acabara de decir no tuviera sentido.
—¿De qué estás hablando?
—su voz bajó, peligrosa—.
Cecilia es muy querida en esta manada.
Nadie se atrevería a hacerle daño.
Lo miré fijamente.
—Quizás… los miembros de la manada solo seguían órdenes.
Pausa.
—Órdenes de personas cercanas a ti.
El aire cambió.
—¡Suficiente!
—rugió.
Su voz retumbó en las paredes.
—No voy a escuchar más de tus tonterías.
Se giró con brusquedad y caminó hacia la salida.
—Mañana por la mañana suelta al muchacho —ordenó al guardia—.
Que tenga tiempo para reflexionar sobre lo que dice.
—Sí, Alfa.
La puerta de madera se cerró con un golpe seco.
Y el silencio volvió.
Me recosté un momento.
Cerré los ojos.
Bien.
Así estaba mejor.
Entonces me concentré.
Buscándola.
Conectando con ella.
Y la encontré.
Rápido.
Siempre la encontraba.
—Cecilia… La llamé.
Pero mi magia… no era suficiente aquí.
Este lugar.
No era mi elemento.
No completamente.
Aun así… tenía una ventaja.
El brazalete.
El que le regalé en su cumpleaños.
Sonreí apenas.
Nunca se lo quitaba.
El conjuro era simple.
Pero efectivo.
Un bloqueo.
Diseñado especialmente para lobos.
Para mantenerlos lejos.
Para evitar que cualquiera reclamara lo que era mío.
Porque sí… yo la quería.
Para mí.
Y sabía perfectamente lo que podía pasar si no hacía algo.
Siendo hija de la Luna… era cuestión de tiempo.
Encontraría a su compañero.
Y yo… no pensaba permitirlo.
Pero cometí un error.
Uno grande.
No consideré… que la familia del Alfa se interesaría en ella.
Por eso no escapamos de noche.
Por eso esperé.
Y eso… fue un error.
Volví a concentrarme.
Más fuerte.
Más profundo.
La vi.
Venía hacia mí.
La imagen era débil.
Distorsionada.
Pero era ella.
Cecilia.
Moviéndose.
Buscándome.
Entonces— desapareció.
De golpe.
Como si alguien hubiera cortado el vínculo.
Me incorporé de inmediato.
—No… Volví a intentar.
Nada.
Vacío.
Silencio.
No podía sentirla.
No podía verla.
No estaba.
—Maldición… Me puse de pie de un salto.
Mi respiración se aceleró.
Algo no estaba bien.
Algo había cambiado.
Y no me gustaba nada.
—Tengo que encontrarla.
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