Compañera humana de los tres Alfas - Capítulo 21
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21: 21 Compañera 21: 21 Compañera Norman.
La puerta se abrió.
Y el mundo cambió.
Cecilia se levantó de inmediato, girándose hacia la entrada, con el impulso natural de quien espera… no sabía qué, pero definitivamente no esto.
Norman estaba en el umbral.
Inmóvil.
Sus ojos recorrieron su cuerpo lentamente, de arriba abajo… evaluando, reconociendo.
Y entonces ocurrió.
Un destello dorado.
No humano.
No racional.
Puro instinto.
Lily lo vio.
Su respiración se cortó al instante.
Bajó la cabeza de inmediato, juntando ambas manos frente a su cuerpo en señal de sumisión.
No dijo nada.
No necesitaba hacerlo.
Había entendido.
El licano estaba presente.
Y había encontrado.
Comenzó a retroceder lentamente, paso a paso, sin darle la espalda, evitando cualquier gesto que pudiera interpretarse como desafío.
Silenciosa.
Invisible.
Desapareciendo por la puerta lateral.
Cecilia frunció el ceño, confundida.
—Lily… —inhaló para llamarla— —No te atrevas.
El rugido de Norman cortó el aire como un látigo.
Cecilia se quedó congelada.
Su corazón dio un vuelco.
Norman dio un paso dentro de la habitación.
Pesado.
Dominante.
Su respiración era profunda, controlada… pero peligrosa.
—No hablarás con nadie que no sea conmigo.
Otro paso.
Cecilia retrocedió sin darse cuenta.
—Nunca mirarás a otra persona que no sea yo.
Otro paso.
El aire se volvió denso.
Irrespirable.
—Todo tu ser me pertenece en este momento.
Le señaló directamente.
Otro paso.
Cecilia sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Solamente puedes respirar… porque yo te lo permito.
Otro paso.
Lily, desde la puerta lateral, temblaba.
Cecilia dio un pequeño paso hacia atrás, el miedo reflejándose claramente en su rostro.
Norman sonrió.
No era una sonrisa humana.
Era algo más oscuro.
Más primitivo.
—Oh, Cecilia… —su voz bajó, casi sedosa—.
Si te atrevieras a alejarte de mí siquiera un centímetro… te mostraría cuál es tu lugar.
Se inclinó apenas hacia adelante.
—Y créeme, mi querida compañera… no te gustará.
Silencio.
La palabra cayó como una bomba.
Cecilia parpadeó.
Una vez.
Dos.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¿C… cómo?
—su voz tembló—.
¿Compañera?
Negó con la cabeza, retrocediendo.
—Eso es… imposible… La puerta se abrió de golpe.
—¿Cómo que tu compañera?
—la voz de Tilas irrumpió como un trueno.
Norman ni siquiera lo miró.
Alzó una mano.
Silencio.
Tilas se quedó quieto.
Confundido.
Descolocado.
Nunca… nunca lo callaban así.
Un segundo después, Kieran apareció detrás de él, respirando agitado.
—¿Qué es todo esto…?
Y entonces— Pasó.
El lobo de Norman emergió.
No completamente.
Pero lo suficiente.
Su cuerpo se tensó, su postura cambió, sus ojos brillaron con más intensidad mientras la dominancia explotaba en la habitación.
Pesada.
Aplastante.
Inevitable.
Kieran y Tilas la resistieron.
Pero Cecilia— Cecilia no.
Un golpe seco.
Su cuerpo cayó al suelo.
Demasiado para una humana.
El sonido rompió algo dentro de Kieran.
—¡Cecilia!
—dio un paso hacia ella— —Nadie toca lo que es mío.
La voz de Norman fue baja.
Pero absoluta.
Kieran se detuvo en seco, clavando la mirada en él.
—Norman… —su tono fue firme—.
Es nuestra.
Silencio.
Tenso.
Peligroso.
Norman finalmente levantó la mirada hacia él.
Frío.
Inamovible.
—No.
Un paso hacia Cecilia.
—Es mía.
Se agachó junto a ella.
Sus garras aún asomaban… pero lentamente las retrajo, controlando cada movimiento para no hacerle daño.
La levantó con cuidado.
Una mano bajo su espalda.
La otra bajo sus rodillas.
Su cabello cayó como una cascada.
Y entonces— La olfateó.
Profundo.
Largo.
Como si la estuviera grabando en su alma.
Su pecho se expandió.
Sus ojos se cerraron un segundo.
Y cuando los abrió— Alzó la cabeza.
Y aulló.
Un sonido profundo, ancestral, que vibró en toda la casa.
Un llamado.
Un agradecimiento.
A la diosa de la luna.
Había encontrado a su compañera.
Y no pensaba soltarla jamás.
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