Compañera humana de los tres Alfas - Capítulo 22
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22: 22 Con quién se queda 22: 22 Con quién se queda Norman.
El golpe de su cuerpo contra el suelo rompe el aire.
No lo pienso, tampoco dudo y me muevo rápido.
La levanto antes de que cualquiera más pueda siquiera acercarse.
—Nadie la toca— digo y mi voz es baja pero suficiente.
Kieran se detiene.
Lo siento y lo ignoro.
Cecilia está en mis brazos, inconsciente.
Demasiado frágil para todo lo que acaba de pasar.
Mi lobo sigue agitado, pero lo empujo hacia atrás, controlandolo como siempre.
La ajusto mejor contra mí y sintiendo cómo su cuerpo encaja perfectamente contra el mío.
Como si siempre hubiera sido así.
Como si siempre hubiera sido mía.
Y eso me gusta.
La recuesto en la cama con cuidado, más del necesario.
Más del que quiero admitir.
Su cabello cae desordenado sobre la almohada.
Lo aparto, lentamente, ordenándolo con los dedos.
Mi mano se queda ahí un segundo más.
Memorizando cada ebra.
Reconociendo.
Detrás de mí, los pasos se sienten más presentes.
Tilas y Kieran.
No necesito girarme para saberlo, están ahi, observando.
—¿Cómo vamos a proceder con esto?
—la voz de Tilas corta el silencio—.
¿Qué haremos nosotros?
¿Cómo quedamos nosotros?
No respondo aún.
Sigo observándola.
Pero escucho sus inquietudes.
Cómo siempre lo hice.
Y siempre lo supe que ellos llevaban parte de mi como yo el de ellos.
Y aquí está la prueba pienso…
mi compañera también es la de ellos.
—Sinceramente… estoy muy desconcertado —dice Kieran.
Tilas gira hacia él.
—Ya lo creo.
<Silencio.> —La traje aquí cuando sentí que ya no podía más estar lejos de ella.
Mis dedos se detienen sobre el cabello de Cecilia.
Lento, escuchando lo que Kieran está diciendo.
—O sea que ya sabías que era tu compañera —dice Tilas.
Pausa y luego Kieran suspira.
—Sí.
Mis ojos se levantan.
Finalmente hablo.
—¿Cuándo?
Pregunto.
—Hace un año.
El aire cambia.
Pero no reacciono, almenos no externamente.
—Pero jamás pensé que sería compañera de ustedes también—.
continúa Kieran.—Pensé que era solo mía—.
Mi mandíbula se tensa apenas.
—Y tuve mucho conflicto por todo lo que le hicimos—.
Continúa.
No dice nada nuevo.
Pero lo dice en voz alta.
Eso lo vuelve… real.
—Por eso me alejé.
Por eso no volví a la manada.
<<Silencio.>> —Siempre pensé en rechazarla.
Continuo Kieran y mi lobo reacciona de inmediato, violento y lo vuelvo a controlar.
—Cuando fui a hacerlo… no pude—.
Claro que no.
—Y cuando lo vi con él…— Mis ojos se entrecierran, y contra toda mi voluntad suelto su cabello y me enderezó mirando a Kieran —¿Quién?— pregunto.
—Un estudiante del instituto —responde Kieran.
—Como ella— <Pausa.> —Un hombre lobo… pero su lobo nunca despertó— Tilas resopla.—Un inútil—.
No intervengo.
Solo miro entre los dos.
—Sí —continúa Kieran.
—Pero ella lo estima bastante Eso sí importa.
Y aprieto los nudillos y mi mandíbula se tensa.
—Porque hizo por ella más de lo que nosotros hicimos jamás.
<<Silencio.>> Más pesado.
Más incómodo.
—La ignoramos —dice—.
Hicimos que toda la manada la tratara mal—.
Miro a Cecilia.
Inmóvil.
—Entonces él estuvo ahí.
Aprieto los dedos apenas.
Sin tocarla.
—Fue su amigo, la apoyo en todo.
Tilas niega.
—No tiene sentido.
Se cruza de brazos.
—Pero antes de ver qué hacemos con ella… tenemos que ver qué hacemos nosotros.
—Tú.
Dice Tilas señalando a Kieran.
Hubo una pausa.
—Si te quedaras con ella, ¿qué harías?
<<Silencio.>> Kieran duda.
Mira a Cecilia.
—Al menos yo no tengo un matrimonio impuesto por el consejo— Dice encogiéndose los hombros.
Ahora sí hablo.
—Ese matrimonio existe para asegurar la corona—.
Mi voz es estable.
—Porque no se encontraba a la compañera destinada— Levanto la mirada.
—Pero ya la encontré.
<Silencio.> —Y me importa una mierda ese matrimonio.
No hay discusión.
—Yo lo resolveré— Tilas me observa.
—Entonces tú te quedarás con ella.
Asiento.
Kieran se tensa.
—Eso es injusto.
Me incorporo completamente.
—Fui yo quien la encontró —dice—.
Fui yo quien la trajo.
Está en mi manada.
Lo miro.
Directo.
—¿Me desafias?
Silencio.
—Si es necesario, sí.
No dudo.
—No.
Mi voz cae firme.
—Ella es la futura reina.
Pausa.
—De toda la manada.
Otra.
—De toda la existencia de los hombres lobo de la zona norte.
Su expresión cambia.
—No se quedará contigo recibiendo migajas.
Kieran se enfurece pero no le doy espacio.
Levanto la mano.
<Silencio.> —Necesitaremos una tregua.
Bajo la mirada hacia Cecilia.
—Y una conversación más larga.— Hago una pausa suspirando.
—Pero lo importante ahora es ella.
El aire se calma apenas.
—Tenemos que cuidarla.
Mis ojos se endurecen levemente.
—Y hacerle entender… Que no puede irse— Tilas frunce el ceño.
—¿Por qué lo dices?
—Porque lo sentí.
Simple.
— Sentí su rechazo.— miro su rostro.
Incluso inconsciente… lo veo.
—No nos quiere— Tilas resopla.
—Pues es su problema, nosotros tampoco la queríamos y…
aquí estamos—.
Se cruza de brazos.
—Pero esto es lo que hay— La mira sin suavidad —Y va a tener que aguantarse.
No lo contradigo.
Porque esto… No es una elección.
Es un hecho.
Y aunque ella aún no lo entienda…
Va a hacerlo.
Aunque tenga que romper cada resistencia que tenga.
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