condenado al final - Capítulo 11
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11: CAPÍTULO 11: EL PESO DEL SILENCIO 11: CAPÍTULO 11: EL PESO DEL SILENCIO El chirrido de la carreta regresando a la cabaña sonaba distinto.
No traía leña, ni comida, ni esperanza.
Traía el eco de una derrota absoluta.
El padre bajó a Elena con movimientos lentos, como si estuviera cargando un cristal quebrado.
Su rostro estaba devastado, las líneas de su expresión hundidas por un cansancio que no era físico.
Tenía los ojos rojos, pero cuando vio a Aria salir corriendo de la casa, forzó una máscara que a Ahell le quemó las entrañas.
— ¡Mamá!
¡Volvieron!
—gritó Aria, lanzándose hacia la carreta.
— ¡No!
—El padre la detuvo con un brazo firme, pero su voz temblaba—.
Aria, quédate atrás.
El doctor…
el doctor dijo que mamá necesita descansar mucho.
Se le va a pasar, pequeña.
Solo necesita dormir.
El hombre sonrió.
Fue una sonrisa horrible, una mueca de dolor puro disfrazada de consuelo.
Ahell lo miró desde la puerta.
Sabía que no había doctor, ni medicinas, ni salvación.
En la enfermería del pueblo solo había sombras y cadáveres.
El sistema, implacable, parpadeó en su visión con una frialdad que ya no lograba ignorar: // SUJETO CLAVE: ESTADO CRÍTICO.
// // TIEMPO ESTIMADO PARA EL CESE DE FUNCIONES BIOLÓGICAS: 48 HORAS.
// Los siguientes tres días no se midieron en horas, sino en suspiros ahogados.
El ambiente de la casa, que antes brillaba con el calor de una sopa de papas y un caramelo compartido, se volvió sombrío, denso.
El aire pesaba.
El olor a lavanda y leña fue reemplazado por un rastro dulce y podrido que se filtraba por debajo de la puerta del cuarto principal.
Ahell se encargó de Aria.
Le contaba historias, le inventaba juegos en el patio, cualquier cosa para que no escuchara los lamentos sofocados de su padre o los quejidos inhumanos que salían de la habitación.
Pero él lo escuchaba todo.
Cada segundo.
Al tercer día, el silencio se volvió absoluto.
Ahell entró al cuarto justo cuando el sol empezaba a ponerse, tiñendo las paredes de un naranja sangriento.
Su padre estaba arrodillado junto a la cama, sosteniendo la mano de Elena.
La mancha negra ya cubría casi todo su cuerpo; su piel parecía ceniza a punto de desmoronarse.
Elena abrió los ojos por última vez.
Ya no eran ojos humanos, eran pozos de oscuridad total, pero en el fondo, todavía quedaba un rastro de la mujer que hacía sopa con amor.
— Cuida a los niños…
cariño —susurró, su voz apenas un aliento frío—.
Te a…
La frase se cortó.
No hubo un suspiro final dramático, solo una ausencia repentina.
La mano que el padre sostenía perdió la poca fuerza que le quedaba y cayó pesadamente sobre la cama.
Elena había muerto.
// SUJETO CLAVE ELIMINADO.
// // PROGRESIÓN DEL EVENTO TERMINAL: 15%.
// El padre no gritó.
Solo apoyó la frente en el borde de la cama y sollozó sin hacer ruido, sus hombros sacudiéndose violentamente.
Ahell se quedó en el marco de la puerta, sintiendo un vacío que ninguna de sus vidas le había enseñado a llenar.
Afuera, Aria llamó desde la cocina: — ¡Hermano!
¿Ya despertó mamá?
Ahell cerró los ojos y, por primera vez, no supo qué responder.
La mentira se había vuelto demasiado pesada para un cuerpo tan pequeño.
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