condenado al final - Capítulo 17
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17: CAPÍTULO 17: LA FRACTURA 17: CAPÍTULO 17: LA FRACTURA La noche no trajo silencio.
Solo bajó el volumen de los gritos.
El campamento respiraba cansancio… y algo más.
Algo que no se decía.
Kallen caminaba entre tiendas mal iluminadas.
El olor a sangre seca seguía en el aire.
No importaba cuánto se limpiaran.
No importaba cuánto fingieran normalidad.
El error seguía ahí.
Pegado.
Lo vio.
Kail estaba sentado sobre una roca, lejos del resto.
Sin armadura.
Sin espada.
Mirando nada.
Como si la batalla ya hubiera pasado hace mucho tiempo.
Kallen no dudó.
Caminó directo hacia él.
Lo agarró de la camisa.
Fuerte.
Lo levantó apenas del suelo.
—¿Por qué?
No gritó.
Pero su voz pesaba más que cualquier golpe.
—¿Por qué no dijiste nada antes?
Kail no se resistió.
No apartó la mirada.
No sonrió esta vez.
Solo lo miró.
Tranquilo.
—Sí lo dije.
Silencio.
Kallen apretó más.
—No lo suficiente.
—No —corrigió Kail, suave—.
Pausa.
—No lo querías escuchar.
Eso golpeó.
Directo.
Sin defensa.
Kallen apretó los dientes.
—Podríamos haber evitado esto.
—No.
Respuesta inmediata.
Sin emoción.
—Podrías haberlo evitado.
Pausa.
—Si hubieras dudado.
Silencio.
Pesado.
Insoportable.
Kallen lo soltó.
No por calma.
Por… límite.
—Eres un imbécil —escupió.
Pero no sonó como insulto.
Sonó como frustración.
Kail acomodó su ropa.
Se quedó de pie frente a él.
Y entonces— sonrió.
Pero no como siempre.
No era ligera.
No era despreocupada.
Era… cansada.
—Lo sé.
Pausa.
—Pero sigo aquí.
Se dio la vuelta.
Empezó a caminar.
Como si la conversación hubiera terminado hace rato.
—Kail.
No se detuvo.
—La próxima vez… —dijo Kallen, más bajo— Pero no terminó la frase.
Porque no sabía cómo.
Kail levantó una mano.
Sin girarse.
Y siguió caminando.
Kallen se quedó solo.
Otra vez.
Pero no era como antes.
Esta vez… el silencio no estaba vacío.
Estaba lleno de algo que no sabía manejar.
MAÑANA SIGUIENTE El sol salió.
Pero no trajo alivio.
El campo volvió a teñirse de rojo.
Otra batalla.
Mismo lugar.
Mismo enemigo.
Pero algo había cambiado.
Los soldados no gritaban igual.
Los capitanes no sonaban seguros.
Las órdenes… tardaban un segundo más en darse.
Y Kallen— No avanzó primero.
Se detuvo.
Un instante.
Solo uno.
Y miró hacia atrás.
Kail estaba ahí.
Como siempre.
Fuera de lugar.
Sonriendo.
Pero esta vez— Kallen no lo ignoró.
Lo observó.
De verdad.
Y por primera vez desde que empezó esta guerra… dudó.
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