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Creando Juegos en el Futuro - Capítulo 16

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16: Capitulo 16 16: Capitulo 16 Caminé despacio por la calle empedrada, sintiendo la textura de la ceniza sobre mi piel sintética.

Sostenía las Cuchillas del Caos en mis manos, sintiendo su peso y el calor residual de las runas.

Miré a mi alrededor, asombrado por la escala de la ciudad.

—Casi no puedo creer que me haya tomado cinco años terminar todo esto —susurré.

—Fue un trabajo titánico, Alex…

—intervino Luna, apareciendo flotando a mi lado—.

Pero, ¿está bien dejarlas así?

Suspiré, guardando las armas en mi espalda.

En cuanto llegué al pequeño puerto de la simulación, la atmósfera cambió radicalmente.

Lo que antes era un puesto de avanzada griego se había transformado en un club de playa privado.

Allí estaban todos: mi madre, Jade y Melissa, tumbadas en lujosas tumbonas bajo un sol mediterráneo perfecto, mientras mi padre nadaba tranquilamente en las aguas cristalinas.

Me quité la “piel” de Kratos, recuperando mi avatar normal; me sentía ridículo usando al Fantasma de Esparta en un entorno tan doméstico.

Todo empezó el año pasado, cuando terminé la reconstrucción de Atenas.

Estaba tan orgulloso que cometí el error de invitarlos a verla.

Jamás imaginé que mi madre compraría cuatro pares de gafas de inmersión total y declararía esta playa como su lugar oficial de retiro.

Dice que, con lo duro que trabaja en el ejército, tener su propia costa privada en realidad virtual es una necesidad vital.

Fui un ingenuo.

Pensé que vendrían un par de veces por la novedad, pero la inmersión total es adictiva.

La culpa, en parte, es mía: me dejé llevar por el perfeccionismo y programé sistemas de sabor, olfato y tacto.

Gasté créditos y semanas de trabajo en simular la brisa marina, el sabor de los platos gourmet e incluso los efectos del alcohol.

Antes de darme cuenta, mi zona de pruebas de God of War se convirtió en una casa de vacaciones familiar.

Para no arruinarles el disfrute, simplemente me mudé a trabajar en otras regiones del mapa, creando fauna y ecosistemas que Luna cataloga para futuros proyectos.

Al acercarme a la orilla, vi a un PNJ (un soldado espartano que debería estar custodiando las puertas) llevando una bandeja con aperitivos y bebidas frías a las chicas.

—Debes de estar bromeando…

—mascullé.

(╬ ಠ益ಠ) —¡Oh!

Alex —exclamó mi madre, levantándose un poco las gafas de sol—, por fin decides venir a pasar un rato con tu querida y maravillosa madre.

Suspiré, hundiendo los pies en la arena que yo mismo había renderizado grano por grano.

—¿No os cansáis de venir aquí todos los días?

—pregunté, mirando con escepticismo el despliegue de lujo en mi zona de pruebas.

—¿Cómo me voy a cansar, Alex?

—respondió mi madre, ajustándose el biquini virtual—.

Sabes perfectamente que en este planeta casi no quedan playas naturales.

Tendríamos que gastar una fortuna en créditos y viajes interestelares para ver algo así.

Además, tu padre y yo no recibiremos permiso para salir del sector en décadas.

Esto es un milagro.

—Vale, lo entiendo —suspiré—.

Entonces, voy a separar esta playa y convertirla en un mundo aparte, lejos de la zona de combate.

—¡¿Qué?!

¡Ni hablar!

—protestó ella de inmediato—.

Me encanta este sitio tal como está.

La arquitectura urbana de la ciudad es preciosa.

—Sí, la tía Kat tiene razón —añadió Jade, que estaba revisando sus redes sociales en una pantalla holográfica flotante—.

Es muy divertido pasear por el pueblo y observar a los PNJs que estás diseñando.

Tienen…

personalidad.

—Está bien, pero al menos dejad de trastear con sus ajustes —les rogué—.

Programar sus rutinas de IA me ha llevado meses.

Hace apenas ocho semanas terminé el ecosistema animal y empecé con los PNJs humanos.

Lo que no esperaba era que, tras el primer despliegue, me encontraría a mi familia tirada como pescado seco al sol, mientras mis fieros soldados griegos les servían como si fueran esclavos domésticos.

Incluso vi a mi madre obligando a un guardia de élite a quitarse la coraza para que le metiera uvas en la boca con más “estilo”.

—Jaja, ¿por qué estás tan serio, cielo?

—rio mi madre, ignorando mi frustración—.

Luna me ayudó a reajustar un par de cosas para que todo fuera más cómodo.

Toma, prueba un poco de este roast beef.

Está increíble.

Dios, es imposible razonar con ella cuando me trata como a un niño haciendo un berrinche.

Frustrado, le arrebaté el trozo de carne y le hinqué el diente con saña, descargando mi enfado en la comida.

(Maldita sea…

está riquísimo), pensé, sintiendo la textura y el jugo perfectamente simulados.

(Realmente me lucí con el motor de sabor).

…

Pov.

Catherine Lockhart …

Mi hijo es, sin duda, un genio.

Siempre supe que era inteligente, pero hubo un momento en que empezó a sorprenderme de verdad.

Al principio, cuando entrenábamos, demostraba un instinto de combate letal; predecible, al fin y al cabo es un Lockhart.

Pero cuando comenzó a programar películas, a dominar instrumentos antiguos y a levantar un mundo virtual entero desde la nada…

empecé a sospechar.

Investigué.

Busqué mentores ocultos, rastreé su uso de red para ver si descargaba librerías externas o si alguien lo estaba guiando desde las sombras de la red galáctica.

Nada.

Ni un solo rastro.

Parece que Alex es el artículo genuino: un genio puro.

Pero como madre y soldado, sé que un poder así sin supervisión es peligroso.

Por eso decidí que debía estar más cerca de él.

Tengo que asegurarme de que no use ese cerebro para ninguna tontería…

aunque eso implique invadir su playa privada.

—Alex —dije, ajustándome en la tumbona—, ¿cuándo sale la última temporada de ese dibujo?

—¿Eh?

¿Avatar?

—Alex suspiró, con la mirada perdida en el horizonte del motor gráfico—.

No lo sé, mamá.

He estado muy ocupado con los estudios y el nuevo proyecto.

Podría tardar meses.

—¿Meses?

—me incorporé, fingiendo indignación—.

¡No seas vago!

Quiero ver cómo ese chico calvo detiene la guerra de una vez.

Melissa, al oír la conversación, saltó de su asiento y corrió hacia él como un pequeño torbellino.

—¡Hermano!

Primero tienes que terminar mi Dragon Ball.

—¿Esa del niño con cola?

—pregunté, volviendo a tumbarme para que el PNJ continuara con el masaje.

—¡Sí!

¡Goku es el mejor!

—gritó Melissa.

No iba a discutir con la niña.

Al fin y al cabo, Alex hizo esas animaciones “infantiles” solo para ella.

En los últimos años ha creado varias y todas son asombrosas.

Incluso sé que grandes corporaciones de animación lo han buscado, pero él las rechaza todas.

Dice que no le interesa el negocio, que solo lo hace por diversión…

o por ver la cara de felicidad de Melissa.

—¿Y tú, Jade?

—preguntó Alex, buscando apoyo—.

¿No quieres que termine algo?

—En realidad, prefiero las películas de larga duración —respondió Jade con elegancia—, pero Alex podría ser mucho más rápido si se lo propusiera.

—¿Es que no me escucháis las tres?

—Alex se frotó las sienes, visiblemente superado—.

¡Os he dicho que estoy ocupado!

—¿Ah, sí?

—arqueé una ceja, señalando su plato—.

¿Y por qué estás aquí sentado comiendo una barbacoa virtual si tienes tanto trabajo?

—…..

—…..

—…..

…

Pov.

Jadeline West …

Los últimos años han sido los más divertidos de mi vida.

Desde que Alex y yo nos hicimos amigos, he sentido cómo la tía Kat y el tío Mark me abrían las puertas de su hogar hasta considerarme una más de la familia.

Con mi abuela viviendo cerca, mi rutina es perfecta: paso casi todos los días con Alex y Meli, practicando guitarra y visitando la tienda de la “abuela” María.

Pero algo cambió en mí aquel día en la tienda de antigüedades.

Ver a Alex cantar y tocar con esa pasión descarnada se me quedó grabado a fuego en la mente.

Me hizo cuestionar qué tipo de artista quiero ser.

Si él puede invocar esas emociones en una habitación vieja, quizá yo pueda hacer lo mismo sobre un escenario frente a millones de personas.

Algún día, quiero conmover al mundo como él me conmovió a mí.

—¿Qué pasa, Jade?

—la voz de Alex me sacó de mis pensamientos—.

¿No vas a jugar a la “Nube Voladora” con Meli?

—¿Eh?

¡Ah, sí!

¡Claro que voy!

Salté de la tumbona y corrí hacia la brillante nube amarilla que flotaba dócilmente sobre la superficie del agua.

Todavía me cuesta procesar su creatividad…

¿A quién diablos se le ocurre que se puede volar sobre una nube de algodón?

—Es porque mi hermano es increíble —presumió Melissa con una sonrisa radiante mientras se subía a la suya—.

No existe un hermano más asombroso en toda la galaxia.

Alex entornó los ojos, detectando la trampa al instante.

—No va a funcionar, Meli —sentenció con tono plano—.

La próxima temporada de Dragon Ball no saldrá hasta dentro de unos meses.

No intentes comprarme con halagos.

—Tsk…

—¿Acabas de chasquear la lengua?

—preguntó Alex, incrédulo.

—¡¿Qué?!

¡¿Yo?!

—Meli puso cara de ángel—.

¡Para nada!

¡Vamos, Jade, vamos a jugar!

Antes de que Alex pudiera protestar, Meli me arrastró sobre la nube y salimos disparadas sobre las olas de la bahía virtual.

No pude evitar reír a carcajadas.

Son una pareja de hermanos extraña, ruidosa y caótica…

y cada día que pasa, los quiero más.

…

Pov.

Alexander Lockhart.

…

Esa es la dicotomía definitiva del desarrollador atrapado en el cuerpo de un niño: por el día, eres un estudiante de primaria que sufre el tedio del sistema escolar; por la noche, eres el Arquitecto de la Furia, diseñando algoritmos de carnicería divina en la Antigua Grecia.

Lograr ese equilibrio en el gameplay de God of War es el “Santo Grial” del diseño.

Si Kratos es demasiado fuerte, el juego es un paseo aburrido; si los monstruos son injustos, el jugador se frustra.

Estás buscando ese estado de “Flujo” donde la brutalidad de las Cuchillas del Caos se sienta como una extensión del pensamiento del jugador.

Aquí tienes la versión pulida de tu sesión de desarrollo nocturna: Versión Pulida: El Despertar del Fantasma de Esparta Tras jugar un rato con los demás, finalmente decidieron desconectarse.

Normalmente no me importa que merodeen por Atenas, pero lo que sigue no es apto para ojos sensibles, y mucho menos para mi madre…

todavía.

Necesito empezar a programar el sistema de desmembramiento y los ataques especiales de Kratos.

Va a ser sangriento, visceral y oscuro.

Me tomará unos años más terminar el proyecto completo.

No es solo God of War; estoy aprovechando este tiempo de “baja responsabilidad” para construir los cimientos de mi futuro imperio.

Cada animal, cada rutina de IA de los PNJs y cada sistema de físicas que pulo ahora, será una pieza de Lego que usaré en mis próximos títulos.

Estoy construyendo una Librería Universal de Activos.

Me teletransporté a un campamento de entrenamiento aislado.

Allí, empecé a desarrollar la técnica de manejo de las espadas.

En la inmersión total, el control debe ser instintivo; el jugador no debe “pensar” en los botones, debe ejecutar el movimiento con un impulso de la voluntad.

Las técnicas tienen que ser rápidas, furiosas y brutales.

El jugador debe sentirse como el guerrero definitivo, el campeón elegido por los dioses.

Pero ahí reside el truco: para que esa fuerza se sienta real, los enemigos deben ser aterradores.

Si no dominas la mecánica, la Hidra te devorará en segundos.

Es un baile perfecto entre la omnipotencia y la vulnerabilidad.

Pasaron horas sin que me diera cuenta, hasta que Luna me avisó de que era hora de volver a la realidad.

Me invadió una punzada de tristeza; el mundo de bits es mucho más emocionante que el de carne y hueso.

—Los efectos de impacto base son sólidos, Alex —comentó Luna antes de cerrar la sesión—.

Solo falta pulir las partículas de sangre y el timing de los agarres.

Quedarán geniales.

Salí de la inmersión, me lavé la cara y fui al salón.

Mi padre y Melissa veían una película bélica genérica; ni siquiera me molesté en mirar.

Después de la cena, me desplomé en la cama, sintiendo una indignación que trascendía mis dos vidas.

—Joder…

el fin de semana se ha evaporado.

Mañana hay colegio.

Me revolví entre las sábanas, incapaz de conciliar el sueño.

—Me encantaría darle un puñetazo en la cara a cualquiera que diga que echa de menos la escuela.

…

Me desperté, cumplí con mi rutina de ejercicios, desayuné y salí a esperar frente a casa con Melissa.

Al poco tiempo, un vehículo flotante se deslizó por la calle con una elegancia silenciosa.

Si alguien de mi época original pudiera ver esa máquina, habría tenido un colapso de pura emoción.

El coche parecía esculpido en una sola pieza de metal pulido; no se veían juntas, remaches ni indicios de dónde demonios estaba la puerta.

Solo cuando se detuvo por completo, una fina franja negra recorrió el lateral y, con un siseo casi imperceptible de despresurización, el panel se deslizó hacia arriba.

Melissa, como si tuviera resortes en las botas, saltó al interior.

—¡Buenos días, Jade!

¡Buenos días, abuela!

—gritó con una energía que me resultó casi ofensiva a estas horas.

Suspiré.

¿De dónde saca tanto combustible por la mañana?

Entré detrás de ella y vi a Jade luchando una batalla perdida contra la gravedad de sus propios párpados.

—Buenos días…

—mascullé.

—Jeje, buenos días, chicos —rio la abuela Alice—.

¿Con ganas de llegar a clase?

—¡Sí!

—exclamó Melissa.

—No —dijimos Jade y yo al unísono.

—Jajaja, deberíais disfrutar de esta etapa; la echaréis de menos cuando seáis mayores —soltó la abuela con ese tono de sabiduría nostálgica que me hace querer rodar los ojos hasta la nuca.

Me extrañó no ver a Mónica, quien normalmente se encarga del transporte.

Antes de que pudiera preguntar, Melissa se me adelantó: —Abuela, ¿dónde está la tía Mónica hoy?

—Mónica tiene asuntos personales que atender —respondió Alice mientras el coche ganaba altura—.

Y como yo tengo que pasar por los barracones de todas formas, he decidido llevaros yo misma.

¿O es que no queréis viajar con vuestra abuela favorita?

Mientras ellas bromeaban, yo me distraje con mi pulsera holográfica, revisando discretamente unos parámetros de renderizado de God of War.

A mi lado, Jade era un espectáculo lamentable.

Me fascinaba su capacidad para ser tan perezosa.

Seguramente la abuela Alice le había dado un entrenamiento matutino intenso, porque ahora parecía un zombi: su cabeza caía pesadamente centímetro a centímetro hasta que, justo antes de tocarse el pecho, se sobresaltaba con un espasmo de puro susto, abría los ojos un segundo y volvía a empezar el ciclo.

…

Pronto sobrevolamos el complejo escolar.

Llevo tres años aquí y sigo asombrado; a veces dudo si esto es tecnología o pura magia.

Edificios colosales e islas flotantes desafían la gravedad sobre nuestras cabezas.

¿Quién las construyó?

¿Cómo se mantienen ahí?

Es un despliegue de recursos absurdo, pero visualmente increíble.

Este lugar funciona como una universidad.

La educación básica se da en casa, y al entrar aquí, elegimos nuestro camino.

Yo opté por Diseño, IA, Programación y Música.

Por ahora es mi límite, aunque a los 25 años podré expandir mi currículo.

Las islas flotantes están reservadas para el curso de Tecnología Superior, pero a veces me escapo a caminar por ellas cuando no tengo clase.

Al aterrizar, la abuela Alice tuvo que luchar para sacar a Jade del coche.

Me quedé un momento observándola mientras se apoyaba en el asiento para sacudir a su nieta.

Pelo negro rizado, ojos verdes esmeralda y un físico que delata años de entrenamiento militar de élite.

Representa la perfección de la biología moderna: parece de 35 años, aunque sé que tiene muchos más.

En mi vida pasada, una mujer así habría sido mi ideal inalcanzable.

Ahora, atrapado en este cuerpo de trece años, solo puedo suspirar y tirar de mi camiseta para disimular la frustración de la pubertad.

(Maldito cuerpo de preadolescente…).

Me despedí y corrí al aula.

Al entrar, el ambiente estaba cargado de una excitación inusual.

Mis compañeros formaban grupos, hablando en voz alta sobre un anuncio reciente.

—¡Por fin!

Tenemos cinco años para crear algo grande —decía uno.

—Llegas tarde, yo empecé mi proyecto el mes pasado —presumía otro—.

He diseñado un General como protagonista, será la batalla perfecta.

Me acerqué con curiosidad.

—Hola, Alex.

Ya tienes un proyecto pensado, ¿verdad?

—me abordó un compañero—.

¡Unámonos!

Hagamos algo conjunto.

—¡Ni lo pienses!

—saltó otro—.

Alex, si vas a hacer algo artístico o musical, tienes que venir conmigo.

—Eh, eh, ¡frenad!

—los detuve—.

¿De qué estáis hablando?

—¿No te has enterado?

Se ha anunciado el Concurso Galáctico de Diseño de Juegos.

Te lo enseño luego…

—Silencio todos —intervino el profesor, entrando al aula—.

Iniciad sesión.

Empezamos la lección.

Me senté en mi escritorio, me ajusté las gafas y me sumergí en la inmersión total.

Al principio, estas clases de diseño eran fascinantes.

Aprender sobre hardware cuántico y sistemas de IA que gestionan billones de variables es útil, pero la filosofía de diseño actual es frustrante.

Todo está orientado a crear “universos muertos”.

Mi profesor explicaba con orgullo que para un juego de lucha basta con poner el ring en una nave y cambiar el fondo por un planeta aleatorio.

Es solo un decorado estático.

Tienen la tecnología para renderizar mundos vivos, pero prefieren la comodidad de lo genérico.

Llaman “escenario único” a lo que en mi época llamábamos “pereza técnica”.

(No tienen ni idea de lo que se les viene encima con Kratos), pensé mientras Luna empezaba a filtrar los datos útiles de la clase.

…

A la hora de comer, me senté con nuestro grupo habitual: Melissa, Jade, Ed, Fred y Camila.

Ed y Fred son mis compañeros de diseño, fanáticos de los juegos y apasionados de la historia.

Camila, por su parte, es la compañera de canto de Jade y siempre están juntas.

—¿De qué iba esa competición de la que hablabais en clase?

—pregunté, atacando mi almuerzo.

—¿Competición?

—intervino Jade de inmediato—.

¿De qué?

¿Canto o baile?

Fred puso los ojos en blanco con una exageración dramática.

—¿Por qué todo tiene que ser música con vosotras?

Hablamos de un concurso de diseño de juegos.

Alex y yo vamos a participar, y nuestro proyecto va a ser el mejor de la galaxia.

—¡¿Eh?!

—Melissa saltó en su asiento—.

¿Desde cuándo ayudas a mi hermano?

Nunca te he visto en nuestra playa.

—¿La playa?

—Fred parpadeó, confundido—.

¿Qué playa?

—Deja de decir tonterías —corté antes de que Melissa revelara demasiado sobre mi servidor privado— y cuéntame sobre el concurso de una vez.

—Vale, vale, te envío los detalles…

—murmuró Fred mientras trasteaba con su pulsera—.

Tío, cada vez estás más irritable, pareces un viejo en el cuerpo de un crío.

( ಠ益ಠ) Miré mi pulsera holográfica.

Un folleto promocional estalló en luces intermitentes y colores chillones.

{CONCURSO DE DISEÑADORES DE JUEGOS} EL UNIVERSO EN LA PALMA DE TU MANO ¿Alguna vez has soñado con recrear las batallas más grandes de la historia?

¿Quieres que tu nombre sea conocido por millones?

¡ESTA ES TU OPORTUNIDAD!

Regístrate en la mayor competición de la historia.

Presenta tu proyecto antes del 3 de enero de 2106 y llévate un PREMIO DE 500,000 CRÉDITOS.

El anuncio era tan ruidoso que me recordó a los pop-ups sospechosos de mi vida pasada.

Esos que decían: “Has ganado un iPhone, haz clic aquí” o “Mujeres solteras cerca de ti”.

Si no fuera porque tenía el sello oficial del Gobierno, habría borrado el mensaje por miedo a un caballo de Troya.

—Esta competición se celebra cada 20 años —explicó Ed con una envidia que casi se podía masticar—.

Los ganadores se hacen legendarios.

El último incluso acabó casándose con Karina Bellow.

Qué tipo más afortunado…

—¿Karina?

—pregunté distraídamente.

—¡¿Qué cara de tonto es esa?!

—Jade me lanzó una mirada de puro disgusto—.

Te envié una lista de reproducción entera con sus canciones.

Karina es el “Cometa del Cielo”, la mejor cantante de nuestra era.

¿Ni siquiera has escuchado sus temas?

(Supongo que lo mejor es no mencionar que sus mensajes están acumulando polvo digital en mi carpeta de ‘Pendientes’).

—Ah, sí, sí…

claro.

Se me había pasado el nombre —mentí rápidamente—.

Pero el concurso parece interesante.

Quizá participe.

—¡Apuntémonos como dúo!

—propuso Fred entusiasmado.

—No recuerdo haber tenido un hijo de tu edad, Fred —respondí sin mirarlo—.

Ni se te ocurra intentar subirte a mi espalda para que te lleve a rastras al éxito.

Las risas de Melissa y Camila estallaron en la mesa mientras Fred se hundía en su asiento.

—Es inútil, Fred —añadió Ed con suficiencia—.

Solo la gente con talento real puede trabajar junta, ¿verdad, Alex?

Camila miró a Ed y soltó un comentario despectivo que le borró la sonrisa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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