Creando Juegos en el Futuro - Capítulo 20
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20: Capitulo 20 20: Capitulo 20 Al oír un sonido familiar, una pantalla azulada apareció frente a mí, flotando en la penumbra de mi habitación.
[ SE HA ANUNCIADO QUE ALEXANDER LOCKHART, EL RENACIDO, HA CUMPLIDO 18 AÑOS.
] [ INICIANDO ANÁLISIS EXHAUSTIVO DE ACCIONES Y CÁLCULO DE RECOMPENSA FINAL.
] Analizando…
Analizando…
[ ANÁLISIS COMPLETO.
EL SUJETO AÚN CONSERVA SU SUEÑO ORIGINAL.
] [ GENERANDO RECOMPENSAS PARA FACILITAR LA CONSECUCIÓN DE OBJETIVOS…
] Generando…
Generando…
[ RECOMPENSA 3 ENTREGADA CON ÉXITO: RESONANCIA DEL CREADOR.
] De repente, me invadió una sensación extraña.
Era como haber olvidado el nombre de una película y que, mucho tiempo después, volviera a la mente con una claridad cegadora.
Pero había algo distinto: los recuerdos que aparecieron no eran solo míos.
Me quedé paralizado, sintiendo un nudo en la garganta.
Al principio estaba confundido, pero al releer la pantalla, lo entendí.
“Completar los recuerdos” no significaba darme un manual de instrucciones técnico.
Eran las experiencias emocionales y mentales de los autores originales.
Mi mente se llenó de los pensamientos de directores, guionistas y compositores de todo lo que había consumido en mi vida pasada.
Podía sentir sus frustraciones, sus dudas a mitad del desarrollo y, sobre todo, aquellas ideas que siempre quisieron cambiar pero que la tecnología de su época o la presión de los estudios les impidieron realizar.
—Jajaja…
¡SÍ!
—solté una carcajada, sintiendo cómo se me erizaba la piel—.
Esta recompensa es simplemente la mejor.
No solo recordaba los juegos que no terminé o de los que solo vi un tráiler; ahora entendía el porqué de cada decisión creativa.
Sentía la melancolía que el autor de Journey quería transmitir en el desierto y que nunca pudo explicar con palabras.
Sabía exactamente qué giro narrativo le hubiera gustado incluir al director de Detroit para hacerlo más humano.
Toda esa experiencia de “querer alcanzar la perfección” se había convertido en parte de mí.
Mis manos temblaban de emoción.
Ya no era solo un diseñador con buena memoria; ahora era un arquitecto que conocía los arrepentimientos y los sueños descartados de los más grandes genios de mi antigua vida.
Traté de calmarme y miré de nuevo la pantalla.
Todavía había un mensaje pendiente.
[ LA RECOMPENSA HA SIDO ENTREGADA.
SE HA DETECTADO UNA CANTIDAD REMANENTE DE PUNTOS.
] [ ¿DESEA CANJEARLOS POR UNA RECOMPENSA ADICIONAL O GUARDARLOS PARA LA PRÓXIMA ACUMULACIÓN?
] (¿Próxima acumulación?
¿Significa que este ciclo no termina aquí?
No importa, ahora necesito toda la ayuda posible para el concurso).
—Sí, me gustaría usar los puntos ahora.
[ INICIANDO ANÁLISIS…
SE HA GENERADO UNA RECOMPENSA DE APOYO.
] RECOMPENSA 4: EL SUEÑO ES PARA LOS DÉBILES.
Capacidad de mantenerse despierto y en pleno estado de lucidez durante diez días consecutivos.
El cuerpo no sentirá cansancio ni sueño, pero el gasto energético será masivo: el usuario deberá consumir cuatro veces más alimento para mantener su cuerpo en condiciones óptimas.
[ SE HAN AGOTADO TODOS LOS PUNTOS DE KARMA.
] [ TE AGRADECEMOS TUS BUENAS ACCIONES Y ESPERAMOS QUE TENGAS UNA BUENA VIDA.
ADIÓS.
] En cuanto la pantalla del sistema se desvaneció, sentí una extraña vitalidad recorriendo mis músculos, como si mi cuerpo se hubiera fortalecido sutilmente.
No le presté demasiada atención; en ese momento, la recompensa física parecía secundaria frente al tsunami de información que acababa de recibir.
Sin embargo, sabía que ese “segundo aire” me vendría de perlas si el reloj empezaba a correr en mi contra.
Respiré hondo, cerré los ojos y empecé a procesar el nuevo mapa mental.
Hasta ahora, mi segunda recompensa —aquella memoria prodigiosa que me permitía recordar mi vida pasada con nitidez— había sido mi único pilar para recrear las animaciones y los juegos.
Pero lo que tenía ahora era distinto.
No eran solo imágenes; eran procesos.
Al bucear en los recuerdos extra, me di cuenta de que gran parte de la “basura” informativa de una vida pasada —estudios de mercado obsoletos, calendarios de partidos y noticias irrelevantes— no me serviría de nada en este universo.
Pero, entre los escombros, encontré las gemas: los diarios de desarrollo, las notas de los directores y la psicología detrás de cada nota musical.
Pasé el resto de la noche ordenando lo útil de lo inútil.
Para cuando el primer rayo de sol entró por la ventana, ya tenía un plan sólido.
(Primero, tengo que hablar con Albert).
Al principio, me sentía intimidado por la idea de crear esas piezas para una gran orquesta sinfónica.
¿Cómo explicarle a un maestro de la vieja escuela la estructura de una canción épica de God of War sin sonar como un loco?
Pero ahora, con la “Resonancia del Creador”, comprendo la arquitectura interna de esas composiciones.
Sé exactamente qué instrumentos virtuales necesitamos para emular la fuerza de cien metales y cómo guiar a Albert para que use su genio en la dirección correcta.
Con su conocimiento técnico y mi nueva visión de las “épicas”, vamos a crear algo que hará que los cimientos del concurso de Eternal Dream tiemblen.
…
Después de devorar un desayuno doble que habría alimentado a una pequeña unidad militar, y sin haber pegado ojo ni un segundo gracias a mi nueva vitalidad, me dirigí a la tienda de la abuela María.
Al entrar, la escena era…
previsible.
Allí estaba el gran compositor Albert Lenkov, masajeándole los hombros a María con una dedicación que rozaba lo religioso.
Ni siquiera supe qué decir ante semejante despliegue de afecto senil.
En cuanto crucé el umbral, ambos se giraron hacia mí.
—¿Alex?
—preguntó María, arqueando una ceja—.
¿Vienes solo?
¿Jade no ha querido acompañarte hoy?
—Jeje, en realidad venía a buscar específicamente a Albert, así que no la llamé —respondí con una sonrisa cómplice.
Albert me lanzó una mirada que, si hubiera sido un arma, me habría fulminado en el acto.
Se veía como si acabara de interrumpir el momento más importante de su década.
—Alex, estamos ocupados —gruñó él—.
¿Qué quieres ahora?
(Este viejo “simp”…), pensé divertido.
(Parece que vas a pasarte la eternidad masajeándole los hombros sin conseguir nada más).
—¡Tsh!
—soltamos ambos al unísono, casi por instinto.
—¿Por qué os miráis así?
—preguntó María, extrañada.
—No es nada, Marie —se apresuró a decir Albert, recomponiendo su postura—.
Voy a charlar un poco con Alex.
Vuelve a sentarte y deja que termine con tus hombros.
—Jaja, está bien, Albert.
Ya te dije que no lo necesitaba, me siento perfectamente.
—Puff…
¡jajaja!
—No pude evitarlo.
La risa se me escapó al ver la cara de derrota del maestro.
—¿De qué te ríes, chaval?
—(╬ ಠ益ಠ) —Nada, nada…
Solo me acordé de un chiste —dije, tratando de recuperar la compostura.
Respiré hondo y me puse serio—.
En realidad, abuela María, a ti también me gustaría pedirte un favor.
—¿A mí?
—María se mostró interesada—.
Claro, ¿Qué necesitas?
Empecé a explicarles mi visión.
Les hablé de las “Canciones Épicas”: piezas que no solo acompañan, sino que aplastan al espectador con la sensación de estar ante algo titánico.
Les describí la estructura de una orquesta completa y, lo más importante, la necesidad de un coro masivo que cantara con la fuerza de los dioses.
—Eso es complicado, Alex —intervino Albert, recuperando su tono profesional—.
Tendrías que usar software avanzado para emular tantos instrumentos.
En cuanto a las voces…
podríamos usar una IA de síntesis vocal.
Es costoso, pero lograríamos el efecto de un coro sin necesidad de contratar a cincuenta personas.
Puedo encargarme de eso.
—En realidad…
no quiero usar IA para las voces —solté con firmeza.
El silencio que siguió fue denso.
Ambos me miraron como si acabara de decir que quería construir una catedral con palillos de dientes.
—Alex, querido —dijo María con suavidad—, sé que te gusta el toque artesanal, pero usar una IA no disminuiría la calidad.
De hecho, hoy en día los algoritmos pueden alcanzar tonos inhumanos, ahorrarías meses de trabajo y una fortuna en producción.
Al oír las dudas de María, no pude evitar sonreír.
—Sí, abuela, entiendo lo de la eficiencia —dije, cruzando los brazos—.
Pero la razón por la que quiero músicos de verdad no es solo técnica; es puro marketing.
Usar una orquesta real con un coro humano será algo tan único en esta época que atraerá todas las miradas.
Recordaba perfectamente cómo, en mi vida pasada, las grandes compañías utilizaban orquestas famosas para generar prestigio.
Ver a un director de orquesta sudar bajo los focos mientras el coro ruge el tema de un juego le da un “peso” que ninguna IA puede replicar.
Hace que el jugador sienta que lo que está comprando es importante.
Albert me miró fijamente y soltó un largo suspiro de resignación.
—Lo entiendo, muchacho —admitió—, pero va a ser absurdamente caro.
Sabes que hoy en día casi nadie sabe tocar un instrumento físico con maestría.
Y reunir a decenas de mujeres para un coro profesional…
bueno, si realmente quieres seguir adelante, más vale que prepares una montaña de créditos.
—El dinero no es un problema —respondí con una confianza que casi me asustó a mí mismo.
(Entre lo que he ganado con las animaciones y el acceso que tengo a las cuentas de papá, tengo respaldo de sobra para esta locura).
…
Pasamos las siguientes horas puliendo los detalles.
La abuela María prometió contactar con viejos amigos de su época de gloria para ver quiénes seguían activos.
Albert, por su parte, tiraría de su agenda de artistas “fracasados” o infravalorados; gente con talento técnico que no ha encajado en la industria moderna y que aceptaría el trabajo por un sueldo digno y la oportunidad de hacer algo real.
Llevará tiempo organizarlo, pero no me preocupa.
Para la primera ronda de selección de Eternal Dream solo necesito entregar el primer proyecto pulido.
Tengo margen para que la música de los demás llegue en la fase final.
Cuando por fin todo quedó apalabrado, regresé a casa…
solo para encontrarme con Jade esperándome en el umbral.
Me miraba como si fuera un criminal en serie.
—¿Así que fuiste a ver a la abuela María por tu cuenta?
—preguntó con una voz peligrosamente tranquila.
—Yo…
bueno…
—intenté articular una excusa, pero en ese momento vi a Melissa asomando la cabeza detrás de la puerta, riéndose en silencio del aprieto en el que me encontraba.
(Esa pequeña traidora…), pensé, sintiendo cómo la adrenalina del desarrollo se transformaba en el agotamiento de lidiar con adolescentes.
Solté un suspiro largo, sintiendo el peso de mis “nuevos” dieciocho años.
—Definitivamente, soy demasiado mayor para este tipo de dramas —murmuré para mí mismo mientras me preparaba para el interrogatorio de Jade.
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