Creando Juegos en el Futuro - Capítulo 7
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7: Capitulo 7 7: Capitulo 7 Jade y yo seguimos conversando; debo admitir que esta chica tiene un talento musical innato.
—¿Tú has escrito todo esto?
—pregunté, señalando sus partituras.
—Por supuesto —respondió con una sonrisa llena de suficiencia—.
Aunque aún no es perfecto.
Me he inspirado en muchas otras canciones, pero pronto seré capaz de crear algo completamente original.
A juzgar por sus anotaciones, todo estaba estructurado con un cuidado meticuloso.
Era la base perfecta.
—Jade, ¿conoces alguna inteligencia artificial que ayude a crear bandas sonoras?
He estado investigando, pero la mayoría me parecen bastante mediocres.
Durante los últimos días, me había frustrado intentando dominar las herramientas de composición asistida.
Requieren demasiada práctica y, aunque podría aprender con el tiempo, mi prioridad absoluta es terminar la película para el cumpleaños de Melissa.
—Hay una herramienta excelente llamada Classics XY —sugirió ella—.
Es muy intuitiva, ideal para principiantes.
—Muy bien, déjame echarle un vistazo.
Abrí la interfaz de mi pulsera holográfica y busqué el software.
El precio era, sinceramente, aterrador.
Pero no me preocupé demasiado; pronto tendría en mi poder el DNI de mi padre para gestionar los fondos.
(Aunque, si se entera de cuánto cuesta, es posible que intente romperme las piernas).
—¿Y qué tienes planeado hacer exactamente?
—preguntó Jade con curiosidad.
—Estoy produciendo una película para mi hermana.
Tengo casi todo el apartado visual listo, pero ahora necesito música y actores de voz.
—¿Una película?
—Sus ojos se iluminaron—.
¡Increíble!
¿Puedo ver algo?
—Solo cuando esté terminada.
—No seas tacaño…
—bufó ella—.
Oye, ¿y si te ayudo con las canciones?
—¿Eh?
¿Estás segura?
Pensé que ibas a dedicarte a entrenar para tu próximo duelo.
—Solo son unas canciones, no me tomará mucho tiempo.
Había pensado en pedirle ayuda más adelante, pero que ella misma se ofreciera era un escenario aún mejor.
Calculé que mi madre y Melissa ya estarían terminando su combate, así que debía ir a buscarlas.
—De acuerdo.
Tengo una mesa creativa en casa; compraré esa IA y esperaré tu ayuda.
—Genial.
Aquí tienes mi enlace de contacto; pásame tu dirección y me pasaré por tu casa mañana.
Intercambiamos datos y, tras despedirse, Jade se marchó.
Yo regresé a la zona de los simuladores justo a tiempo para ver a la pobre Alina pasar corriendo a mi lado, arrastrando a su hijo de la mano.
Por la expresión de terror absoluto en su rostro, aquello había sido una experiencia traumática.
—¡Alex!
Vámonos a casa —me llamó mi madre.
Ella y Melissa se alejaron del grupo de mujeres con una satisfacción evidente.
Solo con ver la enorme sonrisa en sus rostros, me di cuenta de lo mucho que habían disfrutado el encuentro.
—Hermano, ¿viste?
—dijo Melissa con orgullo—.
Le atrapé la mano y se la retorcí.
No paraba de llorar, jeje.
¡Ahora ya no volverá a molestarme!
—…
—Sí, tu hermano está muy orgulloso de ti —añadió mamá, guiñándome un ojo.
—Jejeje.
Melissa resplandeció ante el cumplido.
Si mal no recuerdo, su enemistad con ese chico empezó porque él se atrevió a robarle unas patatas fritas de su bolsa…
Supongo que, en este universo, eso se considera una provocación de guerra justa.
—Mamá, por cierto —intervine mientras caminábamos al coche—, conocí a una chica en el sector de duelos musicales.
Ha prometido ayudarme con el regalo de Melissa, así que vendrá mañana a casa.
—¡Ohoh!
Pero bueno, ¿ya estás invitando niñas a casa?
Mi pequeño está creciendo muy rápido —se burló ella.
—Sí, claro.
—Creo que es demasiado joven para avergonzarse, esperaré unos años más— Oigo su suave susurro.
Creo que soy demasiado viejo para que estas bromas me avergüencen; tendrá que esforzarse mucho más.
En cuanto llegamos, mamá y Melissa fueron a asearse.
Yo me dirigí directamente al despacho de mi padre para reclamar mi recompensa.
Parecía mucho más aliviado de lo que esperaba; probablemente el hecho de que nadie terminara en el hospital de verdad le había quitado un peso de encima.
Ahora, finalmente, estoy de vuelta en mi habitación.
He logrado completar treinta minutos de animación.
Tras una semana alimentando a la IA con mis dibujos, el sistema empieza a entender mi trazo; todavía comete errores, pero ya no tengo que pasar horas corrigiendo cada fotograma manualmente.
He empezado a investigar el mercado de actores de voz y debo admitir que este mundo es increíblemente eficiente.
El sindicato de doblaje es enorme y los procesos de contratación están a solo un par de clics de distancia.
Existe una plataforma oficial donde los actores de voz gestionan su carrera.
Sus perfiles son increíblemente detallados: especializaciones, portafolios, preferencias de medios e incluso secciones para cine, animación o videojuegos.
He notado una tendencia algo cínica: personas con buena imagen pero nulo talento vocal contratan a profesionales para que canten por ellos.
El “artista” pone la cara y la letra, mientras que el actor de voz pone el alma.
Aunque el público lo condena, el debate legal sigue abierto.
Para mí, sin embargo, eso es ruido de fondo.
Lo que realmente me interesa es el sistema de contratación, que se divide en tres niveles: 1.-Paquete Básico: La voz del actor es procesada íntegramente por una IA.
Es extremadamente barato y popular en proyectos de bajo presupuesto donde se paga por frase.
El problema es la falta de matices; una IA rara vez captura la emoción de un guion sutil.
2.-Paquete Intermedio: Un híbrido donde la IA se encarga de las líneas triviales y el actor interpreta las escenas clave que requieren peso emocional.
Es el estándar en el cine comercial para ganar velocidad sin sacrificar impacto.
El precio varía según el porcentaje de intervención humana.
3.-Paquete Premium: El actor interpreta el cien por cien del guion.
Es la opción perfecta, pero el coste es prohibitivo para un presupuesto independiente como el mío.
Sin embargo, el paquete básico arruinaría la esencia de Totoro.
—Veamos…
—reflexioné frente a la pantalla—.
Si contrato el paquete Premium solo para las líneas de diálogo estrictamente necesarias, no debería ser tan costoso.
Al fin y al cabo, esta película se apoya más en la atmósfera que en los discursos.
Además, siempre puedo apostar por nuevos talentos que busquen su primera gran oportunidad.
Con el guion ya terminado, seleccioné a cincuenta candidatos diferentes, desde veteranos accesibles hasta promesas emergentes, y envié las solicitudes.
Ahora solo queda esperar.
Quién sabe…
quizás la suerte esté de mi lado.
…
A la mañana siguiente, justo después del desayuno, llegó Jade.
Al abrir la puerta, me encontré con ella y, justo detrás, una mujer con uniforme militar que le hacía sombra.
—Ya he llegado —le dijo Jade a su acompañante, con tono tajante—.
Ahora puedes volverte.
—Tu abuelo me pidió expresamente que te acompañara, señorita.
—Tonterías.
Solo vengo a ayudar a un amigo, no necesito niñera.
Analicé a la mujer; por la insignia, era de la Guardia Costera.
Tenía un aspecto severo pero profesional: pelo corto castaño, ojos negros y una expresión de absoluto desinterés por la rabieta de Jade.
—¿Hm?
¡Mónica!
—exclamó una voz a mi espalda—.
¿Qué haces en mi casa?
Me giré y vi a mi madre detrás de mí, con Melissa observando la escena con curiosidad desde el fondo del pasillo.
La mujer de uniforme palideció ligeramente.
—Katarina…
¿Este es tu hijo?
—Sí.
Y esa niña debe de ser la amiga de la que me habló mi Alex.
—Hola, señora —saludó Jade, recuperando instantáneamente los modales—.
Me llamo Jadeline West.
Encantada de conocerla.
—Qué niña tan educada, me encanta —sonrió mi madre—.
Tú también puedes pasar, Mónica.
—No…
yo…
ya me volvía a la base.
—Tonterías.
Te he oído insistir en quedarte con Jade.
Pasa, insisto.
Se produjo un silencio incómodo.
Mónica miraba a mi madre, luego a Jade, y otra vez a mi madre, como calculando sus probabilidades de supervivencia.
—Acabo de recordarlo —soltó Mónica de repente, retrocediendo un paso—.
Tengo unas citas ineludibles.
Señorita West, volveré a recogerla por la tarde.
Sin perder ni un segundo, Mónica dio media vuelta y se alejó a paso ligero, sin mirar atrás ni una sola vez.
—Vaya…
—murmuró mi madre, con una sonrisa que no auguraba nada inocente—.
Muy bien, niños.
Id a jugar.
Yo voy a tener una pequeña charla con una “vieja amiga”.
Y dicho esto, salió corriendo tras Mónica.
Pobre mujer.
—Hmm…
Jade, vamos —dije, rompiendo el hielo—.
Te enseñaré la mesa creativa.
—¡Yo voy con vosotros!
—gritó Melissa, corriendo hacia mi habitación.
—Jeje, ¿es tu hermana?
Es monísima.
—Sí.
La película es para ella.
Vamos.
Entramos en mi habitación.
Antes de que pudiera mostrarle la animación que tenía preparada, Jade se acercó a la mesa creativa, navegó por la interfaz con una soltura envidiable, localizó la IA Classics XY y la compró directamente usando su propia pulsera.
—Ya está —anunció, como si nada—.
Ven aquí, te enseñaré cómo se usa.
—Oye, Jade…
—intenté protestar—, no tenías por qué pagar tú.
—No te preocupes por eso.
He visto que te costaba permitírtelo, jajaja y ni siquiera es tanto dinero.
(¿”No tanto dinero”?
Solo una niña insultantemente rica podría decir eso).
Un crédito local equivale aproximadamente a un dólar; ese programa avanzado de IA musical costaba 350 créditos.
No es algo que una persona normal gastaría sin pensar, y menos aún, ¿quién le da esa cantidad de dinero a una niña de siete años para sus caprichos?
—Ahora bien —empezó Jade, adoptando un tono profesoral—, cuando vayas a crear una banda sonora, tienes que usar las herramientas adecuadas.
Primero defines qué instrumento será el principal, cuál el acompañamiento, y además…
Tras eso, procedió a darme una lección magistral y eterna sobre teoría musical.
Aunque intenté explicarle que solo necesitaba saber cómo gestionar las pistas de fondo, ella simplemente me ignoró y siguió hablando con entusiasmo.
Está claro que le encanta escucharse a sí misma.
Pobre Melissa…
no ha podido evitar quedarse frita en mitad de la explicación.
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