Creando Juegos en el Futuro - Capítulo 8
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8: Capitulo 8 8: Capitulo 8 Pov Jade.
……
Después de aquel humillante fracaso en el duelo de baile, conocí a un chico: Alexander Lockhart.
Estaba tan furiosa y frustrada que lo único que quería era desahogarme con alguien.
Resultó ser la mejor decisión que pude tomar.
Charlamos durante horas y, tras contarle mis problemas, sentí un alivio enorme.
Pasamos el día juntos y me confesó que estaba intentando producir una película; admito que la idea me emocionó muchísimo, así que terminé prometiéndole que lo ayudaría con la música.
Cuando fui a su casa por primera vez, me llevé una sorpresa.
Alex parece un anciano atrapado en el cuerpo de un niño cuando intenta manejar su pulsera holográfica; solo sabe lo básico sobre el uso de las IA, así que prácticamente tuve que enseñárselo todo.
Han pasado dos semanas desde que empezamos a trabajar en este proyecto y han sido increíblemente divertidas.
Los niños de mi edad suelen ser o demasiado tontos y solo quieren perder el tiempo, o me evitan porque mi tatarabuelo es un general retirado de siete estrellas.
Digamos que no me sobran las opciones para hacer amigos.
De todos modos, estos últimos días han sido geniales.
Incluso ver la extraña relación que tiene mi guardaespaldas con la madre de Alex es alentador; Mónica, que siempre tiene esa expresión impasible de piedra, parece perder los papeles frente a la señora Kat.
Hoy me levanté temprano.
Me puse un vestido negro, me recogí el pelo con un lazo rojo y me calcé mis zapatillas negras favoritas.
Tras asegurarme frente al espejo de que todo estaba en orden, llamé a Mónica a gritos.
—¡Date prisa!
Hoy es el cumpleaños de Melissa, no quiero llegar tarde.
—Señorita, todavía es muy temprano —respondió ella con su tono monótono—.
¿Por qué no desayuna primero y luego nos marchamos?
—¡No!
Quiero llegar pronto para ayudar con los preparativos.
Además, Alex tiene que asegurarse de poner mi nombre en los créditos.
En estas dos semanas me he encariñado mucho con Melissa y con la señora Kat.
Como mi hermana mayor siempre está en el colegio, me encanta pasar tiempo en casa de Alex…
pero ni muerta dejaría que él se enterara; no quiero darle el gusto de ver esa sonrisa tonta de suficiencia que pone a veces.
Después de un desayuno rápido, salimos hacia su casa.
Antes de que tuviéramos tiempo de llamar a la puerta, la señora Kat la abrió de par en par con esa sonrisa suya que siempre me hace sentir bienvenida.
—Jade, Mónica, pasad.
Necesito ayuda con los preparativos —nos recibió la tía Kat con una energía desbordante—.
Jade, Alex está en su habitación; dijo que tenía que pulir los últimos detalles del regalo.
—Está bien, iré a ayudarle.
Mientras me dirigía al cuarto de Alex, alcancé a oír a la tía Kat pinchando a Mónica como de costumbre.
—Vamos a la cocina, Mónica.
Te enseñaré a cocinar algo decente; quizás así consigas pareja.
Al fin y al cabo, hasta tu hermana mayor ya se ha casado, jajaja.
—¡Deja de restregarme tu matrimonio por la cara!
—le espetó Mónica, perdiendo los papeles—.
Cuando me case, mi marido será diez veces mejor que el tuyo.
—Pobrecita…
lleva tanto tiempo sola que ya empieza a delirar —se rio la tía Kat.
Parecía que se estaban divirtiendo a su manera, así que entré en la habitación de Alex sin llamar.
Él estaba concentrado dibujando algo en la mesa, pero en cuanto me vio, apagó la pantalla de golpe.
El primer día se ofreció a enseñarme los avances, pero preferí esperar para verlo todo terminado; él insiste en que esta película no se parece a nada que haya visto antes.
—Jade, llegas justo a tiempo —dijo Alex sin mirarme—.
Ven aquí, tienes que escribir unas palabras para el cierre.
—¿Escribir qué?
—¿Tienes algún nombre artístico o algo así para los créditos?
—¡Por supuesto!
¡Soy el Cometa Celestial!
—exclamé con orgullo.
Solo hay que ver su cara; mi nombre debe de haberle impresionado.
—…
Entiendo —suspiró él con una expresión de cansancio—.
Si tú lo dices, así se quedará.
—Vaya cara de irritado pones…
Es un nombre genial.
—Sí, sí…
Vamos a escribirlo rápido para ir a ayudar a mi madre.
—Vale, vale.
¿Qué quieres que ponga?
—Lo que quieras.
Es solo una frase que aparecerá al final.
Puedes poner que te divertiste participando o algo similar.
—De acuerdo…
Pondré: “Fue muy divertido colaborar con la música de esta película.
¡Melissa, feliz cumpleaños!
Espero que te guste”.
—Perfecto, lo incluiré al final.
Y Jade…
gracias por tu ayuda.
Si no hubiera sido por ti, no habría terminado a tiempo.
—¿¡Eh!?
—Me puse roja de golpe—.
¡Oh, por favor!
¿De qué hablas?
Yo…
solo lo hice porque estaba aburrida.
¡Me voy a la cocina a ayudar a la tía Kat!
ε=ε=ε=┌(;*´Y`)ノ (¡Gah, idiota!
¿Por qué dice esas cosas tan en serio?).
POV: Alexander Lockhart Cuando le di las gracias a Jade, no era para burlarme de ella; lo decía de corazón.
Estoy realmente agradecido.
Al final, ella terminó pagando todo el doblaje de la película.
Aunque solo son unas pocas líneas, necesitaba actores de voz de primer nivel para no arruinar la atmósfera, y ella no dudó en cubrir los costes.
No he preguntado mucho por su familia, pero el hecho de que pase dos semanas enteras en mi casa, de la mañana a la noche, me da una idea de lo solitaria que debe ser su vida en esa mansión militar.
Tomé el mensaje de Jade y lo vinculé a un pequeño avatar dibujado rápidamente que se parecía a ella.
Ver el proyecto terminado me produce una satisfacción que no sentía desde hace décadas.
En este mundo de IAs frías, acabamos de crear algo con alma.
Cuando tuve todo listo, bajé a ayudar en la cocina.
Nos llevó toda la mañana preparar los detalles; mi padre se llevó a Melissa temprano para que no viera las decoraciones antes de tiempo.
Por la tarde empezaron a llegar los invitados.
Casi todos eran amigos de mis padres, ya que, al no ir aún al colegio, nuestro círculo social es limitado.
Es una pena que hubiera tan pocos niños: apenas un par de gemelos y dos bebés.
Las decoraciones ya estaban en su sitio, y aunque me resultaba un poco triste que el tema de la fiesta fuera “Soldado Divino”, decidí no darle importancia.
Cuando mamá le avisó a papá para que regresaran, subí un momento a mi habitación a por el peluche de Totoro.
Aunque la película es el plato fuerte, un niño sigue siendo un niño; Melissa necesita algo físico que abrazar mientras mira la pantalla para que la experiencia sea completa.
En cuanto se abrió la puerta, estallaron las felicitaciones.
Las invitadas rodearon a Melissa como si fuera una muñeca.
Aproveché el momento en que sus pies tocaron el suelo para acercarme, felicitarla y entregarle el peluche, prometiéndole que veríamos su película más tarde.
Melissa corría por la casa desbordante de alegría.
Los gemelos y Jade intentaban seguirle el ritmo, aunque no eran tan enérgicos como ella.
Sin embargo, algo me inquietaba: la fiesta se sentía vacía.
No había música ambiental, no había juegos organizados; los adultos se limitaban a charlar con una compostura rígida.
Incluso mis padres parecían diferentes, manteniendo esa faceta militarizada y contenida que muestran en público.
Al ver este panorama, reafirmé mi propósito.
Esta película no es solo un regalo; es el primer paso para sacudir los cimientos del entretenimiento en este universo y cambiar la idea que la gente tiene sobre la diversión.
—Hermano, ¿cuándo puedo ver mi película?
—me preguntó Melissa, tirando de mi manga.
—¿Eh?
¿Quieres verla ya?
Puedes seguir jugando con los demás si quieres.
—No, ellos también quieren verla.
—Está bien.
Sentaos en el sofá y yo me encargo del resto.
Los niños corrieron a sus puestos.
Le avisé a mi madre, quien admitió tener curiosidad por ver en qué había estado trabajando; mi padre, por su parte, tenía esa mirada de quien espera ver en qué se ha gastado su dinero y su crédito legal.
Los adultos guardaron un silencio respetuoso por deferencia a Melissa.
Mamá se sentó con las niñas y acomodó a mi hermana en su regazo.
Con todos en sus lugares, apagué las luces y di la orden de inicio.
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