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Crónicas de Nadir: La Arquera de los Espíritus y el Maná sin Fin - Capítulo 27

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27: 27-.

Día de entrenamiento 27: 27-.

Día de entrenamiento Los rayos de Luz que entraban por la ventana anunciaban el amanecer, al sentir los rayos de luz en mi cara me desperté, al incorporarme en la cama hice unos ligeros movimientos con el brazo derecho esperando sentir algún dolor o al menos sentirlo un poco rígido debido a la batalla del día anterior pero curiosamente no sentí nada, estaba como nueva sin el más mínimo malestar.

Antes de siquiera cambiarme de ropa, una duda me carcomía la mente, aquel crujido…

el sonido seco que escuché justo antes de que el Hobgoblin cayera, no había sido mi imaginación.

(Sistema, ingresar a la Isla de los Espíritus).

En un parpadeo, el entorno de mi habitación desapareció y al abrir los ojos, la brisa marina plateada y el calor reconfortante de la forja de Keon me dieron la bienvenida.

El pequeño herrero ya estaba activo, avivando las brasas.

Al verme, dejó el martillo de lado y dijo.

– Vaya tienes la cara de alguien a quien le han quitado su juguete, niña.

Hice una mueca al escuchar sus palabras y mientras materializaba mi arco sobre su mesa de trabajo le respondí – Se siente así, Keon, necesito que lo revises, ayer en el último disparo contra el hobgoblin escuché un crujido.

Keon tomó el arco de aprendiz con sus manos callosas, girándolo bajo la luz de la forja.

Tras unos segundos, frunció el ceño con desdén y dijo mientras señalaba una pequeña grieta casi detectable cerca de la empuñadura del arco.

– Te lo advertí, estas ramas comunes son madera muerta, Selene.

No están diseñadas para canalizar la potencia de tus habilidades.

El núcleo está astillado; no aguantará mucho tiempo más.

Si intentas otro Disparo Perforante, se hará pedazos en tus manos.

Al escuchar sus palabras me sentí preocupada y le pregunté.

– ¿Puedes hacerme uno de repuesto con las ramas que conseguí en el bosque?

Keon asintió y mientras se rascaba su barba dijo.

– Puedo, pero tendré que desarmar este arco actual para usar la cuerda en el nuevo, ya que no tienes materiales de grado superior.

Por cierto, ¿quieres que el nuevo luzca diferente?

No necesité pensarlo mucho para poder responderle.

– No, haz que luzca exactamente igual al anterior.

En la aldea piensan que es un arco común y no quiero levantar sospechas con un arma que aparece de repente de la nada.

Keon soltó una carcajada ronca.

– Hmpf.

Es un insulto a mi orgullo ocultar mi trabajo, pero lo haré.

Deja también esa armadura; las costuras necesitan mantenimiento tras la batalla.

Tardaré un par de horas, así que vete a desayunar o a hacer lo que sea que hagas en esa aldea.

No es necesario que te quedes aquí mirando no soy un espectáculo de feria, así que fuera de aquí.

Salí de la isla sintiéndome extrañamente vulnerable sin mi equipo.

De regreso en mi habitación, me puse la ropa que me dio Clarissa y salí hacia la cocina.

El aroma a pan recién horneado y estofado ligero inundaba el pasillo.

Pronto encontré a la señora Elena organizando los tazones, me acerqué a ella y tomé los platos para terminar de poner la mesa mientras le decía.

– Buenos días, señora Elena, déjeme ayudarla con eso.

– Buenos días, niña.

Me alegra verte con energía.

Ayúdame a servir el caldo, yo iré por la mermelada.

Mientras servía, escuché el sonido rítmico de un martillo en el patio.

Me asomé y vi a Leo trabajando intensamente en la cerca que la oruga había destruido días atrás, con Liam correteando a su alrededor intentando ayudar, una vez que terminé de acomodar la mesa salí al porche y alcé la voz.

– ¡Leo, Liam!

Dejen eso un momento.

¡Vayan a lavarse las manos, el desayuno ya está servido!

Liam soltó los clavos que sostenía y corrió hacia el pozo con entusiasmo, seguido por Leo, quien se limpiaba el sudor de la frente con el antebrazo.

Tras cumplir con la orden, los tres entramos a la cocina y nos sentamos a la mesa.

Liam, que apenas podía quedarse quieto en la silla, comenzó a devorar su pan con mermelada a una velocidad alarmante y me preguntó con la boca medio llena.

– ¡Selene!

¿Hoy sí me vas a enseñar a usar el arco?

¡Dijiste que hoy empezaríamos!

¿Ya podemos ir?.

Leo le dio un ligero golpe amistoso en la nuca antes de decir.

– Come despacio, enano.

La arquería requiere paciencia, y si no puedes controlar tu hambre, menos controlarás una flecha.

Sonreí ante la escena, sintiendo la calidez de este hogar, como no tenía nada que hacer mientras esperaba que Keon terminara de forjar mi nuevo arco bien podría empezar el entrenamiento de Liam.

Liam terminó su tazón de caldo en tiempo récord, limpiando los restos de mermelada de sus mejillas con la manga de su camisa y antes de que la señora Elena pudiera regañarlo, se puso de pie de un salto, mirándome con una intensidad que solo un niño de cinco años posee y dijo mientras tiraba suavemente de mi brazo – ¡Ya terminé!

¡Selene, vamos, vamos!.

Leo soltó una carcajada mientras terminaba su pan con calma.

– Ten paciencia con él, Selene.

Ha estado practicando con una cuchara de madera toda la mañana mientras yo arreglaba la cerca.

Salimos al patio trasero, donde el aire fresco de la mañana nos recibió.

Como mi arco real estaba en la forja de Keon, busqué en un rincón del almacén de leña y encontré un par de ramas de sauce flexibles que había recogido el día anterior.

Con un poco de cordel que Elena me prestó, improvisamos un arco de práctica rudimentario.

No tenía potencia, pero para un niño de su tamaño, era más que suficiente, me arrodillé para quedar a su altura y le dije.

– Escucha, Liam, lo primero que debes aprender no es a disparar, sino a sostenerte.

La arquería empieza en los pies, no en las manos.

Leo se apoyó contra la cerca recién reparada, cruzándose de brazos con curiosidad.

Comencé ajustando la postura de Liam, alineando sus pequeñas botas con sus hombros y le instruí, guiando sus manos sobre la madera – Tienes que estar firme como una roca, pero relajado como el agua.

Coloca estos tres dedos en la cuerda.

No la aprietes, solo sostenla.

Liam estaba inusualmente callado, con la lengua asomando por la comisura de sus labios por la pura concentración.

Cuando intentó tensar la rama de sauce por primera vez, sus bracitos temblaron.

– Respira, Liam.

Suelta el aire despacio…

y ahora, imagina que tu ojo y ese poste de madera son una sola línea.

Puse un pequeño trozo de madera sobre el poste a unos cinco metros.

Liam soltó la cuerda.

La “flecha” una ramita recta que habíamos afilado un poco, voló en una parábola torpe y cayó a dos metros del objetivo.

El niño bajó los hombros, desinflado y murmuró – Es muy difícil…

Al verlo desanimado le dije una pequeña mentira piadosa para animarlo un poco.

– Mi primer tiro ni siquiera salió del arco, Liam…

Inténtalo de nuevo.

Esta vez, no mires la rama, mira el centro del objetivo y confía en tu brazo.

Pasamos la siguiente hora repitiendo el proceso.

Gracias a mi habilidad pasiva de Manejo de Arco Dominio Avanzado, podía ver sus errores casi antes de que los cometiera, el codo demasiado alto, el hombro tenso, la liberación brusca.

Fui corrigiendo cada detalle, disfrutando de la paz que me brindaba esta actividad mecánica.

Leo se acercó cuando Liam finalmente logró golpear el poste, aunque no el objetivo y dijo.

– Tienes buena mano para enseñar, Selene, en la aldea solemos empezar con la lanza o espada porque es más simple.

El arco requiere una disciplina mental que pocos tienen.

Me levanté del lado de liam y mientras me sacudía el polvo de la ropa le respondí – El arco no miente, Leo.

Si tu mente está agitada, la flecha lo sabrá.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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