Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 43

  1. Inicio
  2. Crónicas del Dragón de Esmeralda
  3. Capítulo 43 - Capítulo 43: Capítulo 43: El Silencio del Titán y el Juicio de las Aguas
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 43: Capítulo 43: El Silencio del Titán y el Juicio de las Aguas

​El polvo de cuarzo blanco tardó horas en asentarse sobre el cráter que alguna vez fue la cordillera más rica del norte. Lo que quedaba era un paisaje lunar, desprovisto de color, donde el silencio era tan absoluto que se sentía como una presencia física. Kai permanecía de pie en el centro de la devastación, con la Quebrantacielos clavada en el suelo, actuando como un pararrayos para las energías residuales que todavía zumbaban en el aire.

A pesar de haber sobrevivido al colapso y de haber sellado finalmente la voluntad del Emperador, su cuerpo era un mapa de heridas de guerra: su armadura de jade estaba astillada en los hombros y sus manos temblaban con el eco de la presión gravitatoria que acababa de liberar.

​

A su lado, Meilin descansaba sobre un lecho de musgo esmeralda que Kai había invocado con sus últimas gotas de Qi vital. Ella era la verdadera heroína de la sombra; sin su canto de resonancia, el cuarzo blanco habría explotado en lugar de sellar. Lyra, por su parte, observaba con los binoculares rúnicos la flota del Clan del Agua, que permanecía estática en la costa, como una hilera de tiburones de acero esperando a que su presa diera el primer signo de debilidad.

​

—No se retiran, Kai —susurró Lyra, sin apartar la vista del horizonte—. El Soberano de las Mareas está esperando. Sabe que el esfuerzo de sellar al Emperador te ha dejado vacío. Si da la orden ahora, sus hidrocultistas podrían inundar este valle antes de que logres levantar una sola pared de piedra.

​

Kai levantó la vista. Sus ojos ya no emitían el brillo plateado y errático de antes. Ahora, eran de un gris profundo, serenos y fríos como el granito de las profundidades. El sellado del Sol Negro había purificado su Qi, eliminando la interferencia térmica que antes lo volvía inestable.

​

—Él no atacará —dijo Kai, y su voz, aunque cansada, tenía una firmeza que hizo que los nómadas a su alrededor se enderezaran—.

El Soberano es un oportunista, pero no es un suicida. Ha visto cómo la montaña se plegó bajo mi voluntad. Ahora mismo, sus astrólogos deben estar intentando calcular cuánta energía me queda, y lo que ven en sus brújulas debe estar aterrorizándolos.

​

Como si sus palabras hubieran sido una profecía, una pequeña embarcación de nácar se desprendió de la nave capitana y se deslizó sobre la arena húmeda hacia ellos. Solo iba un tripulante: el Heraldo de las Aguas. Al llegar a una distancia prudente de la Quebrantacielos, el hombre se arrodilló, hundiendo su frente en el polvo de cristal.

​

—¡Avatar de la Tierra! —gritó el heraldo, con la voz quebrada por el miedo—. El Soberano de las Mareas reconoce vuestro dominio sobre el norte. No buscamos la guerra contra un ser que ha encarcelado al Sol. Venimos a proponer… una redistribución de los límites.

​

Kai comenzó a caminar hacia el heraldo. Cada paso que daba hacía que la tierra bajo sus pies se compactara, creando un sendero de piedra lisa en medio del caos de escombros. Al llegar frente al emisario, Kai no se inclinó. Se mantuvo erguido, dejando que su aura de jade se expandiera lentamente, una marea de presión gravitatoria que hizo que el heraldo sudara frío.

​

—Dile a tu señor que los límites ya no los deciden los hombres en sus barcos de seda —dijo Kai, y el suelo vibró en sincronía con sus palabras—.

La tierra ha hablado. El norte ya no es una cantera para el Rayo, ni una costa para el Agua. Es el corazón de un nuevo mundo. Si el Soberano quiere hablar de paz, que baje de su trono y venga a plantar una semilla conmigo. Si quiere guerra, que sepa que el fondo del océano también es parte de mi dominio.

​

El heraldo palideció y, tras una reverencia apresurada, huyó hacia su bote. Lyra se acercó a Kai, mirando con desconfianza la retirada del emisario.

​

—¿Crees que aceptará? —preguntó ella.

​

—No tiene opción —respondió el anciano guardián, apareciendo desde las sombras de una roca—.

El mundo ha sentido el Sellado del Cenit. La noticia de que el Emperador ha sido encerrado en una tumba de carne y piedra se extenderá por las provincias como un reguero de pólvora. Los Señores del Rayo que aún quedaban en las sombras se dispersarán, y los clanes menores vendrán a rendir pleitesía.

​

Sin embargo, Kai no sentía la victoria. Se llevó la mano al pecho, donde la gema de cuarzo interna latía con un ritmo lento y gélido. Podía sentir al Emperador allí abajo, en el silencio absoluto, como un tigre en una jaula de cristal. Estaba contenido, pero Kai sabía que cada vez que usara sus poderes al máximo, el cristal se agrietaría. Su vida ahora era una balanza: debía ser lo suficientemente fuerte para proteger el mundo, pero no tan fuerte como para romper su propia prisión.

​

—Debemos volver a la Capital del Manglar —ordenó Kai a los nómadas—. La reconstrucción no ha hecho más que empezar. Y Meilin necesita un lugar donde el Qi de la tierra sea constante.

​

La marcha de regreso fue diferente a la de conquista. Ya no eran fugitivos, ni un ejército insurgente. Eran la procesión de un nuevo poder. A medida que cruzaban las provincias del norte, los pueblos salían a su encuentro. No con lanzas, sino con cestas de comida y flores. El “Invierno de Jade” que Kai había traído al Paso de la Centella se había transformado en una “Primavera de Cuarzo”. Las heridas de la tierra, abiertas por mil años de extracción imperial, empezaban a cerrarse bajo la influencia de la presencia de Kai.

​

Pero en el camino de regreso, Kai tuvo una visión a través del Ojo del Abismo. En el extremo más lejano del continente, más allá de los desiertos de arena roja que nadie se atrevía a cruzar, una nueva sombra se estaba moviendo. No era fuego, ni agua, ni rayo. Era un vacío absoluto, una distorsión en la realidad que parecía devorar el color de las estrellas.

​

—¿Qué es eso? —murmuró Kai, sintiendo un escalofrío que no provenía del cuarzo.

​

—Es el Efecto de la Vacante —respondió el anciano, con el rostro más sombrío que nunca—.

Cuando una divinidad cae, el universo intenta llenar el espacio. Has quitado el Sol, y has sellado la Tierra. Ahora, los Entes de la Nada, los que viven en los espacios entre los elementos, han sentido que la puerta está entreabierta.

​

Kai miró a su hermana, que dormía plácidamente en una camilla de raíces, y luego a Lyra, que sonreía por primera vez en semanas al ver el horizonte despejado. Sabía que la paz que acababa de ganar era solo un respiro en una guerra mucho más antigua y vasta.

​

—Entonces —dijo Kai, apretando el mango de la Quebrantacielos—, tendré que aprender a sellar el vacío también.

​

La Capital del Manglar de Jade apareció en el horizonte, brillando con una luz esmeralda bajo el sol de la tarde. El regreso del Avatar estaba marcado por el florecimiento de los árboles gigantes, pero en el corazón de Kai, la gema de cuarzo dio un pequeño latido de advertencia. La era de los hombres había terminado, y la era de las sombras apenas estaba comenzando a gatear.

​

¿Podrá Kai preparar a su pueblo para la llegada de los Entes de la Nada antes de que el sello de cuarzo empiece a ceder, o descubrirá que para luchar contra el vacío deberá convertirse en algo que incluso Meilin no podrá reconocer?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo