Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 64
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Capítulo 64: Capítulo 64: El Dilema del Vacío y el Susurro del Abismo
Kai permanecía en el fondo del Arrecife de las Almas, rodeado por una calma que no era natural. El agua zafiro, ahora sintonizada con su propia frecuencia, formaba un halo de luz eléctrica a su alrededor, pero en su interior, la batalla era mucho más oscura. La tecnología imperial que había asimilado del Leviatán de Datos estaba intentando “clasificar” su nueva conexión con el mar.
En su mente, miles de líneas de código violeta se entrelazaban con los recuerdos de su infancia. Veía el rostro de su madre mezclado con diagramas de flujo de energía; veía el aroma del pan recién horneado convertido en una variable de densidad atmosférica.
—No me convertirás en una máquina… —gruñó Kai, y el agua a su alrededor hirvió ante la presión de su Qi.
De repente, una presencia emergió de la oscuridad del abismo. No era la Soberana de las Mareas, ni un monstruo marino. Era una proyección holográfica, una figura vestida con una túnica de luz blanca pura: El Arquitecto.
—Anomalía 0-A —dijo la proyección, y su voz no tenía tono, era una frecuencia perfecta—. Has integrado el tercer elemento. Has superado las expectativas de supervivencia del modelo inicial en un 400%. Pero debes entender que no estás luchando por la libertad. Estás perfeccionando mi algoritmo.
Kai apretó el mango de la Quebrantacielos, sintiendo cómo el frío del Olvido recorría su brazo.
—He destruido tus naves, he matado a tus cazadores y he salvado a mi gente. ¿Llamas a eso perfeccionar tu algoritmo?
—Cada vez que usas tu poder, usas mi lógica —respondió el Arquitecto con una calma gélida—. Para sostener esa ciudad, tuviste que pensar en números. Para dominar el mar, tuviste que calcular la densidad. Te estás volviendo yo, Kai. Y cuando el proceso termine, no habrá necesidad de borrarte, porque tú mismo serás el Imperio.
La proyección desapareció en un estallido de píxeles, dejando a Kai en una soledad aterradora. Salió a la superficie con un estruendo, rompiendo la calma de las olas frente a una Lyraei que lo observaba con un respeto teñido de miedo.
—¿Qué has visto allá abajo? —preguntó la Soberana de las Mareas.
Kai la miró con sus ojos grises, en los que ahora bailaban chispas de zafiro y violeta.
—He visto que el enemigo no está solo en el cielo. Está empezando a vivir en mis propios pensamientos. Si queremos ganar, Soberana, no basta con fuerzas elementales. Necesitamos algo que el Arquitecto no pueda predecir: el sacrificio puro.
Kai se giró hacia Meilin, quien lo esperaba en la orilla. Sabía que el Libro 2 lo llevaría a enfrentarse no solo al Imperio, sino a la pérdida total de quién era. Pero mientras miraba a su hermana, su determinación se ancló de nuevo. No importa cuántos cálculos hiciera el Arquitecto; el amor por su familia era la única variable que siempre daría un error en el sistema imperial.
¿Podrá Kai encontrar una forma de purgar la tecnología imperial de su mente antes de que su humanidad desaparezca por completo, o tendrá que convertirse en el monstruo que juró destruir para salvar al mundo del orden absoluto?
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