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Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 68

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Capítulo 68: Capítulo 68: Las Cicatrices del Vacío y el Cónclave de las Sombras

​

​El humo que emanaba de los restos de la Torre de Sincronización se elevaba como un hilo negro hacia un cielo que, por primera vez en semanas, recuperaba su color azul natural. El Volcán de Silicio, antes una herida purulenta de tecnología imperial, ahora rugía con una furia puramente orgánica, recuperando su dominio sobre el Reino de las Llamas. Sin embargo, en el campamento improvisado a los pies de la caldera, el ambiente no era de celebración. La victoria se sentía tan frágil como el cristal soplado, y el precio de haber frenado el algoritmo del Arquitecto estaba escrito en el rostro de cada superviviente.

​Kai permanecía sentado sobre una roca de obsidiana, con la mirada perdida en el horizonte. Meilin dormía a su lado, envuelta en las túnicas de seda de mar que Lyraei le había entregado. La niña respiraba con dificultad, y cada vez que exhalaba, pequeñas chispas de jade escapaban de sus labios, un signo de que la Raíz Madre seguía intentando purgar los residuos de la infección imperial.

​—No puedes seguir así, Kai —la voz de Lyraei rompió el silencio. La Soberana de las Mareas se acercó, su presencia trayendo una brisa fresca que contrastaba con el calor sofocante del entorno—. Estás intentando contener el peso de tres elementos y el vacío al mismo tiempo. Tu núcleo no es una forja infinita; es carne y hueso.

​Kai no se giró. Sus ojos grises, salpicados de motas de zafiro y hierro, seguían fijos en la “estrella blanca” que colgaba en el cénit.

—Si suelto el ancla ahora, el mundo perderá la masa que acabamos de devolverle. El Arquitecto no ha fallado, Lyraei. Simplemente ha cambiado de fase. Siento sus sondas mentales intentando encontrar una nueva debilidad en la red. Si flaqueo un solo segundo, encontrará una puerta trasera en nuestra realidad.

​El Soberano del Hierro apareció desde las sombras de una saliente rocosa, su armadura emitiendo un sonido grave. No traía buenas noticias.

—Mis exploradores han detectado movimiento en el Reino del Viento. El Arquitecto está movilizando las Estaciones de Nube. Ha abandonado el fuego y el mar; ahora quiere el aire. Si logra sincronizar la atmósfera, podrá emitir el código de borrado directamente a los pulmones de cada ser vivo.

​Kai apretó los puños, y el suelo bajo la roca en la que estaba sentado crujió, hundiéndose varios centímetros. La presión gravitatoria en el campamento aumentó de golpe, haciendo que los guardias de coral de Lyraei se tambalearan.

​—¿Cuándo terminará? —preguntó Kai, y su voz sonó como el roce de dos placas tectónicas—. Hemos destruido sus naves, sus torres y sus ejecutores. ¿Qué más quiere ese maldito de silicio?

​—Quiere la perfección, Ancla —respondió el Hierro—. Y la vida, con su caos, su dolor y su imprevisibilidad, es la antítesis de la perfección. Para él, somos un error de redondeo que debe ser corregido antes de que el universo pueda ser “completado”.

​Lyraei se sentó frente a Kai, obligándolo a mirarla a los ojos.

—Necesitamos ir al Reino de la Luz Eterna. Es el único lugar donde la frecuencia del Arquitecto no puede penetrar. Allí, en la Cúspide de Cristal, reside el Soberano del Aire. Si logramos que se una a nosotros, el triángulo de los elementos se convertirá en un círculo perfecto. Podremos crear un escudo que envuelva el planeta entero, una barrera que ningún algoritmo pueda descifrar.

​Kai soltó una carcajada amarga, una que no llegó a sus ojos.

—¿Y por qué el Soberano del Aire nos ayudaría? Hasta ahora, todos ustedes me han visto como una amenaza. Me han probado, me han atacado y me han juzgado. ¿Creen que alguien que vive en la “Luz Eterna” querrá mancharse las manos con alguien que porta el Olvido en su pecho?

​—Porque no tiene opción —dijo el Soberano del Hierro—. O se une a la masa del mundo, o se convertirá en el siguiente dato borrado de la lista del Arquitecto.

​Kai suspiró, sintiendo el peso de la Quebrantacielos en su espalda. El arma estaba cambiando; el jade ya no era verde brillante, sino de un tono esmeralda oscuro, casi negro, con vetas de metal vivo que recorrían el filo. Era un arma de dualidad, un reflejo de su propio estado. Se puso en pie, con cuidado de no despertar a Meilin, y miró a los dos Soberanos que ahora lo llamaban aliado.

​—Partiremos al amanecer. Pero quiero dejar algo claro —dijo Kai, y su aura se expandió, una mezcla de gris, verde y azul que hizo que el aire vibrara—. No voy a la Cúspide de Cristal a pedir favores. Voy a dar un ultimátum. Si el Soberano del Aire no se une a la resistencia, yo mismo derribaré su torre antes de que el Imperio lo haga. No permitiré que nadie se quede al margen mientras Meilin sufre por los pecados de este mundo.

​Lyraei y el Soberano del Hierro intercambiaron una mirada de preocupación. La furia de Kai ya no era salvaje como el fuego, era fría y constante como la gravedad. Se estaba convirtiendo en algo que trascendía la humanidad, algo que incluso los dioses elementales empezaban a temer.

​Durante la noche, Kai se alejó del campamento para meditar. En su mundo interno, la tecnología imperial que había purgado seguía dejando rastros. Eran como fantasmas de código que susurraban en la penumbra de su mente. “…01101000 01101111 01101101 01100010 01110010 01100101…” (Hombre). El Imperio estaba intentando definirlo, reducirlo a una serie de etiquetas.

​Kai cerró los ojos y visualizó el horno de su panadería. Recordó el olor del pan, el calor honesto del fuego y el sudor en su frente tras un día de trabajo duro. Usó esos recuerdos como anclas, clavándolas profundamente en su psique para evitar que la frialdad del vacío lo consumiera.

​—Sigo siendo Kai —susurró para sí mismo, aunque sus ojos grises brillaban en la oscuridad—. Sigo siendo el hijo de la tierra.

​Pero cuando miró sus manos, vio que las uñas se habían vuelto de un tono metálico y que el pulso en sus muñecas seguía el ritmo de un reloj de precisión, no el de un corazón humano. La transformación era lenta, pero implacable.

​Mañana, el camino hacia la Cúspide de Cristal comenzaría. Sería la prueba final de su diplomacia o el inicio de una guerra civil entre Soberanos que solo el Arquitecto celebraría.

​¿Podrá Kai convencer al Soberano del Aire de unirse a la causa antes de que el Imperio active el Protocolo de Borrado Atmosférico, o su propia oscuridad terminará por espantar al único aliado que puede salvar el aliento del mundo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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