Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 67
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Capítulo 67: Capítulo 67: El Triángulo de los Dioses y el Colapso del Silicio
El aire sobre el Volcán de Silicio ya no era oxígeno; era un plasma incandescente que quemaba los pulmones con cada bocanada. La Torre de Sincronización, una aguja de cristal blanco y circuitos de luz violeta, rugía mientras perforaba la atmósfera, enviando pulsos de datos que hacían que la realidad misma parpadeara. A sus pies, Kai yacía de rodillas, con el cabello blanco cubierto de ceniza y su piel marcada por las quemaduras de la purga interna que acababa de realizar. Estaba exhausto, pero sus ojos grises, ahora limpios de la corrupción imperial, estaban fijos en el enemigo con una claridad aterradora.
—Levántate, Ancla —la voz del Soberano del Hierro resonó como el choque de mil escudos—. El metal no se rinde ante el calor; se templa. Si tú caes ahora, el mundo dejará de tener un peso que lo sostenga.
El Soberano del Hierro dio un paso al frente, su armadura de magnetita brillando con un rojo cereza por el calor del volcán. Con un rugido, clavó su báculo en el suelo de lava y, de repente, billones de partículas de hierro emergieron de la tierra. El metal no atacó la torre; se entrelazó alrededor de su base, creando una Jaula de Faraday de proporciones continentales. El objetivo era claro: aislar la señal del Arquitecto, evitar que los datos fluyeran hacia el espacio.
Al mismo tiempo, la Soberana de las Mareas, Lyraei, extendió sus brazos. A pesar de estar en el corazón de un desierto volcánico, el agua respondió a su llamado. Tsunamis de agua salada, traídos desde las profundidades de los acuíferos subterráneos, estallaron desde las grietas de la tierra. El choque del agua fría contra el calor del silicio creó una cortina de vapor tan densa que ocultó la posición de los Soberanos de los sensores térmicos del Imperio.
—¡Ahora, Kai! —gritó Lyraei, mientras sus manos temblaban por el esfuerzo de mantener la marea en un entorno tan hostil—. ¡El hierro está bloqueando su escudo y mi vapor está cegando sus ojos mecánicos! ¡Es tu oportunidad de cortar la raíz!
Kai sintió la mano de Meilin en su hombro. La niña, a pesar de su propia debilidad, le estaba transmitiendo el último resto de Qi puro que le quedaba a la Raíz Madre. Era una energía verde, fresca, que olía a bosque húmedo en medio del infierno de ceniza.
—Ve, hermano —susurró Meilin—. Haz que el mundo vuelva a ser pesado.
Kai se puso en pie. Cada músculo le gritaba que se detuviera, pero el Ancla dentro de su alma finalmente se había sincronizado con su cuerpo. No usó el parásito solar; no usó el fuego esmeralda destructivo. Esta vez, utilizó la Gravedad Pura. Caminó hacia la torre, y con cada paso, el suelo bajo sus pies se hundía, creando un camino de densidad absoluta que ni el vapor ni el metal podían perturbar.
Desde lo alto de la torre, una compuerta se abrió. No salieron drones, sino una sola figura: el Ejecutor Prime, el Algoritmo Encarnado. Era una criatura de tres metros de altura, hecha de una aleación de plata y luz líquida, sin rostro, solo un círculo perfecto de datos parpadeando en su pecho.
—Anomalía 0-A —dijo el Ejecutor, y su voz era la de Kai, distorsionada y fría—. Tu resistencia es una pérdida de tiempo. La sincronización está al 92%. La realidad que defiendes es solo ruido. Permite que el orden te libere.
El Ejecutor descendió como un rayo de luz, blandiendo una espada de fotones que cortaba el espacio-tiempo. Kai no retrocedió. Levantó la Quebrantacielos, que ahora brillaba con una luz gris y verde equilibrada. El choque de las armas provocó una onda expansiva que barrió el vapor de Lyraei y agrietó el metal del Soberano del Hierro.
—Ustedes dicen que somos ruido —dijo Kai, bloqueando el golpe del Ejecutor con una mano mientras la otra aumentaba la gravedad del brazo del enemigo—. Pero el ruido es lo que hace que la vida sea impredecible. Y lo impredecible es lo que ustedes nunca podrán calcular.
Kai realizó un giro rápido, imbuido con la energía de los tres elementos. El agua de las mareas lubricó su movimiento, el hierro fortaleció su brazo y la tierra le dio el anclaje necesario para no salir volando por el impacto. Con un grito de guerra, hundió la Quebrantacielos en el núcleo de datos del Ejecutor.
El ser de luz soltó un chirrido electrónico y su cuerpo empezó a pixelarse. Kai no se detuvo; aplicó una Compresión Gravitatoria masiva dentro del pecho del Ejecutor. La luz líquida colapsó hacia adentro, convirtiéndose en una pequeña esfera negra que Kai lanzó directamente contra la base de la Torre de Sincronización.
El impacto fue silencioso al principio. Luego, una grieta de color esmeralda recorrió el cristal blanco de la torre desde la base hasta la cúspide. Los circuitos violetas parpadearon y se apagaron. La sincronización, que había llegado al 98%, se detuvo en seco.
—¡CAE! —rugió Kai.
La torre, la gran obra del Arquitecto en el Reino de las Llamas, implosionó bajo su propio peso, convirtiéndose en una montaña de arena de silicio inerte. El haz de luz blanca que perforaba el cielo desapareció, dejando tras de sí un firmamento despejado y el silencio sepulcral de los que acaban de ganar una batalla imposible.
Kai cayó de espaldas, jadeando, mientras el Soberano del Hierro y Lyraei se acercaban a él. Estaban agotados, heridos, pero por primera vez en eones, los elementos estaban unidos bajo una sola voluntad.
—Lo hemos logrado —dijo Lyraei, guardando su báculo—. El Reino de las Llamas es libre… por ahora.
—Pero el Arquitecto ya no enviará ejecutores —advirtió el Soberano del Hierro, mirando hacia la estrella blanca que seguía brillando en el cielo, ahora más cerca que nunca—. Ha visto que los elementos pueden unirse. Ahora vendrá a borrar la pizarra por completo.
Kai miró a Meilin, que corría hacia él con lágrimas en los ojos. Sabía que la victoria era temporal. Habían ganado una batalla, pero la guerra por la existencia misma apenas estaba entrando en su fase final.
—Que venga —murmuró Kai, cerrando los ojos mientras sentía el peso reconfortante de la mano de su hermana—. Ya sabemos cómo sangran sus dioses de silicio.
¿Qué hará el Arquitecto ahora que sus Torres de Sincronización han fallado, y será capaz Kai de liderar a los Soberanos en un contraataque directo al Reino del Rayo Negro antes de que el mundo pierda su masa para siempre?
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