Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 83

  1. Inicio
  2. Crónicas del Dragón de Esmeralda
  3. Capítulo 83 - Capítulo 83: La Trama del Destino y el Segundo Suspiro del Rey
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 83: La Trama del Destino y el Segundo Suspiro del Rey

​

​El segundo día comenzó no con la salida del sol, sino con un cambio en la tonalidad del cielo. El azul pálido que solía cubrir las montañas de Ojo de buey fue sustituido por un velo de color violeta eléctrico, una señal de que la atmósfera estaba siendo “ionizada” por la proximidad de la flota del Rey del Entropía. Dentro del Refugio de Realidad, el aire se sentía espeso, cargado con el peso de cuatro reinos comprimidos en un solo valle. Los ciudadanos, aquellos que habían sobrevivido a las purgas del Arquitecto, caminaban por las calles de hierro con una lentitud solemne, sintiendo en sus propios huesos la gravedad que Kai estaba sosteniendo.

​En el centro de la plaza, Kai permanecía inmóvil. Su brazo izquierdo, ahora casi completamente invisible para el ojo humano, emitía un zumbido constante que hacía que la luz a su alrededor se curvara. No era solo el vacío del Heraldo; era la propia realidad intentando expulsar a Kai de su tejido. Se estaba convirtiendo en un “error” de la creación por el simple hecho de ser demasiado denso para existir.

​—Bebe esto —dijo Meilin, acercándose con una pequeña vasija tallada en jade.

​Kai abrió los ojos, y el resplandor cian de sus pupilas iluminó el rostro de su hermana. Sus movimientos eran lentos, deliberados, como si cada gesto requiriera un cálculo de mil variables. Tomó la vasija y bebió el extracto de Raíz Madre mezclado con agua de las profundidades de Lyraei. El sabor a tierra y mar le devolvió, por un segundo, la sensación de tener un cuerpo de carne.

​—El sector del Reino del Mar ha sido borrado —dijo Kai, y su voz no fue un sonido, sino una vibración que Meilin sintió en sus pies—. Hace una hora. El océano simplemente dejó de tener una superficie. Los datos de Gaia dicen que ahora es solo un banco de niebla inerte. Los Segadores no destruyen, Meilin; simplemente quitan la “definición” de las cosas.

​—Pero nosotros seguimos aquí —respondió Meilin, apretando la mano de Kai. No pudo sentir su piel, solo un hormigueo frío, pero no soltó el agarre—. El valle es más real que nunca. Eara dice que si logramos aguantar veinticuatro horas más, la flota del Rey tendrá que entrar en contacto físico con nosotros. No podrán borrarnos desde el espacio.

​—Eso es lo que me temo —murmuró Kai—. Si el Rey desciende, no usará sus sombras. Usará la Antimateria Lógica.

​Eara apareció desde las sombras de la panadería de diamante, sosteniendo un dispositivo imperial que proyectaba un holograma del sistema solar. Señaló una mota negra que se movía a una velocidad que desafiaba la física.

—Ya ha cruzado la órbita de la Luna de Hierro. Kai, el Rey no viene a pelear. Viene a reclamar su propiedad. Según los archivos que logré desencriptar, el Ancla no fue diseñada para proteger este planeta. Fue diseñada como un “cebo” para atraer al Rey hacia una trampa que el Arquitecto nunca pudo activar.

​Kai soltó una risa seca, desprovista de humor.

—Así que soy un cebo. Una trampa para un dios del vacío. ¿Y qué se supone que debía pasar cuando el Rey mordiera el anzuelo?

​—La desintegración mutua —respondió Eara con una frialdad profesional—. El plan era que el Ancla colapsara en una singularidad de jade al contacto con el Rey, borrando ambos del universo. El Arquitecto estaba dispuesto a sacrificar este planeta entero solo para eliminar una variable que no podía controlar.

​—Pues el Arquitecto está muerto y yo sigo aquí —intervino el Soberano del Hierro, que llegaba a la plaza escoltando a un grupo de ingenieros que reforzaban los pilares de gravedad—. No seremos el sacrificio de nadie. Kai, he fundido los últimos restos de la Capital del Rayo Negro. Hemos creado una red de conductores de Éter que puede canalizar tu descarga solar hacia el cielo sin quemar el valle. Si el Rey desciende, le daremos la bienvenida con el calor de un millón de veranos.

​Kai miró hacia el cielo violeta. Sintió que el parásito solar en su pecho se agitaba, como un animal acorralado que presiente al depredador alfa. Sabía que la red del Soberano del Hierro no sería suficiente. Nada hecho de materia podía detener al Rey del Entropía. La única forma de vencer al vacío era con una densidad que no fuera física, sino espiritual.

​—Vaelen, Lyraei —llamó Kai a través del enlace mental.

​Los otros dos Soberanos aparecieron en ráfagas de vapor y viento. Sus rostros mostraban el desgaste de sostener el escudo durante treinta y seis horas seguidas.

—¿Qué necesitas, Ancla? —preguntó Lyraei.

​—Mañana, cuando la flota entre en la atmósfera inferior, quiero que dejen de luchar —dijo Kai.

​Un silencio sepulcral cayó sobre la plaza. Meilin soltó la mano de su hermano, con los ojos llenos de confusión y miedo.

—¿Qué estás diciendo, Kai? ¿Nos vas a rendir?

​—No —Kai se puso en pie, y su aura blanca y cian se expandió hasta cubrir la aldea entera—. Quiero que retiren el escudo externo y concentren toda su esencia dentro de mí. Voy a convertir el Ancla en una Cámara de Vacío Invertida. En lugar de resistir su entropía, voy a absorberla. Voy a usar el vacío del Rey para alimentar el fuego del parásito solar.

​—Eso te matará instantáneamente —advirtió Vaelen—. Tu alma no tiene la capacidad de procesar la nada absoluta. Te desintegrarás antes de poder lanzar el contraataque.

​—No si Meilin me ancla a la vida —dijo Kai, mirando a su hermana—. Meilin, tú eres la que conoce el peso de la semilla. Mientras yo absorbo la oscuridad, tú tienes que recordarme quién soy. Tienes que ser la que mantenga el hilo de mi humanidad conectado a este suelo. Si tú me sueltas, me perderé. Pero si me sostienes, podré devolverles su silencio convertido en trueno.

​Eara observó a los dos hermanos con una expresión de asombro. Había visto civilizaciones enteras caer, pero nunca había visto una apuesta basada puramente en el amor fraternal. Para una inteligencia imperial, era un error de cálculo; para un superviviente de la Tierra, era la única jugada posible.

​Durante la tarde del segundo día, Kai se retiró al interior de la panadería. Se sentó frente al horno de diamante, que ahora emitía una luz dorada cálida. Cerró los ojos y, por primera vez en semanas, permitió que su mente vagara libremente por sus recuerdos. Recordó el olor del pan recién horneado, el sonido de las risas en la plaza, el tacto de la harina en sus manos. Usó esos fragmentos para construir una “fortaleza mental”, un lugar donde el Rey del Entropía no pudiera entrar.

​—Anom-alía… —el susurro del vacío regresó, más fuerte que nunca—. El segundo día termina. Tu mundo es un punto en un mar de nada. Entrégate y te daré la paz del olvido.

​Kai no respondió con ira. Simplemente visualizó a Meilin sonriendo.

—El olvido no tiene sabor —respondió Kai en su mente—. Y yo todavía tengo un pan que terminar.

​Afuera, la primera nave de la flota principal del Rey del Entropía rompió la barrera de las nubes. No era una lágrima, ni una sombra fractal. Era un obelisco de obsidiana de diez kilómetros de largo que emitía una vibración que hizo que todos los cristales de Ojo de buey se agrietaran. El Rey del Entropía ya no estaba enviando mensajes. Había llegado para recoger la cosecha.

​Kai salió de la panadería, con la Quebrantacielos brillando con una luz que rivalizaba con la de la estrella más brillante. Miró hacia arriba, al obelisco que cubría el sol, y sintió que el tercer y último día de la cuenta atrás comenzaba.

​—Vengan por mí —desafió Kai, y su gravedad hizo que el valle entero se anclara con una fuerza que sacudió los cimientos del planeta—. Vengan a ver cómo se rompe un hombre que no tiene miedo de ser nada.

​¿Podrá Kai sobrevivir a la absorción del vacío absoluto en el tercer día, o el Rey del Entropía demostrará que el amor es una variable demasiado frágil para sostener el peso del universo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo